Preguntas a un periodista europeo

Por: Armando de la Torre

 

Callaron los cañones, el polvo se asienta, y la algarabía a su alrededor aumenta unos cuantos decibeles más en la prensa sesgada de Europa.

 

Tengo una reiterada experiencia personal que creo ser la de muchos otros: nadie puede ser mejor juez en asuntos propios que uno mismo.

 

Tengo amigos que ahora condenan a Israel con la vehemencia con la que jamás han condenado los ataques terroristas de las facciones palestinas. Tengo también otros que se recogen en un silencio herido por tamaña incomprensión.

 

Preguntas al amigo: si a ti , hombre pacífico, te hubiesen estallado cohetazos en el techo de tu casa, ¿cómo habrías respondido a la agresión? Pues sobre el sur de Israel han llovido millares por ocho años, después que los israelíes han evacuado Gaza bajo la promesa de que a cambio tales ataques cesarían.

 

Y si un grupo armado hasta los dientes declara que no descansará hasta haberte exterminado de la faz de la tierra, ¿te retirarías a llorar a solas tu desventura entre las colchas de tu cama? Pues así han sido y son, las declaraciones reiteradas de Hamás, Hézbollah e Irán, -bien pertrechados por su parte de petrodólares- contra Israel.

 

Y si se te enfrentan energúmenos que te ordenan, armas en mano, a que trates a tu esposa y a tus hijas en un Estado islámico como ellos tratan a las suyas, “vientres de reproducción de guerreros”, ¿acatarías sin defenderte tanta intromisión en tu vida íntima y tal desprecio para las mujeres que te son queridas?   Pues es eso, precisamente, lo que figura por escrito entre los postulados beligerantes del Hamás.

 

Y si quienes profieren tales alaridos ya han probado su determinación con anterioridad haciendo saltar por los aires autobuses escolares como los que transportan a tus hijos con los niños dentro, ¿te quedarás inmóvil cuando tomen a los suyos propios por escudos en tu contra? Pues desde escuelas, hospitales y mezquitas, parapetados tras multitudes de mujeres, ancianos y niños, han disparado miles de veces contra las mujeres, los ancianos y los niños de Israel.

 

Si cumples como buen demócrata con todas tus obligaciones cívicas y eres condenado a muerte por matones fanáticos que se rehúsan a aceptar voluntad mayoritaria alguna sino tan sólo la del cabecilla que los comanda, ¿aceptarías que espectadores lejanos e indiferentes a tus cuitas  te igualen moralmente a ellos? En Israel un millón de árabes musulmanes son ciudadanos con todos los derechos debidos, incluido, por supuesto, el activo de votar pacífica y secretamente y el pasivo a  ser votados  miembros del Parlamento, como lo han sido 16 de ellos. En Gaza no hay judíos, no hay cristianos, y los musulmanes se matan recíproc





amente entre sus dos facciones dominantes.

 

Si eres miembro de un grupo pequeño y te ves amenazado por una horda mucho mayor, -¡a la enésima potencia!-, ¿te abstendrías de tomar iniciativas  preventivas? Israel es patria de seis millones de judíos, restrictos por espacios inmensos que lo circundan y que son “patria” para 400 millones de musulmanes. De ahí que todos sepamos que los terroristas pueden perder guerra tras guerra, pero que a Israel le basta con perder sólo una para desaparecer del todo del mapa.

 

Si, encima, eres sobreviviente de una “solución final” absolutamente sin precedentes, ¿estarías dispuesto a jugar con la posibilidad de una segunda para los que lograron escapar a la primera? Un tercio del judaísmo mundial -incluidos un millón de niños- fue aniquilado en Europa; otro tercero sobrevivió para hacer del desierto un jardín en Israel.

 

¿Aceptarías ecuánime que quienes fueron tan indiferentes a tanto dolor tuyo “mediaran” hoy en tu contra?…

 

Independiente de todo ello, creo disponer de la solución perfecta: que la franja de Gaza sea anexada a Egipto y la ribera occidental a Jordania (bajo garantías estrictas para el medio millón de israelíes asentados en ella).

 

Veríamos entonces hasta donde llega la voluntad de acogida entre hermanos musulmanes…

 

 

El engaño

Por: Armando de la Torre

 

¿Cómo pudo Fidel Castro llegar a un poder dictatorial primero, totalitario después, y retenerlo por medio siglo?

 

Entró triunfante en La Habana en enero de 1959 rodeado de la adulación de las masas. Joven apuesto y en extremo inteligente, simpático además (“… ¿Voy bien, Camilo?”), y que había obligado a retirarse a un gobernante impopular, encarnó por un momento todas las aspiraciones políticas de la floreciente clase media.

 

Pero la mentira estaba al acecho. “No he venido a sustituir un despotismo por otro, sino a aplicar el mensaje social del Evangelio”, creyeron oír jóvenes adoradores y madres. Es más, su “desinterés” se les hizo más evidente cuando al inicio renunció integrarse al gobierno de sus secuaces. Además, para escarmiento de muchos se estrenó con fusilamientos en masa y juicios “populares de circo romano” -como lo calificó una de sus víctimas-, sin ningún debido proceso. “No hace falta”, exclamó el Presidente designado a dedo por él, nada menos que un antiguo magistrado del Tribunal Supremo, “¡porque la revolución es fuente de derechos!”

 

Todo el que pareciera sugerir que aquella marea cívica más que política parecía derivar  hacia una dictadura de corte comunista era, tachado automáticamente de “contrarrevolucionario”. Con ese pretexto liquidó en pocos meses la libertad de expresión radial, escrita y televisada. Y para dejar las cosas claras y en su lugar, a uno de sus lugartenientes más cercanos, Hub





er Matos, lo denunció públicamente ¡y le impuso treinta años de cárcel por habérselo insinuado por carta en privado!

 

En abril de 1961 declaró que él era, y siempre había sido (otra mentira), “comunista”.

 

Cuba debía sus avances a dos factores primordiales: a la enorme inmigración española del primer tercio del siglo XX, y a su cercanía geográfica a la primera potencia tecnológica del mundo: los Estados Unidos. Contra ambos se volvió, incluídos sus medio hermanos por el primer matrimonio de su padre (español) y que les había heredado millones de dólares.

 

El “niño bonito” de los jesuitas les confiscó sus colegios y el de los hermanos De La Salle en el que había cursado su primaria. Condenó al Arzobispo de Santiago de Cuba, Pérez Serantes, que había intercedido con éxito siete años antes para que no fuera él ejecutado por las fuerzas de Batista, luego del fracasado asalto al cuartel Moncada, y expulsó a todas las órdenes religiosas enseñantes. Pasó por las armas al jefe de su guardia personal, Morgan, al que infligió la innominia final de ni siquiera permitirle despedirse por teléfono de su madre, lo mismo que habría de hacer más tarde con su “héroe” de África, que ya le hacía sombra, Arnaldo Ochoa. Cuando al “Ché” Guevara (no menos asesino) lo consideró inservible, lo abandonó a su suerte en Bolivia. Como Stalin, como Hitler, su inmenso ego no reconoce otro junto al propio…

 

¿Por qué se ha mantenido tanto tiempo? Por dos razones: por su astuta elección hacia el exterior de una postura antiyanqui -rara entre los cubanos-, que le valió el apoyo reflejo de todos los resentidos del mundo (a la vanguardia, los políticos del PRI mexicano) y por la supresión hacia el interior del derecho a la propiedad. Pues los esclavos no se rebelan. ¿Con qué lo podrían hacer…?

 

He tenido la impresión de que el caso cubano es incomprendido por la mayoría de nuestros “hermanos” (?) iberoamericanos. Pero esa actitud, a su turno, la comprendo: ninguno ha pasado por esa experiencia.

 

La índole de esta variante totalitaria del despotismo, inédita hasta el siglo XX, tampoco fue comprendida por la mayoría de los europeos que vivían de este lado del muro. Todavía hoy quedan ingenuos que lo conceptúan como uno más entre muchos. Evidentemente no han leído a Hannah Arendt…

 

A propósito, el antisemitismo que ella juzga componente vital del totalitarismo ya asoma su fea cabeza en Venezuela y Bolivia.

 

En Cuba, no. Ya no quedan judíos, ni se retiene contacto alguno con Israel.

