La prioridad olvidada III

La prioridad olvidada (III)

Por: Armando de la Torre

 

Un joven de Alta Verapaz nos acaba de recordar la prioridad que habíamos olvidado: Erick Barrondo ganó una medalla de plata en los Juegos Olímpicos.

Lo que equivale a decir que se preparó tenazmente por años para competir en pie de igualdad con muchos otros y bajo exactamente las mismas reglas.

No importó la pobreza de su familia; tampoco la ausencia de apoyo oficial. Sencillamente bastó su voluntad individual de superar toda clase de obstáculos, se sometió al juicio de unos desconocidos, y triunfó.

Esa es precisamente nuestra prioridad olvidada: el fomento del espíritu competitivo.

Pues, al contrario, lo queremos todo rápido, fácil y… gratis.

Enteramente lo opuesto a ese espíritu que animó a Barrondo.

Nuestros establecimientos educativos nacionales están permeados, desde la escuela de párvulos hasta la USAC, de valores que contradicen a los que llevaron a Barrondo a la gloria olímpica.

Dada la terca demagogia de Sandra Torres, cuando se valió de su parentesco con Alvaro Colóm para neutralizar todo atisbo de excelencia personal en nuestro sistema educativo estatal, e imponer una gratuidad degradante para cuerpos y espíritus a todos los niveles de enseñanza,  quiero empezar por la cima en la educación pública: la USAC.

El artículo 84 de la Constitución vigente duplicó, con respecto a la anterior, la asignación presupuestaria anual para tal institución del Estado:

“Corresponde la Universidad de San Carlos de Guatemala” –estatuye- “una asignación privativa no menor del cinco por ciento del presupuesto General de Ingresos Ordinarios del Estado, debiéndose procurar un incremento presupuestal adecuado al aumento de su población estudiantil o al mejoramiento del nivel académico.”

Traducido a este momento, a la USAC le corresponde este año 2012 la suma nada despreciable de 1,558,491,588.00 quetzales.

            Ello es el quíntuplo de la suma total de los presupuestos de las doce universidades privadas del país tomadas en conjunto, aunque el número anual de graduados en estas últimas instituciones se aproxime al número de los que egresan de la USAC. No se suele tener en cuenta la calidad de la educación recibida en ellas, como sí lo hace la evaluación competitiva del mercado profesional de los diplomas respectivos, o aun de los propios estudiantes.

            ¿Dónde sería de esperar ese espíritu competitivo de Erick Barrondo?  Obviamente en las universidades privadas, pues a la hora de elegir dónde estudiar una carrera resulta claro que  donde todo le cuesta contablemente a un estudiante está siempre obligado a competir con los demás, mientras que donde puede obtener lo mismo sin costo alguno – pues son otros quienes pagan por él- no se verá tan incentivado a competir por recursos que, además, para todo el resto de los mortales son escasos.  

            Dado que en Guatemala los talentos abundan pero para muchos el dinero brilla por su ausencia, resulta razonable que haya instituciones educativas (a cualquier nivel) accesibles sin pago para quienes carecen de todo soporte económico.  

              Pero, ¿por qué canalizar los fondos de los contribuyentes hacia sólo una institución, en este caso, la USAC?  ¿Por qué no abrir la convocatoria a becas para que el estudiante mismo seleccione la institución a la que quiere asistir?  Entonces incursionarían todos por un mercado de veras competitivo.

            Se podría convocar universalmente a exámenes de ingreso a los aspirantes a la educación superior que documenten su necesidad de ayuda económica y que, de acuerdo a calificaciones mínimas, los estudiantes escojan la universidad en la que prefieren obtener una licenciatura, con cargo a ése 5% constitucional. Por supuesto, que el subsidio medio por estudiante lo acordarían las universidades entre sí, y en los casos que superen ese promedio acordado el saldo correrá por cuenta del estudiante.

            Todos ganaríamos. Porque el nivel general de los estudios superiores tendería al alza de su calidad, y los catedráticos que rehúsen a esforzarse a mejorar su oferta docente terminarían por quedarse sin alumnos. Igualmente, los estudiantes que no alcanzasen la puntuación mínima requerida no gozarían de subsidio.

            Así ganó Erick Barrondo su medalla de plata, en competencia con muchos atletas mejor alimentados y entrenados que él.

            Así saltaría en poco tiempo Guatemala del tercer al primer mundo, y de una solitaria  medalla olímpica a tantas como las que ganan países que le son comparables en población, dígase Holanda o Cuba.

            (Continuará)

 

1 thought on “La prioridad olvidada III

  1. Interesante el ensayo del Dr. Armando de la Torre al exponer la asignacion anual de la universidad estatal de nuestro pais, para poder llevar a cabo sus planes y proyectos educativos y sin embargo muy pocos estudiantes aprovechan estos recursos a cabalidad para mejorar la calidad competitiva de nuestro pais, que el estudiante tenga la oportunidad de escoger la universidad en la cual quisiera estudiar y mantener el subsidio (que lujo verdad, que otros paguen lo se aprovecha o desperdicia como en la mayoria de los casos sucede) por estricto desempeño academico, una situacion asi a donde llevaria a nuestra sociedad a estar en escala de primer orden y no mal gastando recursos en estudiantes poco dedicados y lo de Barrondo no es fruto como acertadamente indica el Dr. fruto de la casualidad sino del tenaz y solitario trabajo de un grupo de personas que con poco apoyo logran excelentes resultados al mas alto nivel, que resultados se obtendrian si se apoya a tanto talento disperso por nuestro pais, pero por alto desempeño para no perder el subsidio, una realmente nueva Guatemala.

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