El precio de no tener ciertas ideas claras

Por: Armando de la Torre

 

Desde hace décadas la civilización en Iberoamérica se encuentra bajo un salvaje y sostenido asalto por parte de nuevos barbaros que, de consolidarse en el poder, nos podrían llevar de regreso a otra “edad oscura”…  en pleno siglo XXI.

El que pese a ello hayamos sobrevivido hasta el día de hoy a niveles medios de desarrollo en el rango global entraña, indirectamente, un elogio a la capacidad de resistencia de los valores de la cultura judeocristiana que recibimos de nuestros padres.
Y un reconocimiento, no menos, a la productividad, fruto de una disciplinada y tenaz dedicación al trabajo, de aquel gran segmento de nuestra población, gestado en su momento por inmigrantes semianalfabetas, sus hijos y sus nietos, que durante los siglos XIX y XX se sumaron a las oleadas previas de conquistadores y colonizadores y acumularon mucha de la riqueza de la cual todavía subsistimos.

También es de incluir ese logro único de su amalgamamiento ulterior con las razas precolombinas que ya habitaban el continente, así como  aquella otra tristemente traída a la fuerza desde las costas de África.
Que en esta coyuntura internacional del 2009 nos hallemos, además, en relativa buena forma para enfrentar la actual  crisis financiera, cuyas raíces, no lo olvidemos, se hunden en decisiones políticas y económicas tomadas por financistas, banqueros y funcionarios públicos que nos son remotos y que supuestamente nos habían tomado la delantera en el competitivo certamen hacia el “progreso”, es un testimonio más de que nuestra América celtíbera, en oposición a lo que lloriquean sus muchos detractores de la “izquierda”, sí se ha mostrado capaz de acertar y aun de aprender de algunos de sus errores.
Todo ello, a su turno, reflejo del realismo encerrado en algunos de nuestros ideales sociales básicos, tales como la suprema importancia hoy del respeto a los derechos de la propiedad de todos, del cumplimiento a la palabra empeñada en los contratos, o el de la atingencia, ayer, de la abolición de la esclavitud de los africanos y de la servidumbre de los indios o, más atemporal, el de lo oportuno en su momento de la ampliación de la franquicia electoral a todos los asalariados, o de lo conveniente de nuestros repetidos ensayos por alcanzar sistemas constitucionales efectivos de pesos y contrapesos, igual que de lo justo y enriquecedor que nos ha sido la incorporación de la mujer al mundo de la división del trabajo, hecha extensiva más adelante  a su participación en la vida pública, etc., objetivos por los que se guiaron a quienes nos han antecedido en tales ahíncos, sobre todo desde aquel momento estelar, alrededor de 1810, cuando osaron internarse por la vía de las independencias nacionales y mantenerse en ella.

Sin embargo, también hemos de lamentar retrocesos de última hora, algunos de dimensiones de veras catastróficas, como el caso de Cuba.
Es un hecho que nuestra América ha dejado de ser desde mediados del siglo XX el incuestionable continente de la esperanza” de otrora, como lo confirma cualquier estudio somero de las corrientes migratorias de los últimos cincuenta años, incluidas las de nuestra nación anfitriona, la república del Ecuador.
Y a ello se añade que por rincones dispersos de nuestra geografía, aquel honroso tejido de “la raza cósmica” del que tanto se enorgulleció José Vasconcelos se ha visto, a fondo y repetidamente, desgarrado, en unos casos por intentos utópicos de repartir coactivamente “mejor” la renta nacional (en la Argentina, el Uruguay, Colombia…), en otros por choques de intereses  completamente al margen de la ley, pero revestidos del aura de instancias de una ley dialéctica superior, la de la “lucha universal de clases”, cual lo reiteraron autoproclamados “revolucionarios” tanto en México como en Chile, bajo Allende, o en El Salvador, en Nicaragua y, ahora, en Venezuela.

A ellos habría de agregársele ruinosos, aunque todavía en sigilo, divisionismos recientes que asoman principalmente en Perú, Bolivia, Ecuador y Guatemala, y que se pretenden realineadores colectivos de poder entre razas y culturas, “después de quinientos años de colonización”…

La cacofonía de tantas disputas parece haberse enrarecido, es verdad, con el fin de la “guerra fría”, pero también en la medida en que en los foros internacionales el foco más candente de controversias, Cuba, ha sido dada definitivamente por perdida para la causa de los derechos civiles en democracia y libre mercado.

No comparto, empero, ese último punto de una visión resignada que se me antoja por demás  pesimista, pero si hago mía la creciente angustia de los más pensantes de entre nosotros que es desorbitado el precio en vidas humanas desperdiciadas, en el aniquilamiento de recursos por definición siempre escasos, en las oportunidades de prosperidad irrecuperablemente perdidas, en las lagrimas de incontables victimas silenciosas inútilmente vertidas, y, sobre todo, en la sangre de los inocentes que habrá de ser añadida aún a la de los ya inmolados, para que podamos esperar recuperarnos un día de los efectos de nuestros desaciertos del presente.    

Un hilo conductor común a todas esas etapas de tanto despilfarro lo creo discernir en la confusión reiterada de ideas-fuerza por las que, hoy mayoritariamente, en unos pocos de nuestros Estados, nos dejamos seducir-.
No puedo dejar de enlazarlo con aquella brillante observación de Blaise Pascal acerca de que “el esfuerzo mental por aclararse las ideas es el fundamento de la vida moral”. Porque aquí me quiero referir a la olvidada dimensión ética en nuestro desasosiego.   

Por tal claridad de las ideas entiendo la más exacta correspondencia posible entre cualquier evento con nexos causales que ocurre con independencia de nuestras mentes y los términos del lenguaje, o conceptos de la mente, a través de los cuales lo identificamos y describimos.  

