GUATEMALA, AGÓNICA UNA VEZ MÁS…

GUATEMALA, AGÓNICA UNA VEZ MÁS…

 

Armando de la Torre

 

            …Y esta vez por obra y gracia del último Tribunal sin tacha alguna que nos quedaba: el Supremo Electoral.

            No sé si se les debería llevar a juicio penal o encerrar en un manicomio, pero han brillado con una constelación estelar en el cielo de nuestra noche por su impericia, su ignorancia de los principios generales del derecho, por la ausencia de todo tacto social, y por la mancha imborrable que han dejado en la única institución de prestigio que nos quedaba en el sector justicia gracias, esto último, sobre todo a la herencia del paso por ese Tribunal de don Arturo Herbruger.

            Un grito en ese vacío de sombras que lo ha constituido por años el entero Poder Judicial en Guatemala. Y, encima, con ínfulas prepotentes y dictatoriales, como si fuera una blasfemia el hecho de identificarlos tales cuales son.

            Además, nuestro último bastión contra el atropello de narcotraficantes apátridas se ha derrumbado. No nos queda alternativa que iniciar la reconstrucción constituyente de la justicia casi desde el absoluto cero.

            Por suerte Guatemala cuenta hoy con la abundante presencia de hombres y mujeres de buena voluntad y aun de muchos eruditos en los temas claves del espíritu y de la moral capaces de restaurar el rumbo por el momento perdido. Lo que se constituye en la imprescindible tarea que nos aguarda a partir de la próxima segunda vuelta electoral.

            Siempre he reconocido que en Guatemala sobran patriotas esclarecidos que le pudieran dar un empujón definitivo para situarla entre los más selectos del llamado primer mundo. Y que han sobresalido, encima, rodeados por un respeto casi universal al debido proceso jurídico y a la escrupulosa y tenaz prosecución de la justicia.

Reflexiones, sea dicho de paso, que estimo muy necesarias a tener en cuenta para las futuras comisiones de postulación.

            Nos restan muchas cosas que mejorar en la formación universitaria de los jóvenes que escogen especializarse por el vasto ámbito de la justicia. Como lo he reiterado a propósito de un ácido comentario del genial Agustín de Hipona: “Sin la virtud de la justicia, ¿qué son las naciones sino bandas de ladrones? (La Ciudad de Dios, IV, 4)”. Y, sin embargo, la formación de juristas en Guatemala (como en el resto de Iberoamérica) no pasa de ser una especialización universitaria más, de muy escasas exigencias intelectuales y morales.

            El venero de todo ello creo poder identificarlo en el positivismo jurídico dominante en la mayoría de nuestras facultades de Derecho. Y de tal manera, nuestros egresados universitarios se han acostumbrado a recitar de memoria artículos de códigos o de leyes constitucionales sin posibles críticas apenas derivadas del derecho consuetudinario o del derecho natural.

            El griego Polibio, por ejemplo, cautivo como un rehén más en aquella República tan exitosa, fue el primer extranjero en reparar que la separación legal de poderes era lo más importante para la grandeza institucional de Roma. Por lo tanto, desde tal perspectiva, el abuso del poder por parte de jueces y magistrados resultaba en el daño más vituperable que se le podía hacer a cualquier sociedad de hombres libres.

¿Se dice algo de ello, acaso, en nuestras facultades de Derecho?

            La dispensación de justicia es el débito principal de los ciudadanos de cualquier sociedad exitosa. De nuevo, ¿se inculca esta condición en nuestras universidades de tono tan jurídicamente positivista?

            El Poder Ejecutivo eficaz es, por supuesto, sumamente importante. Y el Legislativo, al largo plazo, lo ha sido aún más. Pero el Judicial, ha devenido en el máximo entresijo social, común a todos los estratos derivados de la división del trabajo en sociedad.

¿Anima todavía ésta convicción a nuestros docentes universitarios de Derecho?

            Pues, la existencia de derechos individuales irrenunciables se ha constituido históricamente, desde la Magna Charta (1215), en el prerrequisito más sólidos para la práctica de la justicia. Ya ello había estado presente con mayor o menor énfasis en las tradiciones de cualquier comunidad guiada por la costumbre (el derecho “consuetudinario”) como en la Grecia clásica o el Medievo. Ulterior a ello, unos dos siglos y medio antes de Cristo, asomó la interpretación iusnaturalista de los derechos y deberes de los ciudadanos libres (no de las mujeres ni tampoco de los esclavos) a iniciativa de ciertos jurisconsultos romanos.  

¿Retienen nuestros egresados universitarios alguna consciencia de todo esto? Y como consecuencia obvia, ¿nuestros jueces y magistrados?…

              Y a propósito de esa alusión a la venida de Cristo, ¿algún catedrático universitario entre nosotros todavía osa aludir a la posible existencia de un Derecho Divino derivado de las premisas del Evangelio?

            En Guatemala a mi juicio vivimos un vacío existencial para esta reflexión profunda.

Y así, unos pocos abusivos tienden a endosarse el monopolio de la interpretación y de la aplicación del Derecho vigente.

            Lo hemos visto de nuevo recientemente en el rechazo presuntuoso e insólito del derecho humano insoslayable de elegir o ser electa con particular dedicatoria a Zury Ríos Sosa y a todos los ciudadanos inclinados a votar por ella, por parte de togados carentes de toda ancla racional o moral alguna.

            Aunque algunos displicentes intelectuales en nuestro medio lo hayan considerado una vez más como una injusticia, sí, pero de poca monta.

            Con semejante jurisprudencia ¿qué podríamos haber esperado de un Tribunal Supremo Electoral constituido sobre tales premisas positivistas? Muy parecido a los arrebatos ideológicos de los que hemos sido testigos  durante los últimos cuatro años por parte de tan solo tres magistrados de la Corte de Constitucionalidad.

            El “positivismo jurídico” ha sido el origen del subdesarrollo de nuestra impartición de una justicia neutra y pronta.

            Y si no nos decidimos a romper con las premisas excluyentes de nuestro actual sistema positivista, olvidémonos de mantener un Tribunal Supremo Electoral de la honorabilidad sólida que una vez nos heredó Arturo Herbruger.   

            De vuelta a estas últimas elecciones. Me sorprendió muy agradablemente por todo ello la actitud corajuda de Edmond Mulet en sus críticas al actual Tribunal Supremo Electoral. Así como las de otros como Luis Velázquez y Arturo Soto o de Isaac Farchi y Ricardo Flores Asturias. No menos, las reservas inteligentes respecto al proceso electoral que hicieron públicas Manuel Villacorta y Thelma Cabrera. Es decir, que además de otros no mencionados aquí, se ha evidenciado una vez más que Guatemala cuenta todavía con una amplia reserva de ciudadanos sensibles y probos. Pero lamentablemente, ninguno de ellos con suficiente incidencia reconocible en el Poder Judicial.

            Y así, ese Tribunal Supremo Electoral constituido por “magistrados” de veras ineptos ha hecho retroceder a Guatemala tres mil años y le han arrebatado otra oportunidad de oro para su ingreso permanente en la honrosa lista de naciones-Estado que hoy solemos calificar de “primer Mundo”.

            ¿Lo lograremos dentro de cuatro años?

            Lo veo difícil, a menos que el nuevo Congreso se comprometiese a aprobar las reformas a la Constitución Política vigente propuesta con el apoyo de 73 mil firmas de ciudadanos en el 2009, y que todavía inconstitucionalmente no ha sido llevado a discusión por el pleno.

En el entretanto, por lo menos hago otra vez mío el saludo esperanzado desde su destierro en Italia de Rafael Landívar: ¡Salve, cara Parens, dulcis Guatimala, salve!

Y AHORA ¿QUÉ?

Y AHORA ¿QUÉ?

 

Armando de la Torre

           

La conspiración contra la soberanía de Guatemala, urdida desde los tiempos de Obama por parte de ciertos funcionarios de la Secretaría de Estado de los Estados Unidos y, sobre todo, por el que fuera su instrumento más visible por estos lares, Todd Robinson, ha dado otra vez alguno de sus amargos frutos en estas últimas elecciones.

El resultado final ha sido que la voluntad de los votantes engañados haya dejado insatisfechos a los más y muy contentos a unos pocos, los aprovechados de siempre.

El Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha sido el conducto esta vez para un lamentable y estrepitoso fracaso dada la completa ineptitud de sus integrantes y no, en cambio, por la estatura moral ya más madura de los votantes, y todos así menos distantes en sus actuaciones de aquel modelo egregio que fue don Arturo Herbruger Asturias, quien presidió el Tribunal apenas recién instaurado.  

Encima, precedidas tales elecciones por una campaña electoral raquítica a iniciativa casi despótica de sus ineptos magistrados, quienes se engañaron a sí mismos y a los demás al creerse árbitros infalibles de todo el proceso electoral.

Pero al margen de esta nueva versión que nos ha legado esa reciente dictadura de los jueces, instaurada y fomentada, desde muy en las sombras, por la actual Corte de Constitucionalidad,  los resentidos sociales de por aquí han logrado esta vez filtrarse más estratégicamente por las rajaduras del conteo electoral.

Lo cual abona en favor de mantenernos todos siempre vigilantes, según aquel sabio aforismo de Thomas Jefferson de que “El precio de la libertad es una eterna vigilancia”.

Aunque fuera de ese campo de lo estrictamente público, otros empedernidos embaucadores al margen de la ley ya nos eran relativamente conocidos, sobre todo en ciertas áreas rurales del país: por ejemplo, los dirigentes de CODECA, últimamente concentrados casi con exclusividad en el robo de la energía eléctrica (aparte de recibir abultados financiamientos desde Suecia, España y Noruega), y que responden a ciertos nombres por la mayoría de los votantes desconocidos, como Mariano García, Mauro Vay Gonón y Blanca Julia Ajtum Mejía.

También, vale la pena recordar aquí los no menos destructivos de la Fundación “Turcios Lima” como en este caso el muy bien conocido Cesar Montes alias de Julio César Macías, veterano de los grupos terroristas de las FAR y EGP, y ex maestro de primaria que empero siempre ha soñado en constituirse como el Fidel Castro de Guatemala, y todos dedicados a las invasiones de tierras ajenas, en particular entre los infelices habitantes de las Verapaces.

Aun cuando para mí el más detestable lo es y haya sido personalmente Daniel Pascual, dirigente del CUC, y el supuesto artífice de un intento de asesinato nocturno contra la inolvidable ex Fiscal Gilda Aguilar, recientemente fallecida.

Tampoco quisiera ahora pasar por alto los nombres de algunos integrantes de otra Fundación, por ejemplo, la que lleva por nombre “Guillermo Toriello”. Creación casi exclusiva, sea dicho de paso, del ex-clérigo español también ya fallecido Enrique Corral Alonzo, casado con la hija de un entrañable y muy honesto profesional amigo mío. Este curioso malhechor, de nuevo muy popular por tierras escandinavas, por su parte se especializó en las depredaciones de fincas de algunos sufridos propietarios allá por el Polochic.

Este es un retazo del fantasmagórico telón de fondo tejido como parte integrante del marco insurgente antes de estas elecciones para nuestras áreas rurales.

Aunque la lista de los nombres de esos subversivos es tan larga aquí, no dispongo de espacio suficiente para incluirla completa.

Una vez más, todos ellos en parte seducidos por ese idealismo engañoso que consiste en comparar la realidad con un sueño placentero y, por supuesto, siempre triunfa el sueño.

Por eso asimismo, creo, que nada nos ha hecho desconfiar tanto de la actual estructura mediática en este país como tantos otros comentarios superficiales y nocivos que se multiplican por las ondas de la radio, de la televisión y, últimamente, por las llamadas redes sociales.

Ahí radican tantas otras maniobras corrosivas y nada honrosas del ahora tan desprestigiado TSE, aunque también extensivo todo ello al Registro de Ciudadanos y desde hace unos cuatro años bien sabidos por todos de la mismísima Corte de Constitucionalidad.

El sector justicia una vez más en la picota de la opinión pública, también dada la injerencia indebida de extra nacionales desde suelos que nos han sido siempre muy lejanos y hasta a ratos hostiles: la ONU, la OEA, el Departamento de Estado o el Foro de Sao Paulo.  

Y todo ello, en base a acusarnos inmerecidamente de un total tercermundismo que ya no veo en amplias capas sociales de Guatemala.

En ello ahora incluyen el hecho patente de que por el retraso mental y profesional de las autoridades electorales en esta ocasión, casi todos los ciudadanos cumplidores de su deber electoral hubieron de votar casi a ciegas, entre otras razones porque tampoco se les dio en el breve periodo eleccionario el tiempo suficiente para conocer y evaluar a candidatos y propuestas.

En presencia de todo ello, por lo tanto, la corrupción invisible de los poderes oscuros se ha vuelto a imponer en estas elecciones, aun cuando con algunas valiosas excepciones permitidas por los jueces dictadores.    

Por todo ello, yo me permito conceptuar todo este último proceso electoral de injusto, prejuicioso y vano, casi como evento de idiosincrasia única en la historia de este país.

En pocas palabras, hemos sido engañados esta vez por esa intrusión desorbitada del Poder Judicial. Un ejemplo más para probar lo dañino que puede llegar a ser la dictadura de los jueces.

Como conclusión final, pocos guatemaltecos están satisfechos con este reciente proceso electoral que desdice en mucho de otros progresos institucionales recientes en este bello país.

¿Giammattei o Torres?

Nos han vuelto a encerrar en la disyuntiva típica de los pueblos subdesarrollados: la de votar en favor o en contra del que subjetivamente nos parezca el menos malo. Lo cual también rebaja injustamente la altura moral de los dos candidatos restantes.

Me queda una acotación última: dado que Guatemala carece de los recursos suficientes para repetir estas elecciones (de unos ochenta a cien millones de quetzales), sí dispone, al menos, de ciertos medios a través del Congreso y de los partidos políticos legalmente vigentes para eliminar de una vez por todas esa dictadura por el momento vigente de los jueces metidos a legislar y a ejecutar, como lo han hecho reiteradas veces la Magistrada Gloria Porras y Asociados.

¿Lo lograremos?… 

“LOS MALOS SON LOS MENOS”, DOCTOR GIAMMATTEI, PERO SON LOS QUE HACEN MÁS RUIDO.

“LOS MALOS SON LOS MENOS”, DOCTOR GIAMMATTEI, 

PERO SON LOS QUE HACEN MÁS RUIDO.

 

Armando de la Torre

 

Una historia recurrente en cualquier sociedad civilizada.

Porque los “buenos” siempre están demasiado absortos en el trabajo cotidiano que implica cuidar y orientar a su prole y por las demás obligaciones para ganarse el pan de cada día.     

Pero a los “malos”, en cambio, todo su tiempo les resulta ocioso excepto para murmurar, sobornar, mentir, y hasta para asesinar, y creerse al mismo tiempo alguien que, por supuesto, como los demás dignos de guiar a los más desorientados. 

Esto es tan viejo que ya el profeta Miqueas, hace casi tres mil años, proclamó de vos en cuello: “¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder!” (Miqueas 2,1)

Por lo tanto, para los “malos” todo tiempo les resulta disponible para calumniar, engañar y amedrentar mientras holgazanean tras bastidores.  

Y así todos legalmente andamos confundidos…

Para el “bueno”, en cambio, el tiempo apenas le alcanza para cumplir, trabajar, crear y todavía ahorrar.

Todo esto puede sonar a prédica simplista, pero estamos en vísperas de elecciones generales y bien vale la pena recordar que: “…los rectos habitarán la tierra,
Y los perfectos permanecerán en ella, pero los impíos serán cortados de la tierra,
Y los prevaricadores serán de ella desarraigados…” (Proverbios 2:21-22). Verdades, según los superfluos, que solo los tontos recuerdan y las mentes privilegiadas olvidan. 

Y así, enmudecidos por pura tecnología mediática, los “malos” ahora se hacen oír en nuestro nombre, los hipotéticamente “buenos”. 

Las elecciones ya a nuestras puertas son el mejor indicio de todo ello: la multiplicación deliberada de maniobras políticas mendaces que, por una supuesta ley constitucional, nos sentimos obligados a aceptar. En otros tiempos más sinceros, a todo el actual proceso se le hubiese etiquetado como “la dictadura de los jueces”.  

Y así, hoy más que nunca, somos vapuleados por decisiones unas veces ilegales, otras veces simplemente estúpidas, por parte de “magistrados” que nos recomiendan aceptar propaganda suya casi siempre barata; y que nos manipulan a base de normas, leyes y resoluciones judiciales sin sentido lógico alguno y hasta contradictorias entre sí. Y todo para satisfacción del puñado de hipócritas que tienen hoy a su cargo el Tribunal Supremo Electoral, el Registro de Ciudadanos y, lo peor de todo, la Corte de Constitucionalidad.   

Y de esa manera, nos han vuelto a comprar mentalmente a base de resoluciones falaces y perversamente maquinadas, para favorecer a una candidata a la presidencia de la República que esperan les resulte en extremo oportuna para salir al modo que le es habitual al parásito, esto es, haciendo a otros más pobres. También a eso se reduce la tan comentada judicialización del proceso electoral. 

Y, encima, todavía se atreven a mentirnos de que esas son las únicas vías legales para conocer la voluntad de los votantes.

¡Vaya “democracia”! 

Y por todo ello regresan a mi memoria aquellos sentidos versos de Francisco de Quevedo:

«No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.

 

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?…»

 

Porque los sedicentes árbitros de nuestra vida pública no se comportan como tales. Ni los magistrados de las salas superiores muchas veces tampoco, y todos enmudecidos al mejor estilo de los que nacen, como lo afirmó Aristóteles, para ser esclavos. 

Y de tal manera, ninguno de ellos logra devenir en las autoridades morales que vanidosamente imaginan ser por el simple hecho que les dieran un cartón universitario que así lo estipula. 

Encima de habernos hallados todos amordazados a lo largo de las escasas semanas que nos “concedieron” para deliberar, y sobre el supuesto de nuestro habitual analfabetismo ético, se han dedicado sistemáticamente a eliminar arbitraria e ilegalmente a promesas demasiados atrayentes según ellos como Zury Ríos Sosa y a favorecer viejas herramientas de un pasado corrupto como Sandra Torre. 

Un carnaval al fin, al margen de todo calendario religioso, pues la cuaresma, por si no lo saben, ya terminó. Ahora el Poder Judicial de Guatemala nos obsequia los Carnavales para tontos útiles.

Y después nos preguntamos por qué estamos sin voz efectiva alguna.  

Condenados todos a enmudecer, dado esa cobardía anónima que se nos cuela desde muy adentro de la corriente del positivismo jurídico.  

Y en consecuencia de todo ello, tan solo cuatro magistrados de la Corte de Constitucionalidad, a saber Gloria Porras, Bonerge Mejía, Francisco de Mata Vela y José Mynor Par, han bastado para imponernos este descabellado proceso electoral a los veinte millones de guatemaltecos restantes. 

De esa manera nos suena hoy la auténtica “dictadura de los jueces”, a los que habría de añadírseles sus demás cómplices en otras Cortes: la Suprema de Justicia, el Tribunal Supremo Electoral y hasta el Registrador de Ciudadanos. El fino tapete político que nos tejió para todos la ineptitud inmoral que nos heredó Todd Robinson y su cuadrilla de la CICIG, así como otros movimientos sospechosos del verdadero capo de esa mafia jurídica: Barack Obama, con la servil anuencia de algunos de nuestros diputados y funcionarios, los de la UNE al frente. 

¿Nuestra democracia, amigos, para el resto del siglo XXI? Depende de que nos mostremos capaces de que nos mantengamos ahora virilmente de pie y vigilantes ante el Departamento de Estado, las Naciones Unidas o de supuestas comunidades internacionales, como el Foro de São  Paulo. Así me explico yo la varonil determinación de Estuardo Galdámez como también, las de un Isaac Farchi o de un Luis Velázquez, todos muy recomendables desde este ángulo.  

Y todo porque nuestro Ejecutivo democráticamente electo, dada la total ausencia en su persona de experiencia política previa, se ha mostrado ausente de la vida pública en reiterados momentos muy decisivos a lo largo de estos casi cuatro años, así como del Congreso veleidoso, que le ha permitido a la Corte de Constitucionalidad abusar incólume y casi a diario de sus pseudo atribuciones.

Podemos contar siempre, esos sí, con la sabiduría del adagio latino: historia magistra vitae. A la que se suma la advertencia de Jorge Santayana: Quienes no recuerdan los errores del pasado están condenados a repetirlo. Y por eso también estamos urgidos de recordar los tropiezos de nuestro pasado. 

El futuro, entonces, nos será noche o nos será día, dependientemente de que hayamos sabido aprovechar esas lecciones del pasado. 

Pues nunca ha habido peor ciego que el que no quiere ver…

YA VOTARON ELLOS; ENTONCES, ¿PARA QUÉ LOS DEMÁS?

YA VOTARON ELLOS; ENTONCES,

¿PARA QUÉ LOS DEMÁS?

 

Armando de la Torre

 

            Acabamos de sufrir una nueva bofetada del positivismo jurídico criollo vía la exclusión de los listados electorales de la persona de Zury Ríos por el supuesto delito, en opinión de cuatro magistrados de la Corte de Constitucionalidad contra otros tres, de haber nacido de padres que les son antipáticos. ¡Vaya estupidez de la jurisprudencia!

Lo que me trae a la memoria el aserto reiterado de F. A. von Hayek de que sin el positivismo jurídico nunca habríamos presenciado las abominables dictaduras totalitarias de Stalin, Hitler, Mao o Fidel Castro, que tras él se escudaron.

Y sin tal positivismo, añado yo, tampoco sufriríamos ahora de la dictadura de Gloria Porras y de su pequeña comparsa constituida por Bonerge Mejía y Francisco de Mata Vela, ambos, por cierto, ex decanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos.

Para colmo, solo nos queda por sufrir de nuevo la presencia autoritaria y muy corrupta y corruptora de Sandra Torres a la cabeza del Ejecutivo, cuando más bien podríamos progresar enormemente bajo una posible presidencia de Zury Ríos Sosa.

Por otra parte, ¡una inesperada e ingenua inauguración de la presencia decisiva de la mujer en la política electoral entre nosotros!

Lo cual, sea dicho de paso, fue y todavía me resulta comprensible aun cuando indigerible.

Porque cuando se le reconoció en esa gran Nación a la mujer el derecho al voto en 1920, tal estreno fue festejado con una muy precipitada decisión llamada posteriormente el “noble experimento”: la prohibición de la fabricación, venta y consumo de alcohol en cualquier forma. Y a tal ensayo contribuyó la mayoría decisiva de novatas sufragantes femeninas, que así se estrenaron en el uso de la poderosa herramienta política del voto popular.

Y a esa comprensible aunque ciega protesta de las mujeres le asistía una razón de mucho peso: pues ellas en cuanto esposas e hijas eran habitualmente las víctimas más inmediatas del alcoholismo masculino.

Pero aquel “noble experimento” resultó un fracaso. Porque el consumo de alcohol se expandió, aunque entonces en la clandestinidad, lo que condujo a que la monopólica oferta del mismo se redujera a unos cuantos de mafiosos violentos, siempre al margen de la ley. John Dillinger y Al Capone, por nombrar dos de los más conocidos, se hicieron símbolos y prototipos de todo ello.

Y así, trece años más tarde, el recién electo Presidente Franklin D. Roosevelt hubo de promover otra Enmienda constitucional en sentido contrario a la anterior que puso fin a la prohibición clandestina de la venta y consumo de alcohol y con ello al horroroso baño de sangre casi diario entre las diversas bandas mafiosas en competencia.

De regreso al estatus actual del sector justicia entre nosotros, habría de reconocerse que está a punto de exhalar su último suspiro de moribundo. Y, por lo tanto, que nos hallamos todos ante la realidad jurídica más precaria y desalentadora de que cualquiera en este país puede ser la víctima de cualesquiera togados insensatos.

¡Cuán peligroso a nuestro turno en cuanto sus mudos testigos!

            Aunque nos queda un rayuelo de esperanza: si la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le otorga a doña Zury el amparo sugerido por su candidato vicepresidencial, Roberto Molina Barreto, habrían de ser repetidas estas elecciones presidenciales aunque a un costo muy elevado.

            Por eso también tanto lamento la presencia de la CICIG entre nosotros. Su rastro ha sido y es catastrófico como era de esperar por cualquiera con dos dedos de frente.

A mis ojos, un retroceso monumental y oprobioso a la barbarie jurídica de la Alta Edad Media y en pleno siglo XXI.

Pues el derecho humano a elegir y ser electo ya ha sido consagrado como inalienable e irrenunciable en todas partes del mundo civilizado.

            Encima, por manos de analfabetas funcionales en el uso del castellano, que parecen no saber leer el sentido de frases tan sencillas como las del artículo 186 de la Constitución vigente, que en parte reza así:

Prohibiciones para optar a los cargos de Presidente o Vicepresidente de la República. No podrán optar al cargo de Presidente o Vicepresidente de la República: a. El caudillo ni los jefes de un golpe de Estado, revolución armada o movimiento similar, que haya alterado el orden constitucional, ni quienes como consecuencia de tales hechos asuman la Jefatura de Gobierno; b. La persona que ejerza la Presidencia o Vicepresidencia de la República cuando se haga la elección para dicho cargo, o que la hubiere ejercido durante cualquier tiempo dentro del período presidencial en que se celebren las elecciones; c. Los parientes dentro de cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad del Presidente o Vicepresidente de la República, cuando este último se encuentre ejerciendo la Presidencia, y los de las personas a que se refiere el inciso primero de este artículo.

 

            Cualquiera con un mínimo de conocimiento de la semántica y de la sintáctica castellanas entiende que esto resulta aplicable solo a los mayores de edad, y encima, solo durante el tiempo, y no más allá, en que el pariente de marras desempeñe el cargo de Presidente de la República.

Por eso, no hay que olvidar que para el golpe de Estado que habían organizado oficiales jóvenes del Ejército contra el gobierno de Lucas García para el 23 de marzo del 1982, y que posteriormente vía radio, hicieran un llamado público al General retirado Efraín Ríos Montt para que asumiera provisionalmente el cargo de Jefe del Estado, recuerdo que ninguno de los que hoy denigran vociferantes la figura del General, emitió protesta alguna o criticó en público el tal golpe. Todo lo contrario, las sonrisas de los ciudadanos en las calles resultaban unánime.

Y Zury, para aquel entonces, era una menor de edad de tan solo 13 años.

            Pero ahora un puñado de trastornados lingüísticos y jurídicos se arroga decidir que por tales eventos aquella niña queda para siempre privada del derecho humano universal de elegir y ser electa. Y con ella también todos aquellos ciudadanos que podrían haber optado votar por ella

            ¡Cuánto analfabeta engreído…!  

            Ese grupo de togados indignos de la rica herencia cultural de Rafael Landívar, de Mariano Gálvez o de Juan José Arévalo, o de tantos otros prohombres y mujeres que han honrado este suelo tales como más recientemente Arturo Herbruger, Alberto Herrarte, Elisa Molina de Stahl o, todavía hoy, Isabel Gutiérrez de Bosch, Marta Altolaguirre o Yolanda Cofiño, por mencionar a unas pocas egregias entre nosotros.

            Y así, estas próximas elecciones las han hecho moralmente del todo inválidas.

            Sin desmedro, por cierto, de Isaac Farchi, Luis Velázquez o Estuardo Galdámez, todos ellos entre los más promisorios.

            Porque el prevaricato obvio de los cuatro magistrados de la Corte de Constitucionalidad en contra de otros tres nos podrá salir bien caro a todos.

            “Cosas veredes, Sancho…”   

PENSANDO EN VOZ ALTA (IV)

PENSANDO EN VOZ ALTA (IV)

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”

             El dilema existencial para todo pensante de cualquier época como nos lo recordó tan bellamente Antonio Machado.

Y también para José Rubén Zamora, quien el pasado viernes 3 de mayo profirió un desgarrador grito con base a los múltiples sobresaltos de su vida pública y aun de su vida privada.

            Pero no creo que a estas alturas nos deberíamos dejar sorprender por semejante calvario, ni él ni el resto de nosotros todos.

Las certezas del ayer parecen haber sido recluidas en el pasado, y no en el presente. Es lo que otros más refinados han dado en calificar como “vacío existencial” de la humanidad contemporánea. Pues consecuentemente tanta angustia resultó la tónica dominante a lo largo del siglo XX entre los humanos pensantes.  

            Sin embargo, cada día se nos reitera esa angustia existencial, a veces en lo muy personal (Zamora) y a veces en lo colectivo (todos nosotros). Y esto último aparenta ser el sello del momento en nuestra querida Guatemala, léase a los ojos de una Lucía Escobar, un Raúl de la Horra, un Italo Antoniotti o de un Andrés Zepeda, por mencionar unos pocos de entres los colaboradores de este diario.  

            Encima estamos teóricamente en un año electoral. ¿Para elegir qué, a quiénes o para qué?…

            Todavía no lo podemos responder a ciencia cierta, por obra y gracia de nuestras confundidas y a pesar de ello tan engreídas autoridades electorales: el Registro de Ciudadanos, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Constitucionalidad, quienes arbitrariamente no nos permiten saberlo todavía con absoluta certeza, a poco más de un mes para la fecha de las elecciones.

Por tanto, avanzamos en algo y retrocedemos en lo demás. La confusión del momento incluso hasta fuera de Guatemala.

            Eso es todo, atribuible en buena parte a la irresponsabilidad de magistrados y autoridades electorales.

En último análisis, un crimen contra el civismo a esperar de toda sociedad civilizada.

Por eso, José Rubén, creo que tu grito no es solo tuyo ni siquiera el más oportuno. Hay muchos más todavía ahogados en los pechos de muchos hombres y mujeres de buena voluntad. Y me incluyo entre estos últimos.

Pero hemos de hacer camino entre todos, aunque la ignorancia de unos y la cobardía de otros nos lo hagan más incierto. Al fin y al cabo, así ha discurrido también el tiempo de las civilizaciones, obras enteramente humanas, pero hechas al andar…

Aquí querría introducir el tema que más me interesa de este momento: el de la responsabilidad cívica que nos compete a todos y a cada uno de hacernos respectivamente ese camino, muy en particular, por supuesto, el que corresponde a nuestras autoridades no menos supuestamente constitucionales.

Ese sentido de la obligación moral ciudadana parece estar ausente entre muchos de nosotros. Y así, por ello, la ley rara vez se respeta íntegramente.

El egoísmo de cada individuo ha acabado por imponerse respectivamente a los imperativos colectivos las más de las veces, por mucho que alardeemos y vociferemos de nuestra sensibilidad social.

Lo que en la práctica se ha reducido a no habernos hecho suficiente camino…

Empero, es nuestro deber ineludible si queremos justificar el reclamo a que se nos trate a cada uno de nosotros como “personas”.

Además creo, que con todo ello nos hemos mostrado, una y otra vez, salvo escasas excepciones, como flojos de carácter y, por la misma razón, ineficientes e insensibles a la hora de acudir y compartir al dolor ajeno. Por lo tanto, José Rubén, antes que “pelar” a otros pasemos por la peluquería que a cada uno nos corresponde, sobre todo si lo ensayamos anónimamente.  

Y así, en las cárceles han agonizado por meses, por años, y al compás de nuestra desidia colectiva, hombres y mujeres por ley constitucional supuestamente inocentes porque nunca han sido llevados a juicio ante juez competente ni vencidos en los mismos. La negación absoluta de una Estado de Derecho en la versión de la CICIG.

Y por eso mismo también creo que tres de nuestros cinco magistrados titulares de la Corte de Constitucionalidad una y otra vez se han mostrado más culpables que aquellos a los que han respectivamente señalados.

            Ahora, siquiera, hay más presencia voluntaria a puestos de elección pública que hace cuatro años. Pero, reitero, todavía a estas horas en vísperas de las elecciones, por obra y gracias de esas mismas autoridades electorales, no sabemos si se les permitirá a todos hacerse presentes en el proceso.

Monumental burla al electorado.

Y por eso de nuevo, otros cinco magistrados, esta vez los del Tribunal Supremo Electoral, arbitrariamente, y de acuerdo a sus cortos alcances intelectuales, también han diseminado impunes el caos de la incertidumbre entre todos los votantes.

En verdad, todos ellos criminales togados espero que sin saberlo, pero del todo manifiestamente incapaces de hacer conciencia y así organizar eficientemente esa expresión cívica de la voluntad popular a la hora de hacernos colectivamente camino…

También recuerdo desalentadoramente que el pretexto que una vez se adujo para justificar esa nefasta intervención extranjera de la CICIG en los asuntos soberanos de los guatemaltecos, fue el raquitismo en aquel momento hecho muy evidente del sector “justicia”. Y tras semejante ocurrencia de Edgar Gutiérrez y Eduardo Stein, ahora nos hallamos aún más imposibilitados para elegir limpiamente a nuestras autoridades nacionales.

¿Cuál Guatemala heredaremos al hacer camino entre todos a nuestros hijos y nietos?

La primera pregunta que me salta a la mente por tanto desaguisado electoral es esa obvia que haría cualquier observador: ¿en qué Universidad o institución académica hipotéticamente se formaron todas esas autoridades electorales? ¿Y una vez ahí, encomendados a la dirección erudita de cuáles catedráticos y jurisconsultos? ¿Y según cuáles doctrinas filosóficas fueron profesionalmente entrenados? ¿De acuerdo, por ejemplo, el derecho consuetudinario? ¿O según los cánones heredados del derecho natural? ¿O según la raquítica fuente de inspiración del positivismo jurídico tan nutrida de las miopes inteligencias y las corruptas prácticas de algunos “legisladores” del pasado?

  Ese no es el camino por el que hemos de empezar. Porque, no lo olvidemos, no hay camino, y por lo tanto, habremos de hacerlo al andar juntos con todos y por el bien de todos.

He ahí también la raíz de nuestro vació existencial del momento electoral presente. Porque nos hemos internado por un camino que no existe y que muy pocos saben que un día habremos de tomarnos la molestia de abrírnoslo de veras a machetazos al andar… 

PENSANDO EN VOZ ALTA (III)

PENSANDO EN VOZ ALTA (III)

 

Armando de la Torre

 

            Pese al desaliento de algunos de sus hijos, maravillosa Guatemala.

Y no me refiero exclusivamente a su espléndida y muy trillada primavera que, al menos en el Altiplano, nunca termina.

            Tampoco aludo a la belleza de sus paisajes ni a la amable dulzura de la mayoría de sus hijos.

            Menos aún a los inesperados destellos derivados del más puro sentido común, particularmente entre su población rural.

            Entonces, ¿en qué pongo el énfasis de lo maravilloso entre nosotros?

Nota bene, de nuestro presente, no de nuestro pasado. Y con ello me refiero a su constante crecimiento moral e intelectual de muchos de sus hijos, entre ellos aun los rezagados en el analfabetismo.

Porque esta Guatemala de hoy se me antoja como radicalmente diferente a la de aquel ayer, esto es, del diciembre de 1965 cuando por primera vez puse el pie en esta tierra de prisa y como un turista más.

            Nuestro futuro próximo en cuanto colectividad nacional es muy promisorio. Y lo afirmo ahora, muy consciente del amordazado evento electoral de este momento: un proceso por demás asfixiado por las mismas autoridades judiciales que deberían servirle de sus incondicionales garantes.

            Encuentro que la sensibilidad generalizada ante lo público se muestra también cada vez más extendida y mejor informada. Como prueba de ello permítaseme aludir algunos ejemplos para mí muy notables:

El de la candidata Zury Ríos Sosa, hostigada desalentadoramente desde cualquier rincón de cualquier peladero y que, sin embargo, de la mano de un inminente constitucionalista, Roberto Molina Barreto, se mantiene incólume y segura de sí. Algunos maliciosamente creen leer en mi admiración la belleza corporal de tan brillante mujer. Para mí, un adorno más. Pero su inteligencia, su educación amplia y comprobada, su osadía casi diría de lo más varonil, su sensibilidad por lo social también de lo más femenino, sus habilidades de oratoria y convencimiento, y su trayectoria tenaz única durante quince años de lides políticas, la hacen a mis ojos una heroína como no creo se haya dado antes en nuestro hemisferio.

También me alientan otras magníficas alternativas electorales en las personas de Luis Velázquez y de su compañero de fórmula Arturo Soto o, no menos, esa otra gran sorpresa, la más original de todas, en las personas de Isaac Farchi y de Ricardo Flores Asturias, hombres por demás intachables y transparentes.

Paralelo a todos ellos, las demás agrupaciones políticas en su mayoría también se han esforzado por promover objetivos y planes a nivel nacional más sensatos y asequibles que las que nos tienen acostumbrados desde las demás contiendas electorales del pasado.

Por supuesto, sin menoscabar el bochorno que para la dignidad de todos los guatemaltecos ha entrañado la figura de Mario Estrada, no menos como la de hace unos años de Alfonso Portillo. Pero aun esto último tiene para mí algo de positivo: no olvido el corto discurso en el Aeropuerto de La Aurora de ese ex Presidente de la República, de regreso de la prisión por unos meses en los Estados Unidos: breve, sincero, digno y de veras honesto.

No menos me ha sorprendido agradablemente el tono sereno de hombre maduro y equilibrado, como era de esperarse, del distinguido sociólogo Manuel Villacorta y de la agrupación política “WINAQ” que lo ha postulado junto a la dirigente populista Liliana Hernández.

Luego avanzamos, a pesar de lo sofocante de las autoridades electorales.

En este ambiente tan competitivo, quisiera que también nosotros nos esforzáramos por ser más consecuentes con nuestras manifestaciones del momento y mantenernos a la misma altura cívica de esos candidatos ya mencionados y de otros más como el doctor Alejandro Giamattei, Edmond Mulet, Estuardo Galdámez por mencionar algunos más de los que creo punteros.

Si maldecimos a los corruptos, que no excluyamos tampoco a los potenciales entre nosotros mismos, y por otra parte bendigamos a quienes por lo menos hacen el esfuerzo por mantenerse limpios. Asimismos, si proclamamos altaneramente nuestra lucha indefectible contra la ignorancia de los más, obliguémonos por lo menos a explorar la sensatez de cualquier propuesta. Por otra parte, si afirmamos nuestra solidaridad con los más pobres y los más sufridos, y nuestros reclamos legítimos hacia los más exitosos, que eso se note, por ejemplo, en un renovado propósito de pagar puntualmente nuestros impuestos, empezando por el del IVA. Así acompañaremos nuestras palabras con una reducción visible de la informalidad en nuestra economía.  

Tropiezo, lo reitero, cada día con mayor número de personas inteligentes y preparadas en Guatemala. También menos interés por “peladeros” y mucha más hambre de información comprobada y explícita, incluidos siempre los nombres y apellidos de cada uno de sus autores.

Además, el entorno internacional parece sernos todavía favorable por unos años más. Trump está seguro de su reelección y, a la inversa, Maduro, Ortega y Raúl Castro, más inseguros y desprestigiados en sus respectivas poltronas robadas.

Hay otras sombras y anuncios de tormenta.

Pero en último término, cada día tenemos mucho más claro que la presencia de Dios entre nosotros nos asegura un futuro mejor.

¡Adelante, guatemaltecos, pues ya habéis madurado como otras naciones-Estado en este globo terráqueo de tantos logros y retrocesos! Por eso, mi visión sobre el futuro de los residentes en estos ciento diez mil kilómetros cuadrados es más sólida que nunca.

PENSANDO EN VOZ ALTA…

PENSANDO EN VOZ ALTA…

 

Armando de la Torre

 

            Durante una casi ya asfixiada y muy corta campaña electoral en Guatemala, me permito hacer un pequeño aporte heterodoxo pero al mismo tiempo desinteresado.

            Hay puntos de vistas de particular importancia que siempre he querido ver debatidos a nivel nacional y que rara vez lo han sido públicamente. Haciendo uso de mi derecho humano, que no político, a la libre expresión, me permito hoy excepcionalmente someter al escrutinio público algunas ideas no muy populares entre los aficionados a todo lo colectivo:

1.      Que se privatice el subsuelo del entero país.

Para algunos, pienso, esto les podría sonar a blasfemia social; para mí, en cambio, el equivalente a un espléndido salto liberador. Porque lo que predomina hoy en nuestras repúblicas iberoamericanas al respecto lo creo más bien un atraso propio de nuestro simplismo político. Me explico:

Ese monopolio del subsuelo por el Estado lo entiendo como un anacronismo que heredaron nuestros forjadores de repúblicas independientes al sur y al oeste del rio Misisipi hasta el estrecho de Magallanes, resultante de la codicia imperial de los Habsburgos de los siglos XVI y XVII. Pues les interesaba sobremanera a aquellos poderosos colonialistas de entonces la plata y el oro del subsuelo americano, como también hubo de ocurrir más tarde, en plena Belle Époque, con los colonialistas belgas del África bajo Leopoldo II, hambrientos no menos de la enorme riqueza que de pronto supuso la invención del caucho para las fértiles selvas del río Congo. O como había ocurrido también ya en el siglo XVIII con los ingleses y su conocido monopolio forzado del té cosechado en la India y en Ceylán.  

Pero los efectos sociales de esos gigantescos saqueos colonialistas no pudieron ser a la larga peores: la esclavitud de sus pobladores, los despojos crueles y arbitrarios en masa, tortura y mutilaciones hasta de menores de edad y violaciones en proporciones dantescas a los derechos humanos de todo nativo.  

Algo semejante pero en proporciones menos extremas y odiosas, hubo de ocurrir entre nosotros durante los primeros tres siglos de la colonización ibérica en América, resultado de las enfermedades y epidemias que nos trajeron los conquistadores y para lo que las poblaciones indígenas de nuestro tiempo no estaban en lo absoluto preparadas. Todo esto, también, al mismo tiempo, la raíz de nuestro subdesarrollo en el continente al que se ha dado en llamar más recientemente “el continente de la esperanza”.

Y así cada una de nuestras oligarquías nacionales también se ha beneficiado ávidamente por turnos de ese antojo imperial sobre el subsuelo. Más aún, hasta entre ellos creo reconocer esos pseudo revolucionarios del “socialismo del siglo XXI”. Por ejemplo, ese que al momento presente devasta a Venezuela, o el mismo que ya había arruinado a la próspera Cuba medio siglo antes.              

De ahí se sigue que lo más apropiado sería que cada gobierno dependa exclusivamente de los aportes de sus contribuyentes, y no al revés: que los ciudadanos dependan por entero de los aportes del gobierno.

Porque la común premisa de todos estos últimos es aquel mismo del Mussolini nacional socialista: “Todo dentro del Estado; nada fuera del Estado”, la perfecta receta para toda dictadura totalitaria del siglo XX.  

Y de tal manera no se ha dado despotismo alguno a lo largo de la historia de nuestra América latina que no se haya erigido sin su dominio exclusivo del subsuelo, en particular en aquellas áreas semidesérticas poco propicias a la agricultura como en el Perú, Chile, Bolivia o el norte de México, incluida también toda esa franja que fue hispana hasta 1836: California, Texas, Arizona y Nuevo México.  

Y así todos nuestros gobiernos civiles o militares se han aprovechado del monopolio del subsuelo: del níquel cubano, del cobre chileno, del oro del Perú, de la plata y el estaño bolivianos, del petróleo venezolano, del carbón brasileño o del hierro argentino. Todo ello, el verdadero tesoro escondido de tantos dictadores militares o de tantos déspotas civiles, ya fueren conceptualizados  ideológicamente de la “derecha” o de la “izquierda”. Ese es precisamente el modelo que creo nos urge sobremanera romper para siempre.

Porque el resultado inevitable es que los gobernantes, a través del control del subsuelo, se independizan de los impuestos de sus contribuyentes apoyados en la riquezas mucho mayores del subsuelo que ellos han tenido la astucia de monopolizar.

2. Tampoco creo que jamás se deberían aprobar por el Congreso presupuestos anuales deficitarios, salvo en las muy raras ocasiones de catástrofes naturales muy cuantiosas. Porque con tal déficit se contribuye decisivamente al incremento de la deuda externa per cápita de cada nación-Estado, que a su turno termina por tornarse en una deuda impagable y en una amenaza permanente de extorsión por parte de cualquier acreedor poderoso. O como lo supo formular entre nosotros en una ocasión Juan José Arévalo: “Me rehúso a recibir ayuda económica del extranjero porque con una mano la recibo y con la otra entrego nuestra soberanía”.

3. Encima, creo que se debería suprimir de una vez por todas el oneroso impuesto sobre la renta, introducido entre nosotros bajo el gobierno de Peralta Azurdia y por presiones del Departamento de Estado de los Estados Unidos, y que en verdad solo aporta escasamente un 18% para el gasto público, pero que desalienta en proporciones mucho mayores las inversiones privadas generadoras de más empleo y riqueza para todos los guatemaltecos.

4. Estimular la creación por parte de padres de familia de centros educativos privados de los niveles desde el preescolar hasta el posuniversitario. Porque está visto que solo en el sector privado los padres de familia pueden retener una voz determinante, y no los burócratas del Estado o esos sindicalistas corruptos y haraganes hambrientos de poder político y de incrementos salariales. Al fin y al cabo, a los padres de familia habría de reconocérseles la prioridad de las decisiones últimas sobre la educación de sus propios hijos.

5. Suprimir los aranceles y abrir de par en par las puertas a la libre competencia del mercado internacional, aunque todos nuestros demás socios comerciales no lo hagan. Ya sé que ante esta propuesta pondrán el grito en el cielo todos los que históricamente se han parapetado tras las aduanas para poder lucrar al menor esfuerzo y con el menor número de competidores posibles. La raíz de esa propensión proteccionista tan execrable como oligárquica.

6. Llevar a cabo las reformas a la Constitución propuestas en el 2009 con el apoyo por escrito de setenta y tres mil ciudadanos y que el pleno del Congreso, en abierta violación a la Constitución vigente, se negó a discutir.

Ellas incluían, entre otras muchas propuestas sensatas, la de la revocatoria de cualquier funcionario público, incluido hasta el Presidente de la República, tras dos años en el ejercicio de sus funciones, y un sistema bicameral constituido por un Senado y una Cámara Legislativa. El Senado principalmente tendría la responsabilidad de oficializar normas del Derecho Privado, así como la designación de magistrados para las Cortes y el nombramiento de nuestros representantes en el exterior. En tanto que la Cámara de diputados se ocuparía preeminentemente de las normas de Derecho Público incluidas las de la aprobación exclusiva del Presupuesto Nacional.

Pero se me acabó por hoy el espacio. Todavía una exhortación última: Sapere Aude“atrévete a saber”…

Continuará

“CANELA”: OTRO PROSPECTO PROMISORIO

“CANELA”: OTRO PROSPECTO PROMISORIO

 

Armando de la Torre

 

(Nota bene: Después de concluido este artículo de opinión, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia unánimemente reconocieron el derecho que asiste a la licenciada Zury Ríos Sosa a ser electa Presidente de la República. Felicito a esos magistrados por su apego al Derecho).

             Roberto González Díaz Durán, alias “Canela”, es también otra de las opciones posibles que nos urgen elegir para las próximas elecciones generales en un marco que después del de la presidencia más habría de interesarnos: el del entorno municipal de los capitalinos.

            Conozco a Roberto y a su encantadora esposa Mónica desde sus días de estudiantes universitarios y les he seguido la pista más o menos de lejos desde entonces.

Una pareja ejemplar de amor y fidelidad mutuos en ese torbellino incesante de las decisiones municipales al que se reduce localmente nuestra vida pública a nivel capitalino.

Porque la sociología urbana me ha resultado siempre un tema, por otra parte, de mi peculiar interés, tanto a nivel intelectual como personal.

            Roberto se ha mostrado un inquieto renovador de nuestra vida comunitaria. Por otra parte, he compartido en todos los muy diversos lugares en que me he asentado a lo largo de los años esa misma preocupación realista suya que he aprendido de los mejores cívicamente pensantes y profesionalmente preparados. En este punto he de hacer del conocimiento de todos que mi mejor guía la ha constituido el conjunto de magníficos análisis publicados por la Universidad de Chicago durante el siglo XX.

Esta ciudad hoy por hoy ya ha superado con creces sus límites demográficos y políticos del siglo XIX para erigirse a nivel centroamericano en su más pujante y espléndida metrópoli. Por eso la entiendo como una concentración metropolitana que hoy abarca territorialmente casi el entero Departamento del mismo nombre.

Más en concreto, la visualizo hoy abarcando de San Lucas a Palencia y desde Amatitlán a San Pedro Ayampuc. O sea ya como una conurbación de unos seis a siete millones de habitantes, algo caótica e injustificadamente relegada a prioridad poco urgente por las autoridades nacionales.

            Ni cuenta con las aportaciones imprescindibles ni la planificación efectiva al largo plazo para este su nuevo papel de gran capital de facto de la entera Centroamérica.

            Hace unos treinta años un honorable concejal de la misma municipalidad y bajo el liderazgo entonces de Abundio Maldonado, don Roberto Stein, presentó al Congreso un proyecto de “Distrito Central” que, a mi juicio, se acercaba bastante a lo que se hubiese requerido como respuesta urbanística a las realidades de ese momento. Pero tropezó con el habitual obstáculo de las diversas bancadas del Congreso de aquel entonces y también con los egoísmos raquíticos de las varias autoridades municipales del Departamento central guatemalteco.

            Aunque un gran amigo mío, ingeniero de impecable profesionalismo, me adjunta anticipadamente este comentario:

“Considero que la infraestructura faltante y la que hay que rehacer, está así, precisamente por esperar que la hagan las Munis. Las Munis, incluida la de la Capital, no tienen la capacidad técnica de hacerla respetando las normas de construcción internacionales y de ahí, buena parte de sus deficiencias. Por poner un simple ejemplo, las señales de tránsito no son internacionales, esas marañas de cables y postes son hasta prohibidos en otros países y así sucesivamente. El país en general y las Munis en particular, son un buen objetivo de infraestructuras de saneamiento, viabilidad, agua potable, etc. También por poner un ejemplo, no hay una sola planta de tratamiento de drenajes municipal…ni embalses de regulación de aguas de lluvia y estamos rodeados de barrancos…

¿No será que es hora de que sea el sector privado el inversor en dichas obras de infraestructura? …Pues las inversiones del sector privado en otros servicios no solo se han hecho en el tiempo que su demanda requiere, sino que se han hecho sin constituir un solo centavo de deuda nacional, ni se han creado impuestos o aumentado algunos para cubrir sus costos.

A mí me parece que solo el desarrollar los mecanismos para evitar el robo y el desvío de fondos municipales es una tarea más compleja que construir la infraestructura por medio del sector privado. Por supuesto que habrá que pagar por los servicios y beneficios de tal infraestructura, pero ese pago también se hará y con creces con la construcción con fondos asignados a las Munis.

Recordemos que pedir cosas de gratis es pedir más impuestos…”

            Empero, aún reconozco que los logros urbanísticos de las últimas décadas han superado con creces mis expectativas de hace medio siglo. Muy en especial la belleza forestal encerrada en sus parques y avenidas que nos legara en su momento el recordado Alcalde Metropolitano Álvaro Arzú.

            Todo como confirmación exultante de que esta ciudad ha podido contar con arquitectos e ingenieros magníficos egresados de las diversas universidades del país o del extranjero. Y así, nuestro perfil urbano hoy es imponente como ningún otro de Bogotá a Ciudad de México.

            A mi juicio, además, el reto prioritario para Roberto si llegase a ser nuestro Alcalde es el creciente problema de la escasez de agua. La napa freática ya no alcanza para mucho más, como ocurre también en otras urbes gloriosas como Roma o Madrid. Por eso, además, nos urge inevitablemente una colaboración amistosa y eficiente entre la cabeza del Poder Ejecutivo y la del poder municipal, como, por ejemplo, ocurrió en tiempos del Presidente Ubico para traer a esta capital las aguas del rio Teocinte.

Y el otro, no menos muy urgente, el del caótico tránsito vehicular. Pare esto me permitiría sugerirle el ejemplo de un segundo anillo periférico parecido al puesto en funcionamiento en Santiago de Chile hace menos de seis años. Y que por suerte, para tan ambiciosa meta, hasta contaríamos ya con el ingeniero planificador apropiado: don Fritz García Galón.

Una tercera y de no menos prioritaria urgencia es el de la recogida y reciclaje de los desechos urbanos, proyecto que inclusive podría ampliarse a todo el territorio nacional, como lo hace desde hace años el inmenso Brasil que ha concentrado ese esfuerzo a nivel nacional con el oportuno reciclaje de los mismos en un solo punto: la ciudad de São Paulo.

Añadida a estas prioridades, sugeriría, pero siempre con el apoyo del gobierno central, una revisión integral del estado del sistema subterráneo de cloacas y tuberías de la ciudad capital, del cual recuerdo que se preocupó de manera muy en particular el Alcalde Miguel Ángel Lee a principio de la década de los ochentas.

También esto urge, no menos que un nuevo plan ordenador de nuestro desarrollo urbano.

Por último, yo me permitiría aconsejarle a “Canela” un esfuerzo adicional para revisar el apoyo financiero a la municipalidad así de crecida y discutirlo con los poderes Legislativo y Ejecutivo del país, pues aislada los recursos económicos de esta urbe son muy insuficientes para hacerle frente a tantos desafíos, incluido el de un posible soterramiento de todos los cables transmisores de energía eléctrica.

Un sistema rápido de trenes eléctricos, subterráneo o aéreo, un traslado del Aeropuerto Internacional hacia la Costa Sur, más pasos a desnivel y la ecología urbana son otros tantos desafíos prioritarios que esperan por “Canela” o por cualquiera de sus contendientes.

Queda mucho que sugerir pero se me acabó el espacio.

PREVER ES ENTENDER

PREVER ES ENTENDER

 

Armando de la Torre

 

            Me pregunto como todo adulto por qué cometemos los mismos errores una y otra vez, solos o acompañados, más jóvenes o más viejos, hombres y mujeres, anteayer y casi seguramente también pasado mañana.

            No tiendo a ser pesimista ni quejumbroso; todo lo contrario, y precisamente por esto último me hago tales preguntas.

            La primera respuesta me la ofrece un pensador español enraizado en la cultura norteamericana George Santayana (1863-1952), quien afirmó en su gran obra “La vida de la razón” (1905): “quienes no puede recordar el pasado están condenados a repetirlo”.

¡Qué gran verdad!

Nos confirma que el saber no es optativo sino imperativo para nuestra supervivencia. Esto se nos hace obvio a diario por insignificante que sea en nosotros el hábito de reflexionar. De ahí, por ejemplo, lo justificado de toda preocupación por la educación de nuestros niños.

O de también la importancia de conocer los hechos reales de las experiencias individuales o colectivas, las nuestras y las de otros, lo mejor posible. Es esta, precisamente, la función de los medios escritos en cuanto no se reducen a un vulgar peladero permanente.

La visión a corto plazo es, lamentable y crecientemente, la obsesión empobrecedora de nuestros días. Y así también se han sucedido la catástrofes morales y sociales desde aquel “siglo de las luces” que ha tantos ilusionó como el ambiente ideal para acceder a la verdad objetiva y constatable. Encima, con la pretensión de liberarnos de todo dogma y de toda autoridad que se pretendiera absoluta. Ya han pasado tres siglos y algo hemos progresado pero al precio de algunos retrocesos como los ensayos reiterados de utopías socialistas. 

Ya estamos, pues, en el siglo XXI, y los personajes que todavía reclaman en exceso nuestra atención son, empero, por aquí la América volcánica, los Castro, Chávez, Maduro u Ortega, mientras que en la Europa decadente o en la Norteamérica que empieza a decaer la atención mayoritaria se centra en una angustiada y poco efectiva Theresa May, o en un inexperto y desorientado Emmanuel Macron o, inclusive en esos chistes políticos de nombre Hillary Clinton y Alexandria Ocasio-Cortez. Por no mencionar esas otras celebridades de siempre autoritarias que aun asesinan impunemente en Rusia, China o en la Corea del Norte. Y, por eso mismo, como dicen los francesesdejàvu

También a esa luz, ¿cuánto, de veras, hemos aprendido?  

Yo creo, que a pesar de todo, mucho, siempre y cuando impere nuestra conquista más preciosa, el Estado de Derecho, es decir, el respeto universal a leyes no menos por igual concordantes con lo racional de nuestra naturaleza humana.

Porque dura lexcomo se ha concluido tantas veces, sed lex.

Por eso también puedo afirmar que es otra manera de evocar entre las masas medio adormiladas el más elemental sentido común.

Siguiendo, pues, al maestro Santayana, diría que lamentablemente no somos muchos los que de veras queremos conocer y reflexionar sobre los hechos del presente y del pasado.

Y si todo esto cuestionas, entonces quedas invitado a recrearte con exclusividad en el Hollywood de hoy y de siempre.

Sin embargo, también creo al estilo de Umberto Eco que el número de las reflexiones sabias derivadas de la experiencia se encuentra ahora en un apreciable aumento, aunque todavía se haya hecho poco visible en nuestros sistemas de educación y de gobierno para nuestros más jóvenes, pero que eventualmente podemos esperar que algunas vez sea vivenciado para las grandes mayorías.

Y así entendida la cuestión, qué significa, entonces, “prever”.

Lo de siempre: ver por anticipado lo que todos eventualmente habríamos de experimentar en nuestras propias vidas personales y en las ajenas, y tomar las medidas que creemos más adecuadas para traducirlos a algo mejor. Esta es para mí la gloria y la corona de nuestra condición de agentes voluntarios de lo humano; inclusive, lo que nos constituye en “personas”, lo único a partir de lo cual podemos esperar, progresar, innovar, crecer y realizarnos más como lo propio de lo humano.  

No hay otra manera para nuestra privilegiada eminencia en el entero cosmos que esa capacidad tan poco recordada de configurar nuestro futuro de acuerdo a lo que realmente habremos de enfrentar.

Es precisamente lo que nos constituye en personas. Casi añadiría que lo que nos hace sentirnos inevitablemente vocados a la inmortalidad.       

Aprovecho para recordar de nuevo que los programas hoy llamados de “Seguridad Social” fueron acertadamente llamados en su inicio de previsión social para los individuos, en cuanto un homenaje implícito a nuestro concepto de “persona”. Aunque la competencia partidista por los votos de las masas reemplazó durante los tiempos de la Gran Depresión económica de los años treinta del pasado siglo el término de “previsión” por el muy mentiroso de la “seguridad” social. Y así seguimos, olvidadizos según Santayana, de aquel otro embuste histórico de hace unos dos milenios de otra “seguridad”, la de “pan y circo”, que dio al traste definitivo a los otros magníficos logros de la República de Roma.

Y así, la falacia más sensible que podemos identificar en la amnesia colectiva de nuestros días es el de creernos seguros en algo para nuestro provenir.

Pero “la vida del hombre sobre la tierra ha de ser una permanente lucha” nos advirtió el Eclesiastés hace casi tres mil.

Porque no hay otra “seguridad” que podemos tener de todo lo meramente terrenal que la del cementerio.

Por lo tanto, en su ausencia no podemos contar con más que nuestra capacidad de anticiparnos prudentemente a los riesgos y desafíos del futuro, como nos lo ha confirmado la experiencia muy dolorosa y humillante conocida entre nosotros por “CICIG”, total ausencia de una previsión social sensata.

Esto lo entiendo como un llamado de atención oportuno al inicio de un nuevo año. Sobre todo, si además se tiene en cuenta la magnitud de otros eventos que según la ciencia de la astrofísica  nos puede ocurrir, un choque orbital con el cuerpo del satélite “Skórpios” para el año 2029 o, para un poco más adelante el tan pregonado “calentamiento global” o también, el no menor fracaso del control racional de las armas nucleares.

Prever, es decir, anticipar, es lo único que se puede esperar entre nosotros para sobrevivir por un milenio más.

A nuestro alcance, si nos mantenemos conscientes tanto de nuestras equivocaciones como de nuestros actos de maldad voluntaria en el pasado.

Recordémosla siempre, a propósito de este comienzo de año-calendario, aquella intuición genial de Santayana.  

LA YA IMPRESCINDIBLE PAUSA NAVIDEÑA

LA YA IMPRESCINDIBLE PAUSA NAVIDEÑA

 

Armando de la Torre

 

            Nos ha llegado el tiempo de Adviento de acuerdo al calendario litúrgico, la obligada pausa previa a la de la Navidad.

Nos resulta un bienvenido respiro al trajín de todo el año, durante el que algunos días logramos desplazar lo urgente para detenernos en la contemplación de lo importante.

            Al cabo de dos mil años de reiterarlo, se nos ha hecho hoy casi tan automático e imprescindible como la respiración. Pues son unos días únicos en los que tantos afanes por sobrevivir entre los que siempre nos hallamos inmersos se nos evaporan y nos permiten arribar a un claro remanso de intimidad con Dios y con nuestros seres más queridos.

            O dicho de otra manera, se nos ha vuelto inconscientemente alimento anual del que no podemos prescindir y sin el que tampoco podemos intercambiar planes y esperanzas eminentemente humanas.

Es más, el misterio de la Navidad se nos ha comprobado como otra fuente ideal de cada vez mejores iniciativas y a nivel planetario, tales como la abolición de la esclavitud, el rechazo popular a las guerras, la suavización de la lucha de clases, la multiplicación de los planes de seguridad social e individual y los avances gigantescos de las ciencias así como de la beneficencia, tanto la pública como la privada, todo lo cual ha llevado que al final se nos haya casi triplicado la esperanza media de vida y la población mundial por ahora exponencialmente expandida hasta ocho mil millones de seres humanos. 

            Y mucho de todo lo cual también se haya contagiado al resto del mundo todavía por cristianizar, como la India, la China, el Japón, Corea y hasta por algunos rincones monoteístas islámicos. 

            Pero siempre al precio de esa advertencia del evangelista Lucas: “Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida…” (Lc. 21:34).

Cosas que encima, para algunos que se las dan de muy modernos –y que en realidad son muy superficiales–, pertenece al mundo de los cavernarios… Porque como asimismo nos lo sugirió el texto del otro evangelista por nombre Mateo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; (Mt. 11:29).

            Qué demás sublime e íntimo a un tiempo puede disfrutar el hombre en este “el valle de lágrimas” como a su turno también lo aludiera esa otra preciosa oración medieval de la Salve que de niño yo cantaba en un coro:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra. 

Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre…

Amén

 

            Incluso ya nos lo había prometido siete siglo antes del mismo Cristo otro apasionado por la verdad y la justicia de nombre Jeremías: “Mirad que días vienen –oráculo de Yahveh– en que confirmaré la buena palabra que dije a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella sazón haré brotar para David un Germen justo, y practicará el derecho y la justicia en la tierra. En aquellos días estará a salvo Judá, y Jerusalén vivirá en seguro. Y así se la llamará: «Yahveh, justicia nuestra.»” (Jeremías 33:14-16).

¡Qué imprevisto alivio! ¡Cuán “dulce júbilo”!, también como así nos lo dulcificara un precioso motete medieval que alternaba el latín y el alemán y retocado mucho más tarde por nadie menos que Juan Sebastián Bach:

Con dulce júbilo
Ahora cantad y alegraos

Miel para nuestros corazones
Descansa en el pesebre
y brilla como el sol

en el regazo de la madre

Nuestro Alfa y Omega…

 

            ¡Cuán consolador todo esto para la felicidad no menos de otros! Porque se ha cumplido la promesa de Isaías: “Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.” (Isaías 51:3).

            Aunque desdibujada en aquel entonces entre las sombras de la cueva de Belén ya se hubiese asomado ominosamente en la pared alguna figura en forma de cruz…

            Pero el gozo tampoco se agota en todo lo dicho, porque se ha constituido, encima, prenuncio de otro muchísimo más trascendente y duradero: el que nos acompañará por toda una eternidad aunque derivado de esa misteriosa sombra en forma de cruz.

            O como mucho más bellamente lo expresara aquel que sus contemporáneos llamaron “el monstruo de la naturaleza”, Lope de Vega:

Yo vengo de ver, Antón,
un niño en pobrezas tales,
que le di para pañales
las telas del corazón.

 

            ¡Oh Navidad, siempre nueva y siempre la misma hasta el inevitable final!

 

             Y aunque por el neopaganismo de nuestros días seamos contagiados por la ceguera interior de nuestras almas que solo alcanzan a entrever tales pináculos de la Fe revelada, el Bien siempre termina por triunfar sobre todo mal, como nos lo recuerdan año con año las lágrimas de Pedro y la desesperación de Judas. O como más definitivamente nos lo sugirió  Pablo, el apóstol, en su carta a los romanos: “No te des por vencido de lo malo, sino vence siempre con el Bien al Mal.” (Rom. 12:21)

            ¡Aleluya!