NUESTRO MAL ES CARECER DE CRITERIOS ETICOS CLAROS

NUESTRO MAL ES CARECER DE CRITERIOS ETICOS CLAROS

Por: Armando de la Torre

            Una columnista, Ana Cofiño, se permitió expresar en estas mismas páginas el sábado 12 de abril que la “campaña” en contra de la reelección de Claudia Paz y Paz como Fiscal General es “sucia”.

            Tiene perfecto derecho a publicar tal juicio de valor, pero está totalmente equivocada. Me permito decirlo así porque también yo he aportado varios artículos con el mismo objetivo de evitar la reelección en su cargo de la actual Fiscal General.  Rechazo, por lo tanto, que ella, o cualquier otro, aunque sea con la mejor de las intenciones, califique mi postura de “sucia”.  

            Podré estar también yo equivocado de buena fe, lo cual en este caso me resulta casi imposible aceptar, pero ni he mentido, ni nadie me ha pagado jamás por mis opiniones, ni estoy al servicio de intereses espurios.  Y a diferencia de algunos críticos de mi persona, además sí  investigo escrupulosamente las bases de mis juicios de valor.

            Quiero añadir aquí a mis anteriores denuncias concretas, respaldadas por testigos y contextos jurídicos rigurosos, esta otra: Claudia Paz y Paz ha violado la ley sistemáticamente, desde que tomó posesión de un cargo para el que se ha evidenciado del todo incapaz.

            Copio textualmente:

            En la instrucción No. 2-2011, de fecha 12 de mayo del 2011, o sea, apenas inaugurada en su función de Fiscal General, en el numeral 5 dispuso: “los fiscales daránuna atención diferenciada y pertinente a la condición étnica, etaria y de género de la víctima”.

            Pero el Art. 202 (bis) del Código Penal vigente explícitamente estatuye lo contrario:

            “DISCRIMINACION. Se entenderá como discriminación toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de género, raza, etnia, idioma, edad, religión, situación económica, enfermedad, discapacidad, estado civil, o en cualesquiera otro motivo, razón o circunstancia, que impidiere o dificultare a una persona, grupo de personas o asociaciones el ejercicio de un derecho…”

            En otra instrucción suya, la No. 7-2011, también en un numeral 5, a propósito de los usurpadores de tierras y con respecto a su desalojo, instruyó Doña Claudia a todos los fiscales a ella subordinados que “el fiscal deberá asegurarse que al momento de solicitar el Juez una orden de desalojo el escrito contendrá cuando menos lo siguiente;” en su literal c: “el tiempo que se debe dar a los ocupantes para desalojar, que sea “razonable” conforme a las circunstancias”.

            Pero el Art. 256 del Código Penal estatuye con toda claridad lo opuesto: “USURPACION… la permanencia en el inmueble constituye flagrancia en este delito.  La Policía, el Ministerio Público o el Juez, están obligados a impedir que los hechos punibles continúen causando consecuencias ulteriores ordenándose o procediéndose según corresponda, al inmediato desalojo”.

            No se necesita ser abogado, ni siquiera tener un mínimo de cociente intelectual, para caer en la cuenta que tales instrucciones de Doña Claudia a sus fiscalescontradicen la ley y constituyen delitos punibles. Significan, en una palabra, que la Fiscal General ha usurpado las funciones legislativas del Congreso.

            Precisamente la Liga Pro Patria incluyó esos hechos -que no opiniones- entre otras tachas que refirió a la Comisión de Postulación.

            Resulta inquietante que los profesionales en estos temas que se jactan de ser “de izquierda” en nuestro país no pongan mientes a estos “detalles” y en cambio sí una, y muy grande, a las opiniones de analfabetas funcionales que desde muy lejos se arrogan el derecho a inmiscuirse en nuestros asuntos internos, llámense Barack Obama, Hillary Clinton, John Kerry o Philippe Hollande.  

            Y aquí regreso al título de esta columna: el problema clave para la convivencia pacífica en Guatemala ha sido y es  la ausencia casi total de criterios morales claros entre la población y sus dirigentes políticos, y hasta religiosos.

            “La ley es la ley”, como no se cansa de predicarlo Acisclo Valladares, inclusive cuando están pésimamente redactadas y responden a intereses particulares de los mismos legisladores.

            Necesitamos una “revolución moral” que habría de empezar por aclararnos las ideas con un mucho mejor sistema educativo que incluya cursos de formación ética, sobre todo al nivel universitario.  De lo contrario, se nos multiplicarán las Claudias Paz y Paz y su puñado de defensores dogmáticos.  

Guatemala hacia adelante, pero… a dos velocidades distintas?

Guatemala hacia adelante, pero… ¿a dos velocidades distintas?

Por: Armando de la Torre

            Guatemala ciertamente avanza, pero al modo de dos placas tectónicas paralelas que se erosionan recíprocamente: por un lado, una placa moderna y ágil, productiva y casi  reducida al sector privado de su economía; por el otro, lamentablemente, una más bien retrógrada, con la vista siempre puesta en el pasado, torpe, y muy costosa para todos en tiempo y dinero; encima, arbitraria e injusta, por hallarse centralizada en el monopolio coactivo del Estado.

Casi como dos planetas diferentes: uno, propicio a la vida y a su rica diversidad; el otro, muerto y uniformemente pétreo.

Pero no tiene por qué ser así.

Una importante razón, tal vez, reside en un sistema constitucional en el que la retórica oficial ha encaramado la placa más pesada e inútil sobre la otra más ligera y útil. Un buen índice de esto último nos lo ofrece ese atolondrado endeudamiento público que crece y crece, para beneficio de los más pillos.

De ambas placas recogen sus reflejos los medios masivos de comunicación, en particular los escritos, incluido el diario para el que escribo estas líneas.

Se pudiera decir que nos hallamos tan drásticamente escindidos a resultas de una prolongada cohabitación involuntaria de personas de muy diferente temple y enfoques: por una parte, aquellas que suelen anteponer su libertad de iniciativa para forjarse su propio destino, y por la otra aquellas propensas a esperar de otros que se los moldeen.

Es una dicotomía ciertamente universal, pero que en nuestra coyuntura se traduce a puntos de vista ideológicos antagónicos: el uno, autoritario y controlador; el otro, más liberal y tolerante. Nuestra naturaleza humana hendida como siempre por los azares de la historia…

Hoy resalta más,  en el marco de la conflictividad social que nos heredaron unos políticos miopes desde unos “acuerdos de paz”, firme y duradera, hace la friolera de casi dieciocho años.

