Bravo Catrachos!

¡Bravo, catrachos!
Por: Armando de la Torre
            Por darnos al resto del mundo una gran lección de sentido común.
            El 29 de noviembre, además, vivieron esplendorosamente su independencia nacional, a los 188 años de haberla proclamado, con una participación masiva de electores en paz, en orden, y sin reserva alguna por parte de los observadores extranjeros presentes.
            Todo parecía confabulado en contra de ustedes, nuevo David frente a los viejos Goliats  de allende los mares: la negación de visas estadounidenses, el retiro de la “ayuda” europea, las amenazas bélicas del “Alba”, las trapisondas de Insulza, la cobardía de sus vecinos, la gritería del envalentonado irresponsable “Mel” Zelaya.
            Y de paso supieron notificar a neófitos imprudentes, Obama, por ejemplo, en éste su primer traspiés de bulto en política exterior, y por extensión a Lula Da Silva, a moverse más con pies de plomo, a este último en ese lamentable escarceo inicial suyo hacia un posible posicionamiento  “imperial” brasileño en el ámbito de la Iberoamérica de habla castellana.
            Todavía más, les han hecho sentir a Hugo Chávez y  compañeros de ruta –entre ellos “nuestro” Alvaro Colóm- cómo aprender a tratar en su propio suelo a las autoridades delincuentes con apego a la Constitución y sin recurrir a una CICIG.
            Y a la Unión Europea le han hecho ver que mejor apartan su vista de nosotros y la fijan en sus problemas internos de envejecimiento, subsidios estúpidos, déficits presupuestarios, paro creciente, disputas étnicas por cuotas de poder al seno de la Unión, la amenaza potencial de los  inmigrantes islámicos, el apaciguamiento de los Balcanes o, siquiera, de cómo asegurarse sus flujos de energía no renovable en pleno invierno…
            “El gobierno más cercano al pueblo es el mejor”, y ése, parientes trasatlánticos, está en Tegucigalpa.
            Ustedes, los hondureños, han rescatado a nivel mundial para nosotros, sus contemporáneos, algo muy precioso y sensato: que nadie sabe más y mejor de los asuntos propios que uno mismo, y que las buenas intenciones de quienes se entremeten en lo ajeno ni bastan ni nos ahorran el camino al infierno.   
            Quizás a nuestros queridos “catrachos” les resulte novedoso enterarse de que han hecho historia universal, y que esa actitud soberana ya la había recomendado a todos los pueblos un inglés sabio del siglo XVII por nombre John Locke. Fue ese nada menos el espíritu que animó a Hidalgo, a Bolívar, a San Martín, a Martí, cuando decidieron sacudirse la tutela de la monarquía española.
            Incluso ustedes  me hacen evocar a los griegos de la etapa heroica, cuando pocos, pobres y fragmentados en clanes y tribus se enfrentaron victoriosamente a los persas, muchos, ricos y unificados bajo un tirano.  Ahora acaban de derrotar, valga la metáfora, y al estilo de aquellos griegos, la tiranía de la “corrección política” que se nos dicta desde Washington, Nueva York o Bruselas. Algo parecido a lo que evidenciaron los endurecidos pastores de la Suiza medieval ante un inescrupuloso rey francés de su tiempo y no menos prepotentes emperadores germánicos. Esa  misma respuesta fue la de los prácticos comerciantes en la Holanda republicana ante el austero y oscurantista Duque de Alba.  Y no menos similar, la de aquellos “colonos” británicos en América que se alzaron en 1776 contra los dictados de su supuesto Parlamento… ¡en Europa!
            Y a la visión marxistoide local de que lo que importa es quién gobierne han sabido  contraponer exitosamente esa otra del Estado de Derecho, según la cual lo que sobre todo se espera de quien gobierne, sea por elección, herencia, o simplemente impuesto, ha de ser que no abuse de su poder.
            La revancha del sentido común del hombre común, aun de posibles analfabetas honrados y laboriosos que armados de un sencillo alfiler terminan a veces por desinflar a tanto leguleyo hinchado y a tantos sopladores eruditos de globos teóricos.
            ¿Qué más? 
            Muchas gracias, varoniles catrachos.

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