¿Para qùè existen las constituciones escritas?

¿PARA QUÉ EXISTEN LAS CONSTITUCIONES

ESCRITAS?

Por: Armando de la Torre

 

            A propósito de la propuesta de “reformar” la Constitución vigente por la USAC, la URL y el ASIES, conviene preguntarse, ante todo, cuál es el objetivo último de toda Constitución escrita acordada con ánimo republicano y democrático: simplemente, el de limitar el ejercicio del monopolio del poder coactivo en el Estado.

            Con ese fin a la vista se adoptó la primera de ellas en la era moderna: la de los Estados Unidos  de América, en septiembre de 1787. En realidad, se pasaron a ese texto constitucional los principios de la Constitución consuetudinaria, o sea, no diseñada por nadie explícitamente, del sistema parlamentario británico instaurado definitivamente en Inglaterra tras la llamada “Revolución Gloriosa”, contra los Estuardos, de 1688.

            Con ella surgió también casi simultáneamente la primera de una serie de Constituciones escritas, en la Francia todavía revolucionaria de 1790. Había sido precedida unos meses antes  por la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” de agosto de 1789. A su imagen se multiplicaron las Constituciones escritas a lo largo del siglo XIX, por la mayor parte de Europa y de Iberoamérica, y durante el entero XX presenciamos un contagio gradual y parecido por Asia y Africa.

            Pero el temple de cada una de esas dos tradiciones occidentales, la británica y la francesa, encierra matices de principios y expectativas bastante diferentes entre sí.

            El constitucionalismo inglés ha estado enraizado históricamente en el “ius commune” medieval, como había sido ejemplificado con la firma de la “Charta Magna” (1215) por el rey Juan “sin tierra” y los obispos y barones del reino. Y “modernizado” desde las perspectivas del “sentido común” parlamentario con las que John Locke, a su turno, filtró el concepto del “contrato social” avanzado por Thomas Hobbes (1651).

            El constitucionalismo francés, en cambio, se ancló claramente en el ius naturalismo de los siglos XVII y XVIII y, encima, en el precedente del positivismo jurídico del derecho romano justinianeo (Jean Bodin, 1576), con la adición clave de una división más estricta y rigurosa entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, como lo sugirió Montesquieu en su opus magnum “El Espíritu de las Leyes” (1748). A Montesquieu incluso podría resumírsele como un admirador del sistema británico que le fue contemporáneo, pero con las gafas muy francesas del racionalismo “ilustrado” de su tiempo. Y a J.J. Rousseau, el adorador de la utopía del “buen salvaje”, como el pretexto para el totalitarismo virtuoso…

            A la base de esas dos perspectivas constitucionales tan diferentes subyacen escalas de valores no menos diferentes.

            Se ha dicho, a mi juicio con razón, que Inglaterra nos ha sido la cuna de la libertad individual y Francia la de la igualdad social. O, desde otro ángulo sistémico, Inglaterra del ideal republicano y Francia del democrático.   

            Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde entonces, y la tendencia general ha sido la de fundir ambas corrientes en una. Pero el espectáculo de nuestra Iberoamérica tan afrancesada, y por lo tanto proclive al “socialismo del siglo XXI”, y la anglosajona ciertamente más estable y  libertaria, parece confirmar esta nuestra esclerosis histórica, mientras el resto del mundo opta desde fines del siglo pasado por esquemas modernos crecientemente más respetuosos de la persona individual.

            Una última consideración: desde una óptica republicana lo que cuenta es cuánto poder habrá de delegar el pueblo soberano en sus gobernantes, y no tanto “quiénes” gobiernan, mientras que en una democrática lo que importa es quiénes  gobiernan, no de cuánto poder disponen.

            La propuesta de reforma constitucional del año pasado fue eminentemente republicana; la mucho más superficial y reducida de este año, en cambio, que aquí comento, se perfila claramente como en la línea de un simplón socialismo democrático.

            (Continuará)

1 thought on “¿Para qùè existen las constituciones escritas?

  1. Creo que es intrínseco al ser humano evolucionar y una de las claves para evolucionar es suministrarnos de ordenamientos jurídicos acordes con las necesidades demandadas por las sociedad

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