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El triunfo de Rios Montt

Publicado por blobosbollat el 14/05/13

El triunfo de Ríos Montt

Por: Armando de la Torre

            “A blessing in disguise”, una bendición difrazada…

            La condena de Ríos Montt es su victoria. Triunfó en 1983 y vuelve a triunfar en el 2013. En aquél entonces, defendió firmemente la libertad y el bienestar de todo el pueblo;  y hoy sus enemigos de otrora confirman ante los ojos del entero planeta que él hizo en los ochenta lo digno y apropiado.

            La subversión de izquierda totalitaria acaba de evidenciarse plenamente como lo que es: ignorante, vulgar, estúpida, malvada.  La juez (y las dos inertes momias que la acompañaban) se mostraron elocuentes instrumentos de la “justicia” como ellos la “entienden”: prepotente y rapaz. De paso, le dieron, aunque tardíamente, la razón a todo lo actuado por Efraín Ríos Montt, es decir, que la subversión merecía ser derrotada.

             El, y un puñado de militares valientes, amén de un grupo amplio de civiles organizados en “patrullas de autodefensa civil”, pusieron fin a la insania guerrillera en 1983, y precisamente en el terreno que ellos habían escogido unilateralmente para el logro de sus nefastos fines: el enfrentamiento militar.

            Y,  de paso, como le correspondía constitucionalmente, nos libró a todos y cada uno de los demás habitantes de Guatemala, del espectro de esa misma inhumana justicia totalitaria.

El que esos enemigos de la humanidad recauden al corto plazo algunos dólares más o algunos euros adicionales de los bolsillos de los “tontos útiles” del extranjero, bajo el pretexto de un supuesto “genocidio”, no hace diferencia significativa alguna para el verdadero veredicto de la historia: Ríos Montt tenía la razón y la verdad de su parte.

Lo  más importante es que ya todos nos debemos dar por muy bien enterados de lo que estaba en juego por aquel entonces, nos tenían preparado los  guerrilleros de la URNG: la negación definitiva y absoluta de todo debido proceso judicial para la población honrada y laboriosa, por aquellos grupúsculos de secuestradores y asesinos al servicio del imperialismo primero soviético, y después castrista.

En otras palabras, la intención de ellos era aniquilar en este suelo esa joya y la mejor conquista de la civilización liberal de los últimos trescientos cincuenta años: el debido proceso. Casi me siento tentado a darles las gracias a esos extranjeros despistados, y a los “chapines” a su sueldo, por lo beneficioso que a largo plazo nos resultará de ésa, su última  explosión de histeria colectiva: el “juicio” por “genocidio”. Porque espero que, al fin, por esta vez, los guatemaltecos reivindiquen su dignidad y su soberanía y declaren “non gratos” a los cuatro o cinco representantes diplomáticos de los países que financiaron el tal circo.    

            De los malvados, al menos, nos queda un retrato fehaciente de sus perfiles psicológicos, sin retoques embellecedores.

            Desde ahora  ningún  hombre o mujer de  gobierno,  ni columnista de opinión, tendrá la excusa de su ignorancia - generalmente tan patente para todo el resto de los que tienen dos dedos de frente- cuando emitan juicios sobre “la bondad” o “el progresismo” de la violencia subversiva. Este último zarpazo de un Fidel Castro decrépito y humillado ya resulta anacrónico y descarado en demasía.

            Se nos acaba de ratificar que Efraín Ríos Montt cumplió con su deber como soldado, y de patriota genuino, cuando asumió la jefatura del Estado aquel 22 de marzo (para el que había sido legítimamente elegido en 1986 e ilegalmente despojado del mismo), y con el aplauso prácticamente unánime de quienes más tarde lo han vilipendiado.

            Algunos tontos útiles todavía vacilan, y hasta se contradicen. Por ejemplo, aquellos que se ufanan de haber gestionado los “acuerdos de paz firme y duradera” y que los proclamaron a bombo y platillo (horas después del “día mundial de los inocentes”), a saber: Alvaro Arzú, Luis Flores Asturias, Eduardo Stein, Gustavo Porras, Otto Pérez Molina, Oscar Berger, o quienes les habían precedido por la misma vía de la estulticia: Vinicio Cerezo, Jorge Serrano, Héctor Rosada, Mario Permuth, Héctor Gramajo, Rodolfo Quezada Toruño, “Moi” González, y otros pocos más; en una palabra, los conductores del entero “Establishment” de nuestra sociedad por  aquel tiempo.

            Porque la “tontería” a que aludo no es cuestión de cocientes intelectuales, que algunos de esos personajes mantienen alto, sino de la claridad y fortaleza de sus criterios éticos.  Por ejemplo, que el fin jamás justifica los medios, o que proceder al largo plazo es mucho mejor que guiarse por el corto, o que los cartones académicos, o lo abultado de las cuentas bancarias, no garantizan aciertos a la hora de elegir, y ciertamente no con tanta seguridad como el azadón del analfabeta laborioso, o que la abolición de todos los “privilegios” es lo más conducente al bien común, etc. etc…son las convicciones de los inteligentes y sabios.

            Efraín Ríos Montt tuvo razón con su “plan Victoria”… Lo que la algarabía en torno a un “genocidio” (que no se dio) comprueba una vez más.  Y que, en cambio, esa “izquierda sentimental”, tan cómodamente instalada en la Universidad de San Carlos, en la Conferencia Episcopal Católica, en algunos rincones de hipócritas en el CACIF,  en ciertos sindicatos,  o en falsos partidos políticos clientelistas, o hasta entre los constituyentes de 1985, se han mostrado totalmente incapaces de entender…

            Lo felicito, Don Efraín, por esta victoria, aunque al corto plazo le resulte amarga.

Recuerdos desde lejos de la maldad

Publicado por blobosbollat el 13/05/13

Recuerdos desde lejos de la maldad

Por: Dr. Armando de la Torre

            Cuando empecé mis estudios de Teología en Francfort, Alemania, a mediados de la década de los cincuenta, buena parte de ese país todavía yacía en ruinas. Recuerdo que a los estudiantes se nos invitaba a ayudar los sábados por la mañana en la remoción de escombros.

            Un día se nos ofreció algo mucho más especial: las películas filmadas por la Gestapo sobre los juicios iniciados por jueces nazis a los principales implicados en la conspiración para asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944.

            No los he olvidado. Una prueba más de que la única ventaja del viejo sobre el joven es… poder comparar.

El juez, adornado su brazo derecho con la svástica, gritaba, insultaba, y agitaba los brazos  hacia cada uno de los acusados sucesivos. No se discernían trazas de debido proceso judicial alguno, tan sólo la evidencia de un declamador histérico vestido como juez que, por turnos, silenciaba a la defensa, interrumpía arbitrariamente los discursos, tiraba con un gesto dramático las pruebas de descargo que presentaban de oficio los abogados defensores, mentía, distorsionaba a voluntad y recorría toda la gama de las falacias informales, mientras disponía a su antojo de los pasos a seguir. En todo ello, simultáneamente, transparentaba todo el tiempo una supina ignorancia sobre el código procesal penal entonces vigente.

Por supuesto, la sentencia condenatoria ya la había traído redactada desde el comienzo.

            Lo cual me lo trajo a la memoria el circo judicial presidido por la juez Jazmín Barrios, del que hemos sido testigos estos días, y en el que la Fiscal General, Claudia Paz y Paz, funge como de principal instigadora de una condena ya decidida de antemano. Todo con el aplauso de unos pocos “embajadores” oficiales de gobiernos europeos y norteamericanos, quienes en cuanto perfectos ignorantes y serviles asalariados de sus superiores jerárquicos, le hacen el juego a la no menos ignara social “democracia” internacional.  

            Por incompetentes, se les ha colado en su patio trasero la justicia totalitaria.

            Me acuerdo, en especial, de aquel momento, en que el mariscal von Witzleben, héroe de la primera guerra mundial, se sujetaba, nervioso, los pantalones de su pijama de prisionero, sin cinturón para que no pudiera intentar suicidarse con él. Su punto central era que por encima del código moral germánico, a cuya cima solía figurar tradicionalmente como virtud máxima la “lealtad” (Treue) incondicional al jefe (“Führer”), se hallaba  la ética cristiana del respeto a la verdad.

            Con él fueron condenados a muerte, “por alta traición” otras nobles figuras de lo mejor de la reserva moral que le quedaba a la Alemania del III Reich, como el teólogo Dieter Bonhöffer y el jesuita Alois Delp (este último ahorcado con alambre de púas…) En su carta de despedida, después de reafirmar su amor por la vida, confiesa: “Nuestra verdadera acción y crimen es nuestra herejía contra el dogma “Partido-Tercer Reich-Pueblo alemán” que habrán de durar lo mismo, pero lo cierto es que los tres morirán juntos.”

            Por asociación de ideas, me permito aquí recordar aquí los juicios de Stalin contra sus oponentes, viejos bolsheviques, a mediados de la década de los treinta; las purgas sangrientas y sucesivas al interno del Partido Comunista, que significaron centenares de miles de muertes. Sólo tras la disolución de la Unión Soviética en 1991 se han podido conocer más sórdidos detalles de las torturas a que fueron sometidos los acusados para que, como ocurrió al final, todos confesaran sus supuestos delitos.

            La “justicia” al servicio de la política totalitaria que nos prometieron por treinta y seis años los subversivos agrupados más tarde en la URNG.

            Ha habido antecedentes parecidos, como aquellos juicios sumarios de los “Comités  de Salud Pública”, durante los tiempos  “del Terror” de la Revolución Francesa, de septiembre de 1792 a julio de 1794, cuando se violaba en masa a la inocencia y se asesinaba a gran escala, bajo el pretexto de salvar a la República de “los iguales”, y orquestados por jueces y fiscales indignos, siempre serviles hacia el déspota de turno que demostrara al momento disponer de más poder.

            También recuerdo una anécdota más personal y tierna: mi madre viuda me permitió asistir a los conciertos quincenales de la orquesta filarmónica de La Habana, en aquellos tiempos bajo la batuta magistral del austriaco Erich Kleiber y prófugo temporal de la orquesta de la ópera de Berlín, de la que había sido director por dieciocho años, cuando yo apenas iniciaba mi adolescencia a los catorce años de edad.

            En aquél entonces se solía abrir un receso de tres cuartos de hora a medio concierto. El grueso del público adulto cruzaba la calle desde el Auditorium para degustar durante esa pausa  refrigerios en la pastelería “El Carmelo”. Nos quedábamos, en cambio, los muy jóvenes, pues no teníamos dinero para tales extravagancias. Y nos acompañaban en nuestra forzada dieta unos cuarenta o cincuenta personajes, hombres y mujeres adultos, que veíamos como seres de otro planeta: vestidos muy a la usanza invernal europea - ¡en pleno trópico! -, con viejos zapatos de punta redonda, y que conversaban en lenguas que se nos antojaban guturales y para nosotros completamente ininteligibles. Por supuesto, con la mayor discreción que nos era posible, hacíamos burla de ellos. La natural idiotez de quien comparte en la ingenua ignorancia de adolescentes.

            Terminada la guerra, y ya un hombre mayor de edad, me enteré de la horrible verdad: Aquellos infelices de los que a hurtadillas hicimos tanta burla habían sido, en su mayoría, judíos  polacos y alemanes que huían de los crematorios nazis. La mayoría quería seguir rumbo a los Estados Unidos, pero el gobierno de Roosevelt creía haber admitido ya demasiados de ellos y no les permitió inmigrar. ¿Su alternativa? Ser reenviados a Alemania, donde les aguardaba una muerte cierta y horrorosa.

            Algunos lograron quedarse en Cuba de contrabando, previo el pago de un soborno al jefe de la policía, José Eleuterio Pedraza, con quien, por cierto, me tropecé una vez aquí en Guatemala. Los demás corrieron suerte variada: unos pocos saltaron furtivamente del barco cuando recalaba en Irlanda o en Inglaterra de camino a Hamburgo. Otros, desgraciadamente, terminaron en los campos de concentración nazis diseminados por toda Europa. Los menos, desesperados, se suicidaron.

            Y, entonces recordé nuestras estúpidas risas burlonas de imberbes… y me puse a llorar.

            De nuevo lo revivo en Guatemala, cuando contemplo testigos acarreados por camiones o autobuses de transporte del Ministerio Público, o cuando veo a los delincuentes del CUC en plan de “denuncia” de delitos de otros, o los embusteros de CALDEH, a la cabeza Frank La Rue, pueriles acusadores por un delito de genocidio del cual no tienen la más mínima idea. Pero de los que se valen ciertos políticos trasnochados de esa izquierda anclada en el Manifiesto Comunista, de 1848.

            Lo cual me trae a colación, por contraste, el testimonio de Hanna Arendt, una de las pensadoras más eximias de la historia, quien tras asistir al juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén, hombre mediocre e ignorante pero organizador del exterminio genocida de millones de judíos, gitanos, polacos antinazis, homosexuales, etc. no pudo menos que concluir: “Lo más irritante del mal es la trivialidad con que se comete”.

            Por eso, quiero agregar un comentario sobre la mentira.

            En las sociedades más democráticamente avanzadas, ése es el delito prácticamente imperdonable en todo funcionario público, desde el jefe del gobierno abajo. Recuerden a Nixon en los Estados Unidos después que acababa de ganar su reelección con uno de los votos mayoritarios más grandes de la historia. Lo mismo digamos  del caso Profumo en Inglaterra…

            Entre nosotros, tercermundistas, la mentira es lo más frecuente y lo más impune. De ahí la facilidad con que todos nos acostumbramos a mentirnos recíprocamente en nuestros airados intercambios de índole política, olvidados de aquella prudente exhortación evangélica: “Quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra”.

            Guatemala en la encrucijada: ¿la justicia en manos de jueces y partes o el perdón mutuo entre los grandes de alma?

La infamia ùltima

Publicado por blobosbollat el 13/05/13

La infamia última

Por: Armando de la Torre

            Una investigadora profesional del Ministerio Público ha sido la víctima de la mayor de las infamias que han llegado a mi conocimiento, desde las entrañas mismas del Ministerio Público que preside la Dra. Claudia Paz y Paz. Dada la naturaleza del crimen, esta vez no daré  nombre y apellidos de la agraviada, como acostumbro.

            Se trata de una joven jurista in fieri, de la Universidad de San Carlos, que trabajó por un año y cuatro meses como investigadora de la escena de cada crímen para esa entidad, cuya única función es velar por la observancia de la ley y por el respeto a los derechos humanos de todos en la República.

            Joven y atractiva, se involucró en un romance con un compañero universitario.  Desafortunadamente, no del todo digno de su persona.  A este estudiante, según él, le fue robado su USB en el que guardaba una filmación de un acto de la mayor intimidad posible entre ellos dos. Peor aún, de repente aparece tal filmación en el despacho de Mynor Melgar, Director de Investigaciones Criminalísticas, quien dice no recordar quién se la envió, pero quien se arrogó el derecho de ordenar veintitrés copias del mismo y distribuírlas entre igual número de investigadores, sin el consentimiento de la afectada.  De lo cual hay constancia notarial.

            La joven en cuestión sufría ya de tensiones profesionales con su superior jerárquico, el hoy Secretario General del Ministerio Público, Licenciado Mynor Melgar. Y usó del tal incidente  para destituír a la joven investigadora bajo el pretexto de que se había conducido abiertamente inmoral fuera de la institución, en su día de descanso     

            Esto ha constituído para mí lo más indignante que ha llegado a mi conocimiento de ese señor, de quien ya me habían llegado otros rumores de conducta impropia. La Fiscal General, que tanto alardea de su defensa de la mujer, ha permanecido impávida, aunque ya ha sido iniciada la querella correspondiente contra Melgar ante el Tribunal Undécimo del juzgado penal por violación a la intimidad sexual, violencia psicológica contra la mujer, y distribución de pornografía. 

¡Cuán bajo ha caído la moral pública durante este gobierno del General Otto Pérez Molina!

Lo que aquí denuncio es un crimen repugnante contra el derecho a la privacidad de una mujer.  Entre esos ciudadanos de países “donantes” que tan generosamente se dedican a subsidiar las organizaciones subversivas en nuestro país, nada debería serles más repugnante. Pero, por supuesto, lo han mantenido en el más absoluto silencio ante sus compatriotas contribuyentes.  Al fin y al cabo, por extensión, hacia los coterráneos de quien ellos califican, sin base alguna, de “genocida”, guardan en su corazón un reconocido desprecio. 

Mentalidad nazi… en europeos y norteamericanos rubios y, en el caso particular de los noruegos y canadienses, con abundancia de petrodólares en sus bolsillos.

A ello habría de sumarse el servilismo patente del Embajador de los Estados Unidos hacia sus jefes, Hillary Clinton, primero y John Kerry, después, que ha prestado su presencia en un juicio frenético y disparatado contra oficiales militares… ¡por genocidio!

¡Y el malinchismo abyecto de nuestras izquierdas mendicantes!

¡Incluso, el punto ciego de la ética de ciertos obispos!

¡Y la indiferencia que les es tan útil a algunos oligarcas!

¡También la pasividad dolosa de quienes a gritos se dicen “dirigentes” sindicales!

Todo lo cual se ha traducido a oportunas pausas para algunos dueños y directores de los medios masivos de comunicación. 

¡Irresponsable pasividad de las masas tan mal informadas y peor educadas!

            ¡Y total apatía de la USAC, tan vocinglera cuando de agenciarse de más fondos de los contribuyentes se trata!

            Ante este panorama de cobardía, de nuevo me viene a la memoria lo advertido por Jorge Santayana: “Quienes no aprenden de los errores del pasado están condenados a repetirlos.           En cuanto al circo simultáneo montado en torno a un “genocidio” que nunca se dio, sólo añado aquí otro comentario: mientras el Ministerio Público despilfarra sus fondos en manchar a Guatemala, a su Estado, y eventualmente a todos nosotros, los que pagamos impuestos, la impunidad de los malos se acrecienta.

            Dejo para otra ocasión el comentario que me merece tanta mentira. No me queda espacio…

"La pasiòn inùtil"

Publicado por blobosbollat el 24/04/13

“La pasión inútil”

Por: Armando de la Torre

            Jean Paul Sartre acuñó esa frase.

Y yo la aprovecho para referirme a algo muy cotidiano y universal: califico así los intentos apasionados, casi siempre fallidos, por moldear a la fuerza al mundo según nuestras muy subjetivas y limitadas expectativas. 

Entre los más duraderos (ya por todo un siglo), y más crueles y dañinos, han figurado los reiterados arrebatos marxistas-leninistas, desde 1917. Responden a un estado psicológico más bien típico en adolescentes: si la realidad no se ajusta a mis expectativas, tanto peor… para la realidad. 

Marx, por ejemplo, rehusó publicar su segundo y tercer volumen de El Capital a la espera de poder resolver el reto que intelectualmente le planteaba la teoría marginalista del valor.  Murió una docena de años después sin haberla encontrado. Eso lo creo una muestra de honestidad intelectual de su parte, no empero de Federico Engels, que sí los editó y publicó dos años más tarde sin los escrúpulos de su difunto amigo.

“Lenin” fue aún peor.  Tradujo a la acción política la teoría incompleta marxista sin tomarse el menor esfuerzo por contrastarla con el marginalismo.  Al fin y al cabo, lo que le interesaba, aprendido de su Maestro, no era entender el mundo sino cambiarlo.

El mismo síndrome se ha evidenciado en todas partes entre los “entusiastas”.  De ahí el comentario ácido de Raymond Poincaré: “el joven que antes de los veinte años no sea socialista no tiene corazón; y el hombre que después de los cuarenta permanezca socialista no tiene cabeza”.

En Guatemala abundan los jóvenes. 

Aquí, la primera loca embestida tuvo lugar con el consentimiento benévolo de Jacobo Arbenz.  La segunda, inspirados desde algo lejos por Fidel Castro.  La tercera, se acaba de estrellar el jueves 18 y viernes 19 de este mes de abril.

Me llama la atención un rasgo “sociológicamente” notable en este último intento: los dos primeros fueron liderados por hombres, este último, empero, por mujeres, vientos nuevos…

En Guatemala hace treinta años, no hubo genocidio, ni lo mencionaron siquiera los más interesados en que se pudiera constatar su verdad: los propios jefes autoritarios y agresivos de los grupos que conformaron la URNG. 

¿Quiénes, pues, los traen de repente a colación? Damas muy modernas, muy privilegiadas y digamos que… muy jóvenes. 

Cada uno de esos ensayos por sovietizar este país fracasó ante el muro de ciertas reservas morales mínimas todavía operantes en la población guatemalteca.  Bajo Arbenz, se tropezó con la sensibilidad teológica de Monseñor Mariano Rosell y, encima, la jurídica constitucional de figuras como las de Arturo Herbruger y José Vicente Rodríguez. Durante los gobiernos “militares”, contra un mínimo sentido patriótico de autopreservación compartido por la mayoría, entre la que descollaron Carlos Arana Osorio y Mario Sandoval Alarcón.  Ahora, ciertos elementales valores democráticos ya bastante consolidados entre nosotros, sobre todo, en un puñado de dirigentes con poder de convocatoria como Luis Flores Asturias o Gustavo Porras.

Guatemala merece felicitaciones por haber mostrado al mundo en esas tres ocasiones sucesivas que no por ser un país pequeño y pobre ha de someterse a los caprichos de movimientos políticos predominantes entre los extranjeros.

En nuestro caso de la semana pasada, resaltan ciertas verdades de a puño: la CICIG ha demostrado una vez más en su inutilidad, su impudicia y su hipocresía que muchos esperábamos desde que fuera blindada con tantas inmunidades y privilegios, gracias a nuestros “tontos útiles”, ¡para combatir la impunidad en Guatemala!

Hagamos recuento: el papel jugado por el Ejecutivo, se vio desleal y oportunista.

La calidad de la información con la que la prensa informó los acontecimientos,  inframediocre; y de la que investiga y analiza, escasa.

Las actuaciones de la Fiscal General y de la jueza del Tribunal, Jazmín Barrios, irresponsables y lesivas del debido proceso como nunca antes.

En cambio, las de la defensa fueron correctas y dignas. Y el comportamiento general de la población ante las provocaciones de agitadores profesionales, civilizado.

El usual intervencionismo (desde los acuerdos de apaciguamiento de 1996) por europeos y americanos nórdicos, una vez más repudiable. Las declaraciones del Embajador de los Estados Unidos, tontas, y las del Comisionado de la CICIG, el costarricense Francisco Dall´Anese, imprudentes, sesgadas y superficiales.

Fidel Castro, el protagonista entre telones durante este último medio siglo guatemalteco, se atrevió a decir: “la historia me absolverá”. 

Craso error: pues acaba de ser por ella definitivamente condenado. Y con él, sus peones locales.

 

Voluntad de poder

Publicado por blobosbollat el 9/04/13

“Voluntad de Poder”

Por: Armando de la Torre

            No me refiero aquí al conocido ensayo atribuído a Federico Nietzsche del mismo título sino al perfil muy concreto y mundano que proyecta nuestra Fiscal General, la Dra. Claudia Paz y Paz.

            Los nazis, sea dicho de paso, al igual que los soviéticos, hicieron amplio y muy innoble uso del derecho positivo de su tiempo, lo que los hubo de llevar a la aprobación por su parte de las peores atrocidades contra los derechos humanos de la historia, dentro del más estricto apego a la legalidad en sus Estados respectivos.    

            Por ese mismo peligrosísimo camino se ha internado la Dra. Paz y Paz, sin caer en la cuenta ni ella ni el grupúsculo de sus compañeros de ruta que la alientan y le facilitan su labor aniquiladora del Derecho, de la enormidad de lo amoral y lo antijurídico de sus actos. 

             Hasta un día, inevitable, en el que se les revertirán los papeles, y se verán obligados, ingratamente, a sufrir las mismas tribulaciones injustas a que someten a sus víctimas de hoy. 

            Otro caso al tanto es el de sus espinosas relaciones con algunos de los dirigentes del sindicato de Trabajadores de la Dirección de Investigaciones Criminalísticas del Ministerio Público.  El Sindicato de la Dirección de Investigaciones Criminalísticas del Ministerio Público, que se ha opuesto a esa línea suya de autoritarismo totalitario –con base a los principios del derecho y de la legislación laboral vigente- se ha mostrado como el más enérgico. Ello les ha valido la destitución fulminante de su Secretario General, Javier Adolfo de León Salazar,  y de su Secretario de Organización y Propaganda, José Alejandro Reyes Canales, a sabiendas la Fiscal General de que en esto procedía en contra de nuestro Código de Trabajo.

            Ambos, como era de esperar, acudieron a la Corte Suprema de Justicia que, desafortunadamente, se negó a ampararlos. Lo cual llevó a los removidos de su cargo a acudir a la  Corte de Constitucionalidad, que sí los amparó provisionalmente.

            La Fiscal General hizo caso omiso de ese amparo provisional y persistió en su empeño en separar a estos dos funcionarios de sus cargos, a pesar de que hasta la fecha la Corte de Constitucionalidad no se ha pronunciado definitivamente sobre tal amparo. 

Esto constituyó, adicionalmente, un delito de desobediencia por parte de Doña Claudia, según lo estipulado en el artículo 78 de la Ley de Amparo, Exhibición Personal y de Constitucionalidad, que reza así: 

“La desobediencia, retardo u oposición a una resolución dictada en un proceso de amparo de parte de un funcionario o empleado del Estado y sus instituciones descentralizadas y autónomas es causa legal de destitución, además de las otras sanciones establecidas en las leyes.”

            Según Gerson Ariel Recinos Girón, Secretario de Previsión Social del mismo sindicato, resulta, encima, cuestionable la gestión de la Dra. Paz y Paz por abuso de autoridad al ignorar reiteradamente esa misma Ley constitucional de amparo y exhibición personal en varios casos de otros empleados del Ministerio Público.  También él fue destituido.

Y aún permanecemos todos a la espera de la reacción de la Fiscal General ante el sobreseimiento confirmado por la sala competente de la causa contra la Fiscal Hilma Ruano, que le fue notificado el 1 de abril.  Recuerde el lector que la Licda. Ruano ha estado sometida a un “asedio por hambre” (¿violencia económica?...) durante los últimos nueve meses, pues ni se le abonan los sueldos caídos ni la ley le permite buscar trabajo en otra parte.

Hay otro caso prototípico de todo esto, cuya víctima de nuevo es una mujer, pero que dejo para la entrega siguiente.

Mientras tanto, el Presidente Otto Pérez Molina ha recibido evidencias más que suficientes para poner un alto a esa orgía de destrucción de las raíces de nuestro ordenamiento jurídico, cual lo es el artículo 4 de la Constitución de la República, que estipula explícitamente que …“Todos somos iguales en dignidad y derechos”; así como del artículo 14 sobre “la presunción de inocencia”, amén de ese otro baluarte de las libertades constitucionales al que se conoce como “debido proceso” (artículo 12), en el que está empeñada la Dra. Claudia Paz y Paz. Pero Don Otto ha permanecido impasible.

¿Por qué?

Jueves Santo

Publicado por blobosbollat el 20/03/13

Jueves Santo

Por: Armando de la Torre

            ¿Qué conmemoramos?

            Un adiós entre amigos, que cenaron juntos, y que al día siguiente, viernes, el más importante entre ellos  fue…  “lynchado”. 

Algo usual entre humanos, con tanta frecuencia incapaces de remontarnos más allá de nuestra herencia animal, que simplemente nos ratifica que hemos resultado los “más aptos” y, por lo tanto, los más llamados a sobrevivir a expensas de los “menos” aptos...  Jesús, por ejemplo, no era romano, luego, gritamos “¡crucifícalo!”…

            Somos, pues, parte de todas las mismas “masas justicieras” que durante la Edad Media gritaban “¡a la hoguera!” a cuanto supuesto disidente se les cruzaba en el camino. O de las que condenaban a gritos a las “brujas” del siglo XVII, no cualesquiera, sino sólo aquellas que los años ya habían marchitado.

Somos de ese temple, únicamente que por una sola vez también “ilustrados” cuando aullábamos “¡a la guillotina!” contra cualquier que se hubiera podido creer sernos superior. Somos los mismos de aquella “raza superior” que, en pleno siglo XX, a coro, y con el brazo en alto, rugían “¡Sieg heil!”, al tiempo que enviaba a los campos de exterminio a los ancianos, a las mujeres y a los niños de las razas “inferiores”… Fuimos, y somos todos los verdugos de todos los tribunales “populares”, como se dio en aquella sombría noche de un jueves…

La cena sirvió para los comensales de antesala al gesto amoroso del anfitrión al bajarse a lavar los pies de sus invitados, de un tal Judas Iscariote entre ellos,…“pues si yo” - les comentó-, “el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros”.

El hombre nuevo.

El mismo que en otra ocasión le había oído decir (respecto a otra víctima del prejuicio): “Quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra…”

 Hoy, en cuanto miembros de una “aldea” tecnológicamente “global”, nos arrogamos pedir desde Noruega la condena de un militar… en Guatemala –al tiempo que hacia Cuba permanecemos mudos testigos de la lenta asfixia de unas damas “vestidas de blanco” que osan pedir permiso a un burdo dictador para abrazar a sus hijos-. “Los más aptos”, con tamaño sentido de la “equidad”, encima decretan lo que para todos ha de ser lo correcto o lo incorrecto desde sus cómodas butacas en  Washington o Bruselas…

            Nos consta por escritos de contemporáneos que en repetidas ocasiones se le oyó a Jesús clamar a su Padre, “Abba”, y que también se le vió en compañía de su Madre viuda, María, en momentos excepcionales, por ejemplo, en una tierna ocasión de boda en Caná, cuando adelantó a petición de ella la hora del inicio de su vida pública.

Jesús pareció tener siempre ante sus ojos la que habría de ser la última de sus peticiones: “¡Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen!”.  

Pero el cúmulo de las injusticias le hacía hervir la sangre. Nosotros, a nuestro turno, hemos derivado de su ejemplo y de sus lecciones ciertos “correctivos” conceptuales acerca de la injusticia, que nuestro laicismo vergonzante ha querido revestir de un ropaje más aceptable para los tibios de corazón.

El “Estado de Derecho”, por ejemplo, podría valernos de ideal sustituto para el del “Reino de Dios”. Y nuestro concepto jurídico de “persona”, el equivalente del “individuo pecador redimido”. Aun nuestro “debido proceso” legal pudiera interpretarse como un intento secularizado por evitar la repetición de otra “Pasión”. Y hasta nuestros cacareados “derechos humanos” podrían entenderse como reformulaciones de los frutos de la gracia que nos mereció el Redentor.  Para los amigos libertarios, nuestra libertad ciudadana no es más que el eco literal de la libertad cristiana en la historia.

Pero no nos engañemos.

Porque el Maestro también aclaró ante el supremo representante del César que “mi reino no es de este mundo”.

Efectivamente, el poder coactivo no tiene espacio en él. Tampoco las intrigas o las zancadillas mutuas que se propinan los afanosos de poder.

Como lo expresó Isaías, seiscientos años antes, el Mesías “… juzgará entre las gentes, será el árbitro de pueblos numerosos que forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas… Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá…”  

¿El Estado constitucional?

Mucho más que eso. Porque Yahvé es misericordioso, y su Hijo, “manso y humilde de corazón”, “no vociferará ni alzará el tono…”. “Hará justicia lealmente; no desmayará ni se quebrará hasta implantar en la tierra el derecho…”

El judeocristianismo, todavía tan desconocido por muchos, ha sido la raíz histórica determinante de nuestros modernos criterios morales. Lo mismo transparenta la deontología jurídica. Y aun ésa sensibilidad nuestra tan única ante la injusticia viene de la misma raíz. Todo, empero, soslayado por nuestro positivismo jurídico…

El espíritu, sin embargo, sopla donde quiere, y aquí en Guatemala lo siento bramar ahora con la fuerza de un huracán.

Que lo escuchemos todos a tiempo.

El atropello

Publicado por blobosbollat el 14/03/13

El atropello

Por: Armando de la Torre

            Claudia Paz y Paz se jacta de ser la defensora de los derechos de la mujer como no lo ha sido ninguno de sus predecesores.  

Afirmación gratuita de su parte, que quizás le sea útil para recaudar fondos en ciertos círculos izquierdisantes de la Europa nórdica, pero que no resiste al más elemental de los análisis.

La Lic. Hilma Ruano fungió de fiscal en el Ministerio Público por dieciséis años.  Fue elogiada repetidas veces por jueces y juristas de la defensa pública penal.  También por la Asociación de Abogados de Villa Nueva y por sus propios colegas de la Fiscalía.

Pero desde el mes de julio del 2011 empezó a ser hostigada, al igual que otros más, por su superior jerárquico, la Dra. Claudia Paz y Paz.

Empezó a reprocharle que los resultados de su gestión no llenaban la cuota de condenas que ella había fijado de antemano. También le negó a ella, y a los demás fiscales el derecho al ejercicio de su criterio profesional para decidir qué casos habrían de ser llevados a juez competente y cuáles no.

Peor aún, comunicó verbalmente a todos que desde ese momento les quedaba prohibido invocar ciertas normas del Código Procesal Penal que podrían impedir que se llenaran esas estadísticas de condenas sobre las que ella fundamenta sus relaciones públicas. En especial los artículos 327, 328 y el 25 “ter”.  En ellos se especifica que si no hay suficientes méritos de prueba el expediente respectivo habría de ser archivado.

Esas instrucciones de la Dra. Paz y Paz constituyen algo escandaloso para cualquiera con sensibilidad jurídica, pues en ese caso todo proceso iniciado siempre habría de culminar en una acusación formal, con total independencia de su trascendencia o solidez. El criterio habría de ser el incremento de fallos justos, no la inflación del número de acusaciones, que no proyectan una mejor imagen de su persona y de su gestión.

La experimentada fiscal Ruano le objetó en repetidas ocasiones ese punto de vista en nada profesional. Es más, para ella es el equivalente de una vulgar coacción, pues la alternativa al sometimiento de los fiscales sería su descalificación al ser evaluados en su desempeño laboral respectivo hasta su posible despido.

La Dra. Paz y Paz victimizó así precisamente a los encargados del monopolio penal de la acusación. Pero esas objeciones tan legítimas de la Lic. Ruano despertaron en la Fiscal General una ira enconada.

Sobre tal base, el teléfono de la Lic. Ruano quedó intervenido por orden de la Fiscal General desde enero del 2012. Encima, ordenó una investigación sobre su persona, sin que mediara denuncia alguna, y hasta se aseguró de que el mismo juez dictara orden de aprehensión  en su contra por el delito de ¡asociación ilícita!   Logró, incluso, que se autorizara el allanamiento, inspección y registro del hogar de la Lic. Ruano, y el Fiscal encomendado procedió a interrogar aun a sus hijos menores de edad.

Durante  cinco  amargos  días, la  Lic. Ruano fue recluída en  el Preventivo de la  zona  dieciocho, hasta que fue liberada por  falta  de  méritos. Al día siguiente, se  presentó  puntual, como de  costumbre,  a su  trabajo. Pero  tres  semanas después  fue  notificada  de su suspensión  laboral por  un acuerdo de la  Fiscal  General. Desde ese  momento, no  le  ha sido pagado sueldo mensual alguno, ni tampoco el bono catorce, ni se  le  ha  permitido aceptar  empleo en otra oficina en virtud de que la Inspección de Trabajo sostiene que no ha sido despedida ni directa ni indirectamente.

Asedio por hambre.

Tanto ensañamiento ha provocado que la Lic. Ruano no pueda hacer frente a sus  obligaciones económicas habituales.  La  luz eléctrica le  ha sido cortada;  sus ahorros se han evaporado; está a punto de perder su  único  automóvil  por  incumplimiento de  pago y no  ha  podido gozar  de asistencia  médica (a  pesar de  hallarse enferma), como tampoco sus  hijos. En una palabra: sus derechos más elementales a la alimentación, a la salud,  y a la vivienda han quedado, de hecho, suspendidos.

La juez a cargo dictó el sobreseimiento del caso por falta de méritos. Pero la empecinada Fiscal General apeló ese auto, y así una mujer honrada y laboriosa  paga por el capricho de otra “profesional” que parece ignorar hasta lo más elemental, ya no de las leyes vigentes, sino de los principios generales del Derecho.

 

El Concepto de Unidad en la Filosofía Griega Antigua

Publicado por admin el 6/03/13

 

Por Gonzalo Chamorro M.

 

La palabra “filosofía” deriva de dos términos griegos [gr. θιλῶ] que significa amor y [gr. ζοθίᾳ] sabiduría. Por lo tanto etimológicamente filosofía significa “amor a la sabiduría”.1 “Los primeros hombres que en la Grecia antigua se dedicaron al estudio de la naturaleza fueron llamados [gr. ζοθί] y [gr. ζοθιζηὰε], es decir sabios. Se atribuye a Pitágoras el haber inventado la palabra filosofía”.2 El nacimiento de la filosofía griega:

 

Es uno de los acontecimientos más decisivos en la historia del hombre, ya que, desde sus comienzos es la base de todo el desarrollo de la civilización occidental, y que las formas de esta civilización dominan en adelante en la tierra y determinan hasta los aspectos más íntimos de nuestra existencia individual. La filosofía griega abre el espacio en el que se moverán y articularán no sólo las formas de la cultura occidental, sino las instituciones sociales en las que se encarnan esas formas, y finalmente el comportamiento mismo de las masas.3

 

Esta breve descripción del significado de filosofía –griega antigua–, permite tener un panorama de lo que se trabajará con más detalle en este artículo. El periodo que se pesquisará abarcará desde la filosofía presocrática hasta Aristóteles. De antemano el lector debe saber que aunque se comprende un periodo histórico extenso y con muchos personajes relevantes, esta investigación se limitará a estudiar a algunos pensadores que trabajaron el concepto de “unidad” en sus diferentes esferas.

 

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El Concepto de Unidad Cristiana

Publicado por admin el 1/03/13

 

Por Gonzalo Chamorro M.

 

Toda la historia de la Iglesia, desde el principio hasta estos días, está ennoblecida y consagrada por la figura de personajes que han actuado cómo mártires de la fe o como aquellos que han sido parte del desarrollo del pensamiento cristiano. Para Lortz:

 

El cristianismo no se tornó en modo alguno una magia. Así, la realidad divino-cristiana, que como tal no puede mudarse, como fenómeno histórico ha tomado a lo largo de los siglos múltiples formas. Como cuerpo de Cristo, la Iglesia es un organismo vivo que no permanece anquilosado en su estado originario fundacional, sino que se desarrolla.

 

En este artículo se analizará a manera de esbozo el concepto de “unidad” –cristiana o de la iglesia– a partir de la teología patrística hasta la teología liberal moderna.

 

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El "vìa crucis" de otro fiscal

Publicado por blobosbollat el 27/02/13

El “vía crucis” de otro fiscal

 

 

Por: Armando de la Torre

 

           

            Benedicto Tenas Arévalo laboró como fiscal del Ministerio Público por veinte años.

            En agosto del 2011 se le trasladó a Sololá como Fiscal Distrital. Según su apreciación, en todo el tiempo transcurrido hasta el 30 de noviembre del 2012, cuando renunció al cargo, nunca recibió apoyo alguno por parte de la Fiscal General, la Dra. Claudia Paz y Paz.

            El caso más apremiante en su nueva jurisdicción resultó ser el del grupo de encapuchados que se autoproclamaron miembros del “Comité de Seguridad” de Panajachel y contra los cuales se habían presentado unas veinte denuncias por vecinos del lugar.

La lista incluía sospechas de comisión por lo menos de tres homicidios, una desaparición forzosa, y hasta de medio centenar de otras personas abusadas, brutalizadas y aun presionadas a migrar del municipio. Sobre estos hechos, ya Alfred Kaltschsmitt ha publicado relaciones más pormenorizadas en otro diario.

En el entretanto, el Ministerio Público se había tomado todo un año para llenar tres plazas indispensables vacantes en la jurisdicción de Sololá.

            Ningún juez de ese Departamento, empero, tuvo el valor de enfrentar al tal Comité, y por eso el caso fue llevado a la ciudad capital, donde al menos dos de los acusados fueron condenados a penas de prisión de entre 17 y 19 años. El resto (16 en total) se había dado a la fuga.    

            Lo  más sorprendente ha sido que una  mexicana,  por  nombre Teresa Coello – que, por cierto, había venido inicialmente a Guatemala, según dijo, para “trabajar” en Minugua -, se había relacionado con algunos de los inculpados, pues  había escogido residir en Panajachel.

La tal señora supuestamente desarrolló lazos de amistad con Hellen Mack Chang, la conocida activista en pro de los “derechos humanos”. Y esta última, según se me informa, inició una campaña de desprestigio contra la fiscalía de Sololá, y en particular de su fiscal distrital, porque, a su juicio muy personal, los miembros del Comité de Seguridad eran personas honorables, injustamente señaladas.

Hasta la misma doctora Paz y Paz hubo de lamentarse un día del acoso telefónico diario por doña Hellen, que le exigía la destitución del fiscal distrital por la vía de la Supervisión General. Inclusive Don Benedicto fue objeto de una amenaza concreta de que su expediente laboral saldría “manchado” de no presentar su renuncia. La Fiscal General terminó por ceder y aceptó  la renuncia que ya le había presentado el exasperado Don Benedicto.

            Para ese entonces se había enterado, el 4 de octubre, de lo sucedido en la cumbre del territorio que se le conoce popularmente como “Alaska”, en parte sujeto a la jurisdicción de Sololá. Se trataba del incidente donde unos soldados, a punto de ser linchados por una turba violenta, se defendieron con el saldo de cuatro muertos entre los agresores. “Masacre” de acuerdo a esa  caja de resonancia de la prensa internacional izquierdófila, que acostumbra a corear consignas contra supuestas “ejecuciones extrajudiciales” (que les suministran los mismos guatemaltecos que firmaron hace años “acuerdos”… de paz firme y duradera).

            Tan pronto le llegó el reporte del incidente, don Benedicto se comunicó con la policía local, que le previno de mejor no investigar más por los peligros latentes del caso (en otras palabras, por no ser manipulable). Pero así y todo, para cumplir con su deber, se trasladó al  lugar de los hechos y halló que el camión militar había sido íntegramente incendiado. También descubrió casquillos y otras evidencias del uso de armas no-militares.

Ese mismo día, hacia las 8:00 p.m., pasó informe a sus superiores.

¿La respuesta? “Que tomara vacaciones…”

Tengo numerosas relaciones sobre incidentes en el Ministerio Público todavía más groseros, que haré público en su momento. 

Pero la inquietud persiste: ¿por qué el Presidente Otto Pérez Molina no pone coto a tanto abuso marxistoide, y  nada menos que en el seno del monopolio de la persecución penal?

Tengo mi hipótesis, y se las daré a conocer más adelante.     

 

 

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