 

 

 

 

 

La perla de las Antillas

Por: Armando de la Torre

 

Fidel Castro ha muerto, pero también Cuba, la “Perla de las Antillas” que él asesinó.

 

Las generaciones de hoy casi nada saben de la Cuba de ayer, digamos hacia 1958, en las  vísperas de la dictadura totalitaria de los hermanos Castro. 

 

El gobernante de entonces, Fulgencio Batista, era impopular, pues había interrumpido de un tajo el normal proceso electoral democrático seis años antes. Hombre de extracción humilde, ex-sargento del ejército nacional, ya había gobernado por un cuatrenio de más bien mediocre ejecución.

 

La razón aducida por Batista y sus seguidores para su golpe de Estado de 1952 era el vacío de hecho de poder político al centro del gobierno bajo Carlos Prío Socarrás, un Presidente de la República simpático (“cordial”, lo llamaban), pero venal y sin carácter. A la mayoría de la población aquel rompimiento del orden constitucional le resultó detestable, tanto más cuanto que al paso de los años la corrupción en las altas esferas se hizo obvia, además de sus públicos lazos con figuras conocidas del hampa que desde los EE.UU. intentaban lucrar con las casas de juego en La Habana.

 

Batista, por su parte, creyó redimirse (¡se comparaba con Lincoln!) a través de una amplia legislación “social”, con la anuencia tácita de su antiguo aliado, el Partido Comunista. Lo que complementó con un programa monumental de obras públicas, según los  espe ctaculares precedentes sentados por las anteriores presidencias de Gerardo Machado y Ramón Grau San Martín, en la década de los veinte el primero y de los cuarenta el segundo.

 

Para 1958, Cuba ocupaba el cuarto lugar en el mundo en el porcentaje del ingreso económico promedio, con respecto al PIB, de sus trabajadores, por encima de Suiza, Noruega, Suecia, Alemania occidental, Australia, Francia y aun Japón, (Anuario de la OIT, Ginebra, 1960) y de otros modelos exitosos.

 

También en el octavo lugar mundial del consumo per cápita de carne de res (cuarto lugar en Iberoamérica), como se puede verificar por los datos de la FAO.

 

En cuanto a minerales, era el primer productor de cobalto, el segundo de níquel, y entre los diez primeros del mundo en cromo, manganeso y cobre, como se puede constatar en las estadísticas del Departamento de Comercio de los EE.UU.

 

Con respecto a los frutos del mar, los cubanos consumían más que ningún otro a escala mundial, seguidos de cerca por los norteamericanos.

 

En Hispanoamérica destacaban en el tercer lugar por el valor calórico de su alimentación, casi a los niveles de la Argentina y del Uruguay (FAO). Igualmente en el número de teléfonos y de automóviles por habitantes, así como de radioemisoras (después de Brasil y México). También figuraban en segundo lugar con respecto a radio-receptores, y en el primero en el rubro de televisores (Statistical Abstract of the U.S.A, 1960).

 

Después de Uruguay, Cuba era el país con la mayor cantidad de periódicos y lo superaba en el número de habitantes por ejemplar.

 

Sus hospitales contaban con 35,399 camas (para una población menor a la actual de Guatemala) y el número de médicos por habitantes era el segundo (después de la Argentina) y el tercero en dentistas.

 

Cuba ocupaba el primer lugar en Iberoamérica por su menor mortalidad infantil y su coeficiente de mortalidad era el tercero más bajo del mundo…

 

Contaba con 13 universidades, 21 Institutos de Enseñanza Media, 19 Escuelas Normales para maestros, 14 Escuelas del Hogar, 19 Escuelas de Comercio, 7 de Artes Plásticas, 22 Industriales y 6 de Periodismo oficiales, amén de las privadas.

 

Su proporción de analfabetas (22.8%) era casi la misma que la de Chile y Costa Rica; sólo la Argentina la tenía más baja. Pero en el gasto público para educación era número uno (Annuaire Intenational d’Education, UNESCO), y ocupaba el quinto lugar, a nivel continental, en su proporción de estudiantes universitarios. Asimismo, el país con el porcentaje más alto de estudiantes femeninos (45% del total).                  

                                                                                    (Continuará)

Medio siglo de mentiras totales

Por: Armando de la Torre

 

El 1 de enero de 1959 se instaló en Cuba una dictadura totalitaria, la única en el entero Hemisferio Occidental desde que fuera éste descubierto por europeos en 1492.

 

 Todavía persiste, como perduró setenta años la de Lenin – Stalin.

 

 El fenómeno del “totalitarismo” ha acumulado más oprobios que ningún otro despotismo en la historia, como lo documentó la genial inteligencia de Hanna Arendt.

 

Ha sido la aberración moral por antonomasia de todos los siglos y hubo de darse en el nuestro, el del hombre propelado hasta la luna y de Bill Gates y su revolución de la informática.

 

Su mendacidad no ha tenido paralelo, ni veo posible que lo pueda tener en el futuro.          

 

“Calumnia, que algo queda”, comentó Voltaire, lo que parecen haber erigido en la divisa suprema de su propaganda los hermanos Castro, contra cualquiera que ose disentir de ellos o tenga la dignidad elemental de llamarlos por lo que son: asesinos de cuerpos y, sobre todo, de almas.

 

Son casos para desmenuzar clínicamente. Ambos, sobre todo Fidel, abrigan el resentimiento contra un padre que los engendró de su cocinera cuando todavía vivía la legítima esposa.

 

Nunca han trabajado ni jamás firmado un contrato por el que se vean obligados éticamente a cumplir con sus obligaciones.

 

 Herederos de millones, empero, de ese mismo padre, que despilfarraron alegremente en sus andanzas “revolucionarias”.

 

De una ignorancia “enciclopédica”, de la mano de una insolencia que no conoce rubores, se han hecho los solos amos de once millones de infelices esclavos a los que a la más mínima infracción pueden retirarles la tarjeta de racionamiento respectiva, pues ni lo que comen comprado con su mísera “retribución” en efecto les pertenece.

 

Los “amos” no conocen superiores y, por tanto, no se sienten ligados a rendir cuentas de lo que hacen a nadie. “Castro loquto, ítem soluto”. Cada curul de la “asamblea del poder popular”, montada por ellos depende del talante de ese día del “amo”, pues las elecciones unipartidistas que supuestamente los legitimaron en sus puestos ni admitieron ni admiten de ninguna otra posible opción a las prescritas por cualquiera de los dos amos, el que esté de turno.

 

 Han hecho de un pueblo indómito impensante un rebaño de reses mudas.

 

No existe familia, ni autonomía municipal, universitaria o de seguridad social ajenas al capricho dictatorial. Ni siquiera el derecho a la huelga, cuanto menos a viajar libremente. No se fomenta la lealtad sino la delación. Tampoco se inculca una escala de valores universales, más bien la utilidad de los  privilegios antojadizos a quienes sirven más abyectamente, esto es, se encorvan sin haber visto, oído o dicho nada.

 

Los diplomáticos “cubanos” en el exterior no se sienten llamados a velar por los intereses y derechos de sus conciudadanos en el exterior sino a vigilarlos estrechamente en sus actividades. El “Hermano Mayor” lo ha de saber todo.         

            No hay honor, hay jineteras.

            No hay amigos, hay soplones.

            No hay laboriosidad, hay resignación.

            No hay iniciativas, hay mandatos.

            No hay opiniones, hay consignas.

            No hay inmigrantes, hay balseros.

            No hay hijos, hay abortos.

            No hay verdades, hay excusas y, para eso, falsas.

            No hay manifestaciones, hay marchas.

            No hay iglesias, hay santerías.

            No hay azúcar – ¡en Cuba! -, hay “azucarados”.

            No hay prensa, hay boletines.

            No hay jueces independientes, hay presos políticos.

            No hay esperanza.

            ¿Hasta cuándo? Porque la historia recoge que…

 

“Se puede engañar a una parte del pueblo todo el tiempo o a todo el pueblo una parte del tiempo; pero no puede engañarse a todo el pueblo todo el tiempo”

                                                            Abraham Lincoln

Mementos

 

Por: Armando de la Torre

            Este final del año me ha sido rico en despedidas tristes. Marisa Fontes, Irina Darlée, Francisco Bianchi y Antonio Pallarés me dejaron sendos vacíos que ninguno podrá llenar en su mismo estilo.

