Alvaro Ramazzini, ¿pastor, o “cacique”?

Alvaro Ramazzini, ¿pastor o… “cacique”?

Por: Armando de la Torre

            “Mi Reino no es de este mundo”, declaró, tajante, Jesús ante Pilatos.

¿A qué aludía con lo de “este mundo”?  Los exegetas bíblicos concuerdan en que la noción de “mundo” se halla íntimamente ligada a la de “pecado”, con todo lo que ese concepto revelado entraña de culpa y de necesidad de redención.

En el caso concreto del Obispo de San Marcos, su labor pretendidamente “pastoral” se le ha deslizado cada vez más de las manos hacia este otro ámbito, muy humano, pero nada divino, de la competencia –que suele volverse feroz-  por el control del  poder coactivo, es decir, del uso monopólico de la fuerza, o de “la amenaza” de su uso.

Nada raro en la milenaria y atormentada historia de las relaciones entre el poder secular  y las autoridades eclesiásticas que intentan guiarlo.  

En las modernas democracias liberales se acepta el monopolio del poder coactivo siempre y cuando haya sido previamente delimitado por los derechos humanos individuales que le son anteriores y superiores. Nada en ello, por tanto, que atañe a la jerarquía del “Reino de Dios”.

Ramazzini se conduce no menos como un “cacique”, esto es, como el jefe de una tribu indígena, o una persona de excesiva influencia en su pueblo, sobre todo en materia política, o hasta un déspota autoritario (para atenerme a algunas de las connotaciones que le reconoce a ese vocablo el DRAE).

También habitualmente se escuda tras una doctrina social de la Iglesia Católica, de cuya comprensión por su parte tengo mis dudas.

 

Como a tantos otros, le preocupa la redistribución de la riqueza, no, empero,  su creación, de la que aparentemente no tiene noción. Me pregunto, por ejemplo, qué respondería a quien le objete que el mercado libre ya distribuye en justicia  la riqueza socialmente producida de acuerdo a la utilidad marginal aportada por cada uno de los factores de producción (tierra, capital, trabajo y empresa). O qué comentario le merecería el párrafo 42 de la Encíclica de Juan Pablo II Centessimus Annus…

De hecho, lo que deja a su paso es una cauda de miseria y de enfrentamientos entre guatemaltecos, aunque no sea ésa precisamente su intención. En resumidas cuentas, actúa y deja tras sí una cauda de amarguras y acusaciones entre creyentes y no creyentes de las que habrá de rendir cuentas un día.  

Y no aparenta haber reconocido humildemente, siquiera una vez, que puede haberse equivocado.

Nada nuevo tampoco.

Sin embargo, es de lamentar que su simbolismo episcopal añada su cuota de descrédito hacia la doctrina social de la Iglesia, de suyo ya tan adversada por los innumerables intereses creados de gobernantes y de sus privilegiados, gremiales, comerciales,  laborales o simplemente étnicos.

La famosa cuestión “social” fue incorporada al Magisterio de la Iglesia por el Papa León XIII, sobre ciertos precedentes, principalmente de obispos franceses y alemanes, a lo largo de la “revolución industrial” del siglo XIX.  Ella se pretende derivada válidamente  de algunos principios recogidos tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento, sobre todo aquellos en torno a la noción bíblica de “justicia”.

Pero las dudas surgen cuando se trata de aplicar doctrina tan venerable y voluminosa a casos concretos.

¿Cuándo una guerra, por ejemplo, puede pensarse “justa”? ¿O un salario “adecuado”? ¿O una representación en nombre de otros “legítima”? ¿O un juicio de valor emitido al calor de una discusión “ofensivo”?   ¿O un contrato para una de las partes “abusivo”? ¿O un presupuesto del Estado “confiscatorio”? ¿O una absolución judicial -o una condena-, “inícua”? ¿O un préstamo a interés “usurero”? ¿O una extracción minera “nociva”? ¿O una inversión de capitales “expoliadora”?…

Tales, y muchísimas otras instancias que se ofrecen a nuestra aprobación o rechazo día a día, tienden a ser valoradas por sus consecuencias y no tanto por las intenciones de los en ellas involucrados. Lo cual entraña, a su turno, la acumulación de mucho estudio y análisis por parte de talentos especializados.

En el curriculum de Ramazzini no consta de ningún curso, de ninguna lectura, de ningún seminario al respecto de la economía de mercado.

Sin embargo, en el “mundo”, no nos queda alternativa que la de juzgar según los efectos públicamente verificables de nuestros actos, pues las intenciones últimas de cada individuo nos resultan directa e inmediatamente incognoscibles.  

Confundir esos dos planos, el público visible y el privado invisible, es un gravísimo error de juicio en el que suelen incurrir los llamados “teólogos de la liberación”, arropados, dicen, por su parte, de un espíritu “profético” que les empuja a bendecir y maldecir a troche y moche, acerca de temas enteramente mundanos que ni entienden ni estudian.

(Continuará)

1 thought on “Alvaro Ramazzini, ¿pastor, o “cacique”?

  1. El artículo que has compartido es realmente muy interesantes. Los detalles y la información sin duda me ayudará a escribir mi ensayo. Yo no soy bueno en la redacción de ensayos que realmente consultan topessayservices.com pero creo que voy a tratar de escribir esto. Gracias de nuevo por compartir sus ideas y conocimientos

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