¿Cuestiòn de sentido comùn?

¿Cuestión de sentido común…?

Por: Armando de la Torre

            Los chilenos votaron y eligieron de nuevo a Michelle Bachelet. Su contrincante, Evelyn Matthei, se apresuró a felicitarla, como es de rigor en los pueblos civilizados.

            La Presidente electa ha prometido un amplio programa de reformas, entre ellas quince mil millones de dólares para la reforma educativa. La más intrigante es su promesa de reducir las desigualdades sociales en la población. Aquí entra el problema del “sentido común”…

            ¿De acuerdo a cuál parámetro intentará lograrlo? ¿De acuerdo al dinamismo de un mercado libre y, por lo mismo, competitivo, o por decretos?

            Su partido se llama “socialista”, en realidad es “social demócrata”, como prefieren identificarse hoy la mayoría de los partidos políticos que profesan tal ideario parecido. Y no creo que en este regreso suyo a la presidencia pretenda emular en absoluto otros “socialismos”, como el contemporáneo “del siglo XXI” inventado por Hugo Chávez, o aquel de su predecesor de los años setenta, Salvador Allende, que llevó a Chile a la ruina. Mucha agua ha corrido desde  aquel entonces bajo los puentes ideológicos del mundo entero.

            Sin embargo, la social democracia chilena bajo Bachelet podría desviarse más hacia la versión francesa de la misma (Hollande) que hacia las versiones británica (“Labor” Party) o alemana (SPD). Lo cual, de hacerse realidad, quitaría bastante de su lustre al “milagro económico” que ha vivido el pueblo chileno desde la incursión en la política local por los “Chicago Boys” (profundamente familiarizados con el pensamiento analítico de Arnold Harberger), e invitados por Pinochet a incorporarse a su gobierno a partir de 1975.    

            El sentido común nos dice a todos que si algo funciona bien, mejor es no querer repararlo. Pero todos sabemos que en materia ideológica el “sentido común” es el menos común de los sentidos.

            Quedamos a la espera.

            Entretanto, quiero añadir aquí unas pinceladas curiosas.

            El porcentaje de votos que le impidió ganar las elecciones a Evelyn Matthei (38%) es exactamente el mismo aquel con el que ganó Salvador Allende las críticas elecciones de 1970.   

            ¿Por qué el resultado entre ambas votaciones ha sido tan diametralmente opuesto?

            Porque en la década de los setenta, en Chile, al igual que en Guatemala, el Parlamento tenía la última palabra si ninguno de los candidatos alcanzaba la mayoría absoluta. En el caso actual, no hubo lugar a dudas: la mayoría absoluta la tuvo Bachelet. Es un claro ejemplo de la mayor  ventaja del sistema electoral francés (“ballotage”), que prevé una segunda vuelta para los casos en que de la primera no surge un claro ganador.  

            Otra lección memorable sería si la Bachelet intenta revolucionar el sistema de libre mercado heredado de Pinochet: las revoluciones estallan cuando las cosas van mejor, no cuando de malo pasan a peor. Ignorado por los más, este fue un factor en la revolución francesa de 1789, en la soviética de 1917, y en la castrista en Cuba de 1959.

            Es verdad que en Francia hubo por aquellos años una hambruna dolorosa atribuible principalmente a las pérdidas de las cosechas, sobre todo la de trigo, en conjunción con una bancarrota fiscal enorme (curiosamente, por la ayuda militar de la monarquía a los independentistas en América del Norte). Pero era el país más poblado de Europa, y el más culto, y su clase media progresaba sin pausa.

Y en el caso de Rusia, se sufrían derrotas repetidas y se desangraba ante  los Imperios Centrales durante la primera guerra mundial. Pero ese gran pueblo gozaba, en 1917, el momento de mayor libertad individual en sus mil años de historia, gracias políticamente al movimiento social democrático en torno a Kerenski, y económicamente, después de un cuarto de siglo de progreso industrial sostenido gracias a las reformas de Serguéi Witte. 

En cuanto a Cuba, sufría de un gobierno impopular desde hacía seis años, el de Fulgencio Batista, pero junto a Uruguay y la Argentina era el país más desarrollado de Iberoamérica.

¿Repetirán los chilenos bajo Bachelet esos monumentales errores históricos? No lo creo, aunque algunas expresiones de ella y de sus más íntimos asesores parezcan insinuarlo.

La razón última de que avances colectivos terminen en desastres retrógrados es la impaciencia. Si hay mejoras, ¿por qué no acelerarlas racionalmente “planificando” mejor el futuro?

La tentación más seductora para todos quienes de veras desean el progreso para todos también.

Lamentablemente, los progresos sociales, sobre todo los económicos, no están sujetos a nuestros caprichos planificadores con el abuso del monopolio estatal de la coacción. La naturaleza del hombre libre jamás funciona así. La “mano invisible” del mercado, sí lo logra.

¿Cómo?

Simplificando, mediante contratos en los que se incurre deliberadamente, y de los que  ambas partes contratantes derivan algún beneficio a los ojos de cada uno de ellos.

El punto olvidado de los revolucionarios utópicos.

¡Que tengan sobre tal base un próspero Año Nuevo!

La paz de Cristo

La paz de Cristo

Por: Armando de la Torre

 

Franz Gruber, el genial compositor austriaco del más popular de los villancicos navideños, “Noche de Paz, Noche de Amor”, lo compuso apenas finalizado el torbellino arrasador de las guerras napoleónicas de principios del siglo XIX.

