Indefensiòn generalizada

INDEFENSIÓN GENERALIZADA

Por: Armando de la Torre

            El Hospital San Juan de Dios da grima. El “Federico Mora”, que atiende a enfermos mentales, indigna.

¿Reciben todos los niños mochilas escolares o sólo es cuestión de tomarles una foto y quitárselas después?

Por otra parte, quisiera que el ex-Ministro de Comunicaciones, Alejandro Sinibaldi, llevara a su familia un fin de semana a Amatitlán por la carretera que pasa por Villa Canales.

O que el Ministro de “Cultura”, el futbolista Dwight Pezzarossi, asistiera a un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional que agoniza por falta de fondos. O que nos confirmara que las gradas y áreas verdes del Teatro Nacional ya fueron reparadas tras el disparate de una competencia de motociclistas que tuvo lugar en él.

O que el Ministro de Gobernación visitara con cierta regularidad todas las cárceles del país para ver cómo se hallan en ellas reclusos y guardianes. O, mejor aún, se hiciera presente en las hidroeléctricas vandalizadas por asaltantes de “FRENA, el Frente Nacional de Lucha, COPAE, CUC”, o el resto de la sopa de letras que apuntan a los grupúsculos violentos que mantienen a nuestra población hastiada. O, todavía mejor, que hablara con don Casimiro, del caserío Los Andes del municipio de San Pablo, departamento de San Marcos.

¿A qué viene esto último?

Porque don Casimiro es otra víctima, muy representativa, por cierto, de la indefensión generalizada del pueblo por todo el Occidente de Guatemala. Las áreas rurales que nuestra “mano dura” gubernamental permite que sean atropelladas por las huestes dizque devotamente “liberadoras”, acaudilladas por Monseñor Álvaro Ramazzini, y por sus hijos tan “mansos y humildes de corazón”…

Don Casimiro es un jornalero de unos cuarenta años, laborioso, honesto y respetuoso. Para su desgracia, es vecino en la cercanía de la hidroeléctrica Hidro-Salá. Peor aún, no tiene aversión alguna a su presencia. Lo catastrófico es que lo ha manifestado a algunos amigos y parientes. ¡Gran crimen, por lo menos para los enemigos de lo ajeno a quienes acabo de aludir!

Hace dos años, trabajaba de albañil en el caserío Nuevo San Francisco, y fue de pronto secuestrado por los justicieros de Ramazzini (COPAE) y los de Raúl Maldonado (URNG). La turba que lo vino a aleccionar lo amarró, lo subió violentamente a un pick up, y se encaminaron al caserío “Los Andes”, donde lo encerraron en una cárcel clandestina, en condiciones infrahumanas, por cinco para él larguísimas horas, al cabo de las cuales fue arrastrado a la escuela local donde lo esperaba otra turba que lo insultó, lo golpeó y le prometió quemarlo vivo. Durante esta ordalía le hacen firmar un “acta” por la que él se compromete a sacar quince tareas de piedras del río cercano, y acarrearlas en costales por una larga distancia hasta la carretera próxima.

Dos años después, el 20 de enero del 2015 denuncia todos esos hechos e inculpa de ellos a su agitador máximo, Fausto Sánchez Roblero.  Presentes estaban unos cincuenta manifestantes en actitud intimidatoria hacia don Casimiro, su abogada, el Ministerio Público y los miembros de la prensa que habían acudido a hacer su trabajo de reporteros. Ellos gritaban a coro haber sido enviados por el citado Raúl Maldonado, prófugo de la justicia por secuestro, en grado de complicidad y por asociación ilícita según el Juzgado de Primera Instancia Penal de Malacatán, San Marcos.

Ese mismo día, don Casimiro regresa a su hogar. Pero dos días después se presenta otra turba que a gritos lo saca de su hogar y lo movilizan a la fuerza de nuevo a la escuela, donde lo amarran, entre insultos y amenazas, y lo golpean. A continuación, lo descendieron por un pozo y le obligaron a firmar una segunda acta por la que pide la liberación de su victimario, Fausto Sánchez Roblero. De ahí lo arrastran de nuevo, esta vez a la Finca “Argentina”, donde sorprendieron a sus trabajadores a los cuales increparon: “¡Aquí tienen a Judas, su líder”!

Tengo las fotos del maltrato a don Casimiro.

A renglón seguido, los invasores procedieron a destruir maquinaria e incendiar las casas de los rancheros, así como la casa patronal. Además, hirieron de bala a uno de la seguridad de la finca.

Todo esto, señor Ministro de Gobernación, es puro terrorismo. Menos mal que en la confusión del caos desatado por los terroristas, don Casimiro, siempre valiente, logró escapar. Ahora se encuentra a buen resguardo.

Aparte de todo esto, el diputado por la URNG, Carlos Mejía, hacía lo suyo por esos lares: traficar su influencia. Lo que lo hace parte de esa misma estructura criminal.

Ahora empezamos el mes de febrero. No he oído una palabra del Ministro de Gobernación sobre todo lo sucedido, ni del Procurador de los Derechos Humanos, Jorge de León Duque, que sí ha acertado a amparar a ciertos “izquierdos” humanos, carece de vista, oídos y olfato cuando se trata de los humanos derechos.

Tampoco, por supuesto, de CALDEH, ni de las demás agrupaciones escandalosas, supuestamente en pro de los derechos humanos. Ahí incluyo a los donantes de euros y dólares del Canadá, Suecia, Noruega u Holanda, entre otros, grandes productores de cemento, minerales y energía hidroeléctrica  que mantienen viva la zozobra entre los nuestros, y que con todo ello añaden más obstáculos a nuestro desarrollo.

El Ministro de Gobernación, por su parte, cuando el triste caso, hace dos meses, de ocho miembros de una misma familia masacrados cruelmente por los mismos facciosos, en San Juan Sacatepéquez, hizo conocer públicamente su indignación y que tomaba en seria cuenta lo allí sucedido. Al día de hoy, todavía no he leído, ni oído, ni visto con qué medidas ha procurado que se haga justicia en ese caso. Pero en el de don Casimiro, de él ni siquiera un malhumorado murmullo.

Esa es la triste situación en que se encuentra casi toda nuestra población rural: asediados e indefensos, sin policía que los proteja, ni ejército que los defienda, cuanto menos Poder Judicial que les haga justicia. Nosotros, en cambio, los citadinos, nada sabemos porque tampoco nada nos transmiten los medios masivos de comunicación.

De ello tampoco hablan los habituales vociferantes en defensa de los derechos humanos, que han hecho de ello su “modus vivendi” desde la firma de los acuerdos mal llamados “de paz”, y mendazmente, para mayor injuria, adornados de los adjetivos “firme y duradera”…

 

 

 

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