Año Nuevo, Vida Nueva

Año Nuevo, Vida Nueva

Por: Armando de la Torre

            Lo ensayaremos de nuevo.

            Nuestra primera y mayor derrota colectiva ha sido la propensión a quedarnos en meras “llamaradas de tusa”.  Cambiemos eso.

            Tras ciento noventa y dos años de independencia nacional, y aún tropezamos una y otra vez en la búsqueda de un auténtico Estado de Derecho.

            Todos lo mencionamos, pero creo que pocos lo entendemos, aun entre aquellos que ostentan “doctorados” en derecho, que mejor sería decir en “leyes”.

            El concepto original, “the rule of law”, nos llega desde la Inglaterra de la “Revolución Gloriosa” de 1688, aunque su gestación tomó siglos, por lo muy menos desde la célebre “Magna Charta”, firmada por el Rey Juan sin Tierra y los principales barones de su reino en 1215.              Ese “imperio de la ley”, como también se le conoce, entraña un matiz importantísimo que entre las naciones herederas de la tradición del derecho romano-canónico ha sido lamentablemente durante el siglo y medio último muy olvidado. La cauda del positivismo de Auguste Comte de mediados del siglo XIX.

            Pues para Comte, la única “ley” vinculante habría de ser la expresada por la voluntad política de los legisladores. Fue el espíritu que animó al Código Civil de Napoleón, de 1804, y que resumió la antipatía de los revolucionarios jacobinos franceses hacia lo que entonces se había dado en llamar  “la tiranía de los jueces”. Y no les faltaba razón, pero se movieron de un salto hacia el extremo opuesto del espectro ideológico con respecto a la administración de la justicia, o sea, hacia el total arbitrio de una mayoría coyuntural entre los legisladores parlamentarios. Y así, hasta los Tribunales de Casación, por unos años, fueron de la competencia del Legislativo, no del Poder Judicial.

            Toda la sabiduría humana destilada por milenios de derecho consuetudinario y, no menos, todos los logros de la razón con respecto a las bases del ordenamiento jurídico en el orden observable de la naturaleza, se vieron de pronto supeditados al cortoplacismo político de quienes habrían de disfrutar desde entonces del monopolio de legislar.

            Sobre esa premisa ha discurrido tristemente la historia más reciente del constitucionalismo  iberoamericano.

            El juez, convertido disimuladamente en un adjunto útil para el político. Y el famoso silogismo no más que el eco  de esa mengua del “status” de los jueces, privados, por ello, de la oportunidad real de crear jurisprudencia en base a las alternativas del derecho consuetudinario y del derecho natural.

            Y dije “monopolio”  porque el recurso de acudir al derecho natural, o a la inveterada costumbre, como fuentes optativas paralelas a la ley positiva se haya reducido a cubrir “lagunas” en la legislación vigente.

Y de esa manera, de la tiranía de los jueces hemos pasado a la de los Presidentes con iniciativa de ley y a la de los diputados del Parlamento, estos últimos todavía más corruptos e ignorantes de las consecuencias del sistema.

            La peor es la evaporación de leyes abstractas y generales que gobiernen toda conducta justa. En su lugar, se han multiplicado las normativas casuísticas, privilegiantes, injustas, al servicio de intereses particulares espurios,  que encima son económicamente muy ruinosos para el conglomerado social.

            También de ahí  se deriva la impunidad criminal reinante.

            ¿Y todavía nos preguntamos el por qué de este subdesarrollo de “estudiantes” que se rehúsan a estudiar, de “policías” que se niegan a defender el orden público, de narcos sin trabas  para robar y asesinar, de burócratas ineptos y perezosos, de políticos arrogantes y mendaces, al igual que de dirigentes sindicales, o de agitadores sociales desde la cátedra universitaria empeñados en encadenarnos a sus recetas obsoletas e inservibles? …

            Parafraseando a Mark Twain, “No es lo que ignoras lo que te trae problemas, sino todo aquello de lo que estás seguro y, sin embargo, ha sido superado por la experiencia.”

            (Continuará)   

Adviento

Adviento

Por: Dr. Armando de la Torre

La temporada linda y ruidosa de la navidad está de regreso…

Las cuatro últimas semanas previas la Iglesia ha querido consagrarlas a nuestra  preparación digna y apropiada invitándonos a cierto recogimiento y algunas austeridades propias del peregrino que cada uno de nosotros encarna.