            Marisa fue la alegre y entusiasta pionera brasileña del empuje empresarial para proteger y mejorar nuestro medio ambiente y al mismo tiempo elevar el nivel de vida de nuestra población campesina.

            Irina Darlée, por su parte, nos será siempre inolvidable por su magnífico aporte de palabra y por escrito a una creciente refinaada vida cultural en Guatemala.

            Francisco Bianchi, “el caballero sin miedo y sin tacha”, nos edificará por todo el tiempo que nos quede de vida con su fe integérrima en Dios y el traslado que supo hacer de sus habilidades publicistas a la predicación del Reino.

            Antonio Pallarés, el último en dejarnos, nos ha legado un ejemplo extraordinario de la joie de vivre al servicio de la república, que le hubo de alargar paradójicamente su agonía, pues contra toda expectativa médica se aferró a este mundo por cuatro años más de lo esperado, a su usual manera intensa.

            En mi experiencia personal, pocas veces me había tropezado con un ramillete de tales personalidades que se despidieran para siempre con el fin del año.

            Guatemala se ha quedado más pobre por sus ausencias, que también nos dejan entrever empero esa pujanza de la vida del espíritu dispersa por todo este país y que para muchos permanece desapercibida. Su fecundidad ahora tan notoria al separarse de nosotros nos es precisamente garantía de futuras riquezas humanas.

            No me canso de repetir allende de nuestras fronteras que este pueblo pequeño en número pero gigante en talentos, unos nacidos en su suelo, otros llegados por el magnetismo que a la distancia ejercen sus hijos más preclaros, se encamina a dejar una huella profunda en los anales de la civilización globalizada.

            También ratifican sus variados rumbos que la vida en libertad es polícroma y que únicamente la muerte sin otra opción la uniforma.

            Tales ejemplos extraordinarios de la creatividad humana nos recuerdan las veces, demasiado frecuentes, que los árboles no nos han dejado ver el bosque, y que nos perdimos en nuestros minúsculos afanes diarios sin prestar atención a la catarata imponente de genios y bellezas que fluyen, en lo eterno profundo, a nuestro derredor.

            Quizás porque de todas maneras no sabríamos mostrárnosles agradecidos.

            Por eso creo que lo individual, no lo colectivo, es siempre de exaltar. Pues todo lo original dimana de lo uno, no de lo que se amontona. La experiencia personal se tiene a solas,  nadie la puede gozar o sufrir por otro. La chispa sólo salta de la persona, jamás desde un mero agregado. Y sólo sobre tal supuesto se puede llegar a comprender la entrega, la reciprocidad, la comunión, la ternura, en una palabra, el amor.

            El calendario universal cierra en el Occidente cada periplo anual con el eco de las campanas de Belén. No puedo imaginar un final más feliz para el monótono conteo de los días y los meses. Una peculiaridad que el cristianismo ha prestado a los pueblos que a él se han vuelto.

            En esta nota de recogida alegría y de nostalgia amistosa, quiero desear a todos un año de renovada fe en Dios y en las potencialidades inauditas de la raza de los hechos “a su imagen y semejanza”.

            Para los que nos han precedido en la partida y nos han obsequiado la esperanza consolidada de que a su riqueza de ayer podremos siempre añadir la de mañana, pues un mismo Dios nos fecundó ayer y nos fertilizará mañana, les deseo, según la fórmula de Unamuno, que hayan sido recibidos en el seno del Padre, “misterioso hogar”, pues a él han llegado “deshechos de tanto bregar”.

            Las crisis que a los que todavía sobrevivimos nos restan peldaños inevitables, que se nos ofrezcan de otros tantos peldaños para ascender hasta El.

            Y que podamos un día abrazarnos de nuevo, amigos los idos y los que aguardan sus turnos, para disfrutar juntos una herencia que se nos ha prometido a cada uno por separado.

            Marisa, Irina, Paco, Tono, en el entretanto, gracias.

SECRETOS… ¿DE CONFESIÓN?

 

Por: Armando de la Torre

            Nadie se inquiete, no pienso revelar pormenor alguno.

            El incentivo a esta reflexión me lo proporcionó una interesantísima conversación reciente con alguien bien familiarizado con los “secretos” de la vida pública en Guatemala.

            A manera de introducción, permítaseme hacer una referencia al sociólogo Georg Simmel, que  caracterizó la vida urbana en cuanto tendiente a ser a un tiempo superficial y secretiva. Ello resulta obvio si partimos del hecho de que la mayoría de nuestras interacciones son en realidad demasiado fugaces, y engarzadas en los fríos cálculos cotidianos de nuestra supervivencia. Confidencias hondas que intercambiar y proyectos de largo plazo que maduraron juntos, rara vez, en cambio, nos son asequibles, cuanto menos oídos comprensivos que nos escuchen.

            Por otra parte, en esas grandes aglomeraciones del mundo moderno tampoco nos es posible estar al corriente de todo lo que ocurre a los demás, ni disponemos del suficiente discernimiento sobre las motivaciones ajenas como para atrevernos a suponer en cualquier caso que ya estamos en posesión de la verdad más auténtica y genuina del otro. Por eso tiendo a ser escéptico cuando se me mencionan teorías conspirativas que se pretenden reveladoras de un ángulo hasta ahora ignoto en la interpretación de la historia.

Agréguese la confirmación de que en culturas “subdesarrolladas” como la nuestra, el tenor general de suspicacia recíproca y de un anticipado miedo cerval a todo lo que se nos pueda antojar encubierto nos paraliza a la hora de cooperar disciplinadamente, y nos quedamos empantanados, por  consiguiente, en nuestro atraso.

            Muchas veces me he preguntado el por qué del placer morboso que algunos evidencian al hilvanar sin cesar intrigas y maquinaciones de imaginados grupos clandestinos, ominosos y omnipresentes: masones, por ejemplo, o los templarios, los “Illuminati” del siglo XVIII, los  jesuitas – entre personas de predisposición anticlerical -, judíos sionistas, banqueros internacionales o, a nivel más popular, esas sectas hoy de adolescentes que se autotitulan “satánicas”.

            A los ojos timoratos, la vida pública de los pueblos siempre responde a manejos invisibles de ambiciosos “prestigitadores” del poder, sobre todo en aquellos de estructuras globales (la iglesia, los EE.UU., las Naciones Unidas…) Casi como una abdicación desesperada a su voluntad de forjarse su propio destino.

            He llegado a la conclusión, entonces, de que para muchos tanta suspicacia, como un reflejo automático, responde a una necesidad enfermiza de reemplazar el miedo atávico de antaño a los espíritus malignos que nos recetaban plagas, terremotos y guerras con genios maléficos de carne y hueso: los dioses Shiva y Ahrimán, por ejemplo, o los vampiros al modo de Drácula, o los espíritus posesivos como Mefistófeles, o exterminadores en masa como Atila, Iván el Terrible, Hitler, que así se nos han hecho parte de la mitología universal de lo tenebroso y fascinante. 

            Sobre estos supuestos la literatura inglesa creó la figura bipolar del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, y Dostoievski su miserable “hombre del subsuelo”.

            Los evangelios ofrecen otra perspectiva – ligada al dilema de la salvación o la condenación eternas -, en las figuras de los “poseídos”, o en las de los “sepulcros blanqueados”, hipócritas por antonomasia y ciegos a su propia realidad.

            ¿Quimeras?

            Según mi interlocutor de aquel día, todo lo contrario, verdades de a puño con nombres, apellidos y fechas.

            Me alejé de aquel encuentro y regresé provisionalmente a estas refrescantes celebraciones navideñas, a dejarme penetrar por la inocencia candorosa y sin dobleces de ángeles que cantaron a un rey-niño cuyo reino no era de este mundo, y también de  pastores, ovejas y otras dos figuras adultas que meditan en torno a un pesebre en una de las cuevas de las afueras de Belén.   

            Porque, nos advierte San Mateo, “bástale a cada día su malicia”.

¡QUE VIVAN LOS DELINCUENTES!

 

Por: Armando de la Torre

Un mensaje de cohesión social para la Navidad:

            ¡Que vivan!

            ¡Que mueran sus víctimas!

