Los abusadores màs abyectos

Los abusadores más abyectos  

Por: Armando de la Torre

            No constituyen comunidad, sino, a lo sumo, una horda de salvajes.

            Ni meramente lo dice Cristina Siekavizza, lo grita. Y con ella, las otras miles de víctimas del feminicidio en Guatemala.  Crímenes repugnantes si los hay, que, brutos machistas cometen validos de la más despreciable, y probablemente  única, de sus “superioridades”: la de su fuerza muscular.

            El escandaloso caso Siekavizza pone de nuevo sobre el tapete nuestra urgente necesidad de aunarnos contra todos los abusadores, pero muy en particular contra quienes victimizan a mujeres y niños inocentes. 

Hemos mostrado en demasía una elemental ausencia de carácter para que podamos merecer el honroso título colectivo de sociedad civilizada.

Hemos degenerado hacia la mera aglomeración (que no “sociedad” organizada) ante abusadores de todo tipo: de quienes atropellan desde el poder público, o profanan la confianza ajena, o corrompen con su riqueza, o se saben valer de sus habilidades para extorsionar…

Nuestros días están particularmente plagados de canallas, y a nivel global. Por supuesto, que también ha de reconocerse que para que haya abusadores tiene que haber quienes se dejen abusar. Y así regresamos al punto del carácter es decir, a nuestra capacidad de decir “¡No!” a lo que indebidamente nos tienta o injustificadamente nos amenaza. Cuando no lo mostramos, incitamos a cualquier abusador a abusos cada vez más graves hasta que termine con nuestras vidas…

La cobardía nunca ha sido el remedio para detener a los agresores abyectos. Como ese vecino de Cristina que oyó sus pedidos de ayuda y no hizo nada.

Dime cuál es la proporción de los fácilmente amedrentables en cualquier grupo humano y te diré la proporción en ellos de abusadores.

El hombre y la mujer somos libres, y por consiguiente imputables, sólo en la medida en que seamos corajudos. Como bien reza el dicho: “el valiente sólo muere una vez pero el pusilánime todos los días”. Esto lo olvidan con frecuencia hasta quienes se califican a sí mismos de “educadores” o, peor aún, de “maestros”. Como esa caterva de panzones ineptos acaudillados por Joviel Acevedo que hacen huelga en horas y días hábiles a costa del daño a largo plazo de los menores de edad que les han sido encomendados…

En todo esto, encima, las autoridades supremas dan con frecuencia ejemplos pésimos de falta de carácter. Lo que transparenta, sea dicho de paso, idéntica falta de carácter entre los electores que nunca parecen condicionar su voto a la integridad de carácter de los preferidos por ellos. La raíz última  del desastroso desgobierno de los últimos cuatro años.

El caso de Cristina Siekavizza clama al cielo, como el de tantos otros inocentes mancillados y aniquilados por pedófilos y asesinos en serie.

Lo más agravante es que el principal sospechoso de tal alevosía sea un egresado de uno de los colegios más prestigiosos del país e hijo de reconocidas personalidades de nuestro sistema de la administración de la justicia. A ello se añade el casi seguro tráfico de influencias de sus padres enderezado a dejarlo impune. No menos, la helada indiferencia que han mostrado hacia las víctimas todas, incluidos ellos mismos en su honra.

Que ilustra, además, la diferencia fundamental entre las normas morales y las “leyes” positivas porque de  acuerdo a estas últimas, si no hay cadáver, no hay delito de homicidio, mientras que de acuerdo a las primeras siempre hay pecado. No nos dejemos llevar una vez más por la falsa compasión.  

Mi solidaridad con el doctor Juan Luis Siekavizza y su digna esposa, extensiva al resto de la familia, y a todas aquellas personas hermanadas por el amor o la simpatía con la desaparecida Cristina.

Y mi invitación a todos a salir de nuestro habitual letargo – con las honrosas excepciones de siempre – y a expresar en los términos más enérgicos posibles nuestro repudio total y definitivo a tantos que abusan con diferentes pretextos, sobre todo de víctimas anónimas y desamparadas,  y que por nuestra falta de carácter se suelen salir con la suya impunes.

Y que encomendemos el alma de Cristina a Dios.

DE DOS MALES, ¿EL MENOR?

DE DOS MALES, ¿EL MENOR?

Por: Armando de la Torre

            A eso se suele reducir el dilema para nuestros votantes en cada segunda vuelta electoral (balotaje). Esta vez, ¿Otto o Manuel?

            No parece haber mucho entusiasmo entre los electores para escoger uno de ambos. Pero tampoco en ninguno de los procesos electorales, durante tres décadas, que han precedido. ¿Acaso no sabemos escoger para la primera vuelta? Sobran evidencias, por supuesto, de que así es. Pero ése puede ser ponderado como un factor relativamente marginal…

            Lo más decisivo son el sistema constitucional y la ley electoral por los que nos regimos. Sufren, estemos claros, de graves carencias.

            Primero, padecemos bajo un régimen presidencialista que casi equivale a una monarquía absoluta provisional, es decir, por cuatro años. Las funciones y facultades que la Constitución de 1985 confiere a quien sea el preferido para el ejercicio temporal de la Presidencia de la República parecen diseñadas para ángeles, no humanos tan imperfectos como patentemente lo somos todos.

            Hemos sido testigos, reiteradamente, de la verdad del aserto de Lord Acton  de que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Si nos vemos tan proclives a dejarnos corromper por el poder, ¿por qué, entonces, acumulamos tanto de él sobre los hombros de cualquier humano que elijamos para la jefatura dual del Estado y del Gobierno? Y, sobre todo, ¿por qué no lo dispersamos más entre los muchos que habrían de tener acceso al monopolio del poder coactivo? Por quienquiera optemos, no podrá estar a la altura de tanta responsabilidad.

            Se objeta que para eso nos regimos por un sistema republicano de división de poderes, acorde a la propuesta de Montesquieu.  Principio jurídico el más violado de todos… porque ¿cómo contar con la independencia de jueces y magistrados sujetos a la aprobación por el Legislativo cada cinco años?  O ¿qué autonomía pueden tener un Fiscal General nombrado por el mismo que habría de ser el principal fiscalizable para ese funcionario, el Presidente de la República?

            Y si el entero sistema de justicia ya está de esa manera ab ovo politizado, ¿cómo podemos fiarnos de la promesa de que “algún” día disfrutaremos vivir bajo un auténtico Estado de Derecho?    

            Y si la filosofía que subyace a todo ese entramado de tribunales y leyes no es otra que la del positivismo jurídico, atento siempre a las formas, que no a la substancia de las reglas de conducta justa, ¿a qué viene que gimoteemos como plañideras sobre la insufrible impunidad que nos tiene de rodillas?

            Desde 1950, ningún partido “oficial” se ha impuesto sobre la oposición limpiamente a través de elecciones. La causa es obvia: favorecidos con tantas inmunidades, legisladores y gobernantes terminan inevitablemente por corromperse. Pretender lo contrario, es decir, que se mantengan  heroicamente sin mácula, es de ilusos.

            Por tanto, ¿a escoger entre dos el menos corruptible?

            El dilema innecesario que nosotros, los tontos con sangre de horchata, hemos optado, una y otra vez, por autoimponernos, la última vez… en 1985.

            ¿Hasta cuándo?…

¡Felicitaciones, otra vez, pueblo de Guatemala!

¡Felicitaciones, otra vez, pueblo de Guatemala!

Por: Armando de la Torre

            ¡Por esa nueva confirmación de tu madurez cívica!

            El proceso electoral fue transparente; la afluencia de votantes, masiva; el conteo de los votos algo lento pero explicable dado las cinco boletas a contabilizar por votante; los debates con alguna más substancia que en elecciones anteriores; y el veredicto popular, lo más importante, en general bien meditado y bastante realista.

            Hubo, incluso, algunas propuestas de cierta originalidad, sobre todo por parte del menos esperado de los triunfadores: Manuel Baldizón. Hubo también sus ocasiones heroicas como en el caso de la candidata presidencial, Adela de Torrebiarte, ante los tribunales supremos del país, que fue coronada con la exclusión de la más ruidosa, vulgar e ilegítima de las candidaturas, la de la atrevida esposa de un Presidente sumamente débil de carácter; también lecciones de humildad para casi todos de los grandes Egos de la vida pública, como el de la opción puntera en las encuestas, la del general Otto Pérez Molina, y de su apadrinado para la alcaldía capitalina, tan forrado de millones para la campaña como ayuno de experiencia edilicia; esto también se hizo  extensivo a la persona de Don Álvaro Arzú, merecidamente reelecto, pero por un porcentaje no menos merecidamente disminuido.

