www.proreforma.org (III)

 

El proyecto de reforma parcial de la Constitución, propuesto por setenta y tres mil ciudadanos al Congreso de la República para que a su turno lo someta a consulta popular según la Constitución vigente, resulta demasiado novedoso en Guatemala para que no deje de despertar sospechas, algunas hasta muy maliciosas, en ciertas mentes condicionadas por rutinas intelectuales de muchos años y poco abiertas a lo diferente.

 

Hasta ahora he visto, para mi sorpresa, que las críticas al proyecto se han enderezado casi en exclusiva hacia la creación de un sistema legislativo bicameral, muy en especial hacia el establecimiento de una posible Cámara Alta integrada por senadores, como lo sugiere el origen semántico del término, por hombres y mujeres en el potencial máximo de su madurez creativa.

 

La propuesta incluye asimismo muchísimas otras aristas, todas a mi juicio muy beneficiosas al largo plazo en nuestra ruta cuesta arriba hacia un Estado de Derecho y para las que esperamos de la inmensa mayoría de la población su anuencia. Son cláusulas de contenido sencillo, de obvia justificación tenidas en cuenta las prácticas históricas de nuestros hombres y mujeres públicos, y decantadas de una evolución del constitucionalismo mundial de doscientos años.

 

Como botones de muestra, empecemos por enumerar la que establece la revocatoria del cargo del presidente y del vicepresidente, a iniciativa de cien mil electores empadronados y previa consulta popular mayoritariamente definida.  

 

Seguida de la que reafirma la independencia del fiscal general de la república y del procurador general de la Nación con respecto al Presidente en funciones.

 

O la de mucho mayor evidente trascendencia, la que afianza la autonomía del entero Poder Judicial vis-a-vis de los otros poderes al reconocerle la potestad exclusiva para elaborar su propio presupuesto, combinada con la dilatación de los períodos de ejercicio de sus magistrados.

 

O esa otra cláusula que prohíbe legislar cualquier privilegio, la degradación más habitual  del concepto de “ley”. O aquella que imposibilita la aprobación de presupuestos deficitarios (que de hecho implican diferir la carga de los impuestos a generaciones futuras), o la que establece que quienes ocupen las gobernaciones departamentales no lleguen a esos cargos por una arbitraria escogencia presidencial sino por elección popular. No menos que esa otra que fija el número de diputados con independencia funcional del crecimiento demográfico.

 

Estos y demás puntos vitales para el logro de ese genuino monumento que es un  Estado de Derecho apenas ha atraído la atención de quienes discuten. Sólo la propuesta de la creación de un Senado parece haber levantado roncha.  

 

Me asombra, lo confieso, por el desconocimiento que supone de tal institución dado que nuestros vecinos más influyentes como los EE.UU., México y Canadá siempre han contado con ella en sus constituciones respectivas, al igual nuestros hermanos del sur, Argentina, Chile o Perú.

 

Encima, de cualquier estudiante de bachillerato se espera que sepa que los senadores fueron el fiel de la balanza en aquel exitoso sistema de pesos y contrapesos de la república romana, y que ésa ha sido la razón de su inclusión en las constituciones republicanas modernas.

 

El sistema bicameral ha sido tradición en la mayor parte de los estados del llamado “primer mundo”, léase la madre España de hoy, o la Italia, Francia, Alemania o el Japón de nuestros días, y también, aunque con vigor disminuido, la del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.

 

Me veo, por tanto, obligado a concentrarme de ahora en adelante, en estas brevísimas acotaciones, en el tema de la adición al Legislativo de un senado, para responder lo mejor que me sea posible a las legítimas dudas de quienes de buena voluntad han adversado por escrito  la  reforma parcial de marras de la constitución política que nos rige desde 1986.

 

(Continuará)

1 thought on “www.proreforma.org (III)

  1. Yo solo tengo una pregunta: Y donde quedamos los jovenes? Proreforma les ha lavado el coco a la mayoria de los jovenes, si estoy se aprueba, donde queda el derecho del voto de los jovenes para querer cambiar Guatemala? Digo, si solo gente mayor va a poder votar, nosotros donde quedamos?

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