Guatemala ejemplar

GUATEMALA EJEMPLAR

 

Por Armando de la Torre

 

            ¡Felicitaciones, chapines!

            “Guatemala ya cambió”, repitió Zury Ríos durante su corta campaña electoral. “Un nuevo paradigma” a lo Thomas Kuhn ha surgido, observa cultamente Alfred Kaltschmidt. “… Comienza a disiparse la niebla”, concluye la bella y educada Betty Marroquín; “ha cambiado”, añade Carlos Sabino “y, por la forma madura en que lo ha hecho, se ha convertido en el punto de referencia para una América Latina que también desea combatir los males de la corrupción, el descontrolado gasto público y el rampante populismo.” “Hoy hemos dado un paso decidido y firme hacia la reconciliación y hacia lo que una República Democrática debe ser”, concluye Salvador Paiz.

            Y, efectivamente, la mayoría parecemos concordar con esos juicios de valor.

            Son muchísimas las aristas a comentar de tan monumental evento. Sólo tengo espacio para referirme a unas pocas.

            En primer lugar, la condena a la clase política y al sistema más o menos constitucional dentro del que operamos, ha sido sonora y rotunda. Una cifra casi sin precedentes de participación electoral (71.2% de los empadronados). Unos comicios abiertos a la vigilancia por parte de cualquier interesado. Una peligrosa crisis gubernamental superadapacíficamente, tanto por parte del Gobierno como de los participantes opositores. Unas manifestaciones masivas respetuosas en la casi totalidad de las veces y sin apenas incidentes que lamentar. Un debate público sostenido y, en la mayoría de las veces, informado e inteligente. Esto último, en especial, se me hizo más que evidente cuando todos parecieron hacer caso omiso a los cantos de sirena de un grupúsculo de intelectuales agrupados bajo el lema “Semilla”, que extrañamente se precipitaron al brevísimo plazo, hacia una propuesta no menos cortoplacista y subversiva: suspender las elecciones e improvisar un gobierno interino con obvio visos de reformadores nada menos que de la propia Constitución. Un gesto, para los enterados, de ese elitismo autoritario, aquí y en casi todas partes, que ha tipificado muchos movimientos democráticos de “izquierda”…

            Guatemala, ejemplo hoy para el mundo de todos los “indignados” con las prácticas partidistas al uso, que lo sufren casi todos los pueblos del entero planeta.

            Con unos pocos matices lamentables: al igual que en la Argentina del 2001, el ánimo generalizado entre el pueblo hacia la clase política tradicional se podría resumir con un rotundo “¡Que se vayan todos!”. Pero casi igual que allá, llegada la hora de votar, los electores menos pensantes reenviaron a los puestos públicos a muchos de esos politiqueros que decían despreciar. Un congreso integrado por 77 “nuevos” diputados de variada inocencia o culpabilidad y 81 reelectos “veteranos” conocedores de todos los trucos. El peronismo allá, el populismo aquí, todavía gozan de suficiente buena salud para inquietarnos.

            Tal malestar generalizado llevó a Jimmy Morales al primer puesto en la preferencia de la primera ronda de balotaje, pero que no impidió que se colaran para disputar el segundo puesto los dos demagogos, uno de ellos comprobadamente corrupta, parte de esos tan indeseables.

            Un nuevo factor tecnológico decisivo nos ha sido la revolución digital, que a través de las redes sociales ha devuelto a los ciudadanos buena parte de su libertad individual perdida. Ya los monopolios de los medios masivos de comunicación apenas pesan.

            Por supuesto, queda mucho por hacer. El mejor producto electoral de todos a nuestro alcance, Zury Ríos Sosa, casi la ahogaron las trapisondas en el TSE y su rechazo por el registrador de ciudadanos, alentados por ciertos intrigantes del sector privado, entre los que sobresalió, para mi completa sorpresa, el muy hábil pero no igualmente en este caso tan honesto, Fernando Linares Beltranena. Sin embargo, en apenas unas pocas semanas de campaña Zury acumuló a su favor casi trescientos mil votos, buen augurio para las elecciones del 2019.

            También me agradó la sorpresa de hombría de bien que nos dio Alejandro Giammattei, el número cuatro en la preferencia electoral. Otras buenas promesas, al igual que las de Lizardo Sosa y José Ángel López o Juan Guillermo Gutiérrez quedaron en reserva para un futuro, y este último que mejor despida a Dick Morris y contrate a Alberto de Aragón…

            Roberto González Díaz Durán, “Canela”, también era merecedor de un más grande apoyo, al igual que su elocuente compañero de fórmula, Rodolfo Neutze. Pero pagó su error estratégico de renunciar a su candidatura a la Alcaldía capitalina a cambio de la reelección de Álvaro Arzú.

            Este último merece comentario aparte. Álvaro es un hombre de acción, no de pensamiento. Y a él debemos la espléndida capital en que se ha convertido nuestra ciudad. También desde la presidencia nos legó una red vial renovada. Mi entera familia votó de nuevo en su favor. Aunque en cuanto a estadista no le perdono su aporte al más descomunal error colectivo en dos siglos de independencia patria: los muy mendaces “acuerdos de paz firme y duradera”…

            En conjunto, estas elecciones han significado un salto cualitativo en madurez cívica  y, repito, un ejemplo, en una palabra, para todo el mundo civilizado, aun para el entremetido Barack Obama. En otras palabras, Guatemala ya no puede ser vista como un país subdesarrollado con una mayoría de población pobre, sino como una sociedad mayoritariamente de clase media que merece una mucha mejor oferta política. A ver si la USAC nos aporta algo en esto para la próxima ocasión.

            En cuanto a la CICIG, sigo opuesto a su presencia. El colombiano Iván Velázquez nos ha resultado un apoyo esplendido para nuestro sumamente maltrecho sistema de justicia. Lo felicito por ello. Pero jamás debemos olvidar que su trayectoria entre nosotros es un reproche a nuestra conciencia moral, porque lo por él valientemente ganamos es, ha sido, y siempre deberá ser, obligación exclusiva y prioritaria, de los guatemaltecos. Continuar con la CICIG es prolongar esa cómodairresponsabilidad colectiva propia de menores de edad de la que enteramente nos deberíamos querer sacudir de encima. Tampoco hay que olvidar que sus dos antecesores, sobre todo el que le fue inmediatamente anterior, Francisco Dall’Anese, fueron nefastos depredadores de la honra, la libertad y la hacienda para muchos guatemaltecos.

Lástima que el Congreso de los mismos se negó hace cinco años a discutir en el pleno las reformas a la Constitución planteadas por 73 mil ciudadanos. Entre otras muchas excelentes, allí se encontraba una cláusula constitucional del principio de revocatoria pacífica y ordenada de los gobernantes de turno. Y nos habríamos ahorrado por lo menos la agonía también de Álvaro Colom.

            Al menos, no perdamos de nuevo ésta, entre otras muchas oportunidades históricas para progresar que nos han facilitado estos eventos recientes. Alentémonos, querido y admirado doctor José Barnoya.