Días atrás se dio un concurrido congreso más del sector productivo organizado, en torno al fomento y la consolidación del respeto por todos a la propiedad privada de todos, cuando simultáneamente el Tribunal de Honor del colegio de abogados invalidaba en el ejercicio de su profesión a una vociferante “juez” y que le llovían las tachas a la Jefe del Ministerio Público, Claudia Paz y Paz, a través de las comisiones de postulación.

Un fenómeno curioso adicional: el papel de la defensa de la pesada mole estatal ha pasado últimamente de las bocas y plumas de los dirigentes de la guerrilla de antaño a ciertas líderes feministas. ¿Un signo de los tiempos?: la antigua dirigencia despótica machista, incoada, por cierto, en nuestra única Universidad estatal -y digo “nuestra” porque a la fuerza nos vemos obligados todos a sostenerla financieramente- parece haberse decidido a buscar refugio bajo las faldas de sus simpatizantes, luego de su mayúscula derrota global en la década de los noventa.

¿Complejo de niños “malcriados” que claman por mamá?…

Para un ejemplo más neutro, leí un artículo de Doña Carmen Escribano, dama inteligente, culta y toda digna de mi respeto, pero que trasunta una retórica cívica más bien propia del escenario de la República española de hace unos ochenta años, en vez de esa otra mucho más necesaria de los hechos objetivos, sobre todo en este cuarto de siglo posterior a la caída del Muro de Berlín, de la revolución informática y de la integración total del genoma humano.

Casi termino por preferir, entonces, al analfabeta, porque urgido de cubrir sus carencias más básicas y elementales por lo menos retiene intacto su sentido común.

Pues, ¿quiénes otros en su sano juicio osarían pretender que progresemos en nuestra productividad al tiempo que arremetemos, al estilo Ramazzini, contra las hidroeléctricas? O ¿a quién se le puede ocurrir que hace un aporte constructivo a un “Estado de Derecho” por su violación sistemática de las leyes,  como lo ha hecho repetidas veces el violento Daniel Pascual bajo la impunidad que maternalmente le ha garantizado  Claudia Paz y Paz? Sea dicho de paso, prefiero ahora la confrontación con mujeres hechas y derechas que con esas imágenes fantasmagóricas de machos castrados que agitan banderitas rojas…

¿O en cuál cabeza de morón cabe que podamos sacar de su pobreza a los pobres al hacer imposible la extracción rentable de minerales y la creación de nuevas riquezas? ¿Dónde pueden haber crecido los dementes que esperan tener algo sin trabajar, o, sin siquiera respetar lo mínimo logrado por otros?

¿De qué madre habrá sido abortado quien nos ensordece con la defensa de susderechos humanos al tiempo que impide el derecho a circular de los demás? ¿De qué Patria, de cuál Estado, de qué Pueblo hablan quienes a todas luces salen “de pobres” a costa de los pobres, vía del erario público?

Dos Guatemalas, dos idiosincrasias, dos placas tectónicas en fricción permanente…

Lo de posible choque de opiniones, en cambio, también es con frecuencia mero cuento de hadas; pues primero habría de tenerse una opinión formada, cosa rara, y sin que se  muestre tan a flor de piel que sólo les mueve la envidia del mediocre, el rencor del vencido, el odio impotente hacia quienquiera haya logrado mejorar su situación con el honesto sudor de su frente, mientras los resentidos vegetan.

Por tanto, dos Guatemalas: la de los que vociferan y agitan, y la de los que hacen y guardan silencio.

Estoy seguro que la Guatemala de estos últimos acabará por imponerse a los primeros para el bien de todos, incluidos aquellos infelices que hasta ahora sólo tienen manos que les cuelgan ociosas y vacías, muchas veces por haber tenido un papaíto rico o muy privilegiado…

 ¡Ilustres analfabetas funcionales de Europa, Auschwitz no está en Guatemala, entre vosotros está!

Por: Armando de la Torre

            Acabo de leer con asombro una carta que algunos políticos de pequeña talla de Europa acaban de dirigir a nuestro Presidente Otto Pérez Molina.

            ¡Menudos zafios!

            Conozco el síndrome de los enanos que han nacido de padres de estatura normal. Es de lamentar porque sufren, pero en este caso que nos ocupa esos firmantes lo han querido así.

            Tal abigarrada colección multicolor de firmantes, entre los que predominan los de color verde, quienes con su presencia paradójicamente lo descoloran, es el último episodio de la frenética y costosa campaña internacional que, por más de un año, la izquierda internacional en torno a Hillary Clinton, John Kerry, y la condescendiente pareja de Barack y Michelle Obama, ha montado para tapar los delitos fácilmente constatables de Claudia Paz y Paz.

Por supuesto, para nosotros, que somos sus vecinos inmediatos, nos es fácil, no para esos mustios retoños de la desfasada madre Europa, con los que, empero, me encantaría dialogar. Ellos, por supuesto, no le pondrían un ápice de atención a lo que yo tuviera que exponerles porque, por fortuna mía, sólo hablo en primera persona del singular, sin delegación alguna de autoridad política de este lado, o del otro, del Atlántico.

Pero primero limpiemos de ese escrito, con una escoba mínima, ciertas falacias y errores: el dato de un descenso de la impunidad en Guatemala en términos de un 30 % les ha sido suministrado por la misma oficina a cargo de Claudia Paz y Paz, no por otra agencia imparcial ajena a sus intereses. ¿Nos creéis tan simplones?…

El mandato de doña Claudia finaliza en mayo, no en diciembre. Vosotros parecéis ignorar, entre otros muchos puntos claves, que los cuatro años asignados constitucionalmente  lo son al cargo, no a la persona.

La discrepancia de fechas se debe a que el Alto Comisionado – europeo – de la CICIG pidió se removiera del cargo de Fiscal General al debidamente electo Arnulfo  Reyes, y el débil de carácter del Presidente de turno, Alvaro Colóm, para congraciarse con vosotros y demás obnubilados del Viejo Continente, accedió. Por lo tanto, ilustres entremetidos, doña Claudia vino a completar el periodo de cuatro años del arbitrariamente removido. 

Sobre esa realidad, los Magistrados de la Corte de Constitucionalidad unánimemente decidieron tal plazo máximo para el ejercicio del cargo de Fiscal General por Claudia Paz y Paz.

Por tanto, vuestras aseveraciones en torno a lo prematuro del laudo de la Corte, en cuanto una amenaza potencial al Estado de Derecho, y a la independencia judicial,  son insolentes desplantes vuestros en nuestra vida soberana, cosa que a la inversa la República de Guatemala jamás se ha permitido hacer ni con vuestros países ni con ningún otro.

Afortunadamente, el Gobierno de Holanda ha retirado a su Embajador. Ojalá lo imitaran los de Suecia, Noruega, Bélgica y España. Casi todos aquí nos sentiríamos mejor.

Si os preocupa nuestro proceso de postulación, a mí, Armando de la Torre, en lo particular, me preocupa mucho más el uso indebido y secreto de vuestros gobiernos de fondos provenientes de los impuestos que pagan vuestros conciudadanos sin rendir cuenta públicamente a sus electores.

Y si queréis ampliarme las cuitas por vosotros, quisiera que los ridículos conflictos tribales entre flamencos y valones, o entre escoceses e ingleses, o entre catalanes y castellanos, ameriten más de vuestros esfuerzos desviados de causas mejores y nos dejéis a nosotros en paz.

Es más, queridos parientes en el decadente Viejo Mundo: arreglad vuestras finanzas públicas, trabajad por un mejor funcionamiento de la Corte Europea de Justicia en Luxemburgo, superad vuestro desempleo, también vuestro trato indigno a los inmigrantes, poned un alto a la gigantesca “trata de blancas” del oriente al occidente de vuestro continente, olvidad vuestros rencores multiseculares que, a millones de entre los mejores y más emprendedores europeos, llevaron hacia nuestras hospitalarias costas americanas de las que nadie menos que Goethe una vez declaró: “Amerika, du hast es besser

Los mejores ideales de la Europa cristiana, de la que vosotros habéis desertado en sucesivas estampidas revolucionarias, sobreviven aquí, entre nosotros,  los hijos  de América de Alaska a la Patagonia.

Guardaos vuestras impertinencias enfermizas. Al fin y al cabo, todavía estaríais bajo la bota nazi o, alternativamente, vegetando en el Gulag soviético, si no hubiera sido por esta América menos cínica que vuestra Europa actual.

Allá, vuestros abuelos – que también fueron los nuestros -, edificaron a partir de griegos, latinos y germánicos. Aquí, encima, los exclusivamente nuestros, ilusionados inmigrantes, trabajaron disciplinadamente, con el aporte en algunos rincones de la mano de obra africana, sobre los remanentes de las estructuras de incas, mayas y aztecas, “la raza cósmica”, como nos catalogara José Vasconcelos.

Incluyamos en nuestra veneración a todos, pero no sus mezquindades, como lo acabáis de hacer, una vez más, en un escrito tan  mal redactado como peor intencionado.

Es más, me permito recordaros que habéis prosperado sin pagar un centavo por la sombrilla nuclear bajo cuya sombra, ingratos, todavía vivís, desde aquel final atómico de la segunda guerra mundial que, como la primera, había partido desde vuestro suelo.

 
 
 
 
 

Guatemala, otro paìs intervenido, pero por culpa propia

Guatemala, otro país también intervenido…

pero por culpa propia

Por: Armando de la Torre

            Desde el 29 de diciembre de 1996 Guatemala dejó de ser país soberano. No es el único, por supuesto. Haití lo ha sido por buena parte de su historia.  Y hoy se discute apasionadamente si todavía lo es Ucrania, o si lo ha sido Afganistán a lo largo de todo el siglo XX.

El caso de Guatemala, empero, se me ofrece como muy peculiar: porque han sido los mismos guatemaltecos quienes han tenido la iniciativa para ser intervenidos por extranjeros, y perseveran en lo mismo.

¿Imagina el lector a México suplicando la presencia  de una CICIG ensu suelo?

¿O a Israel de rodillas ante algún equivalente a la…MINUGUA?

¿O la Argentina, sujeta sin chistar a las continuas y groseras intromisiones en sus asuntos internos, como lo acostumbra a hacer el Departamento de Estado  con nosotros?

Peor aún, ¿puede alguien en sus cabales concebir que un “héroe nacional” regale de un tajo sesenta mil kilómetros cuadrados de patria a un “vecino” abusivo?

¿Conoce usted de algún caso paralelo en la historia como el de aquella sumisión voluntaria al poder de un déspota, de nombre Agustín Iturbide, por adultos “encendidos en patrio ardimiento”?

¿Ha leído algo comparable a lo de un tal Jorge Serrano, que le hizo el juego a un Imperio ladrón y le cedió una porción de su propia herencia llamada “Belice” y, lo más bochornoso, lleva desde entonces una vida plácida en Panamá…e impune?

Algo grave le pasa a la colectividad humana en esta bella tierra.

O algo le falta.

El extranjero -y yo soy uno de ellos- que llega a Guatemala, pero sólo de paso, y a sueldo de otro gobierno, sin propósito alguno de asentarse aquí ni de pagar impuestos al Estado guatemalteco, y que tras una rápida inspección ocular sobre el terreno por unos días, o semanas, o meses, emite, quizás en la mayoría de los casos de buena fe, sus opiniones, y hasta se arroga hacer  “recomendaciones” en su índole de “cooperante” más o menos improvisado, no está, naturalmente, interesado en hacer patria guatemalteca. Eso se entiende…

Pero el problema fundamental yace entre los que aquí  residimospermanentemente. Un visitante temporal suele limitarse a estudiar efectossuperficiales, pero casi nunca dispone del tiempo suficiente para identificar “causas” últimas.  Este, entre muchos otros riesgos, es el mayor en el que incurrimos al mendigar “cooperación” o “ayuda” internacional de políticos de otras latitudes.

Por tanto, lo más grave para todos nosotros en Guatemala son esos pocos chapines guatemaltecos que se han habituado fácilmente a la “tutela” por parte de otros. Entre ellos sobresalen hoy quienes más presumen ser “de izquierda”: los del CUC, CALDEH, “Sobrevivientes”, Pobladores “en resistencia”, y demás variada fauna. Semejante malinchismo  pudo haber sido comprensible en la etapa colonial, pero es del todo inadmisible una vez que se accedió a la Independencia nacional.

Hay otra razón más sutil para lo mismo: la ausencia histórica de un precio pagado en sangre por la independencia. Puede sonar cruel, pero tal es la realidad de nuestra naturaleza: lo fácil no se aprecia, a lo cruento, en cambio, se le custodia celosamente.

En efecto, para la fecha de la Independencia patria los caídos en su búsqueda fueron sepultados en camposantos mexicanos, venezolanos, colombianos, peruanos o argentinos…, no guatemaltecos. A nosotros nos llegó la independencia de rebote desde esas tierras.

Cuando, al fin, tuvieron los chapines la oportunidad heroica de mostrar de veras su amor por quienes les habían heredado este magnífico trozo del globo terráqueo, ocurrió más bien a partir del gobierno de Jacobo Arbenz.  Desde entonces, hasta hoy, muchos guatemaltecos se han visto obligados a escoger entre ideales patrios alternativos y opuestos, y ademásmuy caros: al costo de la propia vida.

De esos años se podría datar el derecho a un verdadero Estado soberano en Guatemala. Pero, de nuevo, ese crecimiento tan esperado se frustró en aquel fatídico 29 de diciembre de 1996, cuando Guatemala regresó a la tutela extranjera, como si sus hijos creyeran estar condenados a permanecer menores de edad en la comunidad internacional para siempre.

Después de treinta y ocho años de residencia legítima, sin ningún antecedente penal, habiendo pagado año tras año los impuestos debidos, con esposa, hijos y nietos chapines, me tomo la libertad de exhortarles:

Recuperen, guatemaltecos, la autonomía, y con ella, el orgullo de serlo.

Sacúdanse de encima toda esa “ayuda”, sólo a veces bien intencionada, que al final jamás resulta habérsenos dada gratuitamente.

Gánense el respeto de los demás pueblos, como por momentos lo merecieron antes de aquel infausto 29 de diciembre de 1996. Hagan de nuevo de la patria altar, no pedestal.

Piensen, estudien, laboren, esfuércense tenazmente, no cual llamaradas de tusa, para obtener los mismos derechos de los pueblos libres, los derechos que se ganan con la vista en alto, puesta en la mira del largo plazo, no del corto, el único digno del adulto que aporta, no cuando vegeta.

Sigan el buen ejemplo de tantos hombres y mujeres íntegros que han figurado entre sus padres y abuelos.

Y entonces sí podrán cantar de pie y sin fingimientos:

Libre al viento tu hermosa bandera
a vencer o a morir llamará;
que tu pueblo con ánima fiera
antes muerto que esclavo será
”.

 

El dolor de Venezuela

Por: Armando de la Torre

El dolor de Cuba.

Una bella joven inocente, en una capital de provincia venezolana, sale a la calle por primera vez a expresar con sus compañeros de aula su indignación contra los abusos del dictador de turno. Los sicarios de éste la ultiman de un balazo al cerebro.

En Cuba, una joven madre traicionada por su esposo, se lanza al mar con su hijito, y con una docena de otros no menos abusados que ella misma, en busca de la mínima libertad que el dictador, a su vez también de turno, caprichosamente les rehúsa.

Aquella improvisada y endeble balsa zozobró, casi a la vista de las costas de la Florida, a la que se les había adelantado integrantes de sus propias familias. Una llanta de camión, sin embargo, se desprendió y flotó a la deriva. La madre, desesperada, coloca con sobrehumano esfuerzo en ella, a su hijo de seis años, lo besa por última vez, y se hunde para siempre, pasto, quizás, de hambrientos tiburones…

Simples “detalles” para los políticos iberoamericanos que presiden sobre otros pueblos…

Un joven venezolano, asediado por los esbirros del dictador, es buscado por la implacable policía secreta del régimen. Para evitar daños mayores a sus seres queridos, se entrega y lo desaparecen de la vista pública a la espera de un juicio “popular”…

Lo que me recuerda a aquellos dos jóvenes audaces que se situaron de noche al final de la pista de despegue del aeropuerto de Rancho Boyeros, y se escondieron, con muchas dificultades de espacio, entre el amasijo de cables de las ruedas del avión de Iberia que partió rumbo a Madrid la mañana siguiente.

Ya sobre el océano, el piloto notó que algo no había encajado bien en el tren de aterrizaje. Accionó los mandos para destrabarlos, y el problema pareció resuelto. Efectivamente, uno de los jóvenes había sido expelido y nunca más se volvió a saber de él. El otro, en cambio, quedó atrapado, inconsciente entre las ruedas. Al descender el avión a Barajas y detenerse al final de la pista, cayó al suelo una bola de carne morada y de hielo, que aún respiraba. Era el otro joven;  lo llevaron de urgencia al hospital y lograron salvarlo. La última vez que supe de él andaba por Nueva York… ¡por fin libre!

Un hermano de mi cuñado se vió en mayores apuros. Con un grupo de jóvenes del exilio se halló rodeado en un cañaveral. Lograron fugarse bajo una balacera. Once de ellos llegaron a un yate anclado y vacío. Se atropellaron en subir, encontraron la llave y… zarparon. Pero a unos pocos kilómetros de las aguas territoriales cubanas el yate se detuvo; no tenía más combustible.

Era el mes de abril, el más caluroso y seco en el Caribe. Rebuscando, encontraron un medio litro de agua potable y, por supuesto, la racionaron, a razón de treinta gotas por cada uno al caer la tarde. No había tráfico de barcos; tampoco llovió una gota. Al amanecer del tercer día, deshidratado, el primero de ellos murió, y lo arrojaron al mar.  El hermano de mi cuñado, al día siguiente, se negó a beber las gotas que le tocaban. Ante los ojos atónitos de sus camaradas, les dijo que había decidido ofrecer a la Virgen de Fátima su muerte anticipada, a cambio de una lluvia, o de un barco carguero que rescatara a los demás. Y murió al amanecer del cuarto día… y su cadáver también fue arrojado al mar.

A la media hora, cayó una torrencial temprana lluvia, y pocas horas después un barco mercante los pudo transbordar sanos y salvos.

Cualquier joven inmigrante que había llegado a Cuba durante el siglo XX -y fueron millones- o que llegó a Venezuela -y fueron otros tantos millones-, luchó denodadamente por abrirse camino en su nueva patria, y que lo logró, quería dejar a sus hijos y a sus nietos un mejor punto de partida del que él había tenido en su tierra natal. Al final, viejo y cansado, vió cómo el Dictador sin la más mínima consideración, le arrebataba su entera historia personal de austeridades y, encima, obligaba a sus descendientes, por cuyo mejor futuro tanto había sacrificado, a emprender el camino del exilio, pero esta vez más pobres de lo que él lo había estado al arribar a América…

El “socialismo”, ya fuere del siglo XX, ya fuere el todavía más estúpido del siglo XXI, ha significado, al largo plazo, sólo dolor para los pueblos, pero deleite, al corto, para los poquísimos que hicieron, o todavía hacen de él, su privilegiada fortuna.

La insensata soberbia de los ignorantes que lo han acaudillado, o que todavía lo acaudillan, sumada a la cobarde indolencia de los hombres y mujeres que les han sido, en último análisis,… rebaño para el matadero, son los verdaderos causantes de tantísimo dolor ajeno, pero todavía no se han enterado.

Les recomiendo a quienes por pereza insisten en comportarse como analfabetas funcionales la fácil lectura de La Rebelión en la Granja, de George Orwell.

