El futuro religioso del hombre XXI

El futuro religioso del hombre (XXI)

Por: Armando de la Torre

Durante el Renacimiento (aproximadamente del 1350 al 1550) la mujer, en cuanto reinas o en cuanto damas virtuosas, influyó crecientemente en la arena pública.  Inesperadamente,  empero, una austera Santa Catalina de Siena, de apenas  veinte años de edad, intervino  con gran éxito en la turbulenta política de la Italia de su tiempo, y hasta logró lo que ningún príncipe había conseguido durante siete décadas de esfuerzos: el regreso de los Papas  a Roma, tras un largo cautiverio en Avignon.  Ello le valió, algo tardíamente, que Pablo VI  la declarara Doctora universal de la Iglesia.

Muchas otras también dejaron  rastros importantes, aunque nada piadosos: la temible Catalina de Medici, por ejemplo,  o  la inescrupulosa Isabel de Inglaterra  o la temperamental Cristina de Suecia.

Pero la corona entre todas se la llevó la españolísima Santa Teresa de Jesús, de agudo ingenio, fácil prosa y exquisito sentido del humor; también con algún retraso reconocida como la  Doctora “mística” para todos los católicos .

El siguiente paso en la progresiva  admisión de la mitad femenina de nuestra humanidad al protagonismo  histórico lo dieron,  casi sin caer en la cuenta, aquellas  grandes señoras de los aristocráticos salones parisinos del “ancien  régime”,  quienes popularizaron a su costa los encuentros intelectuales entre los pensantes de ambos sexos.  De ahí que  a nadie pareció sorprender la abundante cosecha de  lideresas en la siguiente generación,  durante la gran Revolución.    Hacia   Madame Staël, o la  “George Sand” (Aurora Dupin), o la Mary  Shelley, de los inicios del Romanticismo, la transición fue fluida.

El siglo XIX fue el marco también para la incorporación de las mujeres a la educación formal superior a partir de 1840.  Y que hubo de culminar a principios del siguiente  con dos premios Nobel en ciencia naturales (química y física) a una misma persona, una mujer: Marie Slodowska  Curie.

Mientras tanto, las “sufragatistas” se encargaron de  asegurar   su presencia en  la política democrática, sobre todo después de sus abnegados y masivos  aportes laborales a lo largo de la primera guerra mundial,  de tal manera que  Golda Meir, Margaret Thatcher o Angela Merkel hoy  figuren con toda naturalidad y aceptación entre los grandes estadistas de sus pueblos respectivos…

¿Qué les queda, pues,  por alcanzar ?.

La respuesta apropiada,  creo,  al más grande de sus desafíos: ese difícil  balance para la inmensa  mayoría de las parejas entre el trabajo en la calle y sus habituales obligaciones de progenitores.

La experiencia me ha enseñado que la fe religiosa es el más efectivo de los calmantes para tales tensiones y el más fecundo  de los apoyos en la educación de las nuevas generaciones, sobre todo para la formación de su carácter,  que suelo entender como una  generalizada disposición a poder decir “¡NO!”. 

Hoy muchos intentan sustituir al sacerdote con el psicólogo.  Ambos necesarios, es verdad, pero cuyas funciones son muy diferentes.  El primero nos es el vehículo exclusivo para los favores divinos que nos rescaten con eficacia de nuestro hundimiento en el pecado; el segundo, en cambio, nos  es uno más para la conservación de nuestra ordinaria estabilidad emocional. 

Lo que me trae a otro punto debatido: tal confesor, ¿podría ser una mujer?.

Las mujeres a las que hasta ahora les he hecho esa misma pregunta siempre  me han respondido que no les agradaría.  Las feministas militantes, por el contrario, lo consideran un avance imprescindible – al menos para aquellas que retienen su fe religiosa- hacia la igualdad completa de derechos entre hombres y mujeres.

Pero ahí se tropieza con un  hecho histórico insuperables: en la tradición bimilenaria del cristianismo jamás se aceptó tal posibilidad, contradicha tan solo desde hace unos veinte años   entre comunidades periféricas. 

Nos quedará, no obstante, en la memoria colectiva el sostenido y gigantesco esfuerzo de la mujer por “humanizar” la fe del hombre.   

1 thought on “El futuro religioso del hombre XXI

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *