El mejor de los criterios

El mejor de los criterios

Por: Amando de la Torre

            Usted lee estas palabras por una sencilla razón: hace unos años, muchos o pocos, sus padres se preocuparon por enviarlo a la escuela donde aprendió a leer.  Y si en este momento tiene una oportunidad de practicar lo aprendido, lo debe a que hace unos años un señor llamado José Rubén Zamora decidió fundar este diario.  Y si usted ha logrado sobrevivir hasta hoy en el país de la impunidad, atribúyaselo a su prudencia continuada por todos los años que ya lleva vividos. 

Y la comprensión de estos ejemplos es el resultado de haberse acostumbrado usted a la visión  del largo plazo. Lo que confirma que es éste el mejor de los criterios para llevar una vida por la cual haya valido la pena luchar. 

Sin ella, no leería tampoco los párrafos que siguen…

Podría agregar que el mundo suele dividirse entre dos clases de gente: los habituados a pensar al largo plazo, los menos, y los que se dejan llevar por los arrebatos del momento, es decir, al muy corto plazo, los más numerosos.  Es algo que en algún sentido nos es innato e inevitable, pero que también resulta del enorme influjo del entorno social que a cada uno nos toca en suerte.

Tasso Hadjidodou, por ejemplo, sería un buen candidato  a figurar entre los primeros; Joviel Acevedo, al contrario, el paradigma, no menos, de los segundos.  Al uno, por tanto, lo tendremos siempre por digno de ser recordado; al otro, en cambio, trataremos de sacudírnoslo de la memoria lo más rápido que podamos.

Para generalizar, una madre envejece al ritmo de sus cuidados amorosos por su entera prole; un asesino, por el contrario, le arrebata en un segundo cualquiera de ellos con un plomazo.

O un Francisco Marroquín, el primer Obispo consagrado en suelo americano (1542), sentó las bases de la nacionalidad guatemalteca durante veintiún años de apostolado constante; Jorge Serrano, en cambio, estuvo a punto de despedazarla en sólo dos.

Largo versus corto plazo. He ahí la diferencia entre el esfuerzo que construye y el otro que aniquila.

Poco bueno se logra al corto plazo, al menos si nos fiamos de la tenacidad del honrado; lo malo, por otra parte, puede estar al alcance para el malhechor en un segundo.

Los pueblos virtuosos, digamos el de Holanda o el de Japón, han llegado al esplendor del desarrollo contemporáneo a base de hábitos con frecuencia heroicos y de siglos; los viciosos, empero, se entrevén apenas rezagados entre las sombras del atraso por su indolencia y su ignorancia.

Guatemala se halla aproximadamente a un tercio de tal ruta al desarrollo. Un tercio de sus habitantes trabaja disciplinadamente y cuida de sus hijos; pero otros dos tercios vegetan sin incentivos…

La política es el gran magneto esperanzador para estos últimos, mientras la igualdad ante la ley permanece el ideal lejano para el tercio exitoso.

Guatemala sigue enferma.

Las universidades privadas compiten entre sí para graduar a los mejores profesionales, sin subsidio alguno por parte de los demás contribuyentes. El IRTRA proporciona descanso sano y civilizado para millares de asalariados del sector productivo. El Movimiento Solidarista prosigue en su benemérita labor a favor de la movilidad vertical hacia arriba de todos sus afiliados, más numerosos, por cierto, que los constreñidos a sindicalizarse.

Los hospitales, las escuelas, los mercados, los medios masivos de publicación, hasta los emigrantes audaces que tanto arriesgan en solitario por acercarse a sus sueños, todos los buenos emprendedores, en fin, pobres y ricos, jóvenes y viejos, ladinos e indígenas, hacen su aporte  según economías de escala al progreso común.

Pero Guatemala sigue enferma.

La impunidad nos golpea porque a gobernantes, legisladores y fiscales poco les preocupa una justicia igual para todos, pronta y cumplida. Tampoco el bien común les mueve, sino los muy  particulares de sus familiares o de sus clientes. Y quienes se dicen “educadores” resisten con violencia a ser  a su turno educados hasta un nivel más arriba de la mera secundaria. Y quienes ya son maestros, se declaran en huelga en días lectivos, con absoluto menosprecio por el futuro de la niñez que les ha sido encomendada.

Las dos “iniciativas” prioritarias del Presidente de la República no han consistido en combatir la deserción paterna, ni los cárteles del narcotráfico; como tampoco en equilibrar el presupuesto o disminuir la carga para nuestros nietos de la deuda irresponsablemente acumulada por él y sus tres últimos antecesores.

Repito, enferma.   

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *