El futuro religioso del hombre X

El futuro religioso del hombre (X)

Por: Armando de la Torre

            La introducción y propagación del monoteísmo por tierras bíblicas data de casi cuatro mil años atrás. La figura del  “Cristo” (Mesías), de hace dos mil, aceleró y expandió un mensaje retocado del mismo, muchísimo más profundo y controversial. De éste último primordialmente me ocupo.  

            El debate en torno a la “Revelación” durante esos lapsos de tiempo milenarios ha sido incesante, apasionado y, en ocasiones, violento. Por millones se cuentan las víctimas que han rubricado con su sangre su testimonio respectivo, a favor o en contra.

            Para la inmensa mayoría de esos humanos ya se resolvió definitivamente el dilema: han muerto.

            Por eso no me queda alternativa que dirigirme a los aún vivos, y a todos aquellos todavía por nacer. Para que confronten la misma disyuntiva de tal envergadura y trascendencia cual no ha habido otra en la historia de la humanidad.

            Un gran matemático y piadoso precursor del cálculo de probabilidades, Blaise Pascal, nos propuso la siguiente apuesta: o Dios no existe, y nuestra fe habrá sido al final inútil, es decir, sin repercusión alguna más allá de la muerte, o Dios sí existe, y nos habremos jugado tontamente nada menos que la entera eternidad.  Pascal, por supuesto, sabiamente recomendó apostar a la existencia de Dios.

            Al margen de meras apuestas, el mensaje que nos ha sido entregado a través de la tradición judeocristiana se ha mostrado de una coherencia lógica interna tan estricta, más aún,  de una originalidad tan única e insuperable, que ha logrado trastocar las vidas de aquellas personalidades que la han llegado siquiera a rozar, de Agustín de Hipona al Mahatma Gandhi, de Copérnico a Kant, del emperador Constantino a Tony Blair, de Francisco de Asís a la Madre Teresa de Calcuta…

            Nuestro contemporáneo F.A. von Hayek, se encargó, por su parte, de relegitimar para nuestro acervo cultural el benéfico servicio de las tradiciones, en oposición al menosprecio explícito hacia ellas de los “ilustrados” franceses de los siglos XVIII y XIX, al afirmar en su opus magnum “Los Fundamentos de la Libertad” que el aserto de los enciclopedistas acerca de que “toda tradición es superstición” es, en sí mismo, una superstición.

            Lo sugestivo en su caso es el área académica desde la que retrotrajo su novísima defensa de la verdad que pueda encerrar la tradición: la ciencia económica, en cuyo nombre fue galardonado con un premio Nobel. Porque, había dicho, la suma total del conocimiento se halla desigualmente dispersa por toda la sociedad, y las tradiciones son la única forma de sintetizarla y preservarla, en paralelo al mecanismo espontáneo de los precios del mercado. Incluso que las tradiciones resultan no menos aplicables a las ciencias naturales que a las sociales, a través de los “paradigmas” subyacentes en toda ciencia según la propuesta Thomas Kuhn. Sobre parecidos supuestos, otro gran economista “austriaco”, Israel Kirzner, se atrevió a explicar la naturaleza de juego suma positivo de la actividad empresarial.

            En la medida,  añado, en que podamos proyectar para el futuro la validez de las tradiciones escritas u orales, el “depositum fidei de la tradición cristiana volverá  a ser reconocido como roca viable sobre la que se construye la esperanza perpetua de la fe de la Iglesia.

            ¿Y qué hay de quienes han permanecido sin su culpa al margen del kerigma de la Iglesia primitiva? Ahí se abre un espacio para la especulación teológica. Ensayos históricos, por ejemplo, como los del “limbo” o del “purgatorio”, ambos sin sólidas bases escriturísticas, podrían regresar al primer plano de las preocupaciones interconfesionales.

            La creatividad de una institución que se remonta a la inspiración inagotable del Espíritu divino podrá también iluminar de absoluta confianza el horizonte de un posible universo humano interplanetario

            Y de su mano, la sobrevivencia de esa otra idea tradicional del “alma” en cuanto raíz ontológica última del concepto de “persona” y sus derechos.   

           

1 thought on “El futuro religioso del hombre X

  1. El problema es que en un futuro interplanetario, para que exista una mayor conectividad universal, nuestra noción de la divinidad debería de trascender arquetipos humanos y basarse en modelos mas abstractos y generales, de aplicación uniforme a toda cosmovisión universal. Es ahi donde las carencias de la mitología cristiana salen a relucir.

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