A este periodo tan especial se le denomina “Adviento”. Y al tema principal a considerar durante su transcurso son “las Postrimerías”… ¿Qué significa?

Las últimas horas de nuestra presencia individual en este globo azul que llamamos nuestra “tierra”. Pero también los últimos estertores de ese mismo mundo. Pues el hilo conductor del mensaje de Adviento es que en su día nos moveremos de la esfera de lo que tiene comienzo y final a lo que sólo empieza una vez y durará para siempre.

Mi particular interpretación de tales sobrios pensamientos implica austeridad que nos compete practicar esa ascesis incluida la renuncia provisional al gozo anticipado por el Nacimiento de Jesús en Belén.

¿Cómo así?

Porque con razón se ha dicho que “ríe, y todos a tu alrededor reirán contigo; llora, y llorarás sólo”.  

Porque así somos. El dolor ajeno nos importuna, hasta nos desespera, y por eso nos cuesta tanto acercárnoslo. El momento feliz, en cambio, es expansivo y nos contagia. Por eso nos es tan fácil sumarnos a cualquier júbilo, y tan difícil acercarnos al que se lamenta.

Cada hombre y cada mujer, sin embargo, es el producto de una larga evolución dolorosa por  competitiva, y así, resultamos ser sobrevivientes. El cúmulo de tanto precio a pagar por unos años de vida y de logros minimales nos resulta incontable y anónimo, pero no por eso menos real y punzante.

La razón filosófica (y en su cauda, también la científica experimental) tiende a postular la eternidad para el Cosmos. La Revelación, por su parte, nos advierte de lo contrario, de que todo lo que tiene un comienzo tendrá un final, pues nada contingente escapa a la necesidad de cesar un día, también ese universo impersonal de galaxias, astros y estrellas.

De ahí la urgencia de sabernos solidarios con todo lo creado mientras dura, como lo entendió San Francisco de Asís. Somos de lo más insignificante frente a lo insondable de lo vasto y eterno.

Nos lo recuerda a diario cada muerte ajena, como a nuestro turno serviremos de ocasión para recordarlo  a otros que nos sobrevivan.

Es una invitación simbólica del Cosmos a que caigamos en la cuenta de que en él somos meras chispas espirituales del momento en pos de un fuego duradero.

Dentro de unos días nos habremos zambullido en el bullicioso regocijo en familia y con amigos. Pero, simultáneamente ¿qué hay de los solitarios a perpetuidad, de los olvidados en las cárceles o refundidos en los hospitales, de tanto hijo del abandono que deambula por nuestras calles y pide limosnas? ¿Qué de los ciegos de nacimiento, o de los aislados de todo sonido humano por la sordera, o de los cuadripléjicos atados sin escape a su cama hasta que fallezcan? ¿Qué de los perdidos por los mares y los desiertos, qué de los huérfanos arrojados a una explotación inmisericorde y de por vida? ¿Qué de los desilusionados, de los deprimidos, de los que maquinan su autodestrucción? ¿ Qué de los moribundos de SIDA, o de los que ya no esperan de nadie perdón…?

Para ponderar tales angustias, y muchas otras que nos afligen a diario, se reservó en el calendario eclesiástico el Adviento.

Pero, además, en plan macro, ¿qué será del sol y de las demás estrellas?, ¿qué del Gran Cierre de todo lo creado tan imposible de imaginar ya sea acompañado con fuegos artificiales aniquiladores de todo, ya con un deslizarse silenciosamente hacia la negra noche y helada de los espacios infinitos…

Por eso, tras habernos detenido en esas consideraciones que nos traen de regreso a nuestra mundana realidad, refugiémonos en la siempre bella y consoladora historia del evangelista Lucas, y de un recién nacido depositado en un pesebre… porque para sus padres no había lugar en el mesón…

 

 

La coyuntura

La Coyuntura

Por: Armando de la Torre

            Nuevos documentos me llegan sobre la forma otra vez arbitraria, y por lo tanto, injusta, y encima que hace nugatoria la esencia de lo que se entiende por un Estado de Derecho, la igualdad ante la ley (Art. 4 de la Constitución), por obra de la Fiscal General Dra. Claudia Paz y Paz.

