Catequesis feminista

 
Bienvenidas a la primera clase del curso Victimización I. Lo primero
que deben tener claro, compañeras, es que 20 siglos de opresión es
mucho tiempo. Todo mundo se rasga las vestimentas denostando la
esclavitud, pero, ¿qué hay del sojuzgamiento de la mitad de la
humanidad por la otra mitad? Ante la dominación patriarcal, el
feudalismo y la encomienda colonial palidecen. Es de justicia
elemental que a las recipiendarias de tamaño maltrato, nosotras las
mujeres, se nos otorgue resarcimiento.

Con dos mil años de tiranía nos referimos al cristianismo, causa de
casi todos los estragos sociales que nos aquejan hoy. Porque la
religión es el opio del pueblo. Así lo dijo nuestro buen Marx, de modo
que ante tan incuestionable garantía no es menester que nos detengamos
en minucias que pretendan refutar tal Dictado.

Aunque, pensándolo bien, quizá sí debamos detenernos en un par de
cosillas, aunque sea para denunciar la abyecta mansedumbre que
vertebra la llamada “educación” que nos dan en casa. Una de ellas es
la que mamás o abuelitas, las mías incluidas, suelen decir: las
mujeres no hemos sido oprimidas por los hombres durante los últimos
dos milenios, sino a lo largo de la historia humana. Ergo, el
cristianismo, lejos de tensar las relaciones entre los sexos, vino a
sosegarlas.

Observa, me espetó mi progenitora hace años, que debido a la
relevancia que tienen la madre de Jesús y las santas, es en las
sociedades cristianas donde las mujeres somos consideradas iguales en
dignidad y derechos, y tratadas en consecuencia. De manera que el
eslogan dieciochesco de “libertad, igualdad y fraternidad”, en
realidad no creó, sino sólo plasmó, una idea cuyo origen no es
ilustrado -en el sentido de Ilustración- ni islámico, ni budista, sino
cristiano.

Un asuntillo fastidioso, en verdad. Pero, ¿a quién le interesa la
evidencia empírica cuando se trata de sostener una ideología? Pasemos
entonces la página de nuestro manual que culpa al cristianismo de los
males sociales, y prosigamos con nuestra catequesis feminista.
Bien. Estábamos con que a lo largo de los siglos (ya no sólo veinte,
concedámoslo), los hombres nos han enquistado en la posición dominada
del sistema patriarcal, jerárquico, verticalista, cristiano y
neoliberal. Me pregunta usted, jovencita que se las lleva de muy
lista, ¿qué hay de los hombres que han sido oprimidos, perseguidos o
hechos esclavos en mayor o menor grado, con mayor o menor intensidad
según la época y las circunstancias?

Pues… sí, es un hecho que muchísimas personas han llevado vidas
dificultosas, llenas de pesares, sobre todo antes de la Revolución
Industrial -otra cosa a odiar, igual que el capitalismo maldito, pero
eso es tema para abordar en otra sesión de nuestro curso-. También es
un hecho que aciertos y errores se mezclan en la existencia que va
configurando la vida de cada persona. Sí, persona… de sexo femenino o
de sexo masculino.

Pero eso no importa. ¿A quién le interesan los registros históricos
cuando se trata de llevar adelante nuestra agenda sectaria? Así que a
callar, muchachita cuestionadora, que esto es Victimización I para
mujercitas atribuladas, no una discusión abierta para jóvenes vivaces.
No nos interesa que esté orgullosa de su feminidad sino que ande por
la vida respirando por sus heridas porque eso, sépalo, es feminismo.