“La pasiòn inùtil”

“La pasión inútil”

Por: Armando de la Torre

            Jean Paul Sartre acuñó esa frase.

Y yo la aprovecho para referirme a algo muy cotidiano y universal: califico así los intentos apasionados, casi siempre fallidos, por moldear a la fuerza al mundo según nuestras muy subjetivas y limitadas expectativas. 

Entre los más duraderos (ya por todo un siglo), y más crueles y dañinos, han figurado los reiterados arrebatos marxistas-leninistas, desde 1917. Responden a un estado psicológico más bien típico en adolescentes: si la realidad no se ajusta a mis expectativas, tanto peor… para la realidad. 

Marx, por ejemplo, rehusó publicar su segundo y tercer volumen de El Capital a la espera de poder resolver el reto que intelectualmente le planteaba la teoría marginalista del valor.  Murió una docena de años después sin haberla encontrado. Eso lo creo una muestra de honestidad intelectual de su parte, no empero de Federico Engels, que sí los editó y publicó dos años más tarde sin los escrúpulos de su difunto amigo.

“Lenin” fue aún peor.  Tradujo a la acción política la teoría incompleta marxista sin tomarse el menor esfuerzo por contrastarla con el marginalismo.  Al fin y al cabo, lo que le interesaba, aprendido de su Maestro, no era entender el mundo sino cambiarlo.

El mismo síndrome se ha evidenciado en todas partes entre los “entusiastas”.  De ahí el comentario ácido de Raymond Poincaré: “el joven que antes de los veinte años no sea socialista no tiene corazón; y el hombre que después de los cuarenta permanezca socialista no tiene cabeza”.

En Guatemala abundan los jóvenes. 

Aquí, la primera loca embestida tuvo lugar con el consentimiento benévolo de Jacobo Arbenz.  La segunda, inspirados desde algo lejos por Fidel Castro.  La tercera, se acaba de estrellar el jueves 18 y viernes 19 de este mes de abril.

Me llama la atención un rasgo “sociológicamente” notable en este último intento: los dos primeros fueron liderados por hombres, este último, empero, por mujeres, vientos nuevos…

En Guatemala hace treinta años, no hubo genocidio, ni lo mencionaron siquiera los más interesados en que se pudiera constatar su verdad: los propios jefes autoritarios y agresivos de los grupos que conformaron la URNG. 

¿Quiénes, pues, los traen de repente a colación? Damas muy modernas, muy privilegiadas y digamos que… muy jóvenes. 

Cada uno de esos ensayos por sovietizar este país fracasó ante el muro de ciertas reservas morales mínimas todavía operantes en la población guatemalteca.  Bajo Arbenz, se tropezó con la sensibilidad teológica de Monseñor Mariano Rosell y, encima, la jurídica constitucional de figuras como las de Arturo Herbruger y José Vicente Rodríguez. Durante los gobiernos “militares”, contra un mínimo sentido patriótico de autopreservación compartido por la mayoría, entre la que descollaron Carlos Arana Osorio y Mario Sandoval Alarcón.  Ahora, ciertos elementales valores democráticos ya bastante consolidados entre nosotros, sobre todo, en un puñado de dirigentes con poder de convocatoria como Luis Flores Asturias o Gustavo Porras.

Guatemala merece felicitaciones por haber mostrado al mundo en esas tres ocasiones sucesivas que no por ser un país pequeño y pobre ha de someterse a los caprichos de movimientos políticos predominantes entre los extranjeros.

En nuestro caso de la semana pasada, resaltan ciertas verdades de a puño: la CICIG ha demostrado una vez más en su inutilidad, su impudicia y su hipocresía que muchos esperábamos desde que fuera blindada con tantas inmunidades y privilegios, gracias a nuestros “tontos útiles”, ¡para combatir la impunidad en Guatemala!

Hagamos recuento: el papel jugado por el Ejecutivo, se vio desleal y oportunista.

La calidad de la información con la que la prensa informó los acontecimientos,  inframediocre; y de la que investiga y analiza, escasa.

Las actuaciones de la Fiscal General y de la jueza del Tribunal, Jazmín Barrios, irresponsables y lesivas del debido proceso como nunca antes.

En cambio, las de la defensa fueron correctas y dignas. Y el comportamiento general de la población ante las provocaciones de agitadores profesionales, civilizado.

El usual intervencionismo (desde los acuerdos de apaciguamiento de 1996) por europeos y americanos nórdicos, una vez más repudiable. Las declaraciones del Embajador de los Estados Unidos, tontas, y las del Comisionado de la CICIG, el costarricense Francisco Dall´Anese, imprudentes, sesgadas y superficiales.

Fidel Castro, el protagonista entre telones durante este último medio siglo guatemalteco, se atrevió a decir: “la historia me absolverá”. 

Craso error: pues acaba de ser por ella definitivamente condenado. Y con él, sus peones locales.

 

Voluntad de poder

“Voluntad de Poder”

Por: Armando de la Torre

            No me refiero aquí al conocido ensayo atribuído a Federico Nietzsche del mismo título sino al perfil muy concreto y mundano que proyecta nuestra Fiscal General, la Dra. Claudia Paz y Paz.

            Los nazis, sea dicho de paso, al igual que los soviéticos, hicieron amplio y muy innoble uso del derecho positivo de su tiempo, lo que los hubo de llevar a la aprobación por su parte de las peores atrocidades contra los derechos humanos de la historia, dentro del más estricto apego a la legalidad en sus Estados respectivos.    

            Por ese mismo peligrosísimo camino se ha internado la Dra. Paz y Paz, sin caer en la cuenta ni ella ni el grupúsculo de sus compañeros de ruta que la alientan y le facilitan su labor aniquiladora del Derecho, de la enormidad de lo amoral y lo antijurídico de sus actos. 

             Hasta un día, inevitable, en el que se les revertirán los papeles, y se verán obligados, ingratamente, a sufrir las mismas tribulaciones injustas a que someten a sus víctimas de hoy. 

            Otro caso al tanto es el de sus espinosas relaciones con algunos de los dirigentes del sindicato de Trabajadores de la Dirección de Investigaciones Criminalísticas del Ministerio Público.  El Sindicato de la Dirección de Investigaciones Criminalísticas del Ministerio Público, que se ha opuesto a esa línea suya de autoritarismo totalitario –con base a los principios del derecho y de la legislación laboral vigente- se ha mostrado como el más enérgico. Ello les ha valido la destitución fulminante de su Secretario General, Javier Adolfo de León Salazar,  y de su Secretario de Organización y Propaganda, José Alejandro Reyes Canales, a sabiendas la Fiscal General de que en esto procedía en contra de nuestro Código de Trabajo.

            Ambos, como era de esperar, acudieron a la Corte Suprema de Justicia que, desafortunadamente, se negó a ampararlos. Lo cual llevó a los removidos de su cargo a acudir a la  Corte de Constitucionalidad, que sí los amparó provisionalmente.

            La Fiscal General hizo caso omiso de ese amparo provisional y persistió en su empeño en separar a estos dos funcionarios de sus cargos, a pesar de que hasta la fecha la Corte de Constitucionalidad no se ha pronunciado definitivamente sobre tal amparo. 

Esto constituyó, adicionalmente, un delito de desobediencia por parte de Doña Claudia, según lo estipulado en el artículo 78 de la Ley de Amparo, Exhibición Personal y de Constitucionalidad, que reza así: 

“La desobediencia, retardo u oposición a una resolución dictada en un proceso de amparo de parte de un funcionario o empleado del Estado y sus instituciones descentralizadas y autónomas es causa legal de destitución, además de las otras sanciones establecidas en las leyes.”

            Según Gerson Ariel Recinos Girón, Secretario de Previsión Social del mismo sindicato, resulta, encima, cuestionable la gestión de la Dra. Paz y Paz por abuso de autoridad al ignorar reiteradamente esa misma Ley constitucional de amparo y exhibición personal en varios casos de otros empleados del Ministerio Público.  También él fue destituido.

Y aún permanecemos todos a la espera de la reacción de la Fiscal General ante el sobreseimiento confirmado por la sala competente de la causa contra la Fiscal Hilma Ruano, que le fue notificado el 1 de abril.  Recuerde el lector que la Licda. Ruano ha estado sometida a un “asedio por hambre” (¿violencia económica?…) durante los últimos nueve meses, pues ni se le abonan los sueldos caídos ni la ley le permite buscar trabajo en otra parte.

Hay otro caso prototípico de todo esto, cuya víctima de nuevo es una mujer, pero que dejo para la entrega siguiente.

Mientras tanto, el Presidente Otto Pérez Molina ha recibido evidencias más que suficientes para poner un alto a esa orgía de destrucción de las raíces de nuestro ordenamiento jurídico, cual lo es el artículo 4 de la Constitución de la República, que estipula explícitamente que …“Todos somos iguales en dignidad y derechos”; así como del artículo 14 sobre “la presunción de inocencia”, amén de ese otro baluarte de las libertades constitucionales al que se conoce como “debido proceso” (artículo 12), en el que está empeñada la Dra. Claudia Paz y Paz. Pero Don Otto ha permanecido impasible.

¿Por qué?