Adiós, Álvaro

 

Te fuiste a la Tierra del Engaño, y te sentiste cómodo.

 

Pusiste de por medio un brazo de mar caribe entre ti y el espíritu de los justos, los muchos guatemaltecos inocentes muertos, mutilados o aún inválidos de cuerpo y alma, parte del legado de treinta y seis años de derramamiento de sangre orquestado desde La Habana.

 

Te solidarizaste, además, con el verdugo, no con sus víctimas, cubanos igual de inocentes, setenta mil de entre ellos ahogados en el estrecho de la Florida en su desesperado intento por escapar al dictador que condecoraste y, además, al precio de mancillar tu máximo emblema patrio. Tampoco con los actuales presos políticos de su tiranía o con los silenciados en sus paredones de fusilamiento. Tus ojos cerrados al hambre de sus pobres.

 

Ahora sabemos hacia donde apuntan tus verdaderas lealtades.

 

Sin advertirlo, acabas de remachar una exclusión suicida tuya del mundo civilizado.

 

Retrocediste de ciertas luces vagamente cristianas que dices profesar  hacia las tinieblas de la más primitiva y repugnante de barbaries sin elecciones. Del moderno ideal de un Estado de Derecho a una preferencia instintiva por los autoritarios, los reales y los reales y los payasos, los de ayer y los de hoy. Todo eso que bien cuidaste de ocultar a los votantes en tus tres campañas por alcanzar la presidencia. Y has descendido de una genuina solidaridad iberoamericana a una “cohesión” criminal con ególatras desfasados, que te desprecian al nivel de tenerte por mero estribo de sus monturas, a caballo en pos de sus utopías al viento.

 

¡Vaya brinco, y ya de adulto!

 

Lo peor, así serás recordado.

 

Por falta de entereza te has dejado empujar a la traición de tus convicciones. Ejecutoria dilapidada, la tuya, consignada al pie de página de algún texto del futuro al olvido piadosamente reservado para los fracasados.

 

Tu gesto último también es una afrenta injusta a la memoria de un hombre entero que no mereció ser asociado a tu reprobación, tu tío Meme Colom.

 

¡Cuán impulsivo y vano te has revelado! ¿Por el orgasmo ideológico de un estrechón de manos decidiste sacrificar la trayectoria del estadista que soñaste despierto en tus tiempos juveniles?

 

Ya llegaste al punto de no-retorno, y jamás te será dado reencontrarte con el beneficio de la duda que un día te otorgó, generoso, tu pueblo.

 

Habíamos sufrido en Alfonso Portillo un Presidente de catadura mexicana, o sea, una clonación voluntaria local de los politicastros de más allá del Suchiate de aquella, la era de la “dictadura perfecta” del PRI. Hoy nos rebajas con tu servicio a domicilio del Gran Collar de la Orden del Quetzal cuyo destinatario fue el único dictador totalitario en quinientos años de las Américas.

 

Enhorabuena por tanta originalidad, que de ahora en adelante te logrará ser reconocido como cubano adoptivo… en su versión castrista.

 

Casi cinco mil fueron los caídos de las fuerzas armadas constitucionales de Guatemala en la defensa de la integridad y soberanía de su suelo ante la intromisión “fraternal” del internacionalista Fidel. Incontables las lágrimas de quienes pasaron por la traumática vivencia del secuestro, extorsión por él estrenada en Cuba en su violenta carrera hacia el monopolio del poder absoluto y copiada después por sus secuaces en Guatemala. Incalculables los zarpazos económicos a nuestra capacidad de generar riqueza con el asesinato de empresarios exitosos, la destrucción de infraestructura pública, o las oportunidades perdidas de inversión de capital, todo bajo el liderazgo verticalista de allende el mar de ese “máximo líder” que así  quiso exportar acá su “lucha de clases” aparentemente hoy de tu gusto.

 

Entretanto, Guatemala, sin necesidad alguna, queda uncida por ti al carro infame de los peores especímenes “criollos” a la venta de sí mismos a Hugo Chávez, a cambio de unos petrodólares-: de Cristina, por ejemplo, en la Argentina, de Daniel en Nicaragua, o de Evo, en Bolivia.

 

De veras que el poder corrompe…

10 thoughts on “Adiós, Álvaro

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