En el resto de esta ponencia me limito a proponer algunos ejemplos que creo ilustrativos de la ausencia de claridad en el discurso populista que nos abruma.
Somos (se ha dicho a manera de excusa) por temperamento e historia, adversos a respetar la libertad individual, la propiedad ajena, y hasta la vida de los demás. Así lo inauguró  para nosotros la rapaz Conquista. Y así  lo apuntaló por tres siglos el control inquisitorial de los Habsburgos y de los Borbones. A diferencia de los anglosajones, pues, tendemos a ser colectivistas, no individualistas.  
No estoy en absoluto de acuerdo.
Equivale a aceptar que todavía permanecemos de alguna manera míseras copias del típico “homo homini lupus” en el estado de naturaleza salvaje que postuló hipotéticamente Thomas Hobbes y que necesitamos de la mano férrea que lo subsane. Esa fue una construcción teórica, no menos extraña a nuestra realidad que la de su opuesto, la del “buen salvaje”, imaginado por J.J. Rousseau, y que el venezolano Carlos Rangel en los años sesenta se encargó  de desmenuzar de una vez por todas.  

Mas bien lo contrario, un apego casi anárquico por parte de cada uno a su propia libertad de acción nos es congénito, aunque, por supuesto, de acuerdo a la escala de los valores de la tradición en la que nos formamos se halla visto mas o menos alternativamente reforzada o desalentada. Lo creo una cuestión práctica mal situada, esto es, la de no identificar a tiempo oportunidades que se nos ofrecen para superarnos y que se nos complementen con la ausencia garantizada por la ley de limites que arbitrariamente nos sean impuestos a través de la coacción o del engaño.

La corriente liberal surgida de la Ilustración del siglo XVIII, y a la base de nuestras solemnes declaraciones de independencia patria, con variados tintes aún defiende esa libertad personal frente a las amenazas que le vengan de fuera, de cosmovisiones humanistas radicalmente ateas. Porque como muy bien lo analizó Henri de Lubac en su “drama del humanismo ateo”, quien empieza por matar a Dios acabará por matar al hombre.   

Por otra parte, la presunción cristiana constituyó  el acervo generalizado de las “elites” u oligarquías criollas “ilustradas”, demasiado conscientes de su rango en cuanto individuos dentro de los estamentos sociales de la Colonia, aunque hoy lo hallan traducido  a una no menor consciencia de su valía personal para el resto de la sociedad. Algo así como el Atlas en la alegoría de Ayn Rand, o el egregio en la dicotomía “selecto/masa” de Ortega.
También es obvio que se han dado múltiples “circulaciones” de esas elites, como lo teorizó Vilfredo Pareto. Pero lo decisivo es que  se han sabido “algo” (¿hidalgos?) en el esquema legal de las cosas, y a su modelo también los amantes contemporáneos de la libertad individual también nos sabemos “algo”, para amargura y furia de los pichones napoleónicos en nuestro patio, por eso mismo devenidos más  agresivos y demagógicos.

Las “masas” anónimas, en cambio, a unos u otros subordinadas, esperan por simple inercia que ellos habrán de seguirles en esa misma dirección de una mayor gradual apreciación de sus personas (un renacentista habría dicho “simplemente de su dignidad humana”) a medida que las oportunidades al corto plazo les lluevan desde arriba, desde el burocrático Estado benefactor, sin tener que abrirse camino previamente a base de riesgos y sudor al largo plazo. Una disimulada perversión de aquel anhelo optimista del individualismo “ilustrado”: “Las carreras abiertas a los talentos”.
Es “el camino de servidumbre” que vaticinó Hayek para los demócratas incautos.
Verdad muy de matizar porque a lo largo de la historia, entre los nacidos en cualquier sistema de esclavitud institucionalizada -como el nuestro hacia 1800- los había quienes parecían haber merecido semejante suerte tenido en cuenta sus pocas luces, su indolencia aparentemente innata, su raquítica confianza en si mismo, y su inexplicable desidia ante cualquier ocasión por mejorar su suerte.

Hoy, quizás, lo atribuiríamos a un condicionamiento brutal, o a falta de los  incentivos apropiados, o aún a una deficiencia alimentaria, o a la ausencia en su entorno de manifestaciones que reforzaran su autoestima.
Para Aristóteles, en cambio, poco más de dos milenios atrás, se constituían en evidencia para justificar la esclavitud “de los que por temperamento nacen para esclavos”. Algo próximo a lo argüido por los esclavistas del sur de los Estados Unidos en la víspera de la guerra civil, o a la mentalidad de rebaño que Nietzche reprochaba en la moral cristiana por contra posición a su “superhombre” neopagano.    
No es de olvidar, sin embargo, que en cualquier ocasión en que por derrota militar de los amos, o por benevolencia gratuita de los mismos – también en los tiempos de Aristóteles-, se les presentó a esos esclavos “innatos” la oportunidad de hacerse legalmente libres, no consta  históricamente que esa libertad (y el derecho correlativo a la propiedad) hubiese sido alguna vez rechazada.

Nuestra sociedad en gestación iberoamericana conoció de la esclavitud en tales términos aristotélicos aún bien entrado el siglo XIX (en Brasil, hasta 1888). Pero, para ese entonces, la “Ilustración” liberal del siglo XVIII ya había barrido hasta los últimos vestigios de pretensión  racional en defensa del sistema.     
Por eso los pretensos “amos” de nuevo cuño (Fidel Castro a la cabeza… y Abimael Guzmán, si se quiere, a la cola) enmascaran aquel viejo despotismo tras una retorica nueva, que les permita -como a Lenin, en su momento, y a Mussolini, Stalin, Hitler, Mao después –  asegurarse del monopolio total del poder sobre sus conciudadanos que, en consecuencia, se ven reducidos bajo nuevas acepciones a la condición de antaño de los esclavos.

Por otra parte, como lo analizó   Bertrand de Jouvenel, siempre cuentan con delirantes masas de ignaros a sus espaldas que les brindan, como a Perón y su Evita, su aplauso de apasionado automatismo reflejo, y que les facilite añadiría Eric Fromm, “escapar a las responsabilidades de la libertad”…
Por eso los aprendices a dictadores contemporáneos se valen de palabras ofuscadoras para crearse sus nuevos siervos y esclavos. La más abusada es la de justicia “social” (¿cuál no la es?) en favor de los mas débiles (los mas fuertes supuestamente no la necesitan), seguida de la pretensión de la “igualdad” de todos (hacia abajo y por decreto, no hay otra ruta), y la de los mercados centralmente “ordenados” a tenor de las prioridades del caudillo de turno (nunca, por favor, de acuerdo al característico “caos” capitalista que empieza por el pecado mortal de sólo reconocer las preferencias de los consumidores), o la de la “soberanía popular”, entendida como la de las masas que les venden sus votos a cambio de pan y circo que ellos financian con los petrodólares que habrían de haber sido de su propiedad, o la de “la tierra para el que la trabaja” (no para quien legítimamente la compro o la heredo), junto a reformas agrarias (como si el mercado no lo hiciera a diario) o, por supuesto, de corolario final, la del aplastamiento de esos detestables “burgueses” que les son suficientemente independientes para volvérseles impertinentes, lacayos, por añadidura, de los yanquis -como lo “muestra” la “teoría de la dependencia”- y ya de suyo merecedores del castigo de la expropiación por el simple hecho de haber aceptado desde un principio que se les incluyera en una clase social tan despreciable (aclaración obsequio de Trotzki).

Las confusas “ideas” que subyacen a tanta verborrea implican, entre otros dislates, que la riqueza de unos se debe a la pobreza de los otros; y que la pobreza tiene causas, la riqueza no. Y que el capitalismo “por esencia” ha de estar estructurado en derredor de un centro desarrollado (imperialista por injuria añadida), y de una periferia avasallada que le es mercado colonial cautivo y fuente de mano de obra barata, tal cual lo “constata” en opinión de Raúl Prebisch (fundador de la CEPAL) el progresivo deterioro de los términos de intercambio del comercio internacional entre los países industrializados y los que se limitan a exportar materias primas (“commodities”).

Y la “idea” más ruinosa de todas: que la “verdad” en estas cuestiones sociales es una función estadística, es decir, un resultado del número de los que chillan en las calles a horas hábiles (los “piqueteros” de Kirchner, por ejemplo), mientras a los disidentes (como en Cuba) se les apalea y se les relega a trabajar en silencio para la construcción del socialismo del siglo XXI…

Tal esclavitud contemporánea, a diferencia de la clásica, no es, por tanto, el triste resultado de la imposición de unos sobre otros por la guerra (“¡vae victis!”, “¡ay de los vencidos!”, como lo resumió la dolorosa experiencia romana), sino del empleo masivo del embuste, de las mentiras porfiadas, en la lengua de los mejor entrenados en engañar.

No hay, por tanto, entre nosotros, iberoamericanos, tales enemigos innatos de la libertad, sea por temperamento, sea por tradición, sino que se nos han multiplicado en nuestro medio los “tontos útiles” que la asfixian al ritmo que les marcan a diario los altoparlantes oficiales de los que han logrado apropiarse los modernos sofistas desalmados.
Pero tampoco hemos de olvidar que nuestra fragilidad cívica del presente pende de nuestro  hábito ausente de pensar (o presente en unos pocos raros), de responder a cualquier tesis que se nos exponga de viva voz o por escrito con los correspondientes análisis críticos de fondo. Somos los niños del corto plazo.

Yo aprovecharía para proponer que  revisemos los planes educativos de nuestras escuelas y rescatemos para nuestros jóvenes un estudio mas acendrado de la lógica, sobre todo en aquella rama que se ocupa de la claridad de nuestros conceptos y vocablos y que solemos englobar bajo la “lógica informal” o “material”. Porque nos ahogamos en un “tsunami” de falacias populistas y muchos ni siquiera caemos en la cuenta…         

La culpa, concluyo, de nuestra zozobra del presente radica en nosotros, no en nuestra herencia caudillista de la madre España (si ellos ya lo superaron, nosotros por que no), ni en el autoritarismo de la Iglesia Católica (baluarte contra la tiranía en muchas otras latitudes y épocas), ni en la Conquista de hace quinientos años (por unos poquísimos comparados a los millones que les siguieron pacíficamente en busca de oportunidades, muchos de ellos nuestros abuelos y bisabuelos), ni en la estructura patriarcal de nuestras familias, evaporada desde hace mucho al ritmo de la modernidad en nuestras grandes metrópolis, ni en los indios resentidos, ni en los negros desafectos, ni en los yanquis prepotentes…
La responsabilidad es enteramente nuestra, y de nadie más. Sencillamente, porque hemos renunciado al esfuerzo de pensar con claridad, el prerrequisito para toda vida moral, privada y pública.  
O como lo expresó  en otro contexto un poeta británico: “Me tropecé con el enemigo y era… ¡nosotros!”.

¿Por qué urgen reformas sensatas a la Constitución?

 

Por: Armando de la Torre

 

            Por “sensatas” entiendo propuestas meditadas como resultado del estudio de la lógica interna del Derecho, de una larga experiencia cívica y de la integridad moral de las personas que las proponen.

 

El Comité Pro Reforma de la Constitución (www.proreforma.org.gt) está constituído por hombres y mujeres así de sensatos. Todos, ciudadanos exitosos y de probada fidelidad a sus principios. Ninguno, por tanto, “partidista” en el sentido usual del término.

 

¡En buena hora!

 

            Debe reconocérseles su ardua lucha cuesta arriba, al promover un proyecto de reforma que pretende atacar frontalmente esos intereses ilegítimos (previsibles),  creados y consolidados a la sombra de la Constitución vigente.  

 

Enmiendas redactadas por ciudadanos en su condición de tales,  no por partidos o “colectivos” resultados de ficciones jurídicas.

 

            La primera originalidad del proyecto radica precisamente ahí, en el que sean honorables hombres y mujeres del sector del país de veras independiente quienes propugnen por él.  De tener éxito tal iniciativa, inédita en Iberoamérica, podría ser imitada por todos, o casi todos, nuestros pueblos que calificamos con el eufemismo de “subdesarrollados”.

 

            Como era de esperar, ya se han dejado oír las primeras voces esceépticas, y no sin razón: la historia de nuestros pueblos está plagada de “constituciones” inefectivas y de “reformas”contraproducentes. Alvaro Colom ya pareció sugerir que él también podría aportar las suyas, y otros “populistas” bien conocidos del Congreso amenazan con lo mismo. ¿Se augura, pues, una competencia olímpica entre “reformas”. ¿No habremos entrado en el peligroso juego de abrir una aterradora caja de Pandora que deje sueltos más  demonios políticos?

 

Esa, al parecer, es la razonable posición oficial del Centro de Defensa de la Constitución (CEDECON).

 

            Existe ese riesgo, pero la alternativa de “no hacer nada” implica, no menos, que nos resignemos fatalistamente a las pésimas calidades de gobernantes y de jueces  que padecemos desde antes y después de 1985.  “No hay mal que dure cien años”, reza el  refrán,  pero  también advierte ni “cuerpo que lo resista”.

 

Después de un cuarto de siglo de vigencia, ¿acaso no hemos visto desfilar por nuestra vida pública todos  los diablos que liberó aquella otra apertura de esa misma caja que montaron los constituyentes de 1985? ¿Por qué no intentar siquiera mitigar padecimientos a nuestro gastado cuerpo republicano con algunas reparaciones en sus órganos y tejidos claves?

 

            Por ejemplo, en torno a nuestra prioridad número uno, un poder judicial efectivo, ¿por qué no alargar el período de los magistrados de los cinco años que hoy se preceptúan a veinticinco o más para que sean de veras independientes del Congreso y del Ejecutivo?

 

            Y ¿por qué no dejar que el Organismo Judicial elabore su propio presupuesto, el cual habría de ser incorporado sin retoques al presupuesto general de la nación?

 

             ¿O por qué no tipificar penalmente las acciones de abogados claramente enderezadas a la obstrucción de la justicia como las recusaciones insustanciadas a jueces y fiscales o el recurso al amparo por la vía de razonamientos frívolos? Y ¿por qué no endurecer las sanciones para los funcionarios de los otros poderes que interfieran en los procesos judiciales?

 

            ¿Por qué no requerir, además, que las resoluciones y sentencias de los magistrados y los jueces se ciñan a la jerarquía de la ley (Constitución, tratados internacionales en el ámbito de los derechos humanos, legislación ordinaria, otros tratados, decretos, reglamentos…) y, en especial, dentro de los plazos de ley?

 

            ¿Para qué retener la rotación anual de la presidencia del Organismo Judicial que lo mantiene acéfalo desde hace cinco meses? Y si se quiere evitar una recurrencia del poder excesivo que llegó a acumular en su día Juan José Rodil, ¿por qué no cambiar el proceso actual de postulación y de elección?

(Continuará)

 

Adiós, Álvaro

 

Te fuiste a la Tierra del Engaño, y te sentiste cómodo.

 

Pusiste de por medio un brazo de mar caribe entre ti y el espíritu de los justos, los muchos guatemaltecos inocentes muertos, mutilados o aún inválidos de cuerpo y alma, parte del legado de treinta y seis años de derramamiento de sangre orquestado desde La Habana.

 

Te solidarizaste, además, con el verdugo, no con sus víctimas, cubanos igual de inocentes, setenta mil de entre ellos ahogados en el estrecho de la Florida en su desesperado intento por escapar al dictador que condecoraste y, además, al precio de mancillar tu máximo emblema patrio. Tampoco con los actuales presos políticos de su tiranía o con los silenciados en sus paredones de fusilamiento. Tus ojos cerrados al hambre de sus pobres.

 

Ahora sabemos hacia donde apuntan tus verdaderas lealtades.

 

Sin advertirlo, acabas de remachar una exclusión suicida tuya del mundo civilizado.

 

Retrocediste de ciertas luces vagamente cristianas que dices profesar  hacia las tinieblas de la más primitiva y repugnante de barbaries sin elecciones. Del moderno ideal de un Estado de Derecho a una preferencia instintiva por los autoritarios, los reales y los reales y los payasos, los de ayer y los de hoy. Todo eso que bien cuidaste de ocultar a los votantes en tus tres campañas por alcanzar la presidencia. Y has descendido de una genuina solidaridad iberoamericana a una “cohesión” criminal con ególatras desfasados, que te desprecian al nivel de tenerte por mero estribo de sus monturas, a caballo en pos de sus utopías al viento.

 

¡Vaya brinco, y ya de adulto!

 

Lo peor, así serás recordado.

 

Por falta de entereza te has dejado empujar a la traición de tus convicciones. Ejecutoria dilapidada, la tuya, consignada al pie de página de algún texto del futuro al olvido piadosamente reservado para los fracasados.

 

Tu gesto último también es una afrenta injusta a la memoria de un hombre entero que no mereció ser asociado a tu reprobación, tu tío Meme Colom.

 

¡Cuán impulsivo y vano te has revelado! ¿Por el orgasmo ideológico de un estrechón de manos decidiste sacrificar la trayectoria del estadista que soñaste despierto en tus tiempos juveniles?

 

Ya llegaste al punto de no-retorno, y jamás te será dado reencontrarte con el beneficio de la duda que un día te otorgó, generoso, tu pueblo.

 

Habíamos sufrido en Alfonso Portillo un Presidente de catadura mexicana, o sea, una clonación voluntaria local de los politicastros de más allá del Suchiate de aquella, la era de la “dictadura perfecta” del PRI. Hoy nos rebajas con tu servicio a domicilio del Gran Collar de la Orden del Quetzal cuyo destinatario fue el único dictador totalitario en quinientos años de las Américas.

 

Enhorabuena por tanta originalidad, que de ahora en adelante te logrará ser reconocido como cubano adoptivo… en su versión castrista.

 

Casi cinco mil fueron los caídos de las fuerzas armadas constitucionales de Guatemala en la defensa de la integridad y soberanía de su suelo ante la intromisión “fraternal” del internacionalista Fidel. Incontables las lágrimas de quienes pasaron por la traumática vivencia del secuestro, extorsión por él estrenada en Cuba en su violenta carrera hacia el monopolio del poder absoluto y copiada después por sus secuaces en Guatemala. Incalculables los zarpazos económicos a nuestra capacidad de generar riqueza con el asesinato de empresarios exitosos, la destrucción de infraestructura pública, o las oportunidades perdidas de inversión de capital, todo bajo el liderazgo verticalista de allende el mar de ese “máximo líder” que así  quiso exportar acá su “lucha de clases” aparentemente hoy de tu gusto.

 

Entretanto, Guatemala, sin necesidad alguna, queda uncida por ti al carro infame de los peores especímenes “criollos” a la venta de sí mismos a Hugo Chávez, a cambio de unos petrodólares-: de Cristina, por ejemplo, en la Argentina, de Daniel en Nicaragua, o de Evo, en Bolivia.

 

De veras que el poder corrompe…

Para los que solamente saben hablar mal de los gringos…

 

Empieza a producir malestar el que toda la humanidad haya tomado por hobby hablar mal de los Estados Unidos

Y no solo los chavistas comunistoides de América Latina, sino, en
general, todo el mundo. En los últimos años se considera politicamente
negativo decir algo bueno de los Estados Unidos en Venezuela. Hay
hispanos que, habiendo pasado más de la mitad de su vida en los
Estados Unidos, no encuentran nada bueno qué decir de USA; pero ahí
siguen, pegados como garrapatas, sin plantearse regresar a sus países
de origen aunque les regalen el pasaje….

Aquí hay tres ejemplos de respuestas ejemplares a dichos comentarios.

Primero:

Hace unos pocos años, durante una conferencia en Inglaterra, el
Arzobispo de Canterbury preguntó a Colin Powell si los planes de USA
hacia Irak eran, por parte de George Bush, algo más que ampliación del
‘imperio’, éste le respondió:

“A lo largo de muchos años, los Estados Unidos han enviado al peligro
a muchos de sus mejores jóvenes, hombres y mujeres, para luchar por la
causa de la libertad mas allá de nuestras fronteras. ….Las únicas
tierras que hemos pedido a cambio han sido apenas las necesarias para
sepultar a aquellos que no regresaron.”

Se hizo un gran silencio en el recinto…

Segundo:

Pocos días después del terremoto que asoló a Indonesia hace muy pocos
años, en el receso de una conferencia en Francia, con participación de
ingenieros de diversas nacionalidades, un ingeniero francés comentó
serenamente: ‘¿Han escuchado la ultima estupidez de George Bush?. Ha
enviado un portaaviones a Indonesia para ayudar a las víctimas del
tsunami. ¿Qué es lo que pretende hacer, bombardearlos?.

Un ingeniero norteamericano de Boeing se levantó y respondió, también
serenamente:

‘Cada uno de nuestros portaaviones dispone de tres hospitales a bordo
con capacidad para atender a varios cientos de personas. Son
nucleares, por lo que pueden suministrar electricidad de emergencia a
tierra, tienen tres comedores con capacidad para preparar comidas para
3.000 personas tres veces al día, pueden producir varios miles de
galones de agua potable a partir de agua de mar, y tienen media docena
de helicópteros para transportar victimas desde y hacia el buque.
Nosotros disponemos de once barcos con estas características. ¿Cuantos
buques así ha mandado Francia?.

De nuevo, silencio sepulcral

Tercero:

En Francia, durante un cocktail en una conferencia naval a la que
asistían marinos de alta graduación de las armadas de Australia,
Canadá, Francia, UK y USA, un grupo de oficiales de todos estos países
conversaba en inglés. Un almirante francés comentó que, si bien los
europeos aprenden muchos idiomas, los americanos se conforman sólo con
el inglés, y preguntó: ‘¿Por qué tenemos que hablar Inglés en estas
conferencias?. ¿Por qué no se habla francés?’.

Un almirante americano, sin dudarlo, respondió:

‘Tal vez sea porque australianos, británicos, canadienses y americanos
nos las ingeniamos para que ustedes no tuvieran que hablar alemán por
el resto de sus vidas’.

Se podría haber escuchado la caída de un alfiler…!

¿Saben cual es el secreto de los americanos?

Muy sencillo, hace mas de 150 años aprendieron algo que en
Iberoamérica pareciera que ni hemos aprendido, ni queremos aprender.

Se trata sólo de diez premisas muy simples:

Usted no puede crear prosperidad desalentando la iniciativa propia.

Usted no puede fortalecer al débil debilitando al fuerte.

Usted no puede ayudar a los pequeños aplastando a los grandes.

Usted no puede ayudar al pobre destruyendo al rico.

Usted no puede elevar el nivel del asalariado presionando a quien paga
el salario.

Usted no podrá resolver sus propios problemas mientras gaste más de lo que gana.

Usted no puede promover la fraternidad de la humanidad admitiendo e
incitando el odio de clases.

Usted no puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.

Usted no puede formar el carácter y el valor del hombre quitándole su
independencia (libertad) e iniciativa.

Usted no puede ayudar a los hombres haciendo permanentemente en lugar
de ellos lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos.

Abraham Lincoln

El ingenio en la oratoria

 

Un hecho real.
 
Un ingenioso ejemplo de Oratoria y de Política, ocurrido recientemente
en las Naciones Unidas, que hizo sonreír a la comunidad mundial
presente: ¡excelente forma de comenzar un discurso!
 
El representante de Israel ante las Naciones Unidas:
– Antes de empezar mi discurso querría contarles algo sobre Moisés:
Cuando Moisés golpeó la roca y de ella salió agua, pensó ‘Qué buena
oportunidad para darme un baño’. Se quitó la ropa, la dejó junto a la
roca y entró al agua.
 
Cuando acabó y quiso vestirse, su ropa no estaba allí. Se la habían
robado los palestinos.
 
El representante de Palestina saltó furioso y dijo:
– ¡¿Qué dice!?. Si los Palestinos no estaban allí entonces!’.
El representante de Israel sonrió y dijo:
 
– Y ahora que ha quedado esto bien claro, comenzaré mi discurso.

A TERRIBLE SHAME By Leonard Stern

The reason for the latest fighting in the Israeli-Palestinian conflict
is, so we’re told, easy enough to understand: Palestinians in the Gaza
strip have been firing rockets across the border into Israel, and
Israel has gone in to stop them.

 

But what really is this about? Israel evacuated Gaza three years ago,
so that Gaza could eventually become part of a new Palestinian state.
Israel didn’t want anything to do with Gaza; couldn’t wait to leave
the place. Why would Palestinian Arabs engage in a national suicide
project and start raining crude rockets on Israel, bringing grief to
themselves and delaying the emergence of their independent state?
 
Richard Landes could have the answer. A professor at Boston
University, Mr. Landes last year published a provocative take on the
Israeli-Arab conflict. He argues that Palestinian behaviour toward
Israel makes little sense until we understand the role of “honour and
shame in Arabic culture.”

 

Mr. Landes notes that to westerners, Arab rejectionism – the refusal
to acknowledge or accept Israel’s existence – seems both irrational
and self-destructive. But that’s because we in the West believe that
conflict between Israelis and Palestinians derives “from a calculus of
rights and wrongs” that can be negotiated – for example, swapping land
for peace.

 

What if the conflict is something else entirely from the Palestinian
point of view? What if it derives “from a calculus of honour and
shame” and thus is not amenable to negotiation but instead can be
resolved only “in victory over the humiliating enemy”?

 

A historian, Mr. Landes argues that outsiders do not appreciate just
what a profound symbol of humiliation Israel is to its Arab-Muslim
neighbours. For 13 centuries, “Islam had only known the Jews as a
subject people … living in exile, forced to live by the laws and at
the whim of foreign rulers and kings.” To be confronted in the 20th
century with an independent Jewish state in the Muslim Middle East was
unbearable.

 

It was bad enough that over the generations Islam had already lost
ground at the frontiers of its dominion, in Spain, the Balkans and
India. But the Middle East, too? As Mr. Landes puts it, what could be
more humiliating than “to lose territory at the heart of Islam, not to
a great and worthy foe (the Christian West, hundreds of millions of
Hindus), but to a tiny people without honour” – the dispossessed Jews.
It doesn’t matter that the modern state of Israel occupies barely a
sliver of the Middle East or that its Jewish inhabitants claim
ancestral, indeed indigenous rights. In 1948 the Arab armies attacked
anyway, but were repulsed. Same thing in 1967. The repeated Arab
defeats compounded the humiliation.

 

This humiliation expresses itself in the dysfunctional behaviours of
Arab leaders, such as denial (refusing to recognize or even speak the
name “Israel”) and the emergence of ingrained conspiracy theories to
explain Israel’s military victories.

 

“Not recognizing Israel is a fundamental, one might even say dogmatic
form of denial, denial that the Arabs were defeated by a tiny subject
people, denial of a catastrophic loss of face,” writes Mr. Landes.
“As long as the Arab world does not recognize Israel … honour can
still be salvaged. The war continues, the defeat goes unregistered,
and the hope of restoring face by wiping out the humiliation can still
dominate public discussion.”

 

If Mr. Landes is right about the Arabic culture of honour and shame,
it’s hard to see how the Israeli-Palestinian conflict will resolve. As
a western society, Israel has always expected that peace will be
achieved through negotiation and compromise. But shame cultures
operate on a zero-sum principle. “Any victory for Israel is a defeat
for the Arab and Muslim nation,” writes Mr. Landes.

 

A compromise that accepts Israel will make permanent the humiliation
of its Arab neighbours.

 

The Palestinian decision to fire rockets into Israel, while insane
from our western perspective, takes on a certain logic. Every homemade
Qassam rocket is a symbol of Arab honour. As long as one single rocket
launcher remains operational, the Palestinians get to pretend that
Israel is but a temporary blight on the Muslim Middle East.
Mr. Landes essay was written before the current troubles in Gaza but
it couldn’t be more timely. Interested readers can find it in the
valuable new book Postcolonial Theory and the Arab-Israel Conflict,
one of whose editors is McGill University anthropologist Philip Carl
Salzman.

 

A final point: Analyzing the Middle East through an anthropological
lens is a sensitive business. Mr. Landes warns that in some academic
quarters it is taboo to discuss the role of Arab honour and shame, and
doing so invites accusations of “cultural racism.”

 

That’s unfortunate. For six decades Israel has been under siege. If
this conflict were an ordinary geo-political one it would have been
fixed a long time ago – but it isn’t and it hasn’t, and it’s important
to ask why.

 

LEONARD STERN is the Citizen’s editorial pages editor. E-mail: lstern@thecitizen.canwest.com

La hormiga y la cigarra

VERSIÓN CLÁSICA
 
La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.
 
Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.
 
La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano haciendo
turismo, bailando y de juerga.
 
Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde
tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.
 
La cigarra tiritando y sin comida, muere de frío.
 
FIN
 
________________________________
 
VERSIÓN ESPAÑOLA
 
La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.
 
Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.
 
La cigarra piensa que la hormiga es tonta, y se pasa el verano
haciendo turismo, bailando y de juerga.
 
Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde
tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.
 
Un día, tiritando a la salida de un bar de copas, la cigarra organiza
con la Sexta una rueda de prensa en la que se pregunta ¿por qué la
hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando quiere, cuando ella,
tienen frío y hambre?
 
La Cuatro, las cadenas de TV estatales y la cadena SER, organizan un
programa en vivo, en el que la cigarra sale pasando frío y
calamidades, y a la vez muestran extractos del video de la hormiga
calentita en su casa y con comida en la mesa.
 
Los españoles se sorprenden de que en un país tan moderno como el
suyo, dejen sufrir a la pobre cigarra, mientras que hay otros viven
holgadamente Las asociaciones contra la pobreza se manifiestan delante
de la casa de la hormiga. TV1 transmite en directo la protesta.
 
Los periodistas de El País y El Periódico, escriben una serie de
artículos, en los que cuestionan cómo la hormiga se ha enriquecido a
espaldas de la cigarra, e instan al Gobierno de Zapatero a que en
solidaridad, le aumente los impuestos de la hormiga.
Maria Teresa Fernández de la Vega, muy implicada con los animales,
hace una rueda de prensa desde su casa , en el mismo Zoo de la Casa de
Campo.

Respondiendo a las encuestas de opinión, el Gobierno de Zapatero
elabora una ley sobre la igualdad económica, en la que califica a la
hormiga como una rémora del franquismo, y promueve en el Congreso, una
ley anti discriminación, con carácter retroactivo contra las hormigas.
Ian Gibson publica su libro: ” Las hormigas y el franquismo”, que el
Gobierno incluye en la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
 
Los impuestos de la hormiga han sido aumentados, y además le llega una
multa porque no contrató a la cigarra como ayudante en verano, y eso
además se tipifica como que ” produjo a la cigarra un maltrato
psicológico”.
 
Garzón embarga la casa de la hormiga, ya que ésta no tiene suficiente
dinero para pagar la multa y los impuestos.
 
La hormiga se va de España .
 
El Tomate hace un reportaje donde sale la cigarra con sobrepeso,
porque ya se ha comido casi todo lo que había en la casa de la
hormiga, mucho antes de que llegue la época…….
 
La antigua casa de la hormiga se ha convertido ahora en un albergue
social para cigarras, pero la casa se deteriora rápidamente, porque
nadie hace nada para mantenerla en buen estado.
 
Al Gobierno se le reprocha no poner los medios necesarios, por lo que
Rubalcaba y Garzón, ponen en marcha una comisión de investigación que
costará 10 millones de Euros.
 
Zerolo, los maricones y las bolleras, se manifiestan por Chueca en
solidaridad con las cigarras homosexuales, lesbianas y transexuales.
 
Entretanto la cigarra muere de una sobredosis de Cocaina.
La Cope y Telemadrid comentan el fracaso del Gobierno para intentar
corregir el problema de las desigualdades sociales.
 
La cadena SER, EL PAIS, Iñaki Gabilondo y la tribu catalana del
PSOE,(carles francino, angels barcelo y gemma nierga), dicen que la
culpa de todo es de Aznar, Irak, Franco y la Falange.

La antigua casa de la hormiga, ha sido ya ocupada por una banda de
arañas marroquíes inmigrantes, y el Gobierno de Zapatero se felicita
en la TV, por la ” pluralidad cultural de
España, ejemplo del éxito de la Alianza de Civilizaciones “.
 
Y colorín colorado,
otra vez nos la han colado.

Replacing Michelle

 

Take Michelle Obama: The University of Chicago Medical Center hired

her in 2002 to run “programs for community relations, neighborhood

outreach, volunteer recruitment, staff diversity and minority

contracting.”

 

 

In 2005 the hospital raised her salary from $120,000 to $317,000 –

nearly twice what her husband made as a Senator.

 

 

Oh did we mention that her husband had just become a US Senator? He

sure had. Requested a $1 Million earmark for the UC Medical Center, in

fact.

 

 

Way to network Michelle!

 

 

But now that Mrs Obama has resigned, the hospital says her position

will remain unfilled. How can that be, if the work she did was vital

enough to be worth $317,000?

 

 

We can think of only one explanation: Senator Roland Burris’s wife

wasn’t interested

 

 

El fracaso de Álvaro Colom

Por: Armando de la Torre

 

A un año de su inauguración, otro gobierno fallido, por razones muy parecidas a las de los anteriores.

 

El común denominador de todos, desde 1986, ha sido el de la improvisación.

 

En el caso de Don Alvaro me sorprende más porque se afanó tres veces en sucesivas campañas presidenciales durante las cuales alardeó de tener programa y equipo de gobierno integrados y listos.

 

No se ha evidenciado así. No porque sea mendaz; pues más bien lo creo un hombre bueno y bien intencionado, pero sí menos preparado y más débil de carácter de lo que había anticipado. Al fin y al cabo, la mera ingeniería industrial no ha preparado que yo sepa a nadie para los altos vuelos filosóficos, económicos y jurídicos que entraña la conducción de los pueblos.

 

Su insensibilidad, empero, hacia el sufrimiento de todos por los altísimos niveles de inseguridad que sufrimos -aún mayores que en los peores días de la insurgencia, mucho antes de la firma en 1996 de aquellos embustes solemnes con que nos prometieron “una paz firme y duradera”- me ha dejado de veras atónito.

 

Su desconocimiento de la importancia capital para una verdadera república de la estricta separación de poderes me asombra y desalienta. Y su indiferencia hacia la oprobiosa impunidad de toda clase de malhechores -que roza el nivel de la de los tiempos de Portillo-, ya no





s es a muchos no menos indignante.

 

El espacio que inconstitucionalmente ha dejado en la cosa pública para su esposa Sandra sólo puede atribuirse a irresponsabilidad, multiplicada hacia abajo por todo lo largo y ancho del partido de la UNE, devenido a su turno agencia de empleos para incapaces y aprovechados del erario nacional.

 

En ello destaca su descarado nepotismo hacia clanes de allegados, los Torres Casanova y los Fuentes Mohr, por ejemplo.

 

Sus reacciones hepáticas ante críticas sensatas hasta me han hecho dudar de sus convicciones democráticas, y sus presentaciones orales ante el público -incluido ante el Congreso- se han descubierto, tristemente, impulsivas, superficiales y caóticas.

 

Todo ello lo intenta disfrazar con el más deleznable de los recursos políticos: la demagogia, incluso a través de una propaganda oficial que a ratos raya en un cierto culto infantil a su personalidad. Lo cual, sea dicho de paso, transparenta no menos lo tenue y frágil de su comprensión del mercado y lo corto de su visión, para rematar.

 

Su pacto con Joviel Acevedo, que se tradujo en el aniquilamiento de PRONADE, y el exponerse a dejar semiparalítico por falta de fondos al Ministerio de Relaciones Exteriores son imperdonables, lo mismo que sus coqueteos con otro gran charlatán fracasado, Hugo Chávez.

 

Su Vicepresidente, cirujano de nota escogido por él, no por su partido, evidencia a cada rato su muy escasa familiaridad con las realidades del país del que estuvo ausente por décadas.

 

En su gabinete también figuran hombres probos y capaces pero que no parecen llevar la voz cantante. Su Ministro de Finanzas, persona decente, no reconoce otro horizonte que el de la burocracia internacional a la que ha pertenecido por años, y ha terminado por descargar con ligereza sobre los hombros del pueblo, y en plena crisis financiera internacional, un aumento descomunal a un presupuesto de por sí deficitario que, naturalmente, habrá de empobrecer aún más a los más pobres.

 

El “remedio” argüido con Mi Familia Progresa (“dar pescados, no enseñar a pescar”) ha devenido, así, en insulto a la inteligencia de cualquiera medianamente alfabetizado.

 

Sus bruscos cambios en la jerarquía militar, y en la de su propia seguridad personal, han puesto de manifiesto lo insuficiente del temple de su carácter para tomar decisiones bien pensadas.

 

Y todo esto, lo que se desprende de tan sólo su primer año de gestión…

 

¿Zozobrará en los tres que le quedan de mandato ésta nuestra barquita chapina, zarandeada por los vientos de quiebras económicas a nivel mundial y de terrorismos internacionalmente organizados?…

 

 

Preguntas a un periodista europeo

Por: Armando de la Torre

 

Callaron los cañones, el polvo se asienta, y la algarabía a su alrededor aumenta unos cuantos decibeles más en la prensa sesgada de Europa.

 

Tengo una reiterada experiencia personal que creo ser la de muchos otros: nadie puede ser mejor juez en asuntos propios que uno mismo.

 

Tengo amigos que ahora condenan a Israel con la vehemencia con la que jamás han condenado los ataques terroristas de las facciones palestinas. Tengo también otros que se recogen en un silencio herido por tamaña incomprensión.

 

Preguntas al amigo: si a ti , hombre pacífico, te hubiesen estallado cohetazos en el techo de tu casa, ¿cómo habrías respondido a la agresión? Pues sobre el sur de Israel han llovido millares por ocho años, después que los israelíes han evacuado Gaza bajo la promesa de que a cambio tales ataques cesarían.

 

Y si un grupo armado hasta los dientes declara que no descansará hasta haberte exterminado de la faz de la tierra, ¿te retirarías a llorar a solas tu desventura entre las colchas de tu cama? Pues así han sido y son, las declaraciones reiteradas de Hamás, Hézbollah e Irán, -bien pertrechados por su parte de petrodólares- contra Israel.

 

Y si se te enfrentan energúmenos que te ordenan, armas en mano, a que trates a tu esposa y a tus hijas en un Estado islámico como ellos tratan a las suyas, “vientres de reproducción de guerreros”, ¿acatarías sin defenderte tanta intromisión en tu vida íntima y tal desprecio para las mujeres que te son queridas?   Pues es eso, precisamente, lo que figura por escrito entre los postulados beligerantes del Hamás.

 

Y si quienes profieren tales alaridos ya han probado su determinación con anterioridad haciendo saltar por los aires autobuses escolares como los que transportan a tus hijos con los niños dentro, ¿te quedarás inmóvil cuando tomen a los suyos propios por escudos en tu contra? Pues desde escuelas, hospitales y mezquitas, parapetados tras multitudes de mujeres, ancianos y niños, han disparado miles de veces contra las mujeres, los ancianos y los niños de Israel.

 

Si cumples como buen demócrata con todas tus obligaciones cívicas y eres condenado a muerte por matones fanáticos que se rehúsan a aceptar voluntad mayoritaria alguna sino tan sólo la del cabecilla que los comanda, ¿aceptarías que espectadores lejanos e indiferentes a tus cuitas  te igualen moralmente a ellos? En Israel un millón de árabes musulmanes son ciudadanos con todos los derechos debidos, incluido, por supuesto, el activo de votar pacífica y secretamente y el pasivo a  ser votados  miembros del Parlamento, como lo han sido 16 de ellos. En Gaza no hay judíos, no hay cristianos, y los musulmanes se matan recíproc





amente entre sus dos facciones dominantes.

 

Si eres miembro de un grupo pequeño y te ves amenazado por una horda mucho mayor, -¡a la enésima potencia!-, ¿te abstendrías de tomar iniciativas  preventivas? Israel es patria de seis millones de judíos, restrictos por espacios inmensos que lo circundan y que son “patria” para 400 millones de musulmanes. De ahí que todos sepamos que los terroristas pueden perder guerra tras guerra, pero que a Israel le basta con perder sólo una para desaparecer del todo del mapa.

 

Si, encima, eres sobreviviente de una “solución final” absolutamente sin precedentes, ¿estarías dispuesto a jugar con la posibilidad de una segunda para los que lograron escapar a la primera? Un tercio del judaísmo mundial -incluidos un millón de niños- fue aniquilado en Europa; otro tercero sobrevivió para hacer del desierto un jardín en Israel.

 

¿Aceptarías ecuánime que quienes fueron tan indiferentes a tanto dolor tuyo “mediaran” hoy en tu contra?…

 

Independiente de todo ello, creo disponer de la solución perfecta: que la franja de Gaza sea anexada a Egipto y la ribera occidental a Jordania (bajo garantías estrictas para el medio millón de israelíes asentados en ella).

 

Veríamos entonces hasta donde llega la voluntad de acogida entre hermanos musulmanes…