            Mis plácemes en especial para la Presidenta del Tribunal Supremo Electoral, María Eugenia Villagrán, y el Director del Registro de Ciudadanos, Miguel Solís Rojas.

            Nunca faltan las plañideras, mujeres y hombres, que se quejan del entero proceso. Tampoco los resentidos contra el juicio popular; y uno que otro incidente lamentable en algunos rincones rurales – o en algún otro aledaño a la capital, como en San José Pinula -,  no significaron una mácula importante para el entero panorama electoral.

            Notable también fue el voluntariado de muchos jóvenes para las inevitables tareas de facilitación del ejercicio ordenado de los votos.

            El resultado final con vistas a la segunda vuelta electoral ha sido probablemente para la mayoría sorprendente, pero que ahora nos permite un escudriño más a fondo de las respectivas personalidades y propuestas de los dos contendientes finales, como debe ser.

            Hubo, eso sí, en mi opinión, omisiones criticables en la retórica de todos. Por ejemplo, la inminente dilucidación de nuestro diferendo sobre Belice en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. También referencias al pésimo estado de la Nación con respecto a su infraestructura física y a la deuda pública que nos deja Alvaro Colom. No menos, alguna iniciativa para que nuestros jóvenes –  y provisionales –  emigrantes puedan retener desde el extranjero  donde trabajan su incorporación ciudadana para las votaciones. Y la discusión franca y abierta del principal de nuestros problemas sociales, la creciente deserción paterna por parte de hombres irresponsables.

            Las únicas menciones que se hicieron a posibles reformas constitucionales las encontré improvisadas y peligrosamente ligeras, cuando hace poco más de un año la Legislatura  saliente del Congreso tuvo a la mano por meses un proyecto serio, consistente y avanzado de las mismas y que engavetó torpemente.

            En conjunto, un evento de talla histórica, y una promesa de una Guatemala libre, próspera y justa que, sea dicho de paso, algunos gobiernos extranjeros, especialmente de Europa, parecen empeñados en no querer ver.

            ¡Felicitaciones, de nuevo, pueblo de Guatemala!

“2011, año històrico”

 “2011, año histórico”

 

La democracia soberana guatemalteca ha tenido en este año 2011  su inflexión definitiva, esperamos, hacia una mayor y mejor civilidad.

 

1.              Tras el peor cuatrenio de la así llamada “nueva” etapa democrática (desde la Constitución Política de 1985), en la que hemos sido testigos de una irresponsable “danza de millones” a expensas de los contribuyentes; del aliento sistemático y clientelar a la pereza por nadie menos que la Primera Dama de la Nación; con horrorosas tasas máximas de inseguridad, de penetración descarada por el narcotráfico en casi todos los ámbitos de la vida pública, de la impunidad aplastante y vergonzosa en la administración de la justicia, del retrocesos generalizados en los índices internacionales de desarrollo humano,  de libertad económica y de competitividad internacionales cercenadas, mientras nuestros políticos han continuado con legislación que descapitaliza al país y que empuja a  la emigración acelerada a nuestros mejores jóvenes, sobre todo el avasallador  asalto frontal a la institucionalidad de nuestro país por parte de las mismas autoridades electas para defenderla, llegamos el domingo pasado a este nuestro último ejercicio democrático con una  deteriorada infraestructura física como no lo habíamos visto en décadas,  y, lo que es mucho peor, hartos de tantos pésimos ejemplos, en especial para nuestros jóvenes, de ineptitud e inmoralidad públicas.

Hemos tocado fondo. No nos queda otra senda que hacia arriba.

2.            Por eso, hoy martes, al igual que después del terremoto de 1976, podemos afirmar que GUATEMALA ESTA EN PIE. Pues la participación electoral ha sido la mayor en un cuarto de siglo.