Europa ansiaba paz y algo de estabilidad social. Resultó un período más bien reaccionario el de 1815 a 1848, la plenitud de la época romántica, nacida tímidamente, a un mismo tiempo, al final del barroco, en Inglaterra y Alemania. Durante su vigencia sentimental, también fungió de contrapunto amortiguador al impetuoso avance de la Revolución Industrial a ambas riberas del Atlántico.

Es un texto musical de muy escasa teología, dulzarrón y sencillo como para niños, de ritmo pausado y de una melodía muy fácil de retener. Es esto último, creo, reside su popularidad mundial.

Pero, ¿de qué paz habla?… ¿La de “acuerdos” embusteros? ¿La de los regímenes despóticos?  ¿La paz de los mediocres indolentes?  ¿O la del cementerio, quizás?…

De ninguna de ellas. Habla de la de Aquel que dijo …No he venido a traer la paz sino la guerra porque he venido a poner discordia entre el hijo y el padre, entre la hija y su madre, entre la nuera y su suegra; de modo que tendrá cada uno por enemigos a la gente de su propia casa…”(Mt 10,34)

                ¿Cómo así?

            “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.” (Mt. 10, 37-39).

            La paz del libre.

            Jesús siempre habló “como quien tiene autoridad y no como sus escribas.” (Mt. 7, 29)

Las “buenas nuevas” (el Evangelio), pues, no son para leer de prisa sino pausadamente, y siempre con atención al contexto.

Un poco más adelante el mismo evangelista añade que Jesús les advirtió: “Seréis odiados de todos por causa de mi nombre;” (Mt. 10,22). Es, entonces, también por causa de su nombre, que su presencia entre los hombres de todos los tiempos habrá de entrañar persecución y sufrimiento para quienes le sigan, es decir, para quienes hayan tomado su cruz, incluso si todo ello le aisla y lo separa, y hasta si lo enfrenta, a sus seres más queridos.  

Sobre tal supuesto, nos dice: “Mi paz os dejo, mi paz os doy.”

¿Mi?…

Y entonces aclara:

No os la doy como os la da el mundo.” (Juan 14, 27)

La paz de Cristo significa algo totalmente “otro”, comparada con esas “treguas” condicionadas que a veces nos otorgamos recíprocamente.

Tampoco es la paz del que ha logrado sus metas y se cree seguro. Como en la parábola  según la cual “los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ¿Qué haré pues no tengo dónde almacenar mi cosecha? Y dijo: Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes, reuniré allí todo mi trigo y mis bienes y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años.  Descansa, come, bebe, banquetea.  Pero Dios le dijo: ¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?  Así es el que atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios.” (Lc. 12, 16-21)

            En traducción criolla y popular: “Nadie sabe para quién trabaja”.  Por lo tanto, tampoco ahí pongamos la paz de Cristo.

            La paz para El significó “hacer la voluntad del Padre”, y por ella bien vale la pena renunciar a todo lo que nos ata a este mundo, absolutamente a todo. Pero El también sabía que tenemos obligaciones muy legítimas con nuestros prójimos. La renuncia que nos pide es interior, es el desprendimiento afectivo de este mundo que de todas maneras habremos de abandonar un día.

            Es, repito, la paz del hombre o la mujer LIBRE.

            Libre de ataduras emocionales, libre de adicciones, libre de apegos a todo lo que nos da placer pero que es de naturaleza transitoria, libre de prejuicios, de rencores, de envidias, de crueldades, de injusticias…

            La paz de Cristo es lo mismo que la libertad del cristiano en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Benito Juárez, anticlerical consumado, la supo, sin embargo, traducir al lenguaje político de nuestros días: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.

            Sólo es libre quien respeta el derecho ajeno para poder defender el propio.

 

