Ruido Populista

Ruido populista

Por: Armando de la Torre

            Del vacío o, como dicen en los EE.UU. “out of the blue”, me cayó una pedrada. Virgilio Alvarez,  Presidente de la Filial guatemalteca de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), a su turno extensión internacional del Partido Social Demócrata alemán, enderezó contra mi persona una diatriba, aparentemente muy angustiado por mi “amor” al capitán Byron Lima…   Hace dos semanas me previno sobre semejante desvarío de mi parte.

            Como vivimos en un mundo de incoherencias, me permito ante todo aclarar que el único hombre que he amado en mi vida fue mi padre.

            También quiero dejar claro que el “regaño” de don Virgilio me resulta, a mi vez,  el impertinente atrevimiento de un agitador, no de un hombre inteligente. Ni creo necesitar de su permiso para visitar cualquiera institución penitenciaria. 

Sobre el Pavoncito, donde se hallan internados casi un centenar de hombres, sólo se puede externar opinión después de haberlo visitado, no antes y desde lejos. Allí se hallan algunos expatrulleros de la Defensa Civil, todos ancianos,  y ningún guerrillero, ni joven ni viejo.  Evidentemente para mi denunciante es pecado mortal visitar a las víctimas de la angelical URNG y de la no menos beatífica Fiscal General, Claudia Paz y Paz.

            No estoy arrepentido sino todo lo contrario, lo pienso hacer de nuevo. Este nuevo inquisidor de la Santa Madre comunidad marxistoide, supongo, ya debe tener lista la pira para mi merecida cremación. Espero que de ella derive algún calorcito ahora que nos llegan las primeras ráfagas del otoño. Pero, impenitente, quiero facilitarle unos cuantos reproches   más.

            Acusar a tontas y a locas  me parece propio de una adolescencia tardía, lo que por asociación de ideas me recuerda aquel dicho del Presidente de la República francesa, Raymond Poincaré: “El joven que antes de los veinte años no sea agitado por alguna simpatía hacia ideas socialistas, no tiene corazón; y el hombre que más allá de los cuarenta todavía la siente, no tiene cabeza”.      

            Un par de ejemplos: don Virgilio afirma que “en la campaña mediática preparada para justificar el asalto se nos inundó con supuestas informaciones sobre lo ilegal que era el comité de disciplina y todo lo que allí se hacía.  Armando de la Torre y sus alumnos, camaradas y socios aplaudieron efusivos esa acción, pues era, decían, necesario limpiar el país de esas lacras.  Sin ser jueces emitieron su condena y algunos en la euforia hicieron público en este Siglo 21 el destape de sus mejores botellas de vino para celebrarlo.”

            En lo que a mí respecta TODO lo afirmado por Virgilio Alvarez en ese párrafo es falso y patentemente calumnioso.

            Después, añade sobre mi persona: “…da un vuelco a sus formas de entender las cárceles y los que desde dentro de ellas las controlan.  Para el filósofo (elPeriódico 24/10/13) ahora sí deben funcionar los comités de disciplina, dado que el poder lo ejercen, “milagrosamente”, detenidos como Byron Lima, a quien por cierto él y sus discípulos siempre han defendido, justificando no solo su comportamiento, sino el asesinato de Monseñor Gerardi.”

            De nuevo, afirmaciones gratuitas enteramente embusteras y totalmente indignas de un hombre que se pretende “intelectual” y que figura entre las principales personalidades de FLACSO.  Espero de él que públicamente presente alguna prueba de la verdad de cualquiera de sus asertos. De lo contrario, de ahora en adelante no me quedará otra opción que considerarlo un vulgar mentiroso.

            Confiesa: “No sé si su destino, el de la empresa en la que hace docencia, el de sus jefes y subordinados ha sido decidido por extranjeros (noruegos, holandeses o canadienses, “griegos”)…”

            Le aclaro: sí sé que he sido y lo que soy: un hombre LIBRE, que nada de lo por mí logrado debo a los contribuyentes guatemaltecos, mucho menos a los de cualquier otra nacionalidad, que hubiera sido forzados por el Estado a pagar mis estudios.  Tampoco he debido jamás un centavo a los obreros de cualquier país, sobre todo de cuyas organizaciones en el extranjero devenga mi sustento diario.

¿Podría usted afirmar lo mismo de su persona?…

Ironiza también condescendientemente hacia mi persona con la observación: “Claro, la nota no pierde la ternura, pues amorosa y paternalmente construye una imagen idílica del recluso Lima Oliva, a quien imagino estará promoviendo para algún cargo de alta importancia en la institución en que enseña, dadas las virtudes y capacidades que le reconoce.  Es también una evidente proclama antidemocrática, en la que nos amenaza con que “la hora llegará al pueblo verdadero (…) al que honra a Dios y a los ancianos (…) a los que no se involucran en campañas partidarias”.  Tal parece que desde su amplia formación filosófica y teológica aún tenemos que separar a los “temerosos de Dios” de los que no le temen, y muy al estilo talibán, sólo aquellos gozarán de la Guatemala que él imagina y construye.”

Los siento, don Virgilio, la antipatía y el rencor jamás han sido buenos consejeros para nadie, tampoco para usted, tampoco para mí.

El colmo

El colmo

Por: Armando de la Torre

Para cerrar por completo el círculo de la viciosa politización de la administración de la justicia en Guatemala, se han oído por la radio repetidos anuncios que encomian la actual gestión del Ministerio Público bajo el liderazgo de la Dra. Claudia Paz y Paz. ¿A qué viene tanto ruido sin precedentes?

Los supongo, además, costeados por el erario público, o sea, por todos nosotros, los tan espoliados contribuyentes.

Resulta muy sospechoso que la campaña tiene lugar en las proximidades de la posible reelección de la Fiscal General al cargo que hoy ostenta.

¡El colmo!

Artículo 445 “Peculado. El funcionario o empleado público que sustrajere o consintiere que otro sustraiga dinero o efectos públicos que tenga a su cargo, por razón de sus funciones, será sancionado con prisión de tres a diez años y multa de quinientos a cinco mil quetzales.

Igual sanción se aplicará al funcionario o empleado público que utilizare, en provecho propio, trabajo o servicios pagados con fondos públicos.”

Ahora resulta que también las funciones en apoyo del Poder Judicial podrán ser objeto de propaganda comercial, nada menos que para poder figurar en la lista de los posibles seleccionados por el Ejecutivo como funcionarios de un órgano auxiliar en la administración de la justica que,  irónicamente, fue creado con el sólo propósito de que le fuera delegado el monopolio de la persecución penal.

Me consta de la gravedad de tanta injuria, encima impune, porque los obligados constitucionalmente a perseguirla son esos mismos transgresores de la Constitución y de algunas leyes ordinarias.

Tanto abuso entraña para todos nosotros, como efecto final, que nos hallemos en un efectivo estado de indefensión total.

El Estado prácticamente ha dejado de hacer valer las leyes, en manos de oportunistas fanáticos. Lo comprueba la corrupta anarquía reinante.

El Artículo 423 del Código Penal estatuye que  Resoluciones violatorias a la Constitución: El funcionario o empleado público que dictare resoluciones u órdenes contrarias a disposiciones expresas de la Constitución de la República o, a sabiendas, ejecutare las órdenes o resoluciones de esta naturaleza dictadas por otro funcionario, o no ejecutare las leyes cuyo cumplimiento le incumbiere, será sancionado con prisión de uno a dos años y multa de doscientos a dos mil quetzales.”

Tengo la evidencia al canto: por los últimos meses he denunciado públicamente por escrito reiterados delitos cometidos por la Fiscal General, o por sus subordinados, con nombres, apellidos de víctimas y victimarios, fechas, y los textos legales correspondientes.

Nunca he recibido explicación alguna o pregunta indagatoria por parte de la Fiscal General, ni de sus asesores y fiscales a ella subordinados. De lo que infiero que quien tanto ha callado tanto ha otorgado…

 También he sostenido públicamente que la responsabilidad última por tanto desafuero, incluidas violaciones a la Constitución para las que el mismo Código Penal en su Art. 381, tiene prevista la pena de tres a diez años de prisión, recae en el Presidente de la República, Otto Pérez Molina.

Pero en realidad más bien con nosotros, la mayoría silenciosa que ha tolerado que la CICIG sea el mudo e ineficaz testigo entremetido de nuestras flaquezas ciudadanas. 

Informalmente, y en voz baja, se aduce que existe una presión subterránea por parte del Departamento de Estado norteamericano en favor de la reelección de la Fiscal General. Argumentación falaz. El sistema norteamericano no funciona como es visto desde aquí, y ningún Gobierno de allá, incluido el de Obama, podría subvertir impunemente ante su opinión pública nuestro régimen jurídico interno. Aunque no nos guste reconocerlo, nuestro gran vecino del norte es todavía un Estado de Derecho. Y aunque haya funcionarios corruptos, y los ha habido, incluidos Presidentes, Senadores y Representantes de la República, nadie que viole la Constitución o las leyes ordinarias puede parapetarse tras su cargo ante la opinión pública cuando ha procedido incorrectamente.

“Si así son las vísperas de las Comisiones de Postulación, ¿cómo serán las fiestas?”.