La ira de los justos II

LA IRA DE LOS JUSTOS (II)

Por: Armando de la Torre

            El rasgo más sobresaliente de una república sana es su delicado engranaje de pesos y contrapesos entre los poderes supremos del Estado.

            Desde este ángulo,  Alvaro y Sandra Colón se han conducido como elefantes en una tienda de  porcelana: lo han hecho todo añicos.

Sandra, en especial, se ha mostrado la dueña escurridiza de esclavos pusilánimes, los afiliados a la UNE  y otros clientes. En tres años, apenas ha habido institución que no haya sido atropellada o manoseada por ella, bajo el amparo de su irresponsable esposo, el Presidente de la República.

El Congreso, el Ministerio Público, la Contraloría de Cuentas, hasta el mismo Ejército, en ocasiones, se han visto rebajados a recipiendarios de sus órdenes inapelables en favor de sus proyectos “social – electorales”.

Lo mismo digamos de todos los Ministerios de gobierno en los que ella haya manifestado preferencias en favor de algún cliente.

No se inmuta por lo que pueda afectar su prestigio; sí por lo que toque a sus intereses.   

Incluso se rumoreó su complicidad en los asesinatos de Hugo Arce y de Kalil Musa, pero sí estalla en cólera cuando se le cruzan obstáculos, voluntarios o no.

Todo es opaco en torno a esta señora, siempre bajo el paraguas del Presidente.  Algunos hasta han manifestado  dudas acerca de su lugar de nacimiento (¿Belice?…), o de la fecha de su  matrimonio (¿en La Habana… o en suelo  guatemalteco?), del  nivel preciso de sus estudios, de sus supuestos tratos financieros con Gregorio Valdés  y el Banrural, hasta sobre su borroso  pasado guerrillero (¿la comandante “Marta”?…), en conjunción con el “comandante”  Isaías.  Y, encima,  el manejo poco transparente de los programas millonarios de “Cohesión Social”, y de su tráfico de influencias para que su familia – incluidas sobrinas – “progrese”, no dejan de dar pábulo a más comentarios maliciosos de amigos y enemigos.

Por otra parte, es una mujer valiente y disciplinada, en abierto contraste con su blandengue esposo.  Muy consciente, por otra parte, del “fraude de ley” de ambos al arreglar su divorcio según la letra, y no el espíritu, de la ley, a fin de ser inscrita como candidata a la presidencia para las próximas elecciones generales, veló repetidamente esa intención a una entrevistadora de CNN, a pocos días de hacerlo público.

No se le conoce trayectoria alguna en el área de las  relaciones internacionales excepto por su apoyo a Petrocaribe y sus susurradas simpatías por Hugo Chávez.

 Jamás ha emitido opinión sobre nuestros problemas más graves: el crecimiento galopante de la deuda externa, la baja productividad de nuestra mano de obra, el bajón de inversiones venidas del exterior, la ausencia de seguridad jurídica de la propiedad, el crimen callejero que tiene de rodillas a la ciudadanía, la expansiva presencia del narcotráfico, o nuestro problema social más apremiante: la deserción paterna y, en consecuencia, nuestra muy débil competitividad.

Ni ha dado una sola conferencia de prensa para aclarar tantos cuestionamientos inquietos sobre su vida personal.  Sus votantes todavía ignoran si, de ser electa, sumaría a Guatemala al empobrecedor proyecto de Alba, o más bien uniría fuerzas con los demás gobiernos centroamericanos, y el de México, en la lucha frontal contra el narcotráfico y la trata de menores.

Ni siquiera de sus planes en cuanto a transferencias de partidas, o a sus metas tributarias.

¿Por qué  no se ha expresado francamente una sola vez sobre tantos interrogantes, justificados o no? ¿Por qué no lo ha intentado siquiera por los canales de banda ancha de la televisión, donde tiene asegurada de antemano la discreta ayuda de su monopolista propietario, el mexicano Angel Gonzalez?.

            ¿Qué tal una o más conferencias de prensa abiertas, señora?            

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