Cuidado, en todo paraìso hay sus serpientes!

¡CUIDADO, EN TODO PARAÍSO HAY SUS SERPIENTES!

 

Por Armando de la Torre

 

 

Guatemala un paraíso democrático para la primera vuelta electoral… y abiertamente surtido de serpientes para la segunda.

Estas últimas jornadas electorales trajeron a la superficie lo que desde los mentirosos “acuerdos de paz firme y duradera” estaba sumergido: una alianza nada santa entre una parte del sector privado “oligárquicamente” organizado y la otra parte, más violenta, de la trasnochada izquierda. Al menos, es de dar la bienvenida al hecho de que se haya transparentado.

La tal alianza disimulada por casi veinte años se ha hecho explícita a todos en dos elegidos del momento en la primera vuelta: Sandra Torres y Mario Leal.  

Una alianza que me repugna entre una porción del empresariado que se encogió al final de hombros ante los secuestros y asesinatos de otros empresarios muy beneméritos como Isidoro Zarco, Luis Canella, Alberto Habie, Ramiro Castillo Love y de tantísimos otros hombres y mujeres de bien, brillantes y generadores de miles de empleos, sacrificados, por una parte, y de sus cínicos verdugos de la URNG por la otra.

El rastro discreto hacia los protagonistas de tan monstruoso “entendimiento”, entre parte del CACIF y la URNG, es de colegir con relativa facilidad. Entre otros indicios, baste el recuento de las hidroeléctricas asaltadas y destruidas durante esta “paz firme y duradera” de los últimos años. Averigüe los nombres y apellidos de sus dueños respectivos y compárelos con los de aquellas empresas similares, jamás hostigadas por esa misma violencia, y hallará usted quiénes pudieron haber sido parte de aquel acuerdo tácito, y quiénes no del 29 de diciembre de 1996, cuando el gobierno de Álvaro Arzú, cual júpiter tonante, ratificó que “el fin justifica los medios”.

Lo mismo se diga de la minería o de las fincas y otros valiosos asediados o no por el CUC y pandillas parecidas. Los nombres de los dueños respectivos pudieran identificarse para distinguir  quiénes pudieron haber figurado entre los apaciguadores de 1996 y quiénes no.

En todo paraíso hay serpientes. En la Alemania democrática de la República de Weimar se agazapaba una anaconda de nombre Adolfo Hitler. En la santa Rusia de los Zares, la naciente burguesía fue el hogar de Vladimir Ulynov, alias “Lenin”. En Cuba “la Alegre” algunos de los más prominentes de la Asociación de Hacendados azucareros alentaron a un joven agitador de nombre Fidel Castro.  

Ahora en nuestro paraíso electoral, el pacto indecente se ha hecho explícito.

Sandra Torres, la comandante “Marta” de otrora, según algunos, se ha mostrado como una mujer sumamente astuta y entregada a su causa, la que sea. Mario, en cambio, financista del Partido Patriota y ahora de la UNE, es el clásico “niño bien”, pragmático y oportunista, que se adapta a cualquier circunstancia moral.

¿Qué les falta a ellos?

Lo mismo que a la mayoría de los no pensantes: principios. Estos últimos son criterios, guías para la conducta justa, permanentes. Constituyen juicios de valor irrenunciables, inclaudicables, inmutables. Son las joyas más raras en el arsenal de la vida pública del mundo entero. En cambio, quienes por ellos valientemente se dejan conducir pasan con el tiempo al panteón indiscutible de los héroes. Unos poquísimos, por cierto.

Y, sin embargo, son los hombres y mujeres de principios quienes todos citamos, quienes todos hipócritamente manifestamos querer emular. Han sido en nuestra historia, por ejemplo, los Francisco Marroquín, los Juan José Arévalo, los Arturo Herbruger, los Ernesto Cofiño, los Alberto Herrarte, los Mario Castejón, de tiempos idos, o los Aldo Castañeda del presente.

Para identificar esta categoría humana excepcional no valen los criterios ideológicos. Son los santos canonizados de la Iglesia Católica y los héroes comprobados del protestantismo. Son también los pensadores heroicos de la China o del Hinduismo, o los adalides pioneros del liberalismo clásico y del socialismo. Porque la calidad humana individual está muy por encima de nuestras generalizaciones abstractas. Son figuras que nos reconcilian con la perfección infinita de Dios.

Aquí floreció muy recientemente uno de esos gigantes del espíritu: Manuel Ayau Cordón. Su grandeza no estuvo en su aguda inteligencia, por todos reconocida. Ni en su audacia empresarial, que brilló junto a la de muchos otros. Tampoco en la espléndida claridad de sus ideas, ni en sus creaciones intelectuales, como el Centro de Estudios Económicos y Sociales o la misma Universidad Francisco Marroquín. Su ejemplaridad radicó en su carácter, en su fidelidad a principios, en su entereza para afrontar la soledad y los malos entendidos, en su incomparable espíritu de superación personal, capaz de inspirar a hombres luchadores como Ulises Dent, o a jóvenes promisorios como Giancarlo Ibargüen, y hasta mucho más allá de nuestras fronteras.

Temples así son lo que más escasea en nuestra vida política. Hombres y mujeres de principios que no se transan.

En realidad, es una línea dificilísima. Porque todos estamos muy dispuestos a copiar o seguir al héroe, pero no a constituirnos en uno de ellos. El héroe es humilde aun en medio de la coronación y las alabanzas; es generoso, sin guardar por mucho tiempo rencores legítimos; es tolerante y no envidioso. Tiene memoria sólo para los favores recibidos, no para los agravios sufridos.

Por eso escasean tanto. Son el antídoto al veneno de serpientes.

Regresando a la segunda vuelta electoral, un hombre o una mujer de principios persuade, no compra; escucha antes de hablar; y ni se le pasa por la imaginación “salir de pobre” a costa de los impuestos que pagan los demás. Por eso tampoco es ostentoso sino más bien modesto y sencillo. Su consciencia es su luz, no el aplauso de los demás.

Enfrentados al balotaje de esta próxima segunda vuelta electoral, empecemos por nosotros mismos como votantes: abstengámonos de los cálculos utilitaristas personales y volquémonos a los principios inmutables de quienes no mienten, no roban, no abusan, no insultan, y sólo quieren servir al bien común.

¡Cuidados con las serpientes, para que el paraíso constitucional que intentamos reconstruir desde el pasado 16 de abril no los estropeen subrepticiamente!