Castresana.  Se fue.  ¿Cantar glorias?  Para qué, no era contra el hombre de forma personal.  Era contra lo que él muy bien ilustró, de muchas maneras, al rematar contra Guatemala de salida, problema que sigue muy vivo en nuestra sociedad, a pesar de tres años de su presencia.  Dijo que si los guatemaltecos hubieramos cooperado, las cosas le hubieran ido mejor.  Pues, ¡¡¡da-ah!!!  (Expresión vulgar estadounidense que significa algo como, pf, ni modo; ¿no me digás? eso sí que es obvio; elemental, mi querido Watson.)  Si los guatemaltecos supieramos cooperar, no lo necesitaríamos ni a él, ni a la CICIG. 
 
¿Cooperación?  Igual que Castresana, demasiados guatemaltecos ni siquiera respetan la relación con su pareja ¿por qué esperan cooperación en relaciones de mayor envergadura?  Ese es el núcleo de nuestro problema.  No sabemos lo que implica la cooperación; en Guatemala, dependemos de la coacción, de la fuerza, de la impunidad, de la inmunidad, del engaño, la manipulación, la mentira.  Aquí, en general, no se conoce el concepto de la fidelidad, la sinceridad, el compromiso; no cumple quién no tiene ganas, la palabra dada es “interina,” se dice “sí” con una sonrisa y el joder da mucha risa. 
 
La cooperación, toda relación, requiere de confianza y no puede haber confianza sin fidelidad, sin sinceridad, sin compromiso, aunque signifique una pérdida o perjuicio en el corto plazo.  Se requiere de fe y de cierto altruismo, benevolencia hacia los demás.  Pero si no se tiene fe ni benevolencia ni siquiera con la pareja ¿cómo va a haber en el resto de la sociedad, en relaciones que no tienen la trascendencia o intimidad que tiene el núcleo familiar?  Cuando la base de la sociedad está carcomida por la mentira, el engaño, o ¿peor? la violencia ¿cómo se espera que funcione bien el resto de la sociedad o que la persona que así maneja sus relaciones personales, íntimas, le sea más fiel a personas que poco o jamás ha conocido, como lo son los ciudadanos que depositan su confianza en funcionarios públicos? 
 
Estamos donde estamos porque somos una nación dividida, hostil, que está mirando como jode a sus enemigos en vez de buscar la reparación de relaciones que cualquier sociedad, por pequeña que sea, requiere.  Mil Ghandis, mil madres Teresa, mil Elliot Nesses, mil Sherlock Holmes no pueden resolver nuestros problemas, que son problemas de carácter, de fidelidad, de fidedignidad, de ingenuidad y de cobardía.  Tenemos que ser fieles y fidedignos, pero no suponer que los demás lo son y exigir que nuestras relaciones sean fieles y fidedignas, dignas de fe, de confianza y eso requiere de valor.  Valor para arriesgar la incomodidad, un rato de miseria, la muerte.  Al cobarde siempre se le puede acorralar, atrapar, esclavizar y, al final, también matar y todo lo que el cobarde huye en la libertad, encontrará cuando la seguridad lo tenga bien amarrado y sin lugar a donde correr. 
 
La cooperación implica riesgo personal, no autoritarismo.  Gracias Carlos Castresana por intentar corregir, desde vuestras alturas olímpicas, nuestros males de mortales, pero ahora no podremos culpar a nadie más que a nosotros mismos de nuestros problemas, y talvez, si logramos erradicar el mal en nuestros propios corazones, podremos volar a alturas mayores de lo que nuestras pequeñas imaginaciones se han atrevido a soñar. 
 
Karen Ness

 

 

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