YA VOTARON ELLOS; ENTONCES, ¿PARA QUÉ LOS DEMÁS?

YA VOTARON ELLOS; ENTONCES,

¿PARA QUÉ LOS DEMÁS?

 

Armando de la Torre

 

            Acabamos de sufrir una nueva bofetada del positivismo jurídico criollo vía la exclusión de los listados electorales de la persona de Zury Ríos por el supuesto delito, en opinión de cuatro magistrados de la Corte de Constitucionalidad contra otros tres, de haber nacido de padres que les son antipáticos. ¡Vaya estupidez de la jurisprudencia!

Lo que me trae a la memoria el aserto reiterado de F. A. von Hayek de que sin el positivismo jurídico nunca habríamos presenciado las abominables dictaduras totalitarias de Stalin, Hitler, Mao o Fidel Castro, que tras él se escudaron.

Y sin tal positivismo, añado yo, tampoco sufriríamos ahora de la dictadura de Gloria Porras y de su pequeña comparsa constituida por Bonerge Mejía y Francisco de Mata Vela, ambos, por cierto, ex decanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos.

Para colmo, solo nos queda por sufrir de nuevo la presencia autoritaria y muy corrupta y corruptora de Sandra Torres a la cabeza del Ejecutivo, cuando más bien podríamos progresar enormemente bajo una posible presidencia de Zury Ríos Sosa.

Por otra parte, ¡una inesperada e ingenua inauguración de la presencia decisiva de la mujer en la política electoral entre nosotros!

Lo cual, sea dicho de paso, fue y todavía me resulta comprensible aun cuando indigerible.

Porque cuando se le reconoció en esa gran Nación a la mujer el derecho al voto en 1920, tal estreno fue festejado con una muy precipitada decisión llamada posteriormente el “noble experimento”: la prohibición de la fabricación, venta y consumo de alcohol en cualquier forma. Y a tal ensayo contribuyó la mayoría decisiva de novatas sufragantes femeninas, que así se estrenaron en el uso de la poderosa herramienta política del voto popular.

Y a esa comprensible aunque ciega protesta de las mujeres le asistía una razón de mucho peso: pues ellas en cuanto esposas e hijas eran habitualmente las víctimas más inmediatas del alcoholismo masculino.

Pero aquel “noble experimento” resultó un fracaso. Porque el consumo de alcohol se expandió, aunque entonces en la clandestinidad, lo que condujo a que la monopólica oferta del mismo se redujera a unos cuantos de mafiosos violentos, siempre al margen de la ley. John Dillinger y Al Capone, por nombrar dos de los más conocidos, se hicieron símbolos y prototipos de todo ello.

Y así, trece años más tarde, el recién electo Presidente Franklin D. Roosevelt hubo de promover otra Enmienda constitucional en sentido contrario a la anterior que puso fin a la prohibición clandestina de la venta y consumo de alcohol y con ello al horroroso baño de sangre casi diario entre las diversas bandas mafiosas en competencia.

De regreso al estatus actual del sector justicia entre nosotros, habría de reconocerse que está a punto de exhalar su último suspiro de moribundo. Y, por lo tanto, que nos hallamos todos ante la realidad jurídica más precaria y desalentadora de que cualquiera en este país puede ser la víctima de cualesquiera togados insensatos.

¡Cuán peligroso a nuestro turno en cuanto sus mudos testigos!

            Aunque nos queda un rayuelo de esperanza: si la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le otorga a doña Zury el amparo sugerido por su candidato vicepresidencial, Roberto Molina Barreto, habrían de ser repetidas estas elecciones presidenciales aunque a un costo muy elevado.

            Por eso también tanto lamento la presencia de la CICIG entre nosotros. Su rastro ha sido y es catastrófico como era de esperar por cualquiera con dos dedos de frente.

A mis ojos, un retroceso monumental y oprobioso a la barbarie jurídica de la Alta Edad Media y en pleno siglo XXI.

Pues el derecho humano a elegir y ser electo ya ha sido consagrado como inalienable e irrenunciable en todas partes del mundo civilizado.

            Encima, por manos de analfabetas funcionales en el uso del castellano, que parecen no saber leer el sentido de frases tan sencillas como las del artículo 186 de la Constitución vigente, que en parte reza así:

Prohibiciones para optar a los cargos de Presidente o Vicepresidente de la República. No podrán optar al cargo de Presidente o Vicepresidente de la República: a. El caudillo ni los jefes de un golpe de Estado, revolución armada o movimiento similar, que haya alterado el orden constitucional, ni quienes como consecuencia de tales hechos asuman la Jefatura de Gobierno; b. La persona que ejerza la Presidencia o Vicepresidencia de la República cuando se haga la elección para dicho cargo, o que la hubiere ejercido durante cualquier tiempo dentro del período presidencial en que se celebren las elecciones; c. Los parientes dentro de cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad del Presidente o Vicepresidente de la República, cuando este último se encuentre ejerciendo la Presidencia, y los de las personas a que se refiere el inciso primero de este artículo.

 

            Cualquiera con un mínimo de conocimiento de la semántica y de la sintáctica castellanas entiende que esto resulta aplicable solo a los mayores de edad, y encima, solo durante el tiempo, y no más allá, en que el pariente de marras desempeñe el cargo de Presidente de la República.

Por eso, no hay que olvidar que para el golpe de Estado que habían organizado oficiales jóvenes del Ejército contra el gobierno de Lucas García para el 23 de marzo del 1982, y que posteriormente vía radio, hicieran un llamado público al General retirado Efraín Ríos Montt para que asumiera provisionalmente el cargo de Jefe del Estado, recuerdo que ninguno de los que hoy denigran vociferantes la figura del General, emitió protesta alguna o criticó en público el tal golpe. Todo lo contrario, las sonrisas de los ciudadanos en las calles resultaban unánime.

Y Zury, para aquel entonces, era una menor de edad de tan solo 13 años.

            Pero ahora un puñado de trastornados lingüísticos y jurídicos se arroga decidir que por tales eventos aquella niña queda para siempre privada del derecho humano universal de elegir y ser electa. Y con ella también todos aquellos ciudadanos que podrían haber optado votar por ella

            ¡Cuánto analfabeta engreído…!  

            Ese grupo de togados indignos de la rica herencia cultural de Rafael Landívar, de Mariano Gálvez o de Juan José Arévalo, o de tantos otros prohombres y mujeres que han honrado este suelo tales como más recientemente Arturo Herbruger, Alberto Herrarte, Elisa Molina de Stahl o, todavía hoy, Isabel Gutiérrez de Bosch, Marta Altolaguirre o Yolanda Cofiño, por mencionar a unas pocas egregias entre nosotros.

            Y así, estas próximas elecciones las han hecho moralmente del todo inválidas.

            Sin desmedro, por cierto, de Isaac Farchi, Luis Velázquez o Estuardo Galdámez, todos ellos entre los más promisorios.

            Porque el prevaricato obvio de los cuatro magistrados de la Corte de Constitucionalidad en contra de otros tres nos podrá salir bien caro a todos.

            “Cosas veredes, Sancho…”   

PENSANDO EN VOZ ALTA (IV)

PENSANDO EN VOZ ALTA (IV)

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”

             El dilema existencial para todo pensante de cualquier época como nos lo recordó tan bellamente Antonio Machado.

Y también para José Rubén Zamora, quien el pasado viernes 3 de mayo profirió un desgarrador grito con base a los múltiples sobresaltos de su vida pública y aun de su vida privada.

            Pero no creo que a estas alturas nos deberíamos dejar sorprender por semejante calvario, ni él ni el resto de nosotros todos.

Las certezas del ayer parecen haber sido recluidas en el pasado, y no en el presente. Es lo que otros más refinados han dado en calificar como “vacío existencial” de la humanidad contemporánea. Pues consecuentemente tanta angustia resultó la tónica dominante a lo largo del siglo XX entre los humanos pensantes.  

            Sin embargo, cada día se nos reitera esa angustia existencial, a veces en lo muy personal (Zamora) y a veces en lo colectivo (todos nosotros). Y esto último aparenta ser el sello del momento en nuestra querida Guatemala, léase a los ojos de una Lucía Escobar, un Raúl de la Horra, un Italo Antoniotti o de un Andrés Zepeda, por mencionar unos pocos de entres los colaboradores de este diario.  

            Encima estamos teóricamente en un año electoral. ¿Para elegir qué, a quiénes o para qué?…

            Todavía no lo podemos responder a ciencia cierta, por obra y gracia de nuestras confundidas y a pesar de ello tan engreídas autoridades electorales: el Registro de Ciudadanos, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Constitucionalidad, quienes arbitrariamente no nos permiten saberlo todavía con absoluta certeza, a poco más de un mes para la fecha de las elecciones.

Por tanto, avanzamos en algo y retrocedemos en lo demás. La confusión del momento incluso hasta fuera de Guatemala.

            Eso es todo, atribuible en buena parte a la irresponsabilidad de magistrados y autoridades electorales.

En último análisis, un crimen contra el civismo a esperar de toda sociedad civilizada.

Por eso, José Rubén, creo que tu grito no es solo tuyo ni siquiera el más oportuno. Hay muchos más todavía ahogados en los pechos de muchos hombres y mujeres de buena voluntad. Y me incluyo entre estos últimos.

Pero hemos de hacer camino entre todos, aunque la ignorancia de unos y la cobardía de otros nos lo hagan más incierto. Al fin y al cabo, así ha discurrido también el tiempo de las civilizaciones, obras enteramente humanas, pero hechas al andar…

Aquí querría introducir el tema que más me interesa de este momento: el de la responsabilidad cívica que nos compete a todos y a cada uno de hacernos respectivamente ese camino, muy en particular, por supuesto, el que corresponde a nuestras autoridades no menos supuestamente constitucionales.

Ese sentido de la obligación moral ciudadana parece estar ausente entre muchos de nosotros. Y así, por ello, la ley rara vez se respeta íntegramente.

El egoísmo de cada individuo ha acabado por imponerse respectivamente a los imperativos colectivos las más de las veces, por mucho que alardeemos y vociferemos de nuestra sensibilidad social.

Lo que en la práctica se ha reducido a no habernos hecho suficiente camino…

Empero, es nuestro deber ineludible si queremos justificar el reclamo a que se nos trate a cada uno de nosotros como “personas”.

Además creo, que con todo ello nos hemos mostrado, una y otra vez, salvo escasas excepciones, como flojos de carácter y, por la misma razón, ineficientes e insensibles a la hora de acudir y compartir al dolor ajeno. Por lo tanto, José Rubén, antes que “pelar” a otros pasemos por la peluquería que a cada uno nos corresponde, sobre todo si lo ensayamos anónimamente.  

Y así, en las cárceles han agonizado por meses, por años, y al compás de nuestra desidia colectiva, hombres y mujeres por ley constitucional supuestamente inocentes porque nunca han sido llevados a juicio ante juez competente ni vencidos en los mismos. La negación absoluta de una Estado de Derecho en la versión de la CICIG.

Y por eso mismo también creo que tres de nuestros cinco magistrados titulares de la Corte de Constitucionalidad una y otra vez se han mostrado más culpables que aquellos a los que han respectivamente señalados.

            Ahora, siquiera, hay más presencia voluntaria a puestos de elección pública que hace cuatro años. Pero, reitero, todavía a estas horas en vísperas de las elecciones, por obra y gracias de esas mismas autoridades electorales, no sabemos si se les permitirá a todos hacerse presentes en el proceso.

Monumental burla al electorado.

Y por eso de nuevo, otros cinco magistrados, esta vez los del Tribunal Supremo Electoral, arbitrariamente, y de acuerdo a sus cortos alcances intelectuales, también han diseminado impunes el caos de la incertidumbre entre todos los votantes.

En verdad, todos ellos criminales togados espero que sin saberlo, pero del todo manifiestamente incapaces de hacer conciencia y así organizar eficientemente esa expresión cívica de la voluntad popular a la hora de hacernos colectivamente camino…

También recuerdo desalentadoramente que el pretexto que una vez se adujo para justificar esa nefasta intervención extranjera de la CICIG en los asuntos soberanos de los guatemaltecos, fue el raquitismo en aquel momento hecho muy evidente del sector “justicia”. Y tras semejante ocurrencia de Edgar Gutiérrez y Eduardo Stein, ahora nos hallamos aún más imposibilitados para elegir limpiamente a nuestras autoridades nacionales.

¿Cuál Guatemala heredaremos al hacer camino entre todos a nuestros hijos y nietos?

La primera pregunta que me salta a la mente por tanto desaguisado electoral es esa obvia que haría cualquier observador: ¿en qué Universidad o institución académica hipotéticamente se formaron todas esas autoridades electorales? ¿Y una vez ahí, encomendados a la dirección erudita de cuáles catedráticos y jurisconsultos? ¿Y según cuáles doctrinas filosóficas fueron profesionalmente entrenados? ¿De acuerdo, por ejemplo, el derecho consuetudinario? ¿O según los cánones heredados del derecho natural? ¿O según la raquítica fuente de inspiración del positivismo jurídico tan nutrida de las miopes inteligencias y las corruptas prácticas de algunos “legisladores” del pasado?

  Ese no es el camino por el que hemos de empezar. Porque, no lo olvidemos, no hay camino, y por lo tanto, habremos de hacerlo al andar juntos con todos y por el bien de todos.

He ahí también la raíz de nuestro vació existencial del momento electoral presente. Porque nos hemos internado por un camino que no existe y que muy pocos saben que un día habremos de tomarnos la molestia de abrírnoslo de veras a machetazos al andar… 

PENSANDO EN VOZ ALTA (III)

PENSANDO EN VOZ ALTA (III)

 

Armando de la Torre

 

            Pese al desaliento de algunos de sus hijos, maravillosa Guatemala.

Y no me refiero exclusivamente a su espléndida y muy trillada primavera que, al menos en el Altiplano, nunca termina.

            Tampoco aludo a la belleza de sus paisajes ni a la amable dulzura de la mayoría de sus hijos.

            Menos aún a los inesperados destellos derivados del más puro sentido común, particularmente entre su población rural.

            Entonces, ¿en qué pongo el énfasis de lo maravilloso entre nosotros?

Nota bene, de nuestro presente, no de nuestro pasado. Y con ello me refiero a su constante crecimiento moral e intelectual de muchos de sus hijos, entre ellos aun los rezagados en el analfabetismo.

Porque esta Guatemala de hoy se me antoja como radicalmente diferente a la de aquel ayer, esto es, del diciembre de 1965 cuando por primera vez puse el pie en esta tierra de prisa y como un turista más.

            Nuestro futuro próximo en cuanto colectividad nacional es muy promisorio. Y lo afirmo ahora, muy consciente del amordazado evento electoral de este momento: un proceso por demás asfixiado por las mismas autoridades judiciales que deberían servirle de sus incondicionales garantes.