            ¡Que mueran!

            Lo que importa es que se desarme a los ciudadanos honrados y pacíficos para que sus asesinos, secuestradores, violadores y estafadores puedan continuar solidariamente con su “labor”, libres de temores… No faltaba más. Aquí ya no se aplica la incivilizada pena de muerte.   

Ni importa menos que se haya aprobado, entre palmaditas a la espalda, un presupuesto gigante en  solidaridad con quienes despilfarran y defraudan en gigante.

             Lo que nos urge, además, es que nadie acabe por presidir la Corte Suprema, y que ningún magistrado de la de Constitucionalidad dé indicios de saber de Derecho, pero sí de leyes…

            Que lo apropiado es que ex guerrilleros (¿ex?)… cuiden del orden en el país, que Joviel Acevedo funja de modelo para sus colegas del magisterio y que Eduardo Meyer haya dispuesto tan inteligentemente de los “ahorros” del Congreso.

            ¿Cómo no intentar, además, la redistribución de esas injustas rentas diferentes para que los propietarios abdiquen de sus tierras a favor de tantos menesterosos que las han invadido apremiados por la necesidad de disponer siquiera de un palmo de tierra para descansar?

            ¿Por qué castigar a policías mal pagados que complementan sus salarios con mordidas? ¿A cuenta de qué denigrar autoridades deportivas que nos han legado “de su bolsillo” una tan rica trayectoria de campeonatos de fútbol y medallas olímpicas?

            ¿Cómo se atreve nadie a dudar del desinterés de los diputados, peor aún, a cuestionar esos viajes “imprescindibles” del Ejecutivo, o aun los montos de los viáticos de quienes se mueven “en función oficial”? ¿Cuánto menos levantar un dedo acusador hacia la ejemplar subordinación doméstica del Señor Presidente a su “Primera Dama”? ¿Acaso no ha sido ella también producto de una elección, aunque sea sólo por un voto?

            ¿No sabemos ser propositivos?

¿Y nos mostraremos de nuevo tan poco solidarios que nos preocupamos por unos cuantos millones de quetzalitos que la cuñadísima del Señor Presidente, por nombre Gloria, hace llegar a las municipalidades, se entiende, las más meritorias?

¿Cómo es posible que haya todavía “burgueses” tan obtusos que se indignen porque los tribunales de justicia suspenden sus labores en diciembre? ¿O que el “trabajo” en cada agencia gubernamental se interrumpa en cada festivo aniversario de su creación? ¿No han oído hablar del derecho humano universal al “ocio”?…

¿Y en qué cabeza cabe oponerse -¡ya en pleno siglo XXI!- a los déficits fiscales, al aumento de la deuda externa del Estado o al  incremento por decreto de los salarios mínimos?

¿No caen en la cuenta de lo miope de cada objeción contra los subsidios al transporte urbano de la ciudad capital, cuando se los financian con sus impuestos, y con tanto gusto y espíritu solidarios, los habitantes de Ixcán, Sayaxché y Jocotán?       

¿Seremos incapaces de capatar lo que nos quiso decir el Señor Vicepresidente acerca de que todo lo que otorga gratis, y ahora completamente, “el Gobierno de Alvaro Colom” – que no el de Guatemala –, sólo nos significa un costo 300 millones de quetzales adicionales?

            ¡Ruínes! ¿Por qué han de ser ellos los únicos ricos? ¿Por qué no les traspasan sus capitales  a socialdemócratas que ciertamente las sabrán disfrutar mejor?

            ¿Y a cuenta de qué se inquietan al ondear en los edificios públicos dos banderas desconocidas junto a la nacional? ¿Se habrán vuelto insensibles a la policromía?…

            ¿Y a qué viene tanta suspicacia en torno a un inofensivo monopolio de la televisión abierta que ejerce un mexicano que nos comparte “solidariamente” los programas enlatados que sus compatriotas desechan?

            ¿Para qué se angustian, en fin, porque nuestro país de la eterna primavera nos lo hayan vuelto los narcotraficantes uno de la eterna balacera?

            ¡Precisamente porque la vida aquí nos resulta tan corta, aprendamos a divertirnos, como socialdemócratas solidarios!