El otoño del patriarca

“El otoño del patriarca”

Por: Armando de la Torre

            Alvaro Arzú se lanza una vez más a la aventura política eleccionaria.

No es éste  el mejor de sus momentos.  Aunque parece recuperado definitivamente del cáncer que estuvo a punto de ponerle fin a sus iniciativas, de nuevo somete su cuerpo a las tensiones de una difícil campaña electoral en medio de una lluvia de objeciones y acusaciones, la mayoría de las cuales tengo por infundadas.

“En comunidad no muestres habilidad”, rezaba el viejo proverbio conventual.  Guatemala es todavía una comunidad relativamente aldeana, lo suficiente al menos para que muchos no se muestren  en ella tolerantes de quienquiera sobresalga en ella. 

Alvaro, empero,  ha sabido hacer de su hoja de vida una página de logros, que algunos, al parecer  por resentimiento, la  mutan en una percepción muy prejuiciosa por su parte de arrogancia. 

Gajes del oficio que él ha escogido.

Independientemente de los resultados de la contienda cívica a la que se acaba de sumar, creo que se le debería de rendir homenaje por sus treinta años de servicio al país, tanto como  Alcalde capitalino que en cuanto Presidente de la República.

Aún muy joven se estrenó al frente del INGUAT. Recuerdo aquel lema de la marca con la que quiso identificar a los ojos de todos a su patria guatemalteca: “Guatemala, donde nació el color”.

¡Y vaya si acertó!

La policromía es nuestra constante distintiva,  al igual que nuestra primavera. 

Quien lo dude, que reserve unos minutos para una visita al Museo Ixchel o recorra  de nuevo los caseríos dispersos por los Cuchumatanes, con un trasfondo de un verdor intenso y un azul de cielo profundo. O que también contemple su propia efigie en el espejo de las aguas serenas del lago de Atitlán.

Después lo hicimos nuestro alcalde, y su empeño metamorfosió una libélula rural a medias en una mariposa urbana.

Fue más lejos todavía, y llegó a ser Jefe del Estado. Llenó al país de puentes y carreteras modernas, y ganó para Guatemala su ventaja competitiva número uno a nivel mundial: la Ley de Telecomunicaciones.

Diferimos profundamente él y yo sobre el proceso llamado “de paz” y permanecemos a ese respecto en nuestras posiciones antagónicas. Sin embargo, me resulta irónico que muchos de sus más acérrimos detractores de hoy eran sus más fervorosos aclamadores en aquel momento. Lo atribuyo al ínfimo nivel ético de la política como tradicionalmente se hace en Guatemala, y del que Alvaro, en ese punto, no ha sabido librarse.

Indudablemente, es un hombre de acción, no de contemplación. Tiende a fiarse con demasiada facilidad de sus allegados, rasgo no menos común en la atmósfera de intenso nepotismo en el país. Se encoleriza con demasiada facilidad ante toda crítica abierta, lo cual alimenta esa imagen suya de “Tonatiuh” tronante e impositivo, de nuevo, creo, explicable por la intolerancia recíproca y endémica a estas tierras.

Sin embargo, creo admirable su legado de infraestructura, muy en particular de ordenamiento del tráfico vehicular en la ciudad con EMETRA – ¿se acuerda aún de los cepos? – de los numerosos viaductos, de la iluminación pública aumentada, de las calles y avenidas limpias y en general bien mantenidas, y hasta de la absorción gradual de las áreas marginales – “un Quetzaltenango por año” – afirmó Alvaro en una ocasión – de la muy mejorada atención personal a los usuarios de los servicios municipales, y hasta de sus repetidos esfuerzos por mejorar la recolección y el reciclaje de la basura.

Sus críticos llaman a todo eso detalles “cosméticos”. Obviamente, la civilización, para ellos, se reduce a lo aparente. Problemas de fondo, a resolver más bien por ellos mismos.

También se multiplican los rumores maliciosos sobre su uso de los fideicomisos  en algunas ramas de la administración municipal. De esto, por ahora, no tengo criterio definitivo. Pero sí sobre sus intentos de preservación del Centro Histórico, que considero descabellados, peor aún, violadores del derecho fundamental a la propiedad.

Reconozco en nuestro alcalde, más que en otros que le antecedieron, su eminente empeño por llevar a la municipalidad gente más proba, preparada y cortés. Algunos adversarios le achacan, además, el no haber resuelto para el largo plazo los problemas del agua y de la seguridad ciudadana, problemas ambos que no son de acuerdo a nuestro ordenamiento jurídico de la competencia de los municipios sino del Gobierno Central.

Su última maniobra política, la de mantenerse presente a nivel nacional a través de la candidatura presidencial de su esposa, lo creo un error  de muy mal gusto y, encima, del todo inútil.

Luces y sombras, como la de toda trayectoria humana, pero, al final, un aporte positivo a la historia nacional. 

6 thoughts on “El otoño del patriarca

  1. Usted sabe, creo que la salud está por encima de todo. Es la única cosa que importa. Así que si una persona está dispuesta a sacrificar su salud por alguna carrera política, no hay que describirlo como un acto de valentía.

  2. Usted sabe, creo que la salud está por encima de todo. Es la única cosa que importa. Así que si una persona está dispuesta a sacrificar su salud por alguna carrera política, no hay que describirlo como un acto de valentía.

  3. En el mundo en todo ambito para algunos nuestras acciones para algunos son buenos y para otros malo, algunos comenten errores las cuales se le atribuyen como la peor catastrofe.. no e de negar que existe el lado oscuro de todo esto.. pero no soy quien para juzgar quien hizo que, solo espero que todos tranbajen honradamente y de manera clara

  4. En la politica es algo dificil de convecer nuestro pensamiento y estan dificil de creer y hacer lo que uno quiere que haga el que nos representa.. la politica es un grupo de persona queriendo llegar a un “epifania de mundo” pero es algo tan utopia

  5. Usted sabe, creo que la salud está por encima de todo. Es la única cosa que importa. Así que si una persona está dispuesta a sacrificar su salud por alguna carrera política, no hay que describirlo como un acto de valentía.

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