Indefensión

Por: Armando de la Torre

 

            Desde la óptica de Thomas Hobbes, la Guatemala de hoy, la de Alvaro y Sandra Colom, la del resto de analfabetas funcionales que se proclaman “socialdemócratas” en el gobierno sin darnos indicio alguno de que entienden lo que tales términos significan, esa Guatemala del embuste y la malversación de la “Cohesión Social” tornada en paraíso de narcotraficante y baluarte impune para los malhechores de la ex guerrilla, el témpano, encima, de hielo muy “solidario” hacia el sufrimiento de tantas víctimas humildes de los diarios salvajes atropellos callejeros, esta Guatemala que ya se ha salido del “contrato social”, el punto universal de arranque de toda civilización, para regresar al “estado de naturaleza”, es la Guatemala otrora cristiana, más antes gloriosa cuna de los mayas, donde ahora cada hombre se hace lobo para cualquier otro y la triste vida se le antoja a cada cual “solitaria, pobre, repugnante, brutal y”, sobre todo, “corta”.  

 

            Hemos tocado fondo.

 

            Jurídicamente esta situación se traduce al concepto de “indefensión”, aunque la legislación nacional no lo reconozca todavía en sus códigos como figura legal. Tampoco aún reconoce en referencia a abogados y jueces la de la “obstrucción de la justicia”, pero su día, espero, también llegará.

 

            En realidad su uso es de más provecho en el derecho procesal que en los sustantivos civil y penal. Pero refleja nítidamente la situación de los catorce millones de personas que aquí sobrevivimos.

 

            Sólo podría darse un cambio radical en tal estado de cosas a través de reformas fundamentales a la Constitución vigente. Setenta y tres mil ciudadanos las solicitaron hace unos meses al Congreso mediante el recurso a una “consulta popular” al respecto, pero, como era de esperar, los diputados ni siquiera se tomaron la molestia de llevarlas al pleno.

 

            Es decir, que los malabaristas políticos que desde 1985 nos han obsequiado este relajo tuvieron a buen recaudo dejar estipulado en la misma Charta Magna que nada se pudiera emprender tocante a ella que no pasase previamente por sus manos o las de sus correligionarios.

 

Igual se aseguraron también de que nadie pudiera llegar al parlamento o al Ejecutivo que no fuera miembro ex officio de las maquinarias partidistas que otros titiriteros, semejantes a ellos, pomposamente llamados “Secretarios Generales”, habrían de manejar a su placer y capricho.

 

Incluso todo lo apuntalaron con una vergonzosa subordinación del poder judicial al poder legislativo y, en menor escala, al ejecutivo.

 

Desde entonces nos deslizamos imparablemente cuesta abajo.

 

En Guatemala contamos con muchos talentos logrados, con reservas morales sólidas, con instituciones públicas que si funcionan -como el Banco Central o algunas municipalidades-, y con un medio ambiente rico y diversificado, en una conjunción estratégica envidiable, cerca del mercado más grande y próspero del globo. Es más, a mis ojos no sólo cuenta con una creciente juventud de ideas claras que constituyen la certeza a largo plazo de un mejor futuro sino aun de realizaciones que pueden servir de ejemplo al resto del mundo, como el movimiento auténticamente solidarista de ya casi medio siglo de antigüedad, los parques del IRTRA, la Universidad Marroquín, o la ley de telecomunicaciones, probablemente modelo de legislación para el entero mundo.

 

Pero mientras permanezcamos atados y amordazados por una constitución “política” primitivamente “desarrollada” más allá de un sistema funcional de pesos y contrapesos y de numerosos rasgos privilegiantes muy  feudales, continuará el desfile de todas esas joyas que nos dicen, pretenciosos que son, que “nos gobiernan

 

            Palabras-código con las que nos comunican que ya nos lograron arrastrar de regreso al “mundo de la naturaleza”, al de los “motivos del lobo” del clarividente Hobbes, donde nunca restañará nuestras heridas el bálsamo humanísimo de un San Francisco de Asís.

 

            ¿Habrá algo que se parezca más a un infierno merecido?…

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