¿”Imperialismo”, de lo Econòmico?

 ¿“Imperialismo” de lo Económico?

Por: Armando de la Torre

Gerald Radnitsky hizo público su asombro hace unos años, con un título parecido al que encabeza este breve comentario, por la enorme importancia metodológica que ha adquirido la disciplina económica en el mundo académico de las demás ciencias sociales.

En todas las épocas se ha manifestado cierta preferencia entre los pensadores por alguna metodología especializada del saber. Los griegos, por ejemplo, de Sócrates y Platón en adelante, tendieron preferentemente a considerarlo todo desde su subordinación al ángulo para ellos prioritario de la ética. Los modernos, en cambio, a partir de los logros de Galileo y Newton, hubimos de tender por centurias a privilegiar el enfoque muy particular de la Física mecánica sobre los de las demás ciencias.  Hoy, en cambio, se anteponen la metodología desarrollada para el estudio de los fenómenos derivados de la escasez de recursos y de sus usos alternativos (la economía).

Adam Smith abrió el camino. Ultimamente, más allá de lo que desde ese ángulo han incorporado sociólogos, historiadores y psicólogos, por el mismo también se adentran las más variadas  especializaciones en las ciencias naturales (la tesis de Radnitsky). Y así hallamos a cada paso con más frecuencia que químicos, biólogos, y aun astrofísicos, se atreven a sondear las muy complejas interacciones de materia y energía en los espacios más profundos del cosmos desde perspectivas relativas de escasez y eficiencia.

Al Derecho y a la consiguiente administración de la justicia les ha llegado su turno.

Por supuesto que siempre se ha sabido de la estrecha relación entre las realidades “económicas” y las normas jurídicas por las que se rigen desde los tiempos de Hammurabi. El área más representativa podría ser identificada con el derecho mercantil, pero también se podría extraer muchos ejemplos a todo lo largo y lo ancho del derecho civil, y aun del derecho penal, sobre todo desde que la moneda empezó a penetrar las instituciones jurídicas romanas en el siglo III antes de Cristo. El entero régimen de las obligaciones, de la propiedad, de los contratos, de la herencia, responden también a esa estrecha relación histórica entre lo económico y lo jurídico.

Pero lo de hoy, que se ha dado en llamar análisis económico del derecho, es del todo diferente. A su raíz es una fusión revolucionaria de enfoques científicos contrapuestos.

La rama del derecho (“Ius”) en el Occidente, desde los presupuestos del derecho consuetudinario romano, ha parecido contrastar con la de la economía tal cual se le ha entendido desde Adam Smith y David Ricardo. Hasta ahora eran ramas mutuamente autónomas del conocimiento, práctico en el uno, teórico en la otra. La primera se remitía a los hechos “ex post facto” (los datos “positivos” según lo entendió August Comte). La según empero, la economía,  los analizaba “ex ante”, en el intento de anticiparse a ellos (para supuestamente mejorarlos).

El movimiento contemporáneo de análisis económico del derecho ensaya conjugar ambas visiones con el propósito de coadyuvar a la mayor creación de riqueza posible o, a la inversa, a  la mayor reducción de los costos para lograrla. Se asume, claro está, que a mayor eficiencia productiva, mayor  justicia.

Entre nosotros tal propuesta ha provocado un interesante debate. Ante semejante criterio aparentemente “economicista”, Humberto Grazioso, brillante profesor emérito de Filosofía del Derecho en la Universidad Francisco Marroquín, objeta que el bien de la justicia es naturalmente anterior y superior a cualquier medición de eficiencia económica y, por lo tanto, irreducible a toda consideración de eficiencia.  

Otras eminencias, Edwin Melini, Eduardo Mayora, hijo, José Luis González Dubón, el argentino Ricardo Rojas (profesor invitado por estos meses), Gabriel Baldizón et alii, parecen sostener lo contrario.

(Continuará)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *