Hacia una teología de la unidad según Efesios 4:1-6

 

La epístola a los Efesios pretendía dar forma a los creyentes recordándoles la obra de Dios en Cristo y lo importante que es su unidad con Él, su autor deseaba fundamentar, configurar y desafiar a sus lectores para que estos pudieran vivir su fe en la comunidad. Es interesante denotar como el individualismo de estos tiempos ha minado la capacidad de conducirse en unidad en el contexto de la Iglesia. Por lo que se hace relevante trabajar una teología de la unidad a la luz de la realidad eclesiológica latinoamericana. En el presente artículo se procurará tener un acercamiento exegético-teológico de Efesios 4:1-6 con las respectivas implicaciones al tema de la unidad de la iglesia.

 

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El mejor de los criterios

El mejor de los criterios

Por: Amando de la Torre

            Usted lee estas palabras por una sencilla razón: hace unos años, muchos o pocos, sus padres se preocuparon por enviarlo a la escuela donde aprendió a leer.  Y si en este momento tiene una oportunidad de practicar lo aprendido, lo debe a que hace unos años un señor llamado José Rubén Zamora decidió fundar este diario.  Y si usted ha logrado sobrevivir hasta hoy en el país de la impunidad, atribúyaselo a su prudencia continuada por todos los años que ya lleva vividos. 

Y la comprensión de estos ejemplos es el resultado de haberse acostumbrado usted a la visión  del largo plazo. Lo que confirma que es éste el mejor de los criterios para llevar una vida por la cual haya valido la pena luchar. 

Sin ella, no leería tampoco los párrafos que siguen…

Podría agregar que el mundo suele dividirse entre dos clases de gente: los habituados a pensar al largo plazo, los menos, y los que se dejan llevar por los arrebatos del momento, es decir, al muy corto plazo, los más numerosos.  Es algo que en algún sentido nos es innato e inevitable, pero que también resulta del enorme influjo del entorno social que a cada uno nos toca en suerte.

Tasso Hadjidodou, por ejemplo, sería un buen candidato  a figurar entre los primeros; Joviel Acevedo, al contrario, el paradigma, no menos, de los segundos.  Al uno, por tanto, lo tendremos siempre por digno de ser recordado; al otro, en cambio, trataremos de sacudírnoslo de la memoria lo más rápido que podamos.

Para generalizar, una madre envejece al ritmo de sus cuidados amorosos por su entera prole; un asesino, por el contrario, le arrebata en un segundo cualquiera de ellos con un plomazo.

O un Francisco Marroquín, el primer Obispo consagrado en suelo americano (1542), sentó las bases de la nacionalidad guatemalteca durante veintiún años de apostolado constante; Jorge Serrano, en cambio, estuvo a punto de despedazarla en sólo dos.

Largo versus corto plazo. He ahí la diferencia entre el esfuerzo que construye y el otro que aniquila.

Poco bueno se logra al corto plazo, al menos si nos fiamos de la tenacidad del honrado; lo malo, por otra parte, puede estar al alcance para el malhechor en un segundo.

Los pueblos virtuosos, digamos el de Holanda o el de Japón, han llegado al esplendor del desarrollo contemporáneo a base de hábitos con frecuencia heroicos y de siglos; los viciosos, empero, se entrevén apenas rezagados entre las sombras del atraso por su indolencia y su ignorancia.

Guatemala se halla aproximadamente a un tercio de tal ruta al desarrollo. Un tercio de sus habitantes trabaja disciplinadamente y cuida de sus hijos; pero otros dos tercios vegetan sin incentivos…

La política es el gran magneto esperanzador para estos últimos, mientras la igualdad ante la ley permanece el ideal lejano para el tercio exitoso.

Guatemala sigue enferma.

Las universidades privadas compiten entre sí para graduar a los mejores profesionales, sin subsidio alguno por parte de los demás contribuyentes. El IRTRA proporciona descanso sano y civilizado para millares de asalariados del sector productivo. El Movimiento Solidarista prosigue en su benemérita labor a favor de la movilidad vertical hacia arriba de todos sus afiliados, más numerosos, por cierto, que los constreñidos a sindicalizarse.

Los hospitales, las escuelas, los mercados, los medios masivos de publicación, hasta los emigrantes audaces que tanto arriesgan en solitario por acercarse a sus sueños, todos los buenos emprendedores, en fin, pobres y ricos, jóvenes y viejos, ladinos e indígenas, hacen su aporte  según economías de escala al progreso común.

Pero Guatemala sigue enferma.

La impunidad nos golpea porque a gobernantes, legisladores y fiscales poco les preocupa una justicia igual para todos, pronta y cumplida. Tampoco el bien común les mueve, sino los muy  particulares de sus familiares o de sus clientes. Y quienes se dicen “educadores” resisten con violencia a ser  a su turno educados hasta un nivel más arriba de la mera secundaria. Y quienes ya son maestros, se declaran en huelga en días lectivos, con absoluto menosprecio por el futuro de la niñez que les ha sido encomendada.

Las dos “iniciativas” prioritarias del Presidente de la República no han consistido en combatir la deserción paterna, ni los cárteles del narcotráfico; como tampoco en equilibrar el presupuesto o disminuir la carga para nuestros nietos de la deuda irresponsablemente acumulada por él y sus tres últimos antecesores.

Repito, enferma.   

El Padrenuestro y el Reino de Dios

 

 

Por Gonzalo Chamorro M.

 

El presente artículo es una investigación exegética y teológica de la oración hecha por Jesús en Mateo 6:9-13 que comúnmente ha sido llamada Padrenuestro. La investigación colocará especial énfasis en la temática del concepto de Reino y en extraer implicaciones de dicha oración para el quehacer teológico latinoamericano. (Siguiendo una tradición antigua, emplearemos aquí también la designación latina de Pater Noster).

 

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Ireneo de Lyon: Vida, obra y relevancia para la historia

 

 

Por Gonzalo Chamorro M.

 

Uno de los personajes más importante para la historia eclesiástica del siglo II fue sin duda Ireneo de Lyon. Su prolífica obra que inquieta a los asiduos lectores modernos ha sido considerada crucial para la historia del desarrollo de la doctrina cristiana. En el presente artículo se intentará desentrañar la vida y el pensamiento de ‘Ireneo’, y su relevancia para la teología histórica en América Latina.

 

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La guerra contra la civilizaciòn

La guerra contra la civilización

Por: Armando de la Torre

            Una manera, creo, muy apropiada para referirme a nuestra situación. 

            Un Alcalde en Sololá, donde uno de cada cuatro habitantes es analfabeta, se permite exigir el cierre de la única extensión universitaria en su territorio.  ¡Bárbaro en el sentido más literal del término! 

            Todo un obispo de la Iglesia Católica que agita, sin cesar, contra la minería, las hidroeléctricas y la industria del cemento. ¡Oscurantista bien nutrido que se permite ignorar la importancia que todo empleo tiene para los que no menos que él también quieren comer! 

Una Fiscal General, fiada anticipadamente de su impunidad personal por una muy peculiar benevolencia hacia ella del Presidente de la República, y que por eso mismo se arroga violar  leyes y cuanto derecho ajeno se le interponga en su ambicioso juego ideológico, ¿acaso  quiere que terminemos con ella en un “Lejano Oeste” de vaqueros y pieles rojas de fantasía?

Y un Jefe del ejecutivo manco, que se dice “de mano dura”. ¿Sabrá usar de nuestros impuestos para protegernos eficazmente?

Ciento ocho diputados que nos imponen un presupuesto descabellado y que de paso despliega sin pausa el espectáculo de reyertas de jaurías de perros que se disputan a dentelladas los huesos.

“Intelectuales” y periodistas que se ceban calumniosamente en las mayorías silenciosas, eso es, de quienes trabajamos con honradez en silencio y que sabemos cuidar de nuestros hijos. ¿revolucionarios retrógrados que, encima, se creen ilustrados muy al día?

¡Contrabandistas que entran y salen por nuestras porosas fronteras, en cuyas aduanas se fabrican millonarios mientras a los demás se nos exigen visados!

“Profesionales” asalariados de usurpadores de propiedades ajenas, u otros,  “desempleados”, que privan a los demás de su derecho a la libre locomoción, ¡empobrecedores de los más pobres al estilo de los piratas de los mares de hace tres siglos!

Campos pagados embusteros, discursos vacíos de verdad, mentiras encubridoras de malos manejos por doquier, públicos o privados. ¡Cuánta falsa “corrección política”!

En último término, ¡cuánta ausencia de carácter! ¡Cuánto olvido de la hombría!…

¿Dónde terminaremos?… ¡A la nueva barbarie!

Los buenos, ciertamente somos más, lo reiteró un candidato en una de tantas campañas electorales. Pero no lo vemos porque intercambiamos las culpas recíprocamente, nos descalificamos por turnos, toleramos que grupúsculos de caraduras pseudo griten en nuestro nombre. Somos suspicaces de todos: los pobres de los ricos y los ricos de los pobres, los indígenas de los ladinos y los ladinos de los indígenas, los alfabetas de los analfabetas, los jóvenes de los viejos,  los de un partido de los de otro, y siempre a la viceversa… 

Nos hemos vuelto avestruces, que esconden la cabeza en la arena para no ver lo que se les viene encima, para que otros, todavía más avestruces que nosotros mismos, “velen” por nuestro bien.

Guatemala, por supuesto, no es única en todo esto. La guerra contra la civilización, y a nivel global, pronto cumplirá un siglo de iniciada.  Empezó en 1914 con el primer intento serio de los europeos por suicidarse colectivamente. Se reanudó todavía a mayor escala destructiva en 1939… Y en el entretanto, se metaformoseó con múltiples ropajes de la “cultura de la muerte”: la bomba atómica, la “guerra fría”, las de “guerrillas”, las del narcotráfico, las de los abortos indiscriminados, las de los criminales organizados, y las no tan organizadas de los políticos “populistas”, y tantas otras más.

Y, sin embargo, retenemos la obligación moral, y el derecho intransferible a defendernos. 

En realidad constituímos la parte más vital de la sociedad y, empero, nos dejamos pisotear. Estamos bajo el asedio de indignos privilegiados, tanto de la izquierda como de la derecha, paradójicamente hoy confabulados con el objetivo de promover sus intereses de corto plazo al costo de los nuestros al largo plazo.

Y nos concentramos en nuestros asuntos privados, y callamos.

Nos viene bien releer aquella epístola satírica de Francisco de Quevedo, muy indignado bajo circunstancias parecidas:

                                    No he de callar por más que con el dedo,

                                    ya tocando la boca o ya la frente,

                                    silencio avises o amenaces miedo.

                                    ¿No ha de haber un espíritu valiente?

                                    ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?

                                    ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Alcemos nuestra voz, civilizadamente, contra quienes dicen representarnos.  Sólo así nos contaremos entre los justos y prósperos.