LA LIBERTAD FRENTE A LA ADVERSIDAD. por Carla A. Burdiles

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LA LIBERTAD FRENTE A LA ADVERSIDAD Por: Carla A. Burdiles El uso de la fuerza para conseguir la igualdad destruirá la libertad, y la fuerza, introducida con buenos propósitos, terminará en las manos de gente que la usará para promover sus propios intereses. Sri Aurobindo Para no dejar escrito solo palabras coherentes y afirmativas sobre el apoyo del elocuente mensaje del pensador liberal Milton Friedman, la idea principal de este ensayo es formar parte de criterios prácticos y contingentes con respecto a la búsqueda de la libertad, plasmada en lo individual como en sociedad. Dentro de esta premisa, la reflexión se hace más evidente a la sazón de los hechos actuales y decires de los actores estadistas de cara a la segunda vuelta del quince de diciembre sobre las presidenciales en Chile, ya que las pasadas votaciones del diecisiete de noviembre se definieron los escaños del Parlamento, donde la libertad e igualdad fueron parte de los tintes propagandísticos de todos los sectores políticos del país. Presentando en una forma precisa sobre lo que ha sido la coyuntura nacional, con lo que se pretende más adelante desarrollar cavilaciones más profundas y categóricas.
El argumento primordial del ensayo es sostener que la igualdad social ha estado muy sobrevalorada por la propaganda política, considerándola como uno de los principales objetivos de esta, vulnerando así, los axiomas de las libertades individuales dentro de la sociedad. La libertad como fundamento base, es la génesis de las relaciones voluntarias y con ello se forjan la construcción y perduración de las civilizaciones, dando así el principio de la emancipación del individuo, donde la presencia precede de la esencia, por lo que uno primero existe y durante el ciclo de la vida el ser humano forma y construye su propia naturaleza social y valórica dentro de su propio mundo interno y externo. El hombre como un ser individual que aspirará y fomentará su fin en sí mismo, aludiendo a la lógica de Adam Smith, quien expresó “al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo.”1 Por otro lado es en vano pretender realizar un cálculo cuando la finalidad son los valores y las acciones humanas. El cálculo sólo es posible mediante el manejo de números cardinales.2 La única diferencia valorativa entre dos situaciones determinadas es puramente psicológica y personal.
1 Smith, Adam. Libro IV. La riqueza de las naciones. Longseller. S.A. 2004. Buenos Aires. Argentina. 2 Mises von Ludwig. Cap. IV Un primer análisis de la categoría de acción. La Acción Humana. Tratado de economía. Ed: 4. Editorial: Unión Editorial. Madrid. 1986. España. Pp: 161.
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Lo cierto es que vivimos en una sociedad altamente compleja, con constantes revueltas y convulsiones sociales. Se hace difícil hacer un intento de esbozar la situación global del país tal como se presenta en el siglo XXI. En todo caso podemos reconocer ciertos fenómenos que se pueden evidenciar y avizorar en la contingencia, entre ellas están: la búsqueda de la igualdad como un ideal “necesario” y “codiciado por las masas populares”, comprometiendo al gobierno de turno a un nuevo desafío. Dentro de los márgenes de la actualidad el panorama ya no es visto como una preocupación meramente social, sino que también la distinguimos en los planos políticos y económicos, dejando a las agendas gubernamentales como un punto prioritario de dar respuesta y solución a dicha problemática. El tema de la igualdad atraviesa las fronteras de la opinión pública, medios comunicacionales como intereses políticos y económicos, creando puntos de referencia frente a este tipo de disparidades que sostiene la nación. Pero en Chile, desde los gobiernos concertacionistas el ideario de buscar la anhelada “igualdad para todos”, que ya es parte inherente del memorándum programático público, ideal que no ha perdido desmedro en ser señalado en reiteradas ocasiones por todos los partidos políticos que conforman nuestra vasta casta, el cual las convocatorias han sido tales, que el país se ve enfrentado a constantes paralizaciones de larga prolongación en el tiempo, donde la temática central es el concepto de igualdad. Según esta consigna el petitorio aludiría al requerimiento de ciertos principios omitidos, como los “derechos sociales” que por ende sería una facultad suprimida por el Estado chileno. Entre los ejemplos más nítidos se encuentra la demanda por una educación gratuita, de calidad e igualitaria dentro del sector público.
Claramente se evidencia matices ideológicos en los planteamientos de la solicitud aclamada. Debido a esto se expresa un importante factor de retórica populista que exacerba aún más las desigualdades fundamentales entre las personas de más y menores ingresos, generando con esto un llamado a la “igualdad idealizada” por quienes preconizan este tipo de aseveraciones, plasmado en un discurso pomposo la necesidad de una exigencia inminente que tendría que cubrir la administración pública. Por esta razón es que el movimiento estudiantil (secundario y universitario) tomó “fuerza”, tanto su masificación e intensificación a nivel nacional. Es por ello que la frase del premio nobel Milton Friedman encaja perfectamente la prima de “una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas.”3 En los escenarios políticos las formas más comunes es dar ímpetu y relevancia al concepto de igualdad, pero más aún dan un mayor énfasis a su antónimo conocido y recalcado como la desigualdad social. Según su concepción popular el individuo se ve oprimido desde su forma económica, política, religiosa, hasta cultural. Con este trato, se comienzan a observar en la sociedad una diferenciación entre las personas, comúnmente
3 http://citas.in/citas/64824/ (Consultada el 12 de noviembre de 2013).
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conocido como las “minorías sociales”. Es entonces cuando las grandes entidades o grupos usan la discriminación para mantener control de los pequeños grupos. Es cuando la desigualdad, en su manifestación más extrema, causa la exclusión y el rechazo por parte de una población. Por ende se crea una ruptura de los lazos entre el individuo y la sociedad. La desigualdad chilena se ha convertido en el tema central de los institutos y centros de investigación (Fundación Libertad y Desarrollo), sobre las realidades sociales, llegando a la llana conclusión de que somos un país “abruptamente desigual”, utilizándolo como premisa base y como terminación sellada, pero parece que la amnesia colectiva que sufren los centros de estudio solo se remiten a lo coyuntural, dando así conclusiones de impacto nacional. Pero dado el caso que en cualquier sociedad del mundo encontraremos el problema de las diferencias sociales. La desigualdad social dentro del plano chileno es el resultado de un problema político-social, del cual no se puede observar meramente como una amonestación natural ejercida por el dinamismo de la historia de las personas. Podríamos también aplicarlo como un fenómeno histórico-cultural desde las concepciones de las grandes civilizaciones hasta las actuales naciones, para convertirse en un dilema colectivo para cada una de ellas. Una definición básica de la desigualdad es ser una condición por la cual las personas tienen un acceso desigual a los recursos de todo tipo, a los servicios y a las posiciones de valor en la sociedad.4 En resumen aludimos a todo tipo de desequilibrio que está fuertemente asociado a las estratificaciones sociales, al género, a las etnias, la religión, etc. Una de las formas más sencilla para definir a la desigualdad como el trato desigual o diferente que indica diferencia o discriminación de un individuo hacia otro debido a su posición social, económica, religiosa, sexo, raza, color de piel, entre otros.
Las autoridades legislativas han desarrollado y llevado a cabo distintas políticas sociales con el fin de mejorar la igualdad social, laboral, educacional, entre otras, dentro de la población chilena, añadiéndolo como un epíteto más a la propaganda política, como un poder de relevancia y proporción a la semántica de los discursos parlamentaristas, del cual se empeñan en ofrecer comisiones de distinta índole, reformas tributarias, todo ello para hacer más igualitaria la redistribución de bienes y servicios económicos en la sociedad. Aunque éstas medidas y directrices no alcanzan un consenso político, la disconformidad sigue por parte de los actores más directos, sobre todo en los trabajadores, sindicatos, estudiantes, profesores y sectores más vulnerables. Pero en este juego de palabras y oratorias entra a participar y acompañar al vocablo de la homogeneidad otra noción de equidad conocida como la “justicia social”, citándose como algo inerte dentro del preámbulo divulgativo del igualitarismo. El mismo Hayek exponía que los conceptos de tentativa del bien común son apropiados y útiles por las figuras políticas ya que son el menester imprescindible para transformarlo en una problemática
4 http://antropologia-online.blogspot.com/2010/10/perspectivas-y-conceptos-en-el-estudio.html (Consultado el 12 de noviembre 2013).
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social,5 haciendo generalizar el descontento de las masas hasta alterarlo en un malestar generalizado, en palabras propias del autor manifestaba: “tengo la certeza de que nada ha hecho más daño a las salvaguardas jurídicas de la libertad individual que la búsqueda de ese espejismo llamado justicia social” (Hayek, The Road to Serfdom, 1944). La idea de justicia social dentro del espectro nacional se configura en una excusa ficticia e idealizada necesaria para las fracciones parlamentarias que pretenden encontrar el apoyo requerido, ya sea vía votación cívica con proyectos de ley del bienestar social, disfrazando la ambición política en una representatividad de iure e incluso otorgando la capacidad de justificar el reparto de privilegios entre los grupos que les apoyan, fomentando el ciclo vicioso del discurso diplomático en las campañas electorales; formándolo en un solo merme de pasajes idílicos, que se plasman en la retina y recuerdo del votante. Si revisamos la cronología de la historia encontraremos el término de justicia social en el año 1840, acuñado por el sacerdote siciliano Luigi Taparelli d‟Azeglio,6 donde prontamente se adhirió a los diccionarios de los grupos izquierdistas, del cual lo adaptaron y acondicionaron, por quienes aspiraban en ese entonces dirigir a las masas populares por medio de la ideología del “socialismo científico”, que en términos prácticos no era más que una proposición meramente utópica. Desde los inicios del siglo XX, se llevó a cabo consolidación de las revoluciones socialistas y comunistas en el continente europeo, del cual unieron el término de economía dirigida y planificada, y el concepto de bienestar comunitario, pero nunca lo ligaron al término de la solidaridad, donde su objetivo es ayudar al prójimo, pues para estos no les era útil. Desde aquí surge la falsa imagen desarrollada por los movimientos socialistas por la búsqueda de una justicia social como un fundamento de valor y por ende se transforma en una razón precisa para su defensa, empleando perfiles ilusorios desde los más desposeídos y desprotegidos del sistema político-económico en ejercicio, personificando una caricaturización, una lámina de “víctima” al individuo por su condición, pero por su contraparte está el victimario, que no puede ser otro aquel que no cree ni expresa su adhesión al adoctrinamiento marxista-leninista. En palabras de Craig Biddle se argumenta que “la justicia social es el anti-concepto que emplea el concepto de ‘justicia’ con el fin de ganar credibilidad moral y luego borra ese concepto en las mentes de las personas y lo sustituye por la idea de que es la redistribución de la riqueza por la fuerza moral.”7 En términos pragmáticos la caratula que sostiene esta concepción marcada de tintes sociales no es más que un sofisma con fines mediáticos dentro de los debates
5 Hayek, Friedrich. Capítulo III: Individualismo y colectivismo. Camino a la servidumbre. Alianza Editorial. 2000. Madrid, España. Pp: 69. 6 Termes Rafael. Capítulo La justicia social y la doctrina de la Iglesia. Antropología del capitalismo. 3° edición. Editorial Ediciones Rialp, S.A., Alcalá, 2004. Madrid, España. Pp: 334.
7 http://www.theobjectivestandard.com/blog/index.php/2013/09/video-social-justice-is-an-assault-on-justice/ (Consultado el 11 de noviembre).
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políticos. Conforme a lo que declara el economista Thomas Sowell en su artículo The Mysticism of „Social Justice‟: …si hay un salón de la fama de la retórica política, la frase „justicia social‟ merecería un lugar destacado allí. Tiene la virtud principal de consignas políticas: Esto significa muchas cosas diferentes para muchas personas diferentes. En otras palabras, si usted es un político, usted puede conseguir un montón de personas con diferentes ideas concretas que están de acuerdo con usted cuando usted sale con denuedo por la vaga generalidad de la „justicia social‟.8 De allí, en buena medida, se arma el origen de una concepción realista y escéptica sobre el derecho, que más adelante fructificará en una de los lineamientos populistas más potentes del pensamiento jurídico desde 1920 en adelante. En segundo lugar, la crítica tiene como diana a la falacia de la sensibilidad social del derecho, es decir, su encastillamiento en fórmulas y preceptos legales propagandísticos, que poco tienen que ver con las necesidades reales a las que éste debería dar cabida. El fallecido filósofo polaco Leszek Kolakowski describió que los comunistas necesitan garantizar el sufrimiento de la sociedad para poder acusar a sus opresores.9 Por eso, las cosas malas que suceden en la sociedad no son culpa de nuestras acciones o decisiones, sino de los ricos del país o, peor aún, de los ricos transnacionales. Kolakowski también afirmó que “el marxismo actualmente ni interpreta ni cambia al mundo: es meramente un repertorio de consignas que sirven para organizar intereses variados”,10 sin embargo solo quedará en el deseo del intencionalismo del idealismo y su concretación, ya que en la práctica solamente cedería a un clímax de tensión, inestabilidad y represión del Estado como ente hegemónico hacia las libertades de emprendimiento de las personas. Las diferentes asociaciones, agrupaciones de distintas perspectivas, ya sean liberales, comunistas, socialdemócratas, anarquistas, ateos, el Vaticano, Kremlin, judíos y/o masones, entre muchos otros, se presupone que todos desean y aspiran al mismo objetivo: a que los pueblos, las clases trabajadoras, por utilizar una expresión más coloquial, vivan lo mejor que sea en todo momento; que sean lo más felices y padezcan lo menos posible. Pero la disparidad que desencadena el quiebre, es al momento de abordar el problema de los medios, en cuanto se indaga cuáles sean las mejores modos para alcanzar aquellos fines universalmente aceptados.
