Velamos por las futuras generaciones

Velamos por las futuras generaciones
Por: Armando de la Torre
            El rasgo más sobresaliente del proyecto ProReforma www.proreforma.org.gt  es el generoso desinterés que animó a sus redactores en favor de las generaciones futuras, precisamente porque quienes lo promueven, ante todo padres y madres de familia, no se habían constituido en grupo de presión alguno, es decir, no se habían organizado en partido político, ni en cámara gremial, sindicato, iglesia, ONG  o corporación con fines de lucro, y mucho menos tras metas que les fueran beneficiosas sólo a ellos y al corto plazo.   
            Resulta obvio para quienquiera que se le acerque sin los lentes prejuiciosos de lo usual y rutinario que aquellos que con inusitada audacia patriótica decidieron proponerlo por escrito, de acuerdo a lo que permite la letra y el espíritu de la Constitución vigente, fueron y son personas de amplia experiencia laboral, estudiadas, responsables y, más a lo hondo, afligidas por la ruinosa inercia multisecular que arrastramos, en Guatemala y en el resto de Iberoamérica, respecto a los asuntos públicos.
            Es tan novedoso que a falta de bien interpretarlo se ha fomentado la desconfianza, cual resorte automático, entre quienes nunca han podido, o no se han atrevido, a surcar aguas desconocidas allende sus experiencias cotidianas.
            Resulta una propuesta, pues, universalmente válida, aplicable en cualquier rincón del planeta y casi seguramente con similares efectos provechosos.
            Tomemos, por ejemplo, la prohibición al Congreso de aprobar presupuestos deficitarios. ¿Cuál es el bien jurídico último a proteger con tal negativa?: Que a las generaciones de los recién o de los aún no nacidos, no se les herede por parte de nosotros deuda interna o externa que habrá sido necesariamente producto de nuestro excesivo consumo, es decir, de los legalmente mayores de edad.
            Consideremos, además, eso otra de depurar cada veinte años, todo lo legislado. Ello obligaría a los diputados a justificar periódicamente la efectividad de las leyes positivas, de tal manera que nadie se vea atenazado por normas cuyo contenido se le haga obsoleto.
            Con ese espíritu, ya Thomas Jefferson especuló que quizás cada generación debería darse su propia Constitución, para que ninguna quede sujeta a normas de derecho público que honestamente no podrían ser de su prioridad, máxime dada la aceleración histórica de cambios en los que nos encontramos inmersos.
            La Constitución de los Estados Unidos, de cuya redacción no participó, ya ha cumplido, sin embargo, 202 años de exitosa vigencia, aunque con 26 enmiendas que le han sido añadidas vía consulta popular (entre ellas la abolición de la esclavitud), que han intentado reconciliar el espíritu original de la misma con las concretas realidades de las coyunturas posteriores.
Así fue la “ley seca” abolida tras sólo catorce años de vigencia e, igualmente, en la secuela de la controvertida guerra de Vietnam, la edad legal para el ejercicio del voto se cambió de nuevo de los 21 a los 18 años (a pesar de que en el texto inicial de 1787 ya había quedado estipulada la de 25).
            Sus partes “pétreas”, – la estructura federal del gobierno o las primeras diez enmiendas que salvaguardan los derechos humanos individuales – han permanecido intactas, y aun ampliadas a los recién emancipados, el pretexto de más bulto para la guerra civil.
            Aquí ProReforma entraña un diálogo intergeneracional hasta con nuestros nietos y bisnietos, a los que queremos legar una Guatemala mejor que la que heredamos.
            Se dice, a menudo con sarcasmo, que la historia la escriben los vencedores. Por eso habrá de revisársele continuamente. Los franceses, por su parte, usan de otro dicho no menos sardónico  respecto a la legislación en la cual lo “provisional es lo que dura”.
El proyecto ProReforma, pues, también ha tomado nota de esas observaciones y se propone, a su turno, que nuestra experiencia legislativa no quede reducida a un mero calco de la de ellos.
            
 
 

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