Etica, Productividad y Educaciòn

Etica, Productividad y Educación

Por: Armando de la Torre

 

El espectáculo de la vida pública en Guatemala es del todo deprimente. Desde ella a los jóvenes no se les dan ejemplos que emular, sino más bien patrones para la haraganería, la indisciplina y la irresponsabilidad. La mentira reina patentemente  soberana, muy seguida de cerca del inescrupuloso abuso de todos los valores patrios: de la verdadera solidaridad, de la auténtica cohesión social, y del debido por todos  enaltecimiento de la vida de familia integrada.

Guatemala ya ha tocado fondo.

Y la pregunta obvia es ¿por qué?

Los sociólogos suelen identificar tres principales agencias para la inculcación de valores en los niños y en los adolescentes: la familia, la Iglesia y la escuela.

La familia crecientemente se desintegra, sobre todo en la porción ladina de la población: las uniones temporales de hecho ya superan el número al de los matrimonios contraídos con la intención de permanecer unidos de por vida. El 40% de los niños en edad escolar proviene de hogares  uniparentales  y alrededor del 80% de los adolescentes arriban a la mayoría de edad sin haber vivido todo el lapso de tiempo previo -18 años- sin haber habitado con el mismo padre y la misma madre bajo un mismo techo.

Las Iglesias retienen sus criterios moralizantes de largo plazo, pero su influencia retrocede frente a la del mundo cortoplacista de los espectáculos, ya sea por la televisión, por el cine o en vivo, colectivamente englobados bajo el rubro de “entretenimiento”.

Encima, el degradante acceso a las drogas, al alcohol y al sexo prematuro, añadido al generalizado culto a la violencia que testimonian a diario las publicaciones periódicas, hacen bien difícil para los menores de edad hallar razones contundentes y ejemplos edificantes que los incentiven a proseguir por las sendas del bien.      

Y ¿en cuanto a las escuelas? Peor.

El nivel de comprensión de lectura continúa el descenso. Los pocos hábitos disciplinados que les quedan a los infantes al terminar la escuela primaria se debilitan  rápidamente en la secundaria. La capacidad de docencia del magisterio es más que dudosa, como lo confirman los atropellos del movimiento sindical encabezado por Joviel Acevedo. El año escolar continúa excesivamente corto: 180 días hábiles en Guatemala, frente a 205 en Europa y 220 en Japón. Además, con múltiples interrupciones, buena parte de ellas originadas por el mismo Ministerio de Educación para supuestos seminarios de capacitación de los maestros, pero a costa de la impartición de clases a sus alumnos.

A todo ello se añade el eterno dilema candente en la Educación Estatal siempre privilegiada: la última palabra en materia de currícula y de sanciones ¿la tendrán los padres de los educandos o los “profesionales” de la enseñanza? Por supuesto, entre nosotros, como buen país tercermundista, los burócratas se arrogan para sí el monopolio de la docencia oficial sin tolerar la más mínima injerencia en ella por parte de los padres biológicos o legales de los alumnos.

Menos mal que el sector privado, con mucho esfuerzo y sacrificio por parte de todos los en él involucrados, ofrece un escape para los padres: domina numéricamente en la educación parvularia, cubre una cuarta parte de la primaria y dos terceras partes de la secundaria, asegurando a esa minoría significativa de padres que pueden preocuparse de la educación formal de sus hijos un alivio a la alternativa de la inepta dictadura estatal.

De todas maneras, los índices de productividad y competitividad de los niños de Guatemala cuando arriban a la edad adulta permanecen desalentadoramente bajos. Quizás no necesitamos de más inversión presupuestaria en la instrucción y formación de nuestros jóvenes, pero si en el adiestramiento y superación de los maestros. Además, la disciplina tan descuidada en muchas escuelas públicas, – hay honrosas excepciones- sobre todo en los renglones de la puntualidad, el respeto a los mayores y las prácticas gimnásticas y deportivas, habría de ser reforzada a todos los niveles.

Hay otros muchos aspectos educativos muy importantes como el insistir en una mayor proficiencia en lenguaje y matemáticas o en una mayor colaboración entre padres y maestros de los jóvenes que merecen ser atendidos con urgencia. Pero en todos ellos se han de remover cuestiones más de fondo que dejo para mi siguiente entrega.     

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