La Huida hacia adelante de Iván

LA “HUIDA HACIA ADELANTE” DE IVÁN

 

Armando de la Torre

 

            Como Nabucodonosor en su tiempo, también Iván en estos nuestros sabe leer los signos misteriosos en la pared.

            Pero a diferencia de aquel, huye despavorido hacia adelante, no hacia atrás, y así arremete contra Álvaro Colom y su Gabinete de Gobierno (aunque Sandra excluida), precisamente por saber leer los signos ominosos en una pared.  

¿Qué leyó, pues?        

Su cada vez más cercana caída junto a su babilónica CICIG.  

Porque tales misteriosos signos le recuerdan que Barack Obama y Hilary Clinton ya no gobiernan en Washington sino Donald Trump. Y que su diabólico paracaídas, el escurridizo Todd Robinson, suda y gimotea en Caracas rebajado a mero Encargado de Negocios ante el neurótico y grosero antiyankee Nicolas Maduro. Que su otro paracaídas de relevo, Thomas Shannon, ha sido retirado del Departamento de Estado. Y que Jimmy Morales acaba de regresar feliz y triunfante después de haber sido excepcionalmente bien acogido y agasajado en público en Washington D.C. por nadie menos que el mismísimo Trump a cuenta de su  gesto de trasladar la Embajada guatemalteca de Tel-Aviv a Jerusalén. Que el escepticismo europeo sobre la CICIG empieza a filtrarse hasta el gobierno de Angela Merkel, y en la misma proporción sus fondos en dinero sonante y constante se tambalean.

¿Y qué? Pues que los cimientos para su insolente prepotencia que lo lleva a inmiscuirse una y otra vez en los asuntos internos de Guatemala que en absoluto le competen, no se hundido hallado aquí sino muy lejos de estas costas, por ejemplo, en Washington D.C., o en Nueva York, o en Bruselas.

Y también de este lado de la ecuación en un grupúsculo de políticos en puestos claves de la USAC o del sector justicia como Edgar Gutiérrez, Gloria Porras o, en agrupaciones políticas desprestigiadas, tal el caso de Mario Taracena. Amén de esos lobos feroces vestidos con piel de oveja cual Daniel Pascual, del CUC, o Francisco Sandoval, de CODECA, y asímismo hasta de algunos ingenuos columnistas de opinión.  

La “huida hacia adelante” (“Flucht nach Vorne” en su idioma original) a la que me refiero ha derivado en una redada indigna contra Álvaro Colom para despejar ahora el camino hacia su blanco ulterior más urgente: Álvaro Arzú, y de esa manera protegerse por anticipado mediáticamente de la sospecha de seguir una agenda política exclusivamente de izquierda.

Para entender algo más a fondo la profunda crisis de Guatemala cuya expresión más dramática lo ha sido esa intermitente y atolondrada intervención neo-colonialista a la que tanto he aludido, y cuyas secuelas negativas lamentaremos por décadas, vale la pena reflexionar sobre otro fenómeno también identificable hoy entre algunos guatemaltecos: un complejo de inferioridad que me resulta obvio, y del todo injustificado, frente a todo lo extranjero.   

            Es un rasgo con frecuencia asociado con el hombre así calificado por Ortega y Gasset, de “masa”. Este último concepto a su turno precisa de una mayor clarificación:

            Hombre-masa quiso llamar Ortega a todo aquel sin la suficiente confianza en sí mismo para atreverse a diferir de los demás, en especial si son muy numerosos y más fuertes.

            Puede extenderse a cualquier hombre inteligente de cualquiera raza o nación, eso sí, incluidos hasta algunos muy bien instruido o portadores de un linaje ilustre. Pero, al final, siempre demasiado acomodaticios y poco dados argüir por su cuenta, ni aventurarse por un emprendimiento inusitado o riesgoso, que son, a su vez, las condiciones previas para la emergencia de caudillos despóticos y sin escrúpulos.

              También hasta de aquellos que pudieran ser considerado decentes, puesto que se comportan de acuerdo a los cánones sociales vigentes en la sociedad de la que forman parte. Así, por ejemplo, aconteció en los últimos cien años con tantos y reiterados liderazgos atroces.

En otras palabras, hombres-masa que, “como Vicente, siempre concluyen por sumarse a donde va la gente”.     

            Su opuesto son los hombres y mujeres, “selectos”, es decir, aquellos que primero deciden según su mejor y más leal entender, y se arriesgan a emprender hasta lo más desconcertante para otros. La confianza en sí mismos es su coraza más efectiva. Por supuesto, lo que implica no menos la virtud de la prudencia y la de saber oír consejos. Sin embargo, la responsabilidad por sus actos libres siempre la asume por entero, le hayan merecido aplausos o condenas. A tal independencia tozuda también se le conoce como “carácter”.

            El “carácter”, a su turno, es la esencia de aquello que popularmente llamábamos “hombría”. Y son ellos los grandes rompedores de moldes tras los cuales nos agolpamos los demás entusiasmados.

Guatemala, como cualquier otro conglomerado humano, siempre ha contado y contará con tales ejemplos señeros. Aunque el reconocimiento, con demasiada frecuencia, les haya llegado, y les continuará llegando demasiado tarde.   

Entre estos últimos aquí y ahora cuento a esos que sufren prisión por meses, y hasta por años, sin haber sido hallados culpables tras un debido proceso judicial y en violación de todas las normas constitucionales y ordinarias de justicia en todo el planeta.

Esa presencia de la CICIG he concluido por atribuirla a la ausencia de hombría en algunos actores políticamente poderosos que lo hubieran podido impedir desde su inicio de cuajo.  

En otras palabras, cuestión de principios, amigos.

De lo contrario, no olvides que siempre “mal paga el diablo a quienes bien le han servido”.

