Al amigo entrañable

Al amigo entrañable

Por: Armando de la Torre

            Te nos fuiste de acuerdo a tu perfil de siempre, modesto, discreto, considerado y auténtico.

            José Francisco Alonso, fuiste ciudadano ejemplar.

            Abogado y Notario por la universidad de San Carlos, jamás hiciste pausa en tu espíritu  de superación intelectual. Por eso persististe  en tantos cursos de posgrado en las universidades Landívar y Marroquín.

            Pero paralelo a ese crecimiento intelectual tuyo, nos dejaste ver que también  corría por tus venas una hidalguía que te era tan natural, aunada a una prudencia tan profesional, que les fuiste, escrupulosamente fiel para nuestra edificación.

            Deportista destacado en las artes marciales representaste con tus dignas destrezas  a Guatemala adonde quiera te hiciste presente.

            Hombre reservado y respetuoso de la dignidad ajena, nada por eso amigo de escándalos y vanidades, enderezaste tus mejores logros a tu familia, en especial a tus  tres hijos, de los que supiste hacer hombre y mujeres de bien. También a quienes compartimos tus ilusiones  y tus sueños, tus amigos del alma, con especial consideración para quien te acompañó durante toda tu vida de estudios y de trabajo profesional, José Luis González Dubón,  postura esa tuya hacia  todos, hijos, amigos, patria.

            Tu característica sobresaliente fue tu lealtad, siempre inclaudicable, tanto a tus principios y tus valores como a tus amigos y colegas. Diste de ti todo lo que pudiste, y fue muchísimo.

A la Liga Pro Patria, de la que fuiste fundador, le obtuviste su personalidad jurídica, que trabajaste durante todo un largo año en silencio, con éxito empero, pese a tantos obstáculos de la miseria burocrática a la que te enfrentaste. Encima, sufragaste del sudor de tu frente los gastos incurridos durante el entero proceso.

Lo menciono como botón de muestra.

Pero tus amigos sabemos de tu generosa entrega de corazón, de tu honradez escrupulosa, de tu trabajo disciplinado y de los dolores inevitables que tú supiste sobrellevar con dignidad e hidalguía. En mi biblioteca, por cierto, veo los numerosos textos preciosamente empastados que me devolvías mejorados cada vez que yo te había  prestado alguno.  

Nunca te olvidaremos, José Francisco.

Ya Dios te ha recompensado tu fe en El, candorosa e íntima.

Tu ambición cívica de aportar a la construcción de un Estado de Derecho en Guatemala, esto es, tu investigación a fondo sobre los abusos de la discrecionalidad por parte de los funcionarios del Estado, quedó truncada. Más tu ejemplo, sin embargo, basta para plantar ésa semilla civilizada que habrá de fructificar a beneficio inmensurable de las generaciones por venir.

Inolvidable “Franky”, o, si lo prefieres, “Hayek” de tus días de doctorando, nos has quedado como un tesoro en la memoria, un bálsamo en nuestras luchas y una esperanza, al final, en el reencuentro más allá de toda decepción.

Para ti, amigo ido, nuestra gratitud por los muchos años que nos regálaste con tu presencia. Para tus seres más queridos, en especial tus hijos, nuestra promesa de fidelidad en  tu nombre.

Y para la persona aquella, “José Francisco”, que se  nos ha adelantado, nuestra plegaria a Dios para que te conceda el descanso eterno que se ganó con su trayectoria de disciplinada decencia.  Y que te brille la luz perpetua que tanto te afanaste por hallar en tus estudios durante tu peregrinaje por este mundo.

Hasta pronto, inolvidable amigo.    

 

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