Porque, además, sobrellevamos mejor que otros países la crisis financiera mundial, nuestro sector privado se muestra dinámico y creativo (a pesar del peso que le significa el sector público que uno de los candidatos para la segunda vuelta querría elevar al 17% del PIB); nuestras exportaciones  crecen, nuestra estabilidad monetaria se mantiene, y, encima, nuestras instituciones públicas de justicia han ofrecido por primera vez en décadas indicios de cierta robustez, aunque ello sólo haya sido por el temor de algunos magistrados a las facturas que les pueda pasar la CRECIENTE libertad de expresión de la RESERVA MORAL de nuestra ciudadanía, hoy más numerosa, valiente, sabia y educada, como resultado del bienvenido crecimiento de nuestra clase media.      

3.             El proceso electoral de este año ha tenido, también, rasgos inusitados y promisorios algunos, desde mi punto de vista:

a)      La oferta de candidatos ha sido más variada, y su respectiva cobertura mediática  no tan parcializada como en ocasiones anteriores, en parte gracias a la auditoría social voluntaria así como al legítimo retiro dictado por los tribunales de justicia de la inconstitucional candidatura de la ex – esposa del Presidente de la República en funciones.

b)      La retórica de casi todos los candidatos, algo más seria y propositiva que en ocasiones anteriores, en especial por parte de algunos de la oposición (entre los que no se contaba, lamentablemente, quien encabezó los resultados)

c)      También los foros de debates, que se dieron con más frecuencia, y algunos mejor organizados que otros.

d)     En resumen: la participación ciudadana se ha mostrado más multitudinaria, más exigente y, asimismo, más comprometida, en especial entre los jóvenes, lo que augura bien para Guatemala.

Pero no menos hemos tenido nuestras sombras:

a)      El despilfarro en la propaganda partidista, tan superficial, reiterativa y para un  nivel mental de morones, ha constituido una verdadera afrenta a la miseria y la pobreza de muchos guatemaltecos, en particular de las áreas rurales, de cuyo bienestar dicen los candidatos hallarse muy preocupados, y a nuestro cociente intelectual promedio.

b)      Lo que, además, nos hace sospechar tanto de posibles aportes del narcotráfico como del lavado del dinero coactivamente extraído a nuestros bolsillos, los contribuyentes (¿“conexiones” Panamá?…). Sin contar con los sospechosos compromisos de los mismos que podemos conjeturar intentarán compensar a sus financistas…

c)      La enorme contaminación visual y auditiva por todos lados, sin mucha esperanza de que los responsables – como lo exige la ley – la retirarán a tiempo,  o, más sutil, de que nos restituyan  los  costos de oportunidad en los que incurrimos al verlos y escucharlos.  

d)     También la lluvia de desinformación que quedará grabada en las mentes de los menos educados: por ejemplo, de un bono 15 que  “ayudará” a la reactivación económica, o de un aumento tributario que nos lleve a un gasto público del 14% o del 17% del PIB; o de que las acrecentadas deudas internas y externas del Estado no tienen por qué hipotecar el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos.

e)      Y todo ello sin tener en cuenta las omisiones de lo que sí nos importa y no se mencionó: el caso de Belice ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya.  O ése cáncer que se ha metatizado por todos los rincones de la patria de la deserción paterna, la causa principal de todos nuestros demás problemas sociales (pobreza, mortalidad materno-infantil, analfabetismo y deserción escolar, desnutrición infantil, ínfima productividad comparativa, feminicidios a granel, violencia intrafamiliar, maras, prostitución de menores, drogadicción, alcoholismo, asesinatos, etc.).

f)       Tampoco se aludió a una posible legislación que prohíba los déficits presupuestarios, ni a la mala calidad del gasto público (muy en especial en el Ministerio de Educación, la Universidad de San Carlos, y en el Ministerio de Salud), o de lo inútil de la Contraloría de Cuentas, ni de las hirientes  arbitrariedades del Ministerio Público, ni al desesperado estado de los hospitales nacionales, o de la perniciosa inmovilización de capitales que entraña el sistema vigente de nuestro seguro social, o los enormes desaciertos de nuestra política exterior, de la empobrecedora invasión ilegal de fincas, de los violentos cortes de puentes y carreteras, de los repetidos ataques a represas generadoras de electricidad y a la minería,  de la tolerada anarquía, tan ruinosa, que siembran por todas partes las organizaciones que se dicen “de lucha” de la izquierda ex-guerrillera o de la incrustada hasta en los niveles más altos del Poder Ejecutivo, de los miopes aumentos del salario mínimo -el factor más importante para el aumento del desempleo-, de la corrupción rampante en la Federación Deportiva Autónoma de Guatemala, o del reparto ilegítimo entre los diputados de obra pública, etc., etc.

