SIN SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD ÉTICA

SIN SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD ÉTICA,

LA JUSTICIA SE TORNA IMPOSIBLE

 

Armando de la Torre

 

De los tres poderes soberanos del Estado guatemalteco el más enfermo, con mucho, ha sido en las últimas décadas el Poder Judicial.

Es de todos conocido que la justicia solo puede ser impartida de veras por hombres y mujeres doctos en el sistema legal vigente e investidos de un profundo sentimiento de obligación moral y de respetabilidad profesional también ampliamente reconocida por todos. Así entendido, Guatemala ha conocido en el tema Justicia tiempos mejores que el actual, es decir, de magistrados y jueces más capaces y honorables. Pero ahora, la esperanza de arribar algún día a un pleno Estado de Derecho se ha desvanecido casi del todo de nuestro horizonte jurídico colectivo.

¡Qué gran pena!

Lo atribuyo en primer lugar al nefasto positivismo jurídico que ha ofuscado crecientemente nuestra sensibilidad moral a la hora de hacer justicia. No somos los únicos enfermos de ello, pero sí de los más próximos a expirar.

Centenares de presos gimen hoy en prisión por meses y años sin respeto alguno al debido proceso judicial, y ante la indiferencia culposa de nuestros jueces, magistrados y fiscales.

Un retroceso alucinante a lo peor del pasado. Con la infamia añadida de que nos ha sido impuesto desde el extranjero que se ha aprovechado impunemente de nuestra apatía colectiva hacia las víctimas que nos deberían ser cercanas.

La fiscalía general de la Nación, a la que se le ha otorgado constitucionalmente el monopolio legal de la denuncia y de la persecución penal, se ha sumado cobardemente a una frenética cacería de brujas atribuible con exclusividad al ego hinchado de un presuntuoso y exaltado fiscal, obsequio de la ONU y de Barack Obama, llegado desde el extranjero cual Júpiter tonante, en realidad un pobre ignorante de la historia local y a cuyos dirigentes a golpes en la mesa y porrazos pretende subyugar. Presunción que me hace recordar aquel episodio en la vida del rey David, cuando se le presentó el profeta Natán y le expuso indignado:

Había dos hombres en una ciudad, el uno rico y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido juntamente con sus hijos, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno, y la tenía como a una hija. Y vino uno de visita al hombre rico, y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para alagar al caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a visitarlo. Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: ¡Vive el cielo que el que tal hizo es digno de muerte. Y que debe pagar la corderita con cuatro corderos, porque hizo semejante cosa y no tuvo misericordia! A lo que Natán respondió: Ese hombre eres tú.

Y a tí te digo, Iván, sin presumir en absoluto de ser profeta: Te comportas como aquel rico, pues ya lo eres, y habrás de pagar un día por tu soberbia y tu ligereza. Porque hacer justicia entre los hombres es lo más arduo y empinado de lo que cualquiera osara emprender. Y tú, Iván, con precipitación inaudita, te has creído poder llegar a una tierra que hasta ese momento te era del todo desconocida y creído capaz de juzgar y condenar a sus nativos, blindado como te ves por lo obtuso de los gobernantes locales y de los bribones despectivos de la ONU.         

Entre tanto las cárceles continúan siendo Universidades del crimen, para que todo tipo de delincuentes logren sus licenciaturas en la comisión de delitos horrendos y reiterados.

Mientras, al mismo tiempo, los “defensores de los derechos humanos” solo tienen sensibilidad para sus compinches a la izquierda del espectro ideológico.

Y los sindicatos del sector público exprimen al máximo los recursos tan escasos como endebles del Poder Judicial.    

Y para colmo, tanto los magistrados de la Corte Suprema de Justicia como los de la Corte de Constitucionalidad parecen aceptar, en temeroso silencio, que a las autoridades de la República legítimamente electas se les impida actuar en cuanto tales, y aun ni siquiera parecerlas.

Y así, ese extranjero de muy cuestionables antecedentes se ha atrevido a retar de tú a tú al Jefe del soberano Poder Ejecutivo y en suelo guatemalteco, mientras una Magistrada de escaso calibre dictamina a favor el extranjero no electo por guatemalteco alguno en contra del preferido por dos terceras partes de los votantes guatemaltecos.

Vivir para ver…

Se ha de ser muy corrupto para tolerar sumisos tanta corrupción.

(Continuará)

  

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