El Cacif tenía razón

 

Por: Armando de la Torre

El plant eamiento hecho al Gobierno por el CACIF, a prop ute;sito del aumento al presupuesto nacional en plena crisis financiera, contó, desde el primer momento, con mi simpatía.

 

Su argumentación era sólida y sensata. La actitud, en cambio, del Presidente Colom y de sus sectarios, indignante e irresponsable.

¿Cómo pudo un mandatario valerse de expresiones tan despectivas y vulgares – “mugir” – o, peor aún, permitir que su esposa le exhorte en público a dejarlos “que ladren” tocante a connacionales adultos que c rean riqueza y empleos y NO consumen meramente, como lo hace su entera burocracia? ¿No ejercían , acaso, un derecho humano y cívico de hacerse oír que les ampara la Constitución? ¿Y todo por el simple hecho que con mesura adversaron el aumento del pésimamente ejecutado y moralmente cuestionable gasto público, que roza el 16% del PIB?

 

Cuando se firmó el innoble apaciguamiento de delincuentes políticos en diciembre de 1996, se concertaron aumentos tributarios paulatinos hasta llegar al 12% pero con una condición esencial: que se sostuviera un crecimiento económico del 6% anual. Ningún gobierno ha cumplido con ella, pero sí han aumentado ininterrumpidamente los impuestos.

 

¿Cómo se rebajó el símbolo de la unidad nacional a responder con bravuconerías -“pese a quien le pese”-, los razonamientos sesudos de quienes sí pagan los impuestos con los que se sufraga a su derrochadora administración pública? ¿Se ha mostrado así hacia ese improvisado y disparatado proyecto de su esposa, el Consejo de Cohesión “Social”?

 

En Guatemala poco menos de dos millones de contribuyentes cumplimos con el pago de impuestos directos además de los indirectos. Y casi el 80% del total de la recaudación fiscal le llega al fisco a través de los tres mil contribuyentes más grandes, muchos de ellos agremiados en el CACIF.

 

No ha de olvidarse que nuestro sistema, por desdicha, es progresivo, es decir, que                                                                                                                                                                                                                                                 castiga al que sabe servir mejor a sus consumidores, mientras premia y favorece a los más ineficientes.

 

Por supuesto, hay evasores aislados que habrían de ser sancionados igual que los  funcionarios que impunemente incumplen a diario con sus deberes.

El CIEN calcula que el sector informal genera cerca de un 70% de los ingresos para la población económicamente activa (PEA). Si en ellos se concentrase el esfuerzo prioritario de la SAT, es decir, si ampliara la base tributaria del Estado, serían fiscalmente contabilizados y no habría ninguna necesidad de caer alocadamente siempre sobre los mismos.

 

¿Qué hay de malo, Sr. Presidente, en reclamar transparencia (Art. 30 de la Constitución) en torno a esa cuantiosa danza nepotista de millones que “distingue” a su administración?

¿No le inquieta cargar sobre su pueblo un gasto público, que ya había sido duplicado (100%) en los últimos ocho años, por un monto aún mayor? ¿Ni incorporarle un déficit que inevitablemente habrán de saldar nuestros hijos y nietos, ya sea vía deuda pública, ya sea con nuevos impuestos?  

 

¿Tan pronto abdicó del humanismo que desplegó durante la campaña que lo llevó a su apretada elección? ¿No le avergüenza exhortar a la “paciencia” al agobiado contribuyente  que aterroriza la delincuencia, y que usted había prometido eliminar “con inteligencia” en ocho meses?

¿Tampoco le preocupan la renovada fuga de jóvenes talentos guatemaltecos hacia tierras más seguras? ¿O la ausencia de inversiones foráneas que generen empleo? ¿Le habrán convencido de que el capital carece de mejores alternativas en otras latitudes?

 

¿O será que sus modelos “social” demócratas son los ruinosos y corruptos de Chávez, Correa y Ortega?

 

¿O se habrá engreído al punto de creerse un planificador más eficaz que el mercado?… ¿Y tan “fatalmente arrogante” que supone fácil el salto de ingeniero industrial al de ingeniero “social”?

 

¡Qué triste! Apenas le restan meses para que no se le sume a sus predecesores olvidados en el cementerio de la historia.      

 

 

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