            Encuentro que la sensibilidad generalizada ante lo público se muestra también cada vez más extendida y mejor informada. Como prueba de ello permítaseme aludir algunos ejemplos para mí muy notables:

El de la candidata Zury Ríos Sosa, hostigada desalentadoramente desde cualquier rincón de cualquier peladero y que, sin embargo, de la mano de un inminente constitucionalista, Roberto Molina Barreto, se mantiene incólume y segura de sí. Algunos maliciosamente creen leer en mi admiración la belleza corporal de tan brillante mujer. Para mí, un adorno más. Pero su inteligencia, su educación amplia y comprobada, su osadía casi diría de lo más varonil, su sensibilidad por lo social también de lo más femenino, sus habilidades de oratoria y convencimiento, y su trayectoria tenaz única durante quince años de lides políticas, la hacen a mis ojos una heroína como no creo se haya dado antes en nuestro hemisferio.

También me alientan otras magníficas alternativas electorales en las personas de Luis Velázquez y de su compañero de fórmula Arturo Soto o, no menos, esa otra gran sorpresa, la más original de todas, en las personas de Isaac Farchi y de Ricardo Flores Asturias, hombres por demás intachables y transparentes.

Paralelo a todos ellos, las demás agrupaciones políticas en su mayoría también se han esforzado por promover objetivos y planes a nivel nacional más sensatos y asequibles que las que nos tienen acostumbrados desde las demás contiendas electorales del pasado.

Por supuesto, sin menoscabar el bochorno que para la dignidad de todos los guatemaltecos ha entrañado la figura de Mario Estrada, no menos como la de hace unos años de Alfonso Portillo. Pero aun esto último tiene para mí algo de positivo: no olvido el corto discurso en el Aeropuerto de La Aurora de ese ex Presidente de la República, de regreso de la prisión por unos meses en los Estados Unidos: breve, sincero, digno y de veras honesto.

No menos me ha sorprendido agradablemente el tono sereno de hombre maduro y equilibrado, como era de esperarse, del distinguido sociólogo Manuel Villacorta y de la agrupación política “WINAQ” que lo ha postulado junto a la dirigente populista Liliana Hernández.

Luego avanzamos, a pesar de lo sofocante de las autoridades electorales.

En este ambiente tan competitivo, quisiera que también nosotros nos esforzáramos por ser más consecuentes con nuestras manifestaciones del momento y mantenernos a la misma altura cívica de esos candidatos ya mencionados y de otros más como el doctor Alejandro Giamattei, Edmond Mulet, Estuardo Galdámez por mencionar algunos más de los que creo punteros.

Si maldecimos a los corruptos, que no excluyamos tampoco a los potenciales entre nosotros mismos, y por otra parte bendigamos a quienes por lo menos hacen el esfuerzo por mantenerse limpios. Asimismos, si proclamamos altaneramente nuestra lucha indefectible contra la ignorancia de los más, obliguémonos por lo menos a explorar la sensatez de cualquier propuesta. Por otra parte, si afirmamos nuestra solidaridad con los más pobres y los más sufridos, y nuestros reclamos legítimos hacia los más exitosos, que eso se note, por ejemplo, en un renovado propósito de pagar puntualmente nuestros impuestos, empezando por el del IVA. Así acompañaremos nuestras palabras con una reducción visible de la informalidad en nuestra economía.  

Tropiezo, lo reitero, cada día con mayor número de personas inteligentes y preparadas en Guatemala. También menos interés por “peladeros” y mucha más hambre de información comprobada y explícita, incluidos siempre los nombres y apellidos de cada uno de sus autores.

Además, el entorno internacional parece sernos todavía favorable por unos años más. Trump está seguro de su reelección y, a la inversa, Maduro, Ortega y Raúl Castro, más inseguros y desprestigiados en sus respectivas poltronas robadas.

Hay otras sombras y anuncios de tormenta.

Pero en último término, cada día tenemos mucho más claro que la presencia de Dios entre nosotros nos asegura un futuro mejor.

¡Adelante, guatemaltecos, pues ya habéis madurado como otras naciones-Estado en este globo terráqueo de tantos logros y retrocesos! Por eso, mi visión sobre el futuro de los residentes en estos ciento diez mil kilómetros cuadrados es más sólida que nunca.