8 Sowell Thomas. Artículo: The Mysticism of ‘Social Justice. 28 de junio 2012. National Review Online. (Consultado el 19 de septiembre) http://www.nationalreview.com/articles/304176/mysticism-social-justice-thomas-sowell
9 Ball, Carlos. Artículo, ¿Por qué América Latina no progresa en un mundo donde otros lo están logrando? El Cato. http://www.elcato.org/por-que-america-latina-no-progresa-en-un-mundo-donde-otros-lo-estan-logrando (Consultado el 13 de noviembre de 2013.
10 Ball, Carlos, Artículo, El fraude de la ‘justicia social’. El Cato. http://www.elcato.org/publicaciones/articulos/art-2003-06-25.html (Consultado el 13 de noviembre de 2013.
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Para el liberalismo la fórmula más óptima: la que se basa en el dominio, en el control privado de los medios de producción,11 contratos voluntarios y sin ningún tipo de coacción de ambos agentes. Los dos enseres propios para la liberación del hombre dados en el tiempo y espacio, pues serían los postulado en las teorías del capitalismo y libertad desarrollados por el economista Milton Friedman, que podría sintetizar en reflejar la relación que se da entre la independencia a nivel individuos dentro de una sociedad y la conformidad en base del beneficio adherido por la organización económica que se da sobre esa misma sociedad. Cuando una comunidad se rige por los principios de la libertad, por medio de la autonomía de colectividades voluntarias dentro de un estándar de organización económica mediante el libre ejercicio y emprendimiento de las empresas privadas dentro de un mercado libre, competente y competitivo, al fin y al cabo se convertirá en una consideración necesaria para que la emancipación individual se manifieste como tal. Si bien, el bienestar social se logra bajo la inherente esencia de la autodeterminación y la propiedad privada, el capitalismo forjar una estructura suficiente para garantizar sostenibilidad, y para que funcione debe apoyarse en principios e instituciones políticas que claramente avalen los ideales de la libertad. Una de las alternativas que tiene el ser humano para inhibir la dependencia de políticas proteccionistas y regulaciones públicas, o cualquier mecanismo que interfiera en la vida de las personas, centrará su objetivo en disipar y quebrar estructuras mentales sobre la necesidad inerte de un Estado regulador, de tal manera que la voluntad individual sobrepase a la coacción sistematizada y dejar en el libre albedrío la toma de decisiones entre los partícipes de sus determinaciones. Para esto se requieren los cimientos del capitalismo y la libertad, en donde ambos conceptos si pueden coexistir a la vez tanto en un país como a nivel mundial. Friedman, uno de los mayores exponentes en la materia, explica que ambos son el vínculo entre la libertad económica y la libertad política. Para él, política y economía no se trataba de dos conceptos por separado y divergentes, todo lo contrario, ambos se conectan en ciertos puntos. Por un lado se da una estructura económica que hace elevar las posibilidades de que se realice en una sociedad la libre economía. La estructura y organización económica conlleva una doble finalidad, por un lado encontrar la libertad en la organización económica como una de las bases en la que se asienta esta misma y a nivel general. Por otro lado posibilita la llamada libertad política, estos dos conceptos se relacionan con que el capitalismo competitivo es parte imprescindible y fundamental para la conformación de la organización económica, como consecuencia se abren paso al camino de la libertad económica y la política; además de dar la oportunidad de que el poder económico y el político vayan por separado sin que choquen sus intereses, permitiendo que se contrarreste uno al otro. En el legado de Adam Smith, él nos instruyó que todo intercambio voluntario genera beneficios tanto a oferentes como a demandantes constituyéndose, este
11 Mises von Ludwig. Notas al editor. Liberalismo. Ed: 4. Editorial: Plantea Agostini. Madrid. 1994. España. Pp: 9
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intercambio, en el potencial para que los pueblos sean prósperos. El rol de los gobiernos debería pasar a ser el de árbitro y no de jugador, como, sin embargo, sus razonamientos son la imagen clara de las naciones en los tiempos que le tocó vivir a Smith. De una dominante concepción de que el Estado debía mantener un rol reducido en la actividad económica, por su contraparte que justificaba cada vez una mayor intervención fiscal. Se pasó a considerar al rol gubernamental como a un padre en una familia, en nombre de la seguridad ciudadana y de la igualdad de ingresos. Fracasada la estatización de los medios de producción, Friedman planteó que, al intentar la socialización de los resultados en las economías de mercado, se distorsiona la buena labor que realizan los mercados libres. Cuando los mercados son libres, la cualidad primaria es la cooperación como una regla y no su antónimo. En el momento que los gobiernos sienten la sinergia de la presión social; uno de los postulados claves del populismo político es la intervención sistematizada en fijar los precios en general y salarios en particular, entonces se fomenta el conflicto. La distribución del ingreso siempre genera descontentos, y la incredulidad política del hedonismo igualitario en la sociedad.
Cuando se efectúa con reglas de mercado el descontento se diluye. Al momento que el Estado interviene en el malestar, este se focaliza sobre el gobierno de turno convirtiéndose en una pugna. Friedman dice que:
…una sociedad que anteponga la libertad acabará teniendo, como afortunados subproductos, mayor libertad y mayor igualdad, porque una sociedad libre desata las energías y capacidades de las personas en busca de sus propios objetivos.
Sosteniendo que todos los fenómenos sociales, estructura y cambios son en principio explicables por elementos individuales, es decir, por las propiedades de las personas, como pueden ser sus metas, sus creencias y sus acciones. Los defensores de la libertad lo ven como una filosofía y método destinada a la explicación y comprensión amplia de la evolución de toda la sociedad como el agregado de las decisiones de los particulares. La independencia individual desde su origen natural y su fundamento ético en la soberanía única y la propiedad sobre uno mismo.
La intervención en las actividades económicas privadas genera inmediatamente la organización de los grupos privados, pequeñas oligarquías de interés que tratan de beneficiarse con los arbitrajes gubernamentales, mediante el cual usarán el “lobby” de la legislación para las futuras campañas electores, simpatizando entre el electorado y las necesidades de este mismo, fomentando así a las empresas privadas la búsqueda de subvenciones estatales y se utilizarán para impedir la competencia del mercado inversionista extranjero, lo que a su vez provocará reacciones en cadena de otros gobiernos en favor de sus empresas y beneficios, de igual modo, las disputas entre particulares se conviertan en discrepancias de gobiernos. De esta manera la economía se politiza y se vuelve cada más cerrada para el libre mercado. Los que ostenten más poder serán los que mejor aprovechen la intervención gubernamental. A su vez, los burócratas