(Continuará)

Si usted todavía cree que la CICIG nos hace bien…

SI USTED TODAVÍA CREE QUE LA CICIG NOS HACE BIEN…

 

Armando de la Torre

 

            Moisés Galindo es un abogado que se especializa en la defensa de militares injustamente hostigados y encarcelados y en total violación de todo debido proceso penal posible.

            Tan solo tal rasgo de su especialización laboral lo hace blanco favorito para la furia ideológica del exterminador colombiano que nos vino a paralizar a muchos –no ciertamente a mí– incluidos además esos posibles inversionistas que tan urgente y desesperadamente necesitamos aquí para la creación de empleos.

Iván Velázquez, cuya mente enfermiza lo tiene transportado hipnóticamente y fuera de toda realidad a la Venezuela de Nicolas Maduro, también ha arrastrado consigo una vez más a su consorte política local, la por él previamente chantajeada Thelma Aldana.        

            Galindo ahora guarda prisión en silencio junto a otras más de doscientas víctimas de esa vesania obsesiva de Iván. Y todo, una vez más, en repetida violación de la presunción constitucional de inocencia de sus víctimas, como el tan llorado Flavio Montenegro, es decir, sin que todavía hubiese sido comprobada la culpabilidad de cada una de ellas por juez competente.

O sea, según ese extranjero, los constituyente chapines de 1985 se equivocaron de plano: ahora en Guatemala, a priori, todos hemos de ser tenidos por culpables mientras no probemos ser inocentes.  

            Para mí, aberración única en el mundo de hoy, y que nos lleva de regreso a la barbarie de muchos siglos atrás. Inclusive la aquiescencia de las autoridades judiciales guatemaltecas me recuerda las repugnantes acciones de sumisión de Herodes para con sus amos imperiales romanos a costa de su propio pueblo o, peor aún, en días menos remotos a los nuestros, la del noruego Vidkum Quisling, hacia quien simultáneamente le pisoteaba su patria otrora independiente, un tal Adolfo Hitler…

            Iván continúa acumulando pólvora para la explosión que lo expulsará de esta sufrida tierra y, muy de lamentar, junto con él a muchos más, por haberse comportado estúpidamente estos últimos como ciegos que guiaron a otros ciegos.

            Permítanseme otras acotaciones:

A Moisés Galindo no le han podido arrebatar su libertad personal pues se mantiene enteramente firme en sus convicciones. Tan solo lo han despojado por el momento de disponer de sus bienes y de moverse a voluntad. Pues cuatro paredes solo le son límites a su movilidad física, pero no a la digna aserción de los principios morales y jurídicos de su espíritu. Es más, él tiene por un honor el ser visto por Iván como pieza clave en la defensa de tantos otros que sufren injustamente prisión y, mucho más, por su férrea determinación con muchos otros de nosotros a liberar a Guatemala de este oprobioso ensayo neo-colonialista que se llama CICIG.

Encima, se mantiene firme en su caso acerca del respeto incondicional al secreto profesional que ha de regir siempre y sin excepciones entre abogado y cliente, y que le fue violado perversamente por la CICIG en un momento muy sensible: cuando la que había sido pareja sentimental de Byron Lima se presentó a su despacho para pedirle asesoría profesional en un caso de una propiedad discutida de un automóvil. Lo que no sabía él era que la tal posible cliente llevaba consigo una pulsera en la cual la CICIG había insertado ilegalmente una grabadora. Práctica usual del comisionado Iván que arrastra desde su nativa Colombia y sobre la cual nos había prevenido públicamente su connacional, el ex Presidente Álvaro Uribe.

Precisamente por algo similar, a otro Fiscal igual de venenoso, al español Baltasar Garzón, le fue impuesta por la Audiencia Nacional en Madrid una suspensión por once largos años de la práctica de la abogacía. Pero en la Guatemala de Gloria Porras, en cambio, eso le gana a Iván un apoyo incondicional por parte de la inepta y corrupta Corte de Constitucionalidad y de la no menos ídem Corte Suprema de Justicia, habituadas ambas como lo están a no cumplir ni siquiera con los plazos de ley, pésimos ejemplos para toda la judicatura del país. Pero, ¿no fue precisamente para curar tales prácticas infames que se ha  fabricado ese engendro único en el mundo llamado CICIG?

Al margen de esta nueva violación descarada del Derecho, la conversación de esa señora con Moisés Galindo se ciñó al tema de ese automóvil cuya propiedad había sido legítimamente trasladada al capitán Byron Lima en pago de una deuda personal de un tercero.

Esa escucha ilegal de conversaciones privadas, sobre todo entre abogado y cliente, ha sido vicio de siempre de esbirros despreciables. Y hasta hemos oído repetidas veces a Iván aludir en público a sus “escuchas” secretas, lo que se complementa con otro hábito suyo no menos ignominioso: la fabricación de pruebas. Y, aunado a todo esto, también la compra de testigos falsos por medio de promesas de reducción de penas. Tácticas, sea dicho de paso, que de igual manera empleó el Fiscal Yves Bertossa, en el Cantón de Ginebra, contra Erwin Sperisen, y que sumada a otras igual de perversas, le valió por la Corte Federal de Justicia la anulación del entero proceso seguido allá pero urdido aquí.

Entre nosotros, en cambio, parece aceptable o al menos de escasa importancia, a los ojos de nuestros magistrados de la Corte de Constitucionalidad y de la Corte Suprema.

¿Y acaso, precisamente por tanta ineptitud y corrupción evidenciadas tan repetidamente entre las máximas autoridades del “sector justicia” de Guatemala -como se transparentó asímismo en el caso aún no resuelto de otro hombre digno, Max Quirin-, que se pretextó la creación de la CICIG?…

(Continuará)