Programa

 

ESCUELA SUPERIOR DE CIENCIAS SOCIALES                               AÑO  2010-2011

Curso: El Futuro de la religión                                                                   Primer trimestre

Catedrático: De la Torre

 

 

PROGRAMA

 

            Soy consciente de que el título de este curso es demasiado pretencioso y que, además, tomado a la letra, es  imposible. Pues tratamos de algo que sólo puede ser apreciado como la flor del espíritu libre y la libertad, por definición, excluye la predictibilidad que sí logra en buena parte la mente racional (en las ciencias naturales, por ejemplo) acerca de todo aquello por  debajo de lo que se considera propia y específicamente humano.

 

            Sin embargo, siempre podemos anticiparnos, validos del principio de analogía con lo pretérito, a lo que se nos presenta a grandes rasgos como  por venir. La psicología, la antropología, la sociología, la historia, la praxeología y demás ciencias de la conducta, parecen proporcionarnos premisas validas para las conclusiones de la especulación filosófica y la de las hermenéuticas de los teólogos.  Encima disponemos, desde la perspectiva del creyente, de ciertos símbolos e “indicios” de una voluntad superior e irresistible que en alguna forma parece querer revelarnos la verdad acerca de lo que los griegos llamaron “cuestiones últimas” (ésjata): la vida eterna, la muerte individual, el juicio universal, el final de este mundo y la creación “de una nueva tierra y un nuevo cielo”, etcétera…

 

            El concepto de “fe” lo restrinjo a cada asentimiento de la razón humana que se fía de cualquier pronunciamiento “histórico” que se acepte en cuanto llegado gratuitamente al hombre por voluntad de Dios.  De esta manera, la vivencia que más nos interesa es la del creyente monoteísta  en cualquiera de las múltiples variantes del judaísmo, del cristianismo y del Islam. Otros monoteísmos exclusiva y demostrablemente producto de los razonamientos de nuestra mente  no los tendremos en cuenta excepto como puntos de comparación para el monoteísmo de cuño histórico.

 

            Por “futuro” entiendo lo que aún no ha acaecido pero que resulta más o menos previsible en diversos grados de probabilidad, dada la condición humana. Por tanto, no atenderé a posibles  alteraciones en el rito, o en las estructuras eclesiales, o en la pastoral propiamente religiosa sino en las “actitudes” hacia Quien percibimos como nuestro Creador y Redentor estos peregrinos que somos todos nosotros y nuestros descendientes.

 

            Ese  futuro arranca ya en el presente, por consiguiente, de la mente “moderna” que, a vuelo de pájaro, traslapo con el Humanismo del siglo XVI, la revolución científica del siglo XVII, las “revoluciones” políticas del siglo XVIII, la industrial del XIX (y con sus repercusiones sociológicas totalitarias), y la “posmoderna”,  de la segunda mitad del siglo XX a nuestros días. Es al mismo tiempo paradójicamente  “lección” mundana previa para el ejercicio de la virtud de la esperanza, que los cristianos solemos elevar a la categoría de “virtud teologal” por excelencia.

 

            Mi preocupación principal consiste en la identificación de aquellas aristas de la cultura que nos es contemporánea que nos dificultan en nuestros días  la vida de la fe y del amor y que nuestros antepasados apenas pudieron entrever.   El laicismo imperante, por ejemplo, que ha hecho para innumerables hombres y mujeres muy difícil  la fe “ex auditu” (por el oído), como lo testificó recientemente referido a sí mismo el premio Nobel de Literatura portugués José Saramago. O el Zeitgeist de la cultura de nuestro tiempo, “entertainment”, que tanto debilita al esfuerzo por meditar y colocar en los nichos prioritarios de nuestros afanes de adultos la entera vida interior de cada cual.  O el rechazo que se da como por imperativo randiano de “lo sobrenatural”, en cuanto inaceptable para el orgullo de la moderna razón “autónoma”. O la iracunda negación del “pecado”, irreconciliable con la pretensión renacentista “de infinita dignitate humana” o quizás con  la pretensión no menos altiva del hodierno psicoanálisis freudiano. O la necesidad de la oración, como el supuesto inútil y alienante que tanto menospreciaran a su turno David Hume o Ludwig Feuerbach, o hasta el menosprecio de la historia en cuanto fuente menos de fiar que las de las ciencias experimentales. O su corolario, la degradación ulterior de toda tradición al nivel de la “superstición”, en el sobreentendido muy equivocado que el conocimiento humano no está disperso y desigual por toda la raza sino hipotéticamente concentrable en la mente de un “Big Brother”, como lo esperó trepidante George Orwell. O aun la misma reducción de todo lo humano a sus componentes meramente genéticos, devenida así “materia prima”, sin atisbo de personalidad alguna para el superhombre stalinista o el nazi.        

 

             También incluiré referencias paralelas a las “cosmologías” recientes productos de los novísimos avances tecnológicos y científicos en la investigación espacial, con una atención  muy particular al “fenómeno humano” cual lo interpretó Teilhard de Chardin y sus posibles proyecciones.

 

            Las lecturas serán asignadas a lo largo de las exposiciones. Para el comienzo me pienso valer de “Religion and Modern Man – A Study of the Religious Meaning of Being Human -” , escrito por John  B. Magee, profesor de la Universidad de Puget Sound y editado por Harper and Row en 1967.

 

            Hoy día son legión las publicaciones en torno a los tópicos que nos ocuparán, algunas de calidad muy excepcional, a las que nos referiremos a lo largo de las exposiciones.  

 

            Se espera de todos una puntualidad exacta y sin excusas. Quien por cualquiera razón omite una clase, puede recuperarla si acude a la señorita Rebeca Zúñiga, encargada de la filmación y archivo de todas las clases  y localizable en la planta baja del edificio de la Escuela de Negocios.

          

 

           

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