NUESTRO MAL ES CARECER DE CRITERIOS ETICOS CLAROS

NUESTRO MAL ES CARECER DE CRITERIOS ETICOS CLAROS

Por: Armando de la Torre

            Una columnista, Ana Cofiño, se permitió expresar en estas mismas páginas el sábado 12 de abril que la “campaña” en contra de la reelección de Claudia Paz y Paz como Fiscal General es “sucia”.

            Tiene perfecto derecho a publicar tal juicio de valor, pero está totalmente equivocada. Me permito decirlo así porque también yo he aportado varios artículos con el mismo objetivo de evitar la reelección en su cargo de la actual Fiscal General.  Rechazo, por lo tanto, que ella, o cualquier otro, aunque sea con la mejor de las intenciones, califique mi postura de “sucia”.  

            Podré estar también yo equivocado de buena fe, lo cual en este caso me resulta casi imposible aceptar, pero ni he mentido, ni nadie me ha pagado jamás por mis opiniones, ni estoy al servicio de intereses espurios.  Y a diferencia de algunos críticos de mi persona, además sí  investigo escrupulosamente las bases de mis juicios de valor.

            Quiero añadir aquí a mis anteriores denuncias concretas, respaldadas por testigos y contextos jurídicos rigurosos, esta otra: Claudia Paz y Paz ha violado la ley sistemáticamente, desde que tomó posesión de un cargo para el que se ha evidenciado del todo incapaz.

            Copio textualmente:

            En la instrucción No. 2-2011, de fecha 12 de mayo del 2011, o sea, apenas inaugurada en su función de Fiscal General, en el numeral 5 dispuso: “los fiscales daránuna atención diferenciada y pertinente a la condición étnica, etaria y de género de la víctima”.

            Pero el Art. 202 (bis) del Código Penal vigente explícitamente estatuye lo contrario:

            “DISCRIMINACION. Se entenderá como discriminación toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de género, raza, etnia, idioma, edad, religión, situación económica, enfermedad, discapacidad, estado civil, o en cualesquiera otro motivo, razón o circunstancia, que impidiere o dificultare a una persona, grupo de personas o asociaciones el ejercicio de un derecho…”

            En otra instrucción suya, la No. 7-2011, también en un numeral 5, a propósito de los usurpadores de tierras y con respecto a su desalojo, instruyó Doña Claudia a todos los fiscales a ella subordinados que “el fiscal deberá asegurarse que al momento de solicitar el Juez una orden de desalojo el escrito contendrá cuando menos lo siguiente;” en su literal c: “el tiempo que se debe dar a los ocupantes para desalojar, que sea “razonable” conforme a las circunstancias”.

            Pero el Art. 256 del Código Penal estatuye con toda claridad lo opuesto: “USURPACION… la permanencia en el inmueble constituye flagrancia en este delito.  La Policía, el Ministerio Público o el Juez, están obligados a impedir que los hechos punibles continúen causando consecuencias ulteriores ordenándose o procediéndose según corresponda, al inmediato desalojo”.

            No se necesita ser abogado, ni siquiera tener un mínimo de cociente intelectual, para caer en la cuenta que tales instrucciones de Doña Claudia a sus fiscalescontradicen la ley y constituyen delitos punibles. Significan, en una palabra, que la Fiscal General ha usurpado las funciones legislativas del Congreso.

            Precisamente la Liga Pro Patria incluyó esos hechos -que no opiniones- entre otras tachas que refirió a la Comisión de Postulación.

            Resulta inquietante que los profesionales en estos temas que se jactan de ser “de izquierda” en nuestro país no pongan mientes a estos “detalles” y en cambio sí una, y muy grande, a las opiniones de analfabetas funcionales que desde muy lejos se arrogan el derecho a inmiscuirse en nuestros asuntos internos, llámense Barack Obama, Hillary Clinton, John Kerry o Philippe Hollande.  

            Y aquí regreso al título de esta columna: el problema clave para la convivencia pacífica en Guatemala ha sido y es  la ausencia casi total de criterios morales claros entre la población y sus dirigentes políticos, y hasta religiosos.

            “La ley es la ley”, como no se cansa de predicarlo Acisclo Valladares, inclusive cuando están pésimamente redactadas y responden a intereses particulares de los mismos legisladores.

            Necesitamos una “revolución moral” que habría de empezar por aclararnos las ideas con un mucho mejor sistema educativo que incluya cursos de formación ética, sobre todo al nivel universitario.  De lo contrario, se nos multiplicarán las Claudias Paz y Paz y su puñado de defensores dogmáticos.  

Guatemala hacia adelante, pero… a dos velocidades distintas?

Guatemala hacia adelante, pero… ¿a dos velocidades distintas?

Por: Armando de la Torre

            Guatemala ciertamente avanza, pero al modo de dos placas tectónicas paralelas que se erosionan recíprocamente: por un lado, una placa moderna y ágil, productiva y casi  reducida al sector privado de su economía; por el otro, lamentablemente, una más bien retrógrada, con la vista siempre puesta en el pasado, torpe, y muy costosa para todos en tiempo y dinero; encima, arbitraria e injusta, por hallarse centralizada en el monopolio coactivo del Estado.

Casi como dos planetas diferentes: uno, propicio a la vida y a su rica diversidad; el otro, muerto y uniformemente pétreo.

Pero no tiene por qué ser así.

Una importante razón, tal vez, reside en un sistema constitucional en el que la retórica oficial ha encaramado la placa más pesada e inútil sobre la otra más ligera y útil. Un buen índice de esto último nos lo ofrece ese atolondrado endeudamiento público que crece y crece, para beneficio de los más pillos.

De ambas placas recogen sus reflejos los medios masivos de comunicación, en particular los escritos, incluido el diario para el que escribo estas líneas.

Se pudiera decir que nos hallamos tan drásticamente escindidos a resultas de una prolongada cohabitación involuntaria de personas de muy diferente temple y enfoques: por una parte, aquellas que suelen anteponer su libertad de iniciativa para forjarse su propio destino, y por la otra aquellas propensas a esperar de otros que se los moldeen.

Es una dicotomía ciertamente universal, pero que en nuestra coyuntura se traduce a puntos de vista ideológicos antagónicos: el uno, autoritario y controlador; el otro, más liberal y tolerante. Nuestra naturaleza humana hendida como siempre por los azares de la historia…

Hoy resalta más,  en el marco de la conflictividad social que nos heredaron unos políticos miopes desde unos “acuerdos de paz”, firme y duradera, hace la friolera de casi dieciocho años.

Días atrás se dio un concurrido congreso más del sector productivo organizado, en torno al fomento y la consolidación del respeto por todos a la propiedad privada de todos, cuando simultáneamente el Tribunal de Honor del colegio de abogados invalidaba en el ejercicio de su profesión a una vociferante “juez” y que le llovían las tachas a la Jefe del Ministerio Público, Claudia Paz y Paz, a través de las comisiones de postulación.

Un fenómeno curioso adicional: el papel de la defensa de la pesada mole estatal ha pasado últimamente de las bocas y plumas de los dirigentes de la guerrilla de antaño a ciertas líderes feministas. ¿Un signo de los tiempos?: la antigua dirigencia despótica machista, incoada, por cierto, en nuestra única Universidad estatal -y digo “nuestra” porque a la fuerza nos vemos obligados todos a sostenerla financieramente- parece haberse decidido a buscar refugio bajo las faldas de sus simpatizantes, luego de su mayúscula derrota global en la década de los noventa.

¿Complejo de niños “malcriados” que claman por mamá?…

Para un ejemplo más neutro, leí un artículo de Doña Carmen Escribano, dama inteligente, culta y toda digna de mi respeto, pero que trasunta una retórica cívica más bien propia del escenario de la República española de hace unos ochenta años, en vez de esa otra mucho más necesaria de los hechos objetivos, sobre todo en este cuarto de siglo posterior a la caída del Muro de Berlín, de la revolución informática y de la integración total del genoma humano.

Casi termino por preferir, entonces, al analfabeta, porque urgido de cubrir sus carencias más básicas y elementales por lo menos retiene intacto su sentido común.

Pues, ¿quiénes otros en su sano juicio osarían pretender que progresemos en nuestra productividad al tiempo que arremetemos, al estilo Ramazzini, contra las hidroeléctricas? O ¿a quién se le puede ocurrir que hace un aporte constructivo a un “Estado de Derecho” por su violación sistemática de las leyes,  como lo ha hecho repetidas veces el violento Daniel Pascual bajo la impunidad que maternalmente le ha garantizado  Claudia Paz y Paz? Sea dicho de paso, prefiero ahora la confrontación con mujeres hechas y derechas que con esas imágenes fantasmagóricas de machos castrados que agitan banderitas rojas…

¿O en cuál cabeza de morón cabe que podamos sacar de su pobreza a los pobres al hacer imposible la extracción rentable de minerales y la creación de nuevas riquezas? ¿Dónde pueden haber crecido los dementes que esperan tener algo sin trabajar, o, sin siquiera respetar lo mínimo logrado por otros?

¿De qué madre habrá sido abortado quien nos ensordece con la defensa de susderechos humanos al tiempo que impide el derecho a circular de los demás? ¿De qué Patria, de cuál Estado, de qué Pueblo hablan quienes a todas luces salen “de pobres” a costa de los pobres, vía del erario público?

Dos Guatemalas, dos idiosincrasias, dos placas tectónicas en fricción permanente…

Lo de posible choque de opiniones, en cambio, también es con frecuencia mero cuento de hadas; pues primero habría de tenerse una opinión formada, cosa rara, y sin que se  muestre tan a flor de piel que sólo les mueve la envidia del mediocre, el rencor del vencido, el odio impotente hacia quienquiera haya logrado mejorar su situación con el honesto sudor de su frente, mientras los resentidos vegetan.

Por tanto, dos Guatemalas: la de los que vociferan y agitan, y la de los que hacen y guardan silencio.

Estoy seguro que la Guatemala de estos últimos acabará por imponerse a los primeros para el bien de todos, incluidos aquellos infelices que hasta ahora sólo tienen manos que les cuelgan ociosas y vacías, muchas veces por haber tenido un papaíto rico o muy privilegiado…