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presionarán cada final de año por un presupuesto público de mayor proporción, bajo la vanguardia del clientelismo político con el ofrecimiento de programas sociales, reformas, etc., toda una gama de beneficios atractivos y tentativos prometidos por la entidad pública, se torna a un despilfarro desmesurado y descontrolado de dinero en quienes administran, éstos se benefician en desmedro de los que directamente deberían serlo que son los pobres. Señalando que la característica esencial de una sociedad libre es una economía de libre mercado donde todo es intercambio, es llevado a cabo por las dos partes de forma libre, concienciadas de que ambas obtendrán beneficios del mismo, como ejemplo para defender las ventajas de la economía de mercado con respecto a la economía centralizada.
Dentro del período histórico chileno, se describe a finales de los años 30, el comienzo del crecimiento de la maquinización, el auge de los movimientos sociales, la lucha por los derechos civiles, las presiones de multitud de movimientos obreristas y sindicalistas, fueron la nota recurrente y preponderante durante el primer tercio del siglo XX, las nuevas corrientes ideologías izquierdistas. Amparados bajo el alero de grupos populistas y el enfático apoyo de los sectores gremialistas, iniciaron así las pronunciadas agitaciones callejeras y el reclamo de sus postulados políticos, centrándose en la “liberty”, igualdad, solidaridad, participación y bienestar, donde el demandante requerido era el mismo Estado. Encontramos diversos factores sobre la situación interna y externa del país en esas épocas y poder comprender los ascensos de los gobiernos radicales que comenzaron a preconizar y fomentar el proteccionismo estatal por encima de las libertades económicas.
El manifiesto del populismo fue un atractivo para las clases medias y/o populares. En las décadas de los 40–60, se llevaron a cabo intensas reformas gubernamentales de toda índole, bajo la línea del -Estado Benefactor- y del pensamiento de la “conciencia social” en base del mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes, marcadas por protestas cívicas de distinta índole, con mayor fuerza, intensificando las revueltas de estudiantes secundarios y universitarios, desde su perspectiva de la búsqueda y concretación de sus ideas. Con ello se puede percibir la influencia ideológica e imponiendo al Estado un rol de ejecutor de impartir este tipo de deseos, generando una actitud mayor de resentimiento y una memoria colectiva más sesgada y fraccionada en la incitación de llevar a cabo actos de distinta variabilidad asociada a la violencia y destrucción pública. En palabras del ex primer ministro británico Winston Churchill, manifestaba “el socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, la prédica de la envidia, y su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”. Dentro del ámbito social, el debate no está en el plano técnico de cómo hacer mejor las cosas, sino en cuál sería el modelo de sociedad al que se aspire. Se hace imperioso pensar y repensar cuáles son los principios de nuestro sistema, cuáles son sus fundamentos y por qué es mejor apuntar a una sociedad libre en vez de una centralizada.
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Generalmente es admitido que valores inherentes son la libertad, la justicia, la paz, el respeto que tienen un carácter universal; de manera que además de considerarse indispensables e innegables, se constituyen como los pilares básicos de todas las sociedades democráticas. No obstante, no todos tienen el mismo protagonismo, y no todos son asimilados o interiorizados igualmente. Para ilustrarlo basta recordar a todo grupo de intereses especiales (activistas) que tienen un incentivo para sacarle algo a la sociedad en su conjunto.12 Algunos se contentan con desviar parte del dinero de los contribuyentes para sí mismos. Otros, sin embargo, quieren desmantelar parte de la estructura de valores que hace viable una sociedad ante la aprobación o viceversa, por ejemplo, de leyes que regulan la igualdad de derechos de las personas con diferente orientación sexual o el problema que aparece en los países desarrollados ante la llegada más o menos masiva de inmigrantes y la reacción de rechazo que, tarde o temprano, muestran algunos sectores de la sociedad. Si bien la solidaridad o el respeto son aceptados como deseables, la realidad muestra sin duda la doble moral con la que dichos valores son entendidos, cuando de vivirlos o hacerlos realidad se trata. Otra interpretación posible de la situación, estaría en identificar la evidente diferencia entre la importancia otorgada a unos valores y otros, con la existencia de una jerarquización entre ellos. Conclusión En definitiva los postulados entregados en base a los principios, cosmopolitas y atemporales, encontraremos diferentes modos de priorizarlos e incluso de interpretarlos, ya sea en función del contexto social, cultural, político o religioso. Los gobiernos en lugar de divagar elocuciones de igualdad y justicia social, y que todo se ejecute por medio de un intervencionismo de política estatal como un factor ineludible del bienestar común, en vez de apreciar una mejor opción sería entregar mayores libertades en distintos accesos, en vez de una lista espuria que contemple promesas de “igualdad de oportunidades”, puesto que llevamos años lidiando por la homogeneidad y los cambios profundos no se han reflejado. Quizás la alternativa sea permitir libertades que expandan las oportunidades del individuo, dada en la lógica de la libre elección y toma de decisiones de su presente y proyecciones de su futuro. Que no sea una más de las epopeyas homéricas, donde se exponga un relato de un país desgarrado por la guerra donde unos dioses enloquecidos se mezclaban entre los hombres y mujeres que no sabían exactamente por qué se libraba esa contienda, ni cuándo podrían ser felices.13 La distorsión social y su inadecuada comprensión es una característica de lo humano, dado que la tradición cultural es más cercana a la defensa del individualismo, la autonomía y la independencia, ya que la endeble conciencia del hombre es no yacer ante las prestaciones
12 Sowell Thomas. “Liberalismo.org”. [en línea]. 20 de septiembre de 2013. Disponible en web: http://www.liberalismo.org/articulo/294/91/derecho/matrimonio/homosexual/ 13 Manguel Alberto. Introducción. Legado de Homero. Primera Edición. Editorial DEBATE. 2010. Barcelona. España. Pp: 20.
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del falaz timo de la retórica política populista y siempre dar una fuerte apología de la propia autodeterminación del individuo.
En síntesis se puede afirmar que la libertad para algunos es un misterio metafísico de la existencia humana teniendo dos orígenes.14 El primero es la conciencia; el segundo, la libertad. Hacemos elecciones y las llevamos a cabo; nos felicitamos y nos culpamos por nuestras decisiones; deliberamos sobre el futuro y sacamos conclusiones. En todos estos eventos triviales, suponemos que tenemos libertad de hacer más de una cosa, que lo que hacemos es el fruto de nuestra elección y responsabilidad. Tan verdad es esto, que, aunque otras naciones puedan rivalizar con nosotros en poesía y aun superarnos en algunas otras artes bellas, los progresos en la razón y la filosofía pueden ser solamente debidos a la tierra de la tolerancia y libertad. ——————————

