Descansa, Muso, te lo has ganado!

¡Descansa, Muso, te lo has ganado!

Por: Armando de la Torre

            La calidad de un hombre se mide por la de quienes lo lloran.

            La tuya, Muso, en primer lugar por la de tu maravillosa esposa Olga, siempre amable, siempre risueña aun en los momentos más dolorosos de la vida, leal contigo y con todos, digna, serena y cuya belleza de rostro nunca ha sido otra cosa que el mero espejo de la de su alma.

            También por la de tus hijas, Olguita, Inés, Carmen e Isabel, y por la de tus hijos Manuel y Andrés.

            Por la de los pensadores e intelectuales prendados de lo más glorioso en cada cual, nuestra libertad personal, y desparramados por el entero globo terráqueo que deslumbraste con tu penetrante inteligencia.

            Por la de los hombres de acción sobresalientes tanto en los negocios como en la política, o aun en el apostolado cristiano, para los que fuiste ejemplo de integridad ética, aquella que no conoce miedos ni claudicaciones.

            Por la de los jóvenes disciplinados desde temprano para el estudio, la empresa, la creatividad, en respuesta a las invitaciones insistentes tuyas a volverse productivos, en un derrotero fijado por tí y en el que ya perseveran.

            Por la de tus amigos más íntimos que te reciprocaron tu franqueza, tu fidelidad a la palabra dada hasta pagar incluso algunos con sus vidas el apego a idénticos principios, transparentes como tú en el desempeño de sus responsabilidades de trabajo, familia y patria.

            Por la de las muchedumbres a las que supiste educar y deleitar inteligentemente con tu exquisito sentido del humor acerca de la condición humana.

            Por la de quienes vinimos de tierras lejanas para aprender de tí el claro razonar y el resuelto obrar.

            Por la de la entera humanidad, en fin, que gracias a ti recibió intensificadas desde este rincón inesperado del tercer mundo las luces del libre mercado y del Estado de Derecho y que, gracias también a tí, acabarán por incorporarnos sin excepciones al primero.  

            Descansa, querido y admirado Muso, te lo ganaste a pulso.

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