HOMO ECONOMICUS

 

Por José Raúl González Merlo

¿Religiosos, políticos o economistas?

El “Consejo Ecuménico Cristiano de Guatemala” se pronunció la semana pasada, diciendo que “es imperativo redistribuir la riqueza para eliminar la pobreza…”. Es una pena que aquellos que se llaman a sí mismos nuestros “guías espirituales” se salgan de su supuesta área de conocimiento y cometan el error de sugerir políticas públicas equivocadas que, lejos de lograr el objetivo buscado, preservan e incrementan la pobreza.

Solamente Dios puede aplicar una política de distribución de riqueza que alivie, temporalmente y sin consecuencias negativas, los efectos de la pobreza. Así fue como alimentó a aquella multitud mediante la multiplicación de los panes y los pescados. El problema es que el resto de nosotros tenemos que trabajar para eliminar la pobreza. Parece que esto es desconocido para nuestros “líderes espirituales” que, en celebración del Día mundial de la eliminación de la pobreza y de la Revolución de Octubre, han politizado nuevamente el púlpito, proponiendo la simple redistribución como la medida adecuada.

Sus recomendaciones son tan ingenuas que rayan en irresponsables. Por ejemplo, sugieren: “… promover la economía solidaria y comunitaria que valore e impulse el desarrollo del buen vivir, donde los excedentes no tengan un afán de lucro, sino el beneficio a los involucrados.” No sorprende que esta recomendación provenga de aquellos que, precisamente, no crean riqueza, sino que viven de la que otros crean y que, generosamente, se la entregan en la forma de una limosna. Desde esa perspectiva es fácil y propio de fariseos condenar el “afán de lucro”, pero al mismo tiempo, beneficiarse del trabajo de los fieles. ¿O de dónde creen que provienen las limosnas? ¿de un “afán de lucro” o de un “afán de pobreza”?

Cada vez que los sacerdotes o pastores abandonan los temas espirituales para meterse en los asuntos político-económicos, lo que generalmente meten es la pata. Repartir no es lo mismo que crear. Repartir es fácil. Crear riqueza, no tanto. No darse cuenta de que un proceso de expropiación arbitrario de la riqueza, para “redistribuirla”, acaba con el incentivo de su creación es ingenuo y políticamente sesgado.

 

La mayoría de la gente entiende esos principios básicos. Como también entienden que el “día mundial de la eliminación de la pobreza” es todos y cada uno de los días del año, mediante su trabajo honrado. Puesto que nuestro Señor Jesucristo nunca promovió la redistribución de la riqueza, no sé qué andan haciendo estos señores, promoviendo un mensaje equivocado. Promover la generosidad, el amor al prójimo y caridad personal es otra historia. Activistas políticos sobran. Lo que hace falta es un milagro, para contar con verdaderos guías espirituales que cultiven nuestras virtudes y no promuevan politiquerías equivocadas.

 

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