—————————————————————————— Este texto fue escrito por Carla Andréa Burdiles, (estudiante de 5° año en Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales), en el contexto del Concurso de Ensayo Milton Friedman del Instituto Libertad y Desarrollo Fundación para el Progreso. Recibido 25/11/2013 Aceptado 26/11/2013 Escuela Superior de Ciencias Sociales Universidad Francisco Marroquín Guatemala C. A. 2013
14 Scruton Roger, capítulo 17. La libertad. La Filosofía Moderna. 2° edición. Editorial Cuatro Vientos, 1999, Santiago de Chile. Pp: 229.
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Referencias bibliográficas:
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John Rawls. 1995 [1993]. Liberalismo Político. D. F. México. Fondo de Cultura Económica.
Leszek Kolakowski. 1985. Las principales corrientes del marxismo. 2° edición. Madrid. Alianza Editorial.
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Ludwig von mises. 1986. La Acción Humana. Tratado de Economía. Madrid. Unión Editorial.
Milton Friedman and Rose D. Friedman. 1982. Cap. 1. The relation between economic freedom and political freedom. Capitalism and Freedom. Fortieth anniversary edition. Chicago.
Pablo Martínez Becerra. 2007. Nietzsche y el despliegue de la libertad. Valparaíso. Revista de Philosophia. Vol. 31.
Rafael Termes. 2004. Antropología del capitalismo. 3° edición. Alcalá, Madrid. Ediciones Rialps.
Ricardo Robledo, Irene Castells, María Romeo. 2003. Orígenes del liberalismo, universidad, política, economía. Ediciones Universidad de Salamanca. Junta de Castilla y León.

