Reaccionarios

“REACCIONARIOS”
            A propósito del proyecto ProReforma www.proreforma.com.gt, se me ha hecho obvio lo fácil de rellenar cualquier vocablo con una connotación u honorífica o derogatoria.
            Desde la “revolución” francesa, el término “revolucionario” ha gozado de un aura cuasi-mística entre los entusiastas de todo progreso, pero sobre todo el que administre el Estado nacional. Al contrario, el correlativo de “reaccionario” se ha reservado contra quienquiera se atreva a exteriorizara dudas o reservas sobre “los cambios” revolucionarios.
            Y con alguna razón, pues aquella “revolución” nos trajo la declaración universal de los derechos del hombre y del ciudadano, las constituciones escritas, el sistema métrico decimal, la abolición de la esclavitud, el código civil, la libertad de expresión, de culto, de emprender. También el “Terror” y su incansable guillotina, la dictadura napoleónica, los nacionalismos exacerbados, el “positivismo” jurídico, las interminables guerras de conquista…
            Tantos “cambios”, por supuesto, hubieron de provocar el surgimiento de adversarios,  tildados –el concepto tomado de la física newtoniana- de “reaccionarios”. Metternich fue por más de treinta años su cabeza visible a nivel continental europeo, con el apoyo de los zares y de los nostálgicos del “ancien régime”.
            Esta dicotomía, en una escala mucho más modesta, es extensible a “la revolución de octubre” de 1944 y a todos, “revolucionarios” y “reaccionarios”, que desde entonces se han alternado en el poder guatemalteco, aunque menos distantes entre sí y de trascendencia continental limitada. 
            Hace unas semanas, una conocida columnista del “Wall Street Journal”, Mary Anastasia O´Grady, publicó un comentario favorable al proyecto nuestro de cambios “ProReforma” bajo el título “Por fin una revolución verdadera”.
            Lo que hizo de quienes lo apoyamos “revolucionarios” y de quienes se le oponen “reaccionarios”.
            Me imagino lo incómodo que podría resultar para la valerosa Hellen Mack o el digno Alfonso Bauer Paiz verse, de pronto, así conceptuados. Sin embargo, en nuestro caso, esa es la  realidad.
            “Reaccionarios” porque no ven más allá del inevitable estrecho entorno histórico en que crecieron, petrificados en un pasado inmutable, que rechazan lo que han malinterpretado y anteponen el actual sistema de privilegios -que en otros contextos han condenado-, y para quienes “revolución” vendría a resultar más de lo mismo: frases hueras de otros tiempos, defensa de posiciones ideológicas y sociales ampliamente superadas por los avances de la ciencia y de la práctica de los pueblos avanzados, gestos públicos calculados para retener protagonismos según la marcha hacia atrás de relojes de arena…
            Nada nuevo, ni reprochable; simplemente inercia natural de cuerpos al paso de los años, mientras se descuida la juventud del alma…
            Es cierto que el enfoque del mentado proyecto es más individualista que colectivista. Y ¿acaso la historia no ha acabado por darle la razón al primero?
            También el que se restringe la intromisión de los políticos en la administración de la justicia. ¿No es eso mismo por lo que  han luchado ellos toda su vida?
            Que se insiste en el respeto a los derechos individuales como condición para la creación de riqueza. ¿Y no se ha comprobado ésta la única vía lógica para acabar definitivamente con la pobreza?
            O que se introduce en Guatemala una institución que le es inédita -aunque fácil de identificar entre nuestros vecinos al Norte y al Sur-, el Senado. Pero ¿no solemos reconocer en los Consejos de Ancianos  la sabiduría de los pueblos mayenses?
            Tampoco hay que temer inestabilidad alguna porque se introduzca la “revocatoria” de las autoridades electas. ¿Es, o ha sido alguna vez, el voto del ciudadano concebido como “cheque en blanco”? El recurso a la revocatoria más bien reforzará las instituciones públicas pues  incentivará a los electos a actuar sólo dentro de sus facultades…
            ¡Sumémonos a esa revolución pacífica!
           
 
 

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