No la conozco en persona, y tampoco tengo interés alguno en entorpecerle su trabajo.

Pero este nuevo cuestionamiento se remonta  del 5 de noviembre del 2008. La firma Globalcorp Internacional, S.A. obtuvo de juez competente (la Sala Primera del Tribunal de lo Contencioso Administrativo)  orden de la sentencia emitida en el proceso  171-2007 al Ministerio Público para que hiciera sin dilación el cumplimiento de su obligación contractual – según la letra del artículo 251 de la Constitución-, que según liquidación posterior arrojo el monto total de unos 98 millones de quetzales de rentas acumuladas – y sus intereses – adeudados por el Ministerio por el uso del equipo de cómputo de propiedad de esa firma.

Es de señalar que en agosto del 2011 el Ministerio Público tenía fondos suficientes presupuestados para la ejecución de lo ordenado por el tribunal, pues en el renglón 913 se reservaron para el pago de sentencias judiciales.

            El Fiscal General en funciones en ese entonces, rehusó entonces el pago debido; pero estamos a diciembre del 2012 y la Dra. Paz y Paz todavía se rehúsa a cumplir con esa obligación,  con esa sentencia y demás resoluciones judiciales posteriores, con grave daño financiero para esa firma.

El asunto ha sido llevado a todas las instancias legales relevantes, que le han dado unánimemente la razón a la corporación ofendida durante cuatro años.

            Dada la antipatía manifiesta de la Fiscal General hacia el sector productivo del país, no me extraña mucho su actitud pero sí me alarma. Con un matiz adicional: su cargo es precisamente el llamado a velar porque se cumpla estrictamente por todos con la letra y el espíritu de la ley.

            El respeto cabal de los contratos habría de ser la piedra angular para la construcción de un  Estado serio. Nada hay tan desastroso como que el Estado sea el primero en violar este principio fundante. 

            Y es que el respeto a los contratos está íntimamente ligado a otro respeto no menos serio, al derecho de propiedad (Art.39 de la Constitución). Ni vale afirmar que “los ricos ya tienen abogados que les sirvan, y nosotros los fiscales no somos los suyos”…  Y en consonancia con tal peculiar punto de vista antijurídico, menos aun instruir a los funcionarios a sus órdenes que den trámite a todas las denuncias por actos de violencia, pero no por atropellos a la propiedad  privada (usurpaciones de tierra, por ejemplo).

El derecho a la propiedad ciertamente no figura entre las prioridades a proteger por el Estado según la ideología socialista. Pero el pueblo guatemalteco no es todavía, un pueblo organizado políticamente de acuerdo a esa línea de pensamiento. Ni se impaciente, porque al fin y al cabo, con un par de Ottos Péreces Molinas más tal vez llegaremos a recalar, en el puerto utópico de la sociedad sin clases…

El 26 de agosto del 2011 se le fijó a la Fiscal General el plazo perentorio de quince días para pagar la tal deuda, pero ella se rehusó a hacerlo apelando a recursos y amparos, todos declarados sin lugar.

El 12 de abril de este año se había fijado nuevo plazo de quince días “bajo apercibimiento que si así no se hiciere, se certificará lo conducente a un juzgado del ramo penal en contra del funcionario o empleado público responsable del incumplimiento…” , el oficio en el cual se le notifica que ese plazo venció y le fija uno nuevo para ese fin y se le apercibe de nuevo que se certificará lo conducente a un juzgado del orden penal  fue recibido en el despacho de la Fiscal General el 6 de junio. El plazo, pues, para cumplir con la ley venció el pasado 27 de junio.

El 2 de julio, el Juzgado hizo efectivo el apercibimiento y ordenó emitir la certificación conducente. Ninguna respuesta por parte de la Fiscal General.

El 5 de noviembre, el Juez décimo de Primera Instancia del Ramo Civil de esta ciudad emitie –en otro proceso de ejecución-, una orden contra el MP, esta vez por Vía de Apremio, para que se devuelva, en diez días, la totalidad del equipo propiedad de Globalcorp Internacional, S.A.

            De nuevo, silencio…