El cambio en Guatemala.

En Guatemala necesitamos un cambio. No podemos seguir como estamos. La dignidad del guatemalteco va por las alcantarillas y  con ella los sueños de muchos, tanto los de aquellos que decidimos no migrar, como de quienes tomaron la decisión de hacerlo. Este cambio no debe ser ligero ni superficial sino de fondo y ya no podemos esperar más.
 
El cambio debe ser en lo profundo de la cultura. En nuestras raíces. En nuestra manera de pensar. En nuestra manera de tomar decisiones. Por supuesto, tiene que ser un cambio que eleve nuestra dignidad, que nos devuelva el valor y el aprecio que merece la persona que ama a Guatemala.
 
Entendemos que un cambio cultural puede ocurrir en dos vías, en un individuo o en una sociedad.
 
El cambio en el individuo puede lograrse si este cambia de cultura y de reglas de juego, a veces esto se consigue cambiando de país. La persona que emigra tiende a adaptarse a las nuevas reglas y a hacer lo que es permitido. Si en la sociedad no hay certeza en los castigos es muy probable que nadie cumpla las reglas y esta persona que inicia su vida en este sistema va a actuar sin apego al respeto de los derechos de los demás, como sucede en Guatemala. Por el contrario, si esta misma persona emigra a un territorio donde las reglas son generales y abstractas y se respetan, donde hay certeza en los castigos, donde la autoridad hace que se cumplan las normas que buscan respetar los derechos individuales seguramente será otro el ambiente. Un ambiente de paz, de prosperidad, de dignidad y de justicia. Es fácil darse cuenta que el cambio en un individuo no es tarea irrealizable. Basta con cambiar de reglas de juego para cambiar su conducta y actitud ante las normas.
 
Una tarea más compleja es cambiar la cultura de una sociedad, en un país como Guatemala. Asumir que una propuesta de reforma constitucional pueda cambiar toda una cultura es algo muy pretensioso y no es así. Pero sí consideramos que puede y debe iniciarse -iniciarse- un proceso de cambio cultural.
 
Lastimosamente en Guatemala se tiene una visión del empresario como aquel que explota a los trabajadores, como aquel que oprime al pueblo, como aquel que despoja una supuesta plusvalía. A pesar que sabemos que sin empresario no hay empresa, sin empresa no hay empleos, y sin empleos no hay techo ni pan (ni impuestos).
 
Por consiguiente, consideramos necesario refundar esta visión del empresario. Necesitamos ver al empresario como un emprendedor visionario que entrega riqueza a su país. Como aquel que da oportunidades a los accionistas, a los proveedores, a los empleados, y a los clientes. Como aquel que pone en marcha el proceso económico de creación de riqueza y no como aquel que toma injustamente una supuesta plusvalía.
 
Hoy en día no podemos salir a defensa de los empresarios, como tales, ya que hay algunos que viven de privilegios que el mismo sistema otorga. Estos no son muchos. Son pocos, pero alimentan el mismo sistema viciado. Y a quienes perjudica son a los otros empresarios que no gozan de esos privilegios. Que compiten en desventaja.
 
Con empresarios con privilegios, donde se organizan en carteles u oligopolios, el país no podrá salir adelante. En cambio, sí podremos sacar a Guatemala adelante con empresarios compitiendo en un sistema que premia la creatividad y la innovación, la calidad y los mejores precios.
 
Como tratamos de hacer ver en el inicio, un sistema de reglas hace que las personas actúen de manera distinta. El sistema de reglas e incentivos puede cambiar la forma de pensar, la actitud, y las acciones de los empresarios. Si el Estado no otorga privilegios, beneficios ni prerrogativas tendremos a los empresarios bajo las mismas reglas de juego y por consiguiente en ambiente competitivo.
 
ProReforma propone en el artículo 157 que “En ningún caso el Senado o la Cámara de Diputados emitirán Ley o decretos arbitrarios o discriminatorios, en los que explicita o implícitamente se concedan prerrogativas, privilegios o beneficios que no puedan disfrutar todas las personas que tengan la oportunidad de hacerlo.” Cambiando los incentivos de los empresarios podremos tener una nueva generación empresarial en Guatemala que va a hacer que cambie la misma visión que se tiene del empresario y que allí inicie un cambio cultural. La acción empresarial tiene efectos en muchas facetas de la vida cultural de una civilización.
 
Para superar la pobreza de miles de guatemaltecos necesitamos del empresario, de manera ineludible y no hay otro camino. No podemos despegar sin él. Es la parte más importante de la creación de la riqueza. Sin el emprendedor no se innova, no se crea, no se construye. En Guatemala necesitamos más empresarios, más emprendedores, más empresas y más trabajo.
 
Estamos seguros que con una nueva generación de empresarios -basados en la competitividad y no en los privilegios-, sin que el Estado juegue un rol de patrimonialista, podemos iniciar un cambio cultural.
 
Se ha buscado todo el tiempo, innumerables veces, seguir políticas públicas que persiguen que la economía crezca un poco por acá, otro poco por allá. Y con ello, al final del día, avanzamos en un promedio del 2 al 4 % de crecimiento económico anualmente. Si logramos un cambio en nuestra cultura económica podríamos llegar al 10% de crecimiento económico anual y en 7 años, en 7 cortos años, creciendo al 10%, duplicaríamos la riqueza del país.
 
Se incrementarían la cantidad de empleos, crecerían los sueldos, se aceleraría la economía. Hoy en día buscamos que los trabajadores ganen Q. 60 en un día laboral en lugar de Q. 50 con algún plan del gobierno. Por qué no aspiramos a que de Q. 50 pasen a ganar Q. 1,000 en un día laboral, como sucede en países como Suecia o Noruega. Necesitamos dar ese salto, salto que muchos países ya han dado.
 
Para lograr este cambio hay que eliminar el incentivo mercantilista que ha impulsado a algunos empresarios a engrosar sus patrimonios con privilegios y beneficios.
 
Cambiemos los incentivos y la visión del empresario, tengamos empresarios competitivos, que ofrezcan los mejores productos al mejor precio, en un mercado libre, sin privilegios, solo así podremos emprender el camino de la producción de riqueza, que es la única vía para superar la pobreza.


Alfonso Abril
www.proreforma.org.gt

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