¿Màs de lo mismo?

¿Más de lo mismo?

Por: Armando de la Torre

            Quizás, influido por el tiempo litúrgico de Adviento en el que nos hallamos, me siento algo analítico y esperanzado en las potencialidades del hombre. 

            Otro año termina, y Guatemala sobrevive de nuevo a otro gobierno fiscalmente irresponsable.  El dinamismo, sin embargo, de su pueblo desplegado en el sector privado la mantiene a flote, como ha sido de costumbre.

            Otra decepción, una vez más, se transparenta en el hecho de la campaña electoral anticipada que ya empieza a desfigurar, con fotos y lemas de candidatos, el hermoso paisaje urbano del país. Señal infalible de impaciente descontento ciudadano.

            Lo inquietante es que todavía no aparece por el horizonte partidista alguna opción de veras diferente. El pobre sistema social-democrático que nos legaron los constituyentes de 1985 parece que se mantendrá incólume por otros cuatro años más a partir del 2015. ¡Paciencia!

            Pero también creo en milagros, porque los he presenciado en otras latitudes. El milagro que deseo ahora para Guatemala es el de una candidatura anti-sistema o sea, la de alguien que no trabaje tanto para las próximas elecciones como para las próximas generaciones.

            Eso entrañaría otra rara avis en política criolla, es decir, alguien que se guía más por el largo plazo que por el corto.

            Puesto a divagar y a falta de realidades pétreas que comentar, quisiera que se asomara de repente por el horizonte electoral alguna persona de carácter, en primer lugar, y además inteligente, cultivado y sin ánimo de querer “salir de pobre” vía el erario nacional. Y que se presentara acompañado de un equipo de jóvenes maduros, disciplinados y con las destrezas apropiadas.

A todos ellos también los quisiera ver constituidos en mayoría abrumadora en el Congreso.

            No menos, quisiera un sector privado que no se muestre tan obsesionado por quienes les aseguren el disfrute de “privilegios”,  gratuitos o ganados a pulso, pero sí empeñados en que tengamos autoridades de trato igual para todos.

            Y que las campañas electorales locales salgan más a relucir que las nacionales. Y que se oiga más al sentido común de la gente que se afana por cubrir sus necesidades básicas de techo, comida, escuela y salud que a las ensoñaciones “románticas” de quienes ya de muy atrás las han visto cubiertas.

            Quisiera ver compitiendo equipos de hombres y mujeres de veras interesados en lograr para Guatemala una mejor Constitución política, o sea, de una auténtica división de poderes iguales entre sí. Y no tener que resignarme al espectáculo de tantos dinosaurios partidistas que se aferran a perpetuidad a sus cargos de elección popular.

            Sobre todo, me tranquilizaría ver magistrados, jueces y fiscales del todo independientes de los intereses sectarios y de sus personales favoritismos nepotistas, y una policía profesional a sus órdenes sin miedos y sin tachas que velen por igual por el respeto a la ley por todos, los de arriba y los de abajo.

            ¿Con qué más sueño?

            Sueño con una Guatemala cuyo costo de hacer gobierno signifique financieramente la mitad, o menos, del actual. Que atraiga inversiones generadoras de empleo por haberse suprimido el desalentador Impuesto Sobre la Renta, y que al contrabando, la más desleal de las competencias, se le haya reducido a cero porque se habrán eliminado del todo los impuestos a las importaciones.

            Querría ver una Guatemala con una educación pública más municipalizada que nacionalizada, y que cuente con fuerzas de seguridad bien adiestradas y equipadas, para que puedan frenar, siempre dentro de la ley, a los violentos, a los amigos de lo ajeno y a los que medran de esos infelices suicidas paulatinos que consumen drogas.

            Me encantaría también ver guatemaltecos risueños, sin malinchismo alguno ni complejos de inferioridad frente a extranjeros. También sin envidia -“tristeza por el bien ajeno”- hacia a quienes por su trabajo honrado les va mejor.

            Disfrutaría enormemente de la amistad de las familias que tratan de mantenerse unidas, cuyas cabezas se mantienen firmes y compasivas a un tiempo, y contemplarlas los domingos desfilar con programas de pasos y pedales, similares a los que organiza la Municipalidad en nuestra ciudad capital.

            Me reconfortaría mucho leer a diario, en un buen castellano, la prensa, servida por profesionales que sepan distinguir entre una información cabal y exacta y una opinión por otra parte mal argumentada.

            Aprendería mucho de campañas contestatarias sin odio, sin insultos y sin calumnias, y llevadas adelante con respeto hacia todos, y con tolerancia recíproca. No menos, un acatamiento más escrupuloso hacia las normas del Tribunal Supremo Electoral.

¿Será mucho esperar? Si tenemos en cuenta que ya vamos bien entrado el siglo XXI, ¿no debería sernos lo mínimo a exigir?

            Pero, tal vez, todo esto me lo sugiera el tiempo fresco de las ilusiones otoñales del Adviento.