Venezuela agoniza desde hace poco más de una década; Cuba, desde hace más de medio siglo. 

Entretanto, pongamos nuestras barbas en remojo…

e rescatara a los demás. Y murió al amanecer del cuarto día… y su cadáver también fue arrojado al mar.

A la media hora, cayó una torrencial temprana lluvia, y pocas horas después un barco mercante los pudo transbordar sanos y salvos.

Cualquier joven inmigrante que había llegado a Cuba durante el siglo XX -y fueron millones- o que llegó a Venezuela -y fueron otros tantos millones-, luchó denodadamente por abrirse camino en su nueva patria, y que lo logró, quería dejar a sus hijos y a sus nietos un mejor punto de partida del que él había tenido en su tierra natal. Al final, viejo y cansado, vió cómo el Dictador sin la más mínima consideración, le arrebataba su entera historia personal de austeridades y, encima, obligaba a sus descendientes, por cuyo mejor futuro tanto había sacrificado, a emprender el camino del exilio, pero esta vez más pobres de lo que él lo había estado al arribar a América…

El “socialismo”, ya fuere del siglo XX, ya fuere el todavía más estúpido del siglo XXI, ha significado, al largo plazo, sólo dolor para los pueblos, pero deleite, al corto, para los poquísimos que hicieron, o todavía hacen de él, su privilegiada fortuna.

La insensata soberbia de los ignorantes que lo han acaudillado, o que todavía lo acaudillan, sumada a la cobarde indolencia de los hombres y mujeres que les han sido, en último análisis,… rebaño para el matadero, son los verdaderos causantes de tantísimo dolor ajeno, pero todavía no se han enterado.

Les recomiendo a quienes por pereza insisten en comportarse como analfabetas funcionales la fácil lectura de La Rebelión en la Granja, de George Orwell.

Venezuela agoniza desde hace poco más de una década; Cuba, desde hace más de medio siglo. 

Entretanto, pongamos nuestras barbas en remojo…

La injusticia globalizada en el siglo XXI

Por: Armando de la Torre

Desde Poncio Pilatos sabemos de la calidad moral de la “justicia” meramente humana.

Y no hay excusas para sus protagonistas: tirios y troyanos, ateos y devotos, izquierdistas y derechistas, todos cargamos a nuestras espaldas un pasado indecible.

Recuerdo los films confidenciales, tomados por la Gestapo, que se me dio ocasión de ver, hace muchos años, como le fue al “Estado de Derecho” en Alemania bajo Adolfo Hitler. Recuerdo algo más de lejos las “purgas” de Stalin en los años treinta, pero también, mucho más de cerca, la justicia “popular” de los Castro o el “proceso” por genocidio a Ríos Montt…

He leído la “Apología pro Domo Sua”, de Sócrates. Y un largo etcétera de condenas, como las de Savonarola, Tomás Moro, Giordano Bruno y Galileo, este último ante  un tribunal presidido por un santo más tarde elevado a los altares, Roberto Belarmino.

No quiero hacer juicio aquí de los condenados sino de sus acusadores… que en cierto modo lo somos todos, cuando internalizamos sin mucho cuestionamiento lo que los historiadores nos relatan.

A una escala históricamente microscópica, quiero hacer juicio ahora de la acusadora omnipotente que avergüenza a Guatemala, Claudia Paz y Paz, y me quiero solidarizar con la valiente denuncia que de su injusta prepotencia ha hecho una de sus víctimas, la ex-Fiscal Gilda Aguilar, “la voz que clama en el desierto” de nuestra realidad.

Paz y Paz ha violado la Constitución y las leyes en muy repetidas ocasiones; ha transformado el Ministerio Público en un cementerio de carreras profesionales para abogados y fiscales públicos; ha amparado a los agresores más violentos contra la ley y los inocentes, y ha quedado impune… por cuatro largos años.

Y el “Establishment” de Guatemala ha callado, empezando por sus máximas autoridades electas: el Presidente de la República, su Ministro de Gobernación, el Congreso y los tribunales de justicia. También el CACIF, que apenas se ha dejado oír, así como la mayoría de los medios masivos de comunicación, tanto radial como televisivos, al igual que los por escrito, y los partidos políticos, la jerarquía eclesiástica, los sindicatos, por no hablar de nuestro infeliz Procurador actual de los Derechos Humanos, Jorge Eduardo de León Duque… La misma coalición, en fin, que puso el punto final al Estado de Derecho en Guatemala con la conclusión de unos “Acuerdos” de una paz que, encima, nos prometieron mendazmente de carácter “firme y duradero”, aquel ominoso 29 de diciembre de 1996.

También me trae a la memoria el escandaloso caso “Dreyfus”, en la Francia nada menos que de la “Belle Époque”. Para mis lectores, permítaseme un cortísimo resumen.

En 1894 fue acusado de traición a la patria el único oficial judío que para aquel entonces tenía el ejército francés. Fue públicamente degradado y condenado de por vida a la Isla del Diablo, en la Guayana francesa.

El traidor era otro, pero el cómodo “Establishment” de la época se quiso cebar en él, para deleite de los antisemitas de siempre: la derecha católica ultramontana, los militares nacionalistas de la época,  y los prohombres de la industria y del comercio.

Gracias a la familia del condenado, de nombre Alfred Dreyfus, y también a un oficial íntegro del servicio de contraespionaje francés, el Teniente Coronel Georges Picquart, pero, sobre todo, a la corajuda pluma de un novelista “libre pensador”, Émile Zola, y, también es de reconocérseles, al apoyo de los socialistas franceses de aquel tiempo, tras cinco años de agitación encendida y de un cisma profundísimo en la sociedad (que hubo de prolongarse hasta la segunda guerra mundial), se logró la repetición del juicio, en el que contra toda elemental justicia se le reiteró a Dreyfus la condena, pero más suave, a pesar de ya ser del dominio público la identidad del verdadero traidor, el Coronel Ferdinand Esterhazy.

No fue sino hasta 1906 que se le restauró a Dreyfus su honor, su posición en la jerarquía militar y su completa libertad. Doce años de infierno inmerecido le quedaron definitivamente atrás.

Durante todo ese tiempo Dreyfus había reafirmado su inocencia, pero su insistencia no llegó a la opinión pública por vía de la prensa escrita durante cuatro años, dada la indiferencia culpable de los poderosos de aquel entonces.

Volvamos a Guatemala, país convulso desde que lo gobernó Jacobo Arbenz.

En nuestro caso, el “Establishment” de la izquierda internacional, la de Europa y la de las Américas, Barack Obama en ella incluido, calla los desmanes de Claudia Paz y Paz. Los más vociferantes a su favor, en cambio, son ciertos ex-guerrilleros, “malinchistas” a la zurda, como el salvadoreño naturalizado Frank La Rue.

Pero gracias a una solitaria heroína guatemalteca, Gilda Aguilar, la verdad ha empezado a resonar en el ámbito nacional y muy pronto, espero, también en el internacional.

¿Qué nos pasa?


Por: Armando de la Torre

Supongamos que arribamos a Guatemala y procuramos informarnos, con toda seriedad, de la situación nacional.

Habríamos de interrogar a los guatemaltecos, tanto a los sobresalientes como a la masa de los anónimos.  Tendríamos que contrastar sus respuestas con los datos de las observaciones personales y de las de otros. Consultar asímismo las publicaciones internacionales, tanto las de la ONU como las de los numerosos índices comparativos que hoy se publican a raudales respecto a nuestras fortalezas y debilidades colectivas, comparadas con las de los demás países.  Añadiríamos, tal vez, visitas bien programadas a puntos geográficos socialmente más álgidos de nuestra historia. Estudiaríamos las reseñas más confiables, y escudriñaríamos los programas de los curricula actuales de nuestras escuelas, sobre todo las primarias…

Pues bien, todo ello lo he intentado por treinta y ocho años, y sé de lo muchísimo que siempre me quedará por aprender.

Mi informe, por lo tanto, meramente  previsional: Guatemala, como es sabido de todos, es un bello país, del clima para mí más suave y saludable que he conocido.

De gente amable, aunque no de refinada cortesía. Con un nivel de educación, sumamente disparejo, que despliega de lo más exquisito a lo más vulgar y tosco.  Etnicamente muy plural, con una escasa mayoría criolla y mestiza, y un importante núcleo minoritario indígena, al parecer todavía poco interesado en dejarse penetrar por las corrientes y aires de la modernidad y de lo contemporáneo.

En verdad, la creo una nacionalidad todavía en ciernes, con un pasado “independiente” de sobresaltos y choques de intereses vistos según las corrientes ideológicas del momento, incluidas las más extremas por otra parte ya casi en todas partes superadas.

Un pueblo joven, con una esperanza media de vida de 71 años y un promedio de edad de alrededor de los 18 años. Un pueblo, por tanto, con futuro.

Lo que más echo de menos porque lo creo lo más relevante son tantos múltiples talentos que duermen en su seno. Guatemala, como otros pueblos igualmente jóvenes, está repleta de ingenios por descubrir y de energías humanas por explotar. He visto que en cuanto a un joven adulto se le proporciona las herramientas de carácter adecuadas, resulta increíble lo bueno y lo original que se puede lograr de él. En la Universidad Marroquín, por ejemplo, tenemos un programa llamado de “Impulso al Talento Académico” (ITA), reservado exclusivamente para jóvenes muy talentosos de escasos recursos, y egresados del sistema estatal de educación. Los  resultados son de veras inauditos por sus frutos maravillosos. En realidad, constituyen parte de la crema y nata  de lo mejor de nuestro sistema de educación.

Por otra parte, me deleito oír de los éxitos de tanto joven empresario guatemalteco, dentro y fuera del país, que aportan iniciativas fecundas y un dinamismo juvenil al crecimiento productivo en donde quiera operen. Sobre ellos descansa la firme garantía de nuestro progreso de hoy y del de nuestro mañana.

Pero, ¿qué condiciones les han sido previas?

Los incentivos apropiados, nada más. No ha contado entre ellos el sello de un apellido de abolengo, ni del capital de familia. Sólo la disciplina, y las privaciones que templaron su carácter durante su infancia y su adolescencia, la historia común de la gran mayoría de los hombres y mujeres de éxito en cualquier parte.

Por supuesto, que se les ha de ayudar con incentivos, pero no malcriar. El primer impulso a superarse les ha llegado de los adultos que les son más significativos, pero mediatamente también de las figuras públicas que han visto como señeras por ser honestas, tenaces, generosas,  corajudas y a un tiempo prudentes.

Por cierto, ¿cuántas de éstas nos dan a conocer nuestros medios masivos de comunicación?…

Porque todo joven creativo necesita de ejemplos que lo muevan. Sin ellos, divaga sin norte y desperdicia, uno tras otro, los talentos que les son innatos o que ya ha adquirido. De ellos aprenderá que la clave de los triunfos personales resta más bien con el desarrollo del hábito de exigirse más a sí mismo de lo que él pudiera exigir de los demás. Sólo de ese temple podrá hacer frente a las inevitables crisis del fracaso, de la desilusión, de los malentendidos, o de la traición inesperada, siempre para volver a ponerse de pie.

El carácter se forja así, en la responsabilidad sentida para sobrevivir por sí mismo, en el esfuerzo sostenido a largo plazo, no en cualquier impulso hacia el propio beneficio al corto.

Esto entraña que los criterios éticos habrán de dominar en él los meramente utilitarios. Es más, que sólo así se construye lo verdaderamente útil, y que sólo así se vive y muere en paz con la propia conciencia.

Ahí está lo que nos pasa: hemos descuidado la formación del carácter en nuestros jóvenes y cosechamos sus miserias cuando ya son adultos mayores.  

De tal forma podemos explicarnos el lamentable presente, pero también esperar el futuro que podrá sernos espléndido.

Una heroica mujer

Una heroica mujer

Por: Armando de la Torre

 

            Así se ha mostrado quien salió por primera vez a la luz pública hace dos años en un caso jurídico complejo.

Se trata de una mujer sin miedos y sin tachas, abogada de profesión, defensora pública, fiscal, y ahora enfrascada en una cruzada cuesta arriba en pro de la instauración en Guatemala de un verdadero Estado de Derecho que nunca hemos tenido.

            Saludo respetuosamente desde esta columna a la Licda. Gilda Aguilar Rodríguez.

            El pasado miércoles 8 de enero sostuvo una conferencia de prensa en la Torre de los Tribunales, inmediatamente después de haber presentado un antejuicio contra la Fiscal General en ejercicio, la Dra. Claudia Paz y Paz, por los delitos de denegación de justicia e incumplimiento de deberes.

            A tal respecto, conviene recordar que la querellada Paz y Paz  inesperadamente se había hecho presente en la Fiscalía Distrital de Huehuetenango el 2 de agosto, para reprocharle a la Fiscal Aguilar que hubiera gestionado órdenes de aprehensión contra diez militantes del CUC, los sospechosos más probables de haber secuestrado trabajadores,  quemado instalaciones y maquinarias de la Hidroeléctrica Santa Cruz, en Santa Cruz Barillas, Huehuetenango, y hasta de haber golpeado a militares y robado sus armas, el 1 de mayo del 2012.

Y que al día siguiente de ese repentino arribo de la Fiscal General a Huehuetenango, los dirigentes del CUC ofrecieron una conferencia de prensa, en la que volcaron su odio hacia la Licda. Aguilar con un torrente de invectivas, entre ellas las de “corrupta”, “nefasta” y “represiva”, y a continuación pidieron su inmediata destitución.                                            

Coincidentemente, el 22 de agosto la Licda. Aguilar fue objeto de un atentado nocturno, con alevosía y ventaja, contra su vida, presumiblemente por obra de miembros del CUC.

            Es de recordar que los militantes del CUC, organización fundada por Vicente Menchú, son bien conocidos  por otros casos de violencia armada desde los tiempos en que militaban como una rama del EGP.         

Por fortuna, la Licda. Aguilar no es de las personas que se dejan amedrentar fácilmente.

Fue en este marco conflictivo, cuando la emboscaron en la Sierra de los Cuchumatanes y el custodio que la acompañaba, por instrucciones del Ministerio de Gobernación, Samuel González  quedó herido de balas, una particularmente muy peligrosa en la ingle, que todavía retiene alojada en su cuerpo.  El auto también quedó acribillado de impactos, como consta de las fotografías que obran en poder del Ministerio Público.  

            Aquella noche la Licda. Aguilar logró esconderse en un tupido matorral, donde permaneció por dos horas,  a la espera angustiosa de que la llegaran a rematar.  Pero llegó a tiempo el Ejército, también la Policía, y hasta una ambulancia, pero no llegó el Ministerio Público.  

La conclusión precipitada que se formó el Ministerio fue que se había tratado de un caso de delincuencia “común”. Lo sorprendente es que del auto vacío la Licda. había podido recuperar su bolsa más tarde con el contenido intacto…    

            De aquí arranca el por qué de la querella de la Licda. Aguilar  contra la Dra. Paz y Paz:  

            Siente que se le denegó justicia, por cuanto la investigación fiscal parece haber sido  maliciosamente desviada para encubrir a los verdaderos responsables. Se permitió que la escena del crimen  fuera contaminada, y no se le reconoció oficialmente a la Licda. Aguilar su papel de víctima, ni se le dio participación en las audiencias judiciales que se llevaron a cabo. Encima,  fue revictimizada por la misma Fiscal General con un proceso disciplinario, en atención a los requerimientos del CUC contra ella.

            Además, el Art. 117 del Código Procesal Penal establece que el agraviado ha de “ser informado sobre los derechos que le asisten en el procedimiento penal, recibir asistencia médica, psico-social, o cualquier otra que tenga por objeto reducir las secuelas del hecho delictivo, que el Ministerio Público escuche su opinión en el procedimiento, fundamentalmente antes de las decisiones definitivas o de las provisionales que implican clausura o extinción de la persecución penal, a recibir resarcimiento y/o reparación por los daños recibidos, a recibir protección cuando su integridad física corra peligro, como consecuencia de la persecución penal en contra del sindicado, a que existan mecanismos que disminuyan los riesgos de victimización secundaria durante el proceso penal”…

El Ministerio Público no cumplió con ninguna de estas cláusulas.

Si así se comporta la Dra. Claudia Paz y Paz hacia sus propios subordinados, ¿qué es de esperar para nosotros, las personas comunes y corrientes?

“El Emperador està desnudo”

“!El Emperador está desnudo!”

Por: Armando de la Torre

Según Hans Christian Andersen, “hace muchos años  vivía un emperador que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por su vestuario. Un día escuchó a dos charlatanes decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginarse. Esta prenda, añadían, tenía el especial atributo de permanecer invisible sólo para cualquier estúpido, o para cualquier incapaz en su cargo. Por supuesto, los pícaros fingían que trabajaban en tal ropa, pero guardaban para sí los ricos materiales que solicitaban para ese fin.

Algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda, el emperador envió a dos de sus hombres de confianza a verlo. Por supuesto que ninguno de los dos quiso admitir que era incapaz de ver la prenda, y se deshicieron en alabanzas a la misma. Toda la ciudad también oyó del fabuloso traje, y cada cual quedó a la espera de comprobar cuán estúpido era… su vecino.

Llegado el Emperador, los sastres estafadores hicieron como si le ayudaran a ponerse la prenda inexistente, y el emperador salió así a un desfile solemne, para no admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla.

Toda la gente del pueblo alabó entusiastamente el traje, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo. Pero un inocente niño entre la multitud exclamó:

«¡Pero si el Emperador va desnudo!»

El rumor se propagó,  primero en voz baja, después a gritos, sin que cayeran todos en la cuenta de que descubrían, al mismo tiempo, la propia desnudez de sus míseras consciencias.

De tan aleccionadora fábula me acordé al instante de leer, por primera vez, la disposición de una señora juez en contra de José Rubén Zamora. Según ella, constituye un caso de intento de feminicidio criticar a quien ocupe el cargo de Vicepresidente de la República… si acaece ser  mujer. ¡Aviados estamos!

Semejante estupidez acaba de ocurrir en este régimen de caos total, legal y constitucional, en el que nos hallamos hundidos desde el desastroso cuatrenio de Alvaro Colóm, seguido por los dos años, no menos descaradamente cínicos y despilfarradores, de ejercicio de Otto Pérez Molina, de su Vicepresidente, Roxana Baldetti, y de la mayoría de diputados del Congreso actual.

La decencia jurídica ya nada vale en Guatemala. Ni siquiera en el Poder Judicial, cuyos magistrados con demasiada frecuencia  hacen de cómplices del gobierno de turno.

Ahora resulta que para que un funcionario público pueda tornarse en un  asaltante de caminos legal, sólo basta un atributo que le exima de culpa: su sexo, en este caso, el femenino. Pronto será incluido positivamente en tan honrosa categoría cualquier homosexual…, hasta que terminemos por requerir de él ser un simio hermafrodita para que merezca figurar, de nuevo positivamente,  en la  categoría de los inimputables.

¿Cómo hemos podido resbalarnos hacia tanta barbarie?

Al corto plazo, con los “acuerdos” de una paz “firme y duradera” de otro gobierno. Aquel pacto entre los encargados constitucionalmente de cumplir y hacer cumplir la ley y la mafia violenta organizada en pandilla política que le adversaba, a costa, muchísimas veces, de vidas ajenas a la confrontación, selló el fin de toda ética pública, y de toda moral, entre nuestros “adalides” políticos. Por eso, a estas alturas, el caso contra José Rubén Zamora no debería sorprender a nadie con dos dedos de frente y un resto de principios éticos.