g)      Muy en particular he echado de menos el silencio total sobre posibles reformas a la Constitución en el espíritu de las sometidas el año pasado al Congreso de la República por 73 mil ciudadanos con vistas a una consulta popular, y engavetadas, sin embargo,  y en contra de la ley, por la legislatura saliente.

            Por todo ello, se me hace evidente que empezamos a caer en la cuenta de que “el precio de la libertad es una eterna vigilancia”. Es decir, una función de nuestra entereza de carácter.

Por eso soy un optimista en cosas de Guatemala más que nunca. Creo firmemente que comenzamos con pie firme a remontar la curva de nuestros logros. Que nuestro futuro a mediano plazo es bueno, y a largo plazo espléndido.

Y mi argumento principal en este sentido son la gente como ustedes, rotarios, hombres y mujeres forjados éticamente en la prueba cuádruple, y la muchedumbre de jóvenes que abogan por mayores espacios para el ejercicio de la libertad responsable, algunos de ellos conocidos por mí de primera mano por ser egresados de la Universidad Marroquín donde laboro desde hace treinta y seis años.

En esa promesa generacional confío y por ella me felicito. Y por los demás guatemaltecos obedientes a la ley y laboriosos, que son también el ejemplo y el manantial de nuestro incipiente Estado de Derecho.

“Juanito el Trabajador”

“Juanito el Trabajador”

Por: Armando de la Torre

           

            Un Quijote se ha levantado por tierras de Santa Rosa. Se llama Juan José Alonso pero todos lo llaman “Juanito el Trabajador”.

            Arremete contra la ineptitud y la corrupción municipales en Barberena, su cuna. Y lo hace solo, animado por un espíritu honesto y aguerrido,  poco común en nuestros días de transas, mordidas y… bolsas solidarias.

            Su enemigo principal es un caballero muy poderoso: Don Dinero, pues Juanito no dispone en su contra ni de las arcas del gobierno, ni de regalitos de los narcos, ni de los “favores” de los usuales dueños del país. Por eso, su jefe de campaña es no otro que su joven y bella esposa. ¿Su partido?. Corre por el PAN, pero, en realidad, lo son sus innumerables vecinos que lo han visto siempre sudar en su trabajo de modesto empresario cafetalero.

            Simplemente, un chapín más que se ha cansado de que los políticos tradicionales le hayan visto cara de baboso. Y se ha montado en su moto para anunciárselo de puerta en puerta a todos.

            Promete sólo lo que puede cumplir: una administración transparente de cara al pueblo, administración que reducirá paso a paso la deuda municipal que cuelga como una espada sobre las cabezas de los hijos y nietos de los contribuyentes. Que, además, le dará más importancia a la construcción de alcantarillas y drenajes, y también, por qué no, de más postes de luces y de gestionar más  policías, que ahuyenten por la noche a los amigos de lo ajeno, igual que reglamentará un uso democrático, para todos por igual, de los estacionamientos del parque central (y del otro parque que adicionalmente planea construir). Asímismo pretende sanear al más bajo costo posible la laguna de El Pino, para disponer de una reserva de agua potable, sobre todo en tiempos de sequía, y empezar tentativamente los contactos con posibles proveedores de fuentes nuevas de energía renovable, como la del viento, por ejemplo, y ayudar en todo lo que esté a su alcance a los maestros y las escuelas de los vecinos barrios y aldeas del municipio.     

            Es un ejemplo de civismo audaz y desinteresado que, de triunfar en las elecciones del 11 de septiembre, podrá hacer escuela en todo el país.

            Y Guatemala habrá reemprendido el camino a su recuperación “por el pueblo, con el pueblo y para el pueblo”.