Las pròximas elecciones generales, ¿importan?

Las próximas elecciones generales, ¿importan?

Por: Armando de la Torre

 

            La campaña electoral se calienta: tres atentados contra la  vida de candidatos sólo en San José Pinula lo indican.  Por otra parte, las idas y venidas de la inscripción de Sandra Torres como candidata ratifica la completa decadencia moral de nuestro orden constitucional vigente.

Y la abultada circulación de grandes sumas de dinero para propaganda partidista me hace sospechar, una vez más, de lo ilegítimo del influjo del dinero venido del narcotráfico. Sin contar con que ya el bochornoso clientelismo estatal de la UNE y de la GANA habían dejado bien en claro que las próximas elecciones generales no serán una fiesta cívica, sino el sepelio de un cadáver ya de mucho antes putrefacto.

            Guatemala ha tocado fondo, decimos todos. ¿De veras? ¿No nos puede tocar todavía un “gobierno” más inepto, corrupto y sin carácter del que nos ha hecho la guerra estos últimos tres años?  ¿Acaso don Otto nos vende algo diferente a lo de siempre? ¿O Baldizón? ¿O Mario Estrada? … ¿Un cambio de payasos en el mismo circo?

            Entonces, ¿para qué votar?

            Ciertamente hay algunas mejores opciones esta vez, Suger, Caballeros, Torrebiarte, Gutiérrez,… Pero la masa de los electores, sobre todo en las áreas rurales, no parece haberse percatado.

            Lo cual no es de extrañar. El padrón electoral recoge los nombres de un poco más de siete millones de electores. Siete millones que se creen con “derechos” a reclamar. Pero ¿cuántos de ellos tienen número del NIT, es decir, cuanto  nos sentimos igualmente obligados a dar?  Menos de la mitad…

            Nos han convencido de que las enfermedades son cosa del cuerpo, no del alma.  Creo  exactamente en lo opuesto.  Sufrimos colectivamente de cáncer terminal en la conciencia, no en el cerebro. 

            Todo gira en torno a  cuánto “entertainment” podemos deglutir. Pero ¿pensar? ¿Qué es eso?…

            Somos un “colectivo” en buen parte infantil: que piensen otros por nosotros.

            Encima, malcriados, con la mano siempre extendida, pues poco producimos y menos ahorramos.

            Y de charlatanes, encima. Somos los campeones de la queja, los reyes en inspirar lástima, los elocuentes de lo inútil: “derechos humanos”, o “¡estado de derecho!”, “soberanía nacional”, “separación de poderes”, “tiempos de solidaridad”, “familias unidas”, “responsabilidad con justicia”, “demócratas sociales”, “nos sacrificamos por las mayorías desposeídas”, “ahora sí somos iguales ante la ley”, “trabajadores honrados acreedores de su pensión”, “contabilidad con transparencia” … bla, bla, bla, bla…

            De una productividad marginal bajísima porque ya desde niños la desnutrición se encargó de cercenarnos  neuronas y mantenernos cretinos. Y por añadidura, con una imagen de nosotros mismos desastrosa porque nosotros en absoluto nos sabemos responsables de nuestra miseria sino… por la culpar de los otros,… ¿tal vez los yankees? … ¿o fueron más bien los conquistadores españoles de hace quinientos años? … o, mejor, ¿los ricos de hoy?

            Los coreanos se apoderan del comercio al por menor, los chinos de las cadenas de restaurantes, otros “extranjeros” del comercio al por mayor, o de la industria azucarera, o del monopolio de la televisión de banda ancha, o del cardamomo, o de los bancos, o del petróleo, o de las aseguradoras, o del entero país pero porque nos lo roban, no porque se lo ganen a pulso… nosotros, los impolutos, honrados, veraces, laboriosos y puntuales no nos merecemos ese sino. ¡Peor hasta  nos despojan hasta de la educación privada!…

            No debería ser así porque nosotros sí que pensamos a fondo, sí que sudamos en nuestras labores diarias, sí que cumplimos con la ley, si que ahorramos, sí que nos adelantamos a dar, que siempre decimos la verdad y en particular cumplimos con nuestras promesas,  incluso sí que sabemos elegir sabiamente nuestros presidentes, diputados y alcaldes, como lo evidencia nuestra realidad republicana…

            ¡Qué mundo más injusto éste!     

            Por eso, elijamos el próximo septiembre a Sandra, a Otto, a Manuel, a Mario,… y todo volverá a su inocencia original guatemalteca, ¿o mejor sería decir “maya”?.

            ¿A caso necesitamos cambiar de régimen?…

 

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