A más largo plazo, también el positivismo jurídico de rigor en nuestras universidades por siglo y medio, sobre todo en la Universidad de San Carlos, ha servido de abono para  nuestra debacle de conducta colectiva. En su cauda, ha surgido, además, el “Estado Benefactor” (de algunos sectores “privilegiados”, de otros injustamente protegidos en el mercado competitivo, de beneficiados con “seguridades” debilitantes del carácter, con bolsas, comedores, vacaciones en la playa, o empleos inútiles…) y que han tenido como denominador común erosionar hasta su desaparición completa el sentido de la responsabilidad  individual.

Pero al cortísimo plazo, tal alianza nada santa entre las cúpulas del sector privado organizado y de la subversión violenta, de aquel diciembre de 1996, que apaciguaban a esta última para la mutua tolerancia de los privilegios de los otros y a los otros de las impunidades de ellos, nos ha rebajado a tan ignominioso nivel de “civilización”. 

Los valores de la ética y la moral han dejado de servirnos de guía. Sólo los intereses pecuniarios cuentan, la evidencia más elocuente de la decadencia de todo un pueblo. Y esto, extendible, a unos más, a otros menos, por todo este Occidente histórico que por siglos se pretendió “cristiano”.

La ley de Dios desvanecida, ha abierto la puerta a la justicia del más inescrupuloso.

Y todo esto, lamentablemente, siempre comenzado y completado por individuos, que osan  autocalificarse de inteligentes y dignos.

¿Cuál ha sido hasta ahora tu aporte?…

¿Cuestiòn de sentido comùn?

¿Cuestión de sentido común…?

Por: Armando de la Torre

            Los chilenos votaron y eligieron de nuevo a Michelle Bachelet. Su contrincante, Evelyn Matthei, se apresuró a felicitarla, como es de rigor en los pueblos civilizados.

            La Presidente electa ha prometido un amplio programa de reformas, entre ellas quince mil millones de dólares para la reforma educativa. La más intrigante es su promesa de reducir las desigualdades sociales en la población. Aquí entra el problema del “sentido común”…

            ¿De acuerdo a cuál parámetro intentará lograrlo? ¿De acuerdo al dinamismo de un mercado libre y, por lo mismo, competitivo, o por decretos?

            Su partido se llama “socialista”, en realidad es “social demócrata”, como prefieren identificarse hoy la mayoría de los partidos políticos que profesan tal ideario parecido. Y no creo que en este regreso suyo a la presidencia pretenda emular en absoluto otros “socialismos”, como el contemporáneo “del siglo XXI” inventado por Hugo Chávez, o aquel de su predecesor de los años setenta, Salvador Allende, que llevó a Chile a la ruina. Mucha agua ha corrido desde  aquel entonces bajo los puentes ideológicos del mundo entero.

            Sin embargo, la social democracia chilena bajo Bachelet podría desviarse más hacia la versión francesa de la misma (Hollande) que hacia las versiones británica (“Labor” Party) o alemana (SPD). Lo cual, de hacerse realidad, quitaría bastante de su lustre al “milagro económico” que ha vivido el pueblo chileno desde la incursión en la política local por los “Chicago Boys” (profundamente familiarizados con el pensamiento analítico de Arnold Harberger), e invitados por Pinochet a incorporarse a su gobierno a partir de 1975.    

            El sentido común nos dice a todos que si algo funciona bien, mejor es no querer repararlo. Pero todos sabemos que en materia ideológica el “sentido común” es el menos común de los sentidos.

            Quedamos a la espera.

            Entretanto, quiero añadir aquí unas pinceladas curiosas.

            El porcentaje de votos que le impidió ganar las elecciones a Evelyn Matthei (38%) es exactamente el mismo aquel con el que ganó Salvador Allende las críticas elecciones de 1970.   

            ¿Por qué el resultado entre ambas votaciones ha sido tan diametralmente opuesto?

            Porque en la década de los setenta, en Chile, al igual que en Guatemala, el Parlamento tenía la última palabra si ninguno de los candidatos alcanzaba la mayoría absoluta. En el caso actual, no hubo lugar a dudas: la mayoría absoluta la tuvo Bachelet. Es un claro ejemplo de la mayor  ventaja del sistema electoral francés (“ballotage”), que prevé una segunda vuelta para los casos en que de la primera no surge un claro ganador.  

            Otra lección memorable sería si la Bachelet intenta revolucionar el sistema de libre mercado heredado de Pinochet: las revoluciones estallan cuando las cosas van mejor, no cuando de malo pasan a peor. Ignorado por los más, este fue un factor en la revolución francesa de 1789, en la soviética de 1917, y en la castrista en Cuba de 1959.

            Es verdad que en Francia hubo por aquellos años una hambruna dolorosa atribuible principalmente a las pérdidas de las cosechas, sobre todo la de trigo, en conjunción con una bancarrota fiscal enorme (curiosamente, por la ayuda militar de la monarquía a los independentistas en América del Norte). Pero era el país más poblado de Europa, y el más culto, y su clase media progresaba sin pausa.

Y en el caso de Rusia, se sufrían derrotas repetidas y se desangraba ante  los Imperios Centrales durante la primera guerra mundial. Pero ese gran pueblo gozaba, en 1917, el momento de mayor libertad individual en sus mil años de historia, gracias políticamente al movimiento social democrático en torno a Kerenski, y económicamente, después de un cuarto de siglo de progreso industrial sostenido gracias a las reformas de Serguéi Witte. 

En cuanto a Cuba, sufría de un gobierno impopular desde hacía seis años, el de Fulgencio Batista, pero junto a Uruguay y la Argentina era el país más desarrollado de Iberoamérica.

¿Repetirán los chilenos bajo Bachelet esos monumentales errores históricos? No lo creo, aunque algunas expresiones de ella y de sus más íntimos asesores parezcan insinuarlo.

La razón última de que avances colectivos terminen en desastres retrógrados es la impaciencia. Si hay mejoras, ¿por qué no acelerarlas racionalmente “planificando” mejor el futuro?

La tentación más seductora para todos quienes de veras desean el progreso para todos también.

Lamentablemente, los progresos sociales, sobre todo los económicos, no están sujetos a nuestros caprichos planificadores con el abuso del monopolio estatal de la coacción. La naturaleza del hombre libre jamás funciona así. La “mano invisible” del mercado, sí lo logra.

¿Cómo?

Simplificando, mediante contratos en los que se incurre deliberadamente, y de los que  ambas partes contratantes derivan algún beneficio a los ojos de cada uno de ellos.

El punto olvidado de los revolucionarios utópicos.

¡Que tengan sobre